De Dalí a Birkin

La música que escuché mientras escribía

 

La semana pasada te prometí escuchar a Jane Birkin. Pero la canción que la hizo mundialmente famosa a los 22 años tiene su historia. Su autor, Serge Gainsbourg, la compuso en 1967 para su amante secreta, Brigitte Bardot. Su título era desconcertante: Te amo, yo tampoco. La primera esposa de Gainsbourg había sido la pintora Lise Levitsky, de origen ruso, como él. Era asistente de Salvador Dalí y contaba una frase que deleitaba al pintor surrealista, a quien André Breton había rebautizado con el anagrama Avida Dollars, por razones obvias. La frase de Dalí que escuchó Lise Levitsky decía: "Picasso es español. Yo también. Picasso es un genio. Yo también. Picasso es comunista. Yo no". Gainsbourg convenció a Bardot de que la canción debía sonar como durante un coito, cosa que la letra sugería con elegancia.

Ella susurraba Te amo.

El replicaba Yo tampoco. Y agregaba, Como la ola irresoluta. Voy y vengo, entre tus caderas.

Luego de reiterar que lo amaba, ella cantaba

Tú eres la ola y yo la isla desnuda. Tú vas y vienes entre mis caderas. Y yo te alcanzaré.

Él invocaba su amor Voy y vengo, entre tus caderas.Y me contengo. 

Ella goza, Oh mi amor.

Y él sentencia

El amor físico es un callejón sin salida.

Cuando él repite

Yo me contengo.

Ella lo urge

No, ahora venite

El resto son gemidos que no requieren traducción.

Pero Bardot llevaba un año de matrimonio con el millonario alemán Gunther Sachs, quien exigió que el disco no se difundiera, con lo que su matrimonio se extendió por otros dos años. Luego de varios intentos fallidos (segun el diario español El Mundo, Marianne Faithfull, Mireille Darc y Valerie Lagrange rechazaron grabar la parte femenina), Gainsbourg consiguió que la actriz británica Jane Birkin, hija del oficial de la Royal Navy David Birkin y de la actriz Judy Campbell, lo hiciera. A los 17 años, Jane cruzó el mar y se quedó para siempre en Francia, donde fue un ícono cultural, que encarnó la libertad femenina como nunca nadie antes ni después. Su primer papel en Inglaterra fue secundario, en 1966, pero tuvo una repercusión mundial, en Blow Up, la película de Michelangelo Antonioni, basada en Las babas del diablo, de Julio Cortázar. Era la primera vez que el cine mostraba un plano frontal del vello púbico de una mujer. Con la misma naturalidad aceptó el ofrecimiento de Gainsbourg. Si tenés tiempo y ganas, podés comparar el resultado con la versión de Bardot.

 

Gainsbourg y Birkin.

 

 

El Vaticano la calificó de obscena. Fue prohibida en las radios de Italia. En Francia sólo podía venderse a mayores de 21, la España de Franco, Suecia, Brasil, Polonia y Portugal también la censuraron. Phillips la retiró de la venta cuando ya había agotado un millón de singles. En Estados Unidos nadie quiso editarla.  Veinte años y varios maridos después, Bardot autorizó que se difundiera su versión, que no tuvo ningún eco.

Al mismo tiempo, en un vuelo entre Paris y Londres, cuando Birkin quiso acomodar su bolsa de mano en el locker del avión, todo su contenido se desparramó entre el pasillo y los asientos. El cordial pasajero del asiento contiguo la ayudó a recoger todo. Era Jean-Louis Dumas, el entonces presidente y director creativo de la casa de lujo Hermès. Ella, que ya tenia tres hijas, de tres parejas distintas, se quejó de que no encontraba un bolso que se adecuara a las necesidades de una madre y mujer moderna.

Con sus hijas Lou Douillon y Charlote Gainsburg

Solía moverse entonces con una canasta de mimbre. Fascinado por el personaje y sus necesidades, Dumas pasó la hora de vuelo diseñando junto con Birkin lo que necesitaba. Bolsillos grandes, cierre seguro, interior amplio. Dumas le regaló el primer bolso a su  musa y le propuso llamarlo con su nombre. No entiendo nada de ese rubro, pero sé que cuatro décadas después conserva su fama mundial. Hay listas de espera, no se consigue por menos de 10.000 dólares, pero según las variantes que incluya no tiene techo. Puede costar 100.000 dólares, pero el modelo original lo subastó Sotheby's el año pasado. Lo compró por 8,6 millones de dólares la casa Japonesa Valuance. 

 

 

Esto es apenas una introducción a un personaje extraordinario, precursor del feminismo, adorado por su país de adopción. A su funeral asistió la esposa delPresidente, Brigitte Macron.

Brigitte Macron.
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