De los libros que nadie me contó

Entrevista a Nadie Huamán Rojas, poeta migrante y librero de la Villa 31 de Retiro

 

Al lado de la puerta principal de la estación Retiro hay un ingreso peatonal a la Villa 31, el llamado “arco amarillo” del Barrio Carlos Mugica. Si uno camina recto por allí dos cuadras, llegará a la calle Machu Pichu, donde a la altura 2228 se topará con el curioso cartel “Los libros de Nadie” y la entrada a una librería abarrotada de libros y objetos a la calle. Pero claro que Nadie es alguien y estará allí parado atendiendo y conversando con la gente que ocasionalmente pasa. Se trata del único librero de la Villa 31, cuyo nombre completo es Nadie Huamán Rojas.

Poeta y trashumante, Nadie llegó de Perú hace más de quince años. Desde que instaló la librería, poco antes de que se declare la pandemia, los medios y turistas lo visitan a diario. Es considerado una de las curiosidades de la Villa. Como está en un lugar de paso, siempre hay quien hurga entre los 2.000 libros que tiene a la vista, entre nuevos y usados, y que vende a precios irrisorios porque –según dice– los libros no son mercancías, sino medios de enseñanza de la vida (por dar un ejemplo de los que yo vi: Alejo Carpentier, Guerra del tiempo, Alfaguara, 1982, valor 50 pesos; Theodore Sturgeon, Cuerpo divino, Plaza y Janes, 2000, valor 50 pesos, Roberto Rojo, Angelelli, la vida por los pobres, Emporio, 2019, valor 50 pesos, etc.).

Pero yo no vine a comprar libros ni a hacer la típica entrevista que le hicieron otros medios de prensa para mostrar el lado exótico o las atracciones turísticas de la 31 que promueve –aun sin terminar de urbanizar– el gobierno de la ciudad. Quiero salir de esos lugares comunes del fetiche de la marginalidad. A mí me interesa que Nadie me cuente de los versos, o más precisamente de la literatura que hoy se cuece en esos pasillos de Retiro, para también salir del consabido circuito palermitano de las letras o de la capilla sixtina de Puán.

Quiero saber qué piensa Nadie desde su lugar. Porque además de ejercer el oficio de librero desde los márgenes, es gestor cultural y editor, y acaba de publicar una antología de poesía que –tras su lectura– me terminó volando la cabeza. Se titula Los amigos de Chosica en el bicentenario del Perú.

La noticia de ese libro llegó a mí por casualidad. Un rumor, alguien me contó por ahí que la mejor antología de poesía latinoamericana actual se había fabricado en la Villa 31, y que la tenía que leer. Y la conseguí, pero también tenía que hablar con su autor.

 

La antología de poesía, hecha en la Villa 31 en 2021.

 

El criterio del antologador es, como bien refiere el título, el canto al bicentenario y a la independencia del país hermano, que tuvo su epicentro en Lima el último 28 de julio de 2021, a doscientos años que el General José de San Martín, en ceremonia pública y solemne, enunciara la celebre declaración de Lima: “Viva la Patria / Viva la libertad / ¡Kawsanchun Perú Syunchis! (¡Que viva nuestra patria, el Perú!)”.

El libro editado por Producir Arte es el resultado de un gran trabajo meditado por Nadie Huamán Rojas en sus horas de librero de la Villa 31, y publicado durante la pandemia a mediados del año pasado. Un proceso que lo llevó, varias veces, desde Buenos Aires a Perú, y así ida y vuelta.

Conocer Chosica es también otra de las consignas del libro. Haber estado o prometer estar. Como él la llama: “Su Villa del sol”. Pueblo natal, allá donde su padre, hace 56 años, eligió llamarlo “Nadie” en razón de uno de los personajes de la fábula homérica. El distrito de Lurigancho-Chosica, creado en 1825 por Simón Bolívar, es uno de los 43 distritos que conforman la provincia de Lima. Desde allí debe partir la voz que va y viene entre los antologados formando un lazo fraterno, una comunidad.

Por allí desfilan poetas como Ana María Goede (Chile), Adonis Ramírez (Colombia), Bel-arte-Brun (Haití), Cecilia Corella (Ecuador), Sergio Damián Romano (Argentina), Sandra Infante (Venezuela); Marli Frmina (Brasil), René Cruz Mayorca (El Salvador) entre otros, completando un cuadro de veinticuatro países.

La variedad de voces y tonos de la que da cuenta el libro es de una enorme riqueza poética, y la cuidada selección apunta a “que los escritores continúen creyendo que la literatura es el único camino para el conocimiento y desarrollo de una nación… buscamos subversivamente estimular a los lectores, claro que sin olvidar nuestras raíces e identidad cultural que nos representa… encaro este aniversario con la esperanza de un futuro menos preocupante, pero que aun continúa siendo difícil y no solo en Perú, donde la desigualdad, que nos es difícil abandonar, crece. Sin duda muy cerca está el cambio y la posibilidad de saldar cuentas del pasado para alcanzar el presente y futuro de nuestro país”. Palabras de Nadie en la dedicatoria que abre el libro.

Conversando con Nadie Huamán, a propósito de la antología:

–Eduardo Galeano tiene un poema famoso que se llama “Los nadies”, aunque sé que tu nombre y el de la librería vienen de otro lado… ¿Te sentís identificado con sus palabras?

–Me llamó mucho la atención cuando me pasó ese texto la escritora amiga Angélica Mayo. Claro que me gustó, me identifico con esas palabras “los nadies”, los negados, ignorados, olvidados… Todo eso también juega con mi nombre y condición. Tengo entendido que esa idea Galeano lo tomó de un escritor yugoslavo del que ahora no recuerdo el nombre, y que refería a ciertos nadies de Yugoslavia… Me recuerda a las ideas de Luis Yáñez Pacheco, un poeta peruano que de algún modo también habla implícitamente de aquellos “nadies”, y dice: “Esos que están en la verdad y son apaleados / cruzan con urgencia la niñez y son apaleados”.

–¿Acá tenés libros de Galeano?

–Sí, claro, y también de Yáñez Pacheco…

–¿Quiénes vienen acá por ese tipo de libros?

–Viene todo tipo de gente, muchos jóvenes se paran y revisan, las madres y niños que se quedan en la vereda leyendo. Gente grande del barrio que pasa, transeúntes ocasionales que se quedan leyendo parados. Viene de todo, hasta poetas y escritores de afuera.

–¿Qué cantidad de libros tenés acá?

–Aproximadamente más de 2.000, me quedé corto con el local. (Se ríe.)

–¿Y qué tipos de libros tenés? ¿Los tenés clasificados?

–Sí, claro. Hay variado: cuentos infantiles, psicología, de cocina, medicina, libros de derecho, de economía. Material bibliográfico de primeros auxilios. Mucho material universitario que afuera de la Villa es carísimo, y yo lo vendo a precios accesibles para la gente que estudia acá. Hay mucha poesía y novela. Hay libros usados y nuevos. Casi todos los libros salen 100 pesos. No más. Los nuevos, salen 200 pesos.

–Y desde que saliste en los medios, ¿qué pasó?

–Viene mucha gente a curiosear, turistas sobre todo que vienen a ver una librería porque les parece raro que esté en el medio de la Villa. No suelen comprar libros. Solo miran. Los niños del barrio vienen, sí, porque me vieron en la tele, y vienen a saludar. Antes era solo “bigote”, ahora soy “Nadie”, el librero del barrio. Muchos vienen a traer libros en desuso y me los regalan. Otros traen y hacemos trueque o los consignan para vender. Lo importante es incitar a la lectura, a que la gente del barrio lea, sepa que hay libros acá y que se los puede llevar. Es muy importante que se le siga dando valor al libro, no como mercancía, sino como medio de enseñanza de la vida.

–¿Te considerás un poeta, además de librero?

–Soy escritor. Escribo sobre lo que veo y siento. Lo hago desde los nueve años. Mi primera lectura fue La hormiga y la cigarra, de Esopo. Me impactó mucho. Esto de algún modo me influyó en la escritura del género cartas. Cartas a mi madre, cartas que ella hoy no puede leer, pero que las reciben mis pares para que se las traduzcan. Mi madre está en Perú y le mando esas cartas que escribo.

–¿Cómo nace la antología Los amigos de Chosica?

–Surgió a partir de un encuentro que realizamos en Chosica el año pasado, con poetas provenientes de 16 países. Fue prácticamente un milagro que todos ellos vengan a mis pagos. Se acercaba el bicentenario del Perú, y se me ocurrió hacer esa antología en homenaje, entonces invité a poetas de otros países hasta completar los 24. Los que no vinieron, ya van a ir…

–¿Cómo fuiste conectando a cada poeta?

–Lo hicimos por mail, con la ayuda generosa del escritor colombiano Fran Sandoval, que se encargó de escribir con cada uno de los poetas implicados. La antología es un producto hecho en la Villa 31 aquí en Buenos Aires, pero trata sobre nuestro pueblo, el Perú, como parte de la patria grande en su aniversario de la independencia.

–¿No incluiste poetas de la Villa 31?

–Estoy yo…

–¿Y pensás hacer una antología de poetas de la 31?

–Estoy justo en eso… Mirá, conozco a varios poetas de acá, pero por ahora solo uno quiere figurar con su nombre. El resto medio que no se anima. Estoy seleccionando los textos. Muchos no se atreven a alcanzarme sus trabajos, se reservan, estoy esperando que pase el asunto del Covid para alentarlos y poder armar una reunión, definir el corpus de esa futura antología.

–¿Qué relación tenés con la poesía como género?

–Hace muchos años estuve en Ayacucho, en los Andes, y me pasó algo que me cambió en relación a la poesía. Eso fue en la década del ’80. Me llamó la atención un niño. Un niño quechua. Es una anécdota, algo que vi y presencié, una persona pequeña que me cambió la manera de mirar y escribir. Busco a ese niño que, de algún modo, representa mi búsqueda poética.

–¿Es un poema que escribiste?

–Sí, fue al principio una carta, pero después lo transformé en poema que se hizo conocido. Se titula El hermano Sol . Después te voy a pasar ese poema. (Ver poema aparte.)

–¿Con qué poetas te identificas hoy?

–Vuelvo a mencionarte a Luis Yáñez Pacheco, porque es el poeta de Lima que más me marcó últimanente. Es amigo, me vino a visitar aquí a la Villa 31 una vez.

–No lo conozco a Yáñez, pero lo voy a leer. ¿Qué otros autores te interesan?

–Mirá, soy fanático de José Hernández, El Martín Fierro me encanta. La poesía popular. La línea sencilla, entendible para todo el pueblo. Pero ojo que también me gusta César Vallejo, claro. La vanguardia de mi pueblo. (Se ríe.)

Nadie Huamán Rojas nació en Chosica, Lima, Perú, en el año 1965. Escribe relatos y poesías. Ha participado en varias antologías literarias que han sido publicadas en la Argentina, Uruguay y Perú. Ha sido galardonado en varias oportunidades por su labor literaria y por su tarea como gestor cultural. Autor de La caída del cóndor (cuentos); El hijo del General (novela); La grandeza del inmigrante (novela). Dirige la publicación Grito de Nadie. Es recopilador de textos y librero de la Villa 31.

 

Hermano Sol (por Nadie Huamán Rojas)

En un pueblo arremetido / en el rincón de los muertos / entre dos fuegos naciste y sobreviviste / ¡huérfano como el sol brillabas! / viviendo entre los verdes, buscabas algo. / En tus ojos veía lo que buscabas. / ¡Buscabas a los asesinos! / Eres la burla de los verdes, / te insultaban a su gusto ¡soplón! / Te decían, Wañuy apamuncuna… / querías llorar, no llorabas, el infortunio / soportabas / Eras tan inteligente / que en quechua los insultabas, / Opa no era lo que te decían / Opa éramos los que no entendíamos / tu lengua aun siendo nuestra / ¡niño! / En las noches de lluvias, de truenos / y relámpagos que al chocar el suelo / iluminaban la oscuridad. / Siempre compartíamos mi estrecha cama / a un lado dormía el fusil / al otro dormía mi hermano sol. / Un día al amanecer como nunca vi / por primera vez, un arco iris de frente / a mi frente, no como el cielo de la costa / estaba en mi rostro / aparentemente cerca. / Pero de un momento a otro, como la misma / muerte, el relevo llegó / Nunca alcanzamos a despedirnos. / No tenía que hacerlo, alguna vez juntos / regresaríamos / De licenciado te busqué, nunca te encontré. / Pienso y no me equivoco, que nos seguimos / buscando / Y no descansarás hasta el encuentro, si en el / Combate no caímos / Comprendo tu dolor, / hermano sol.

 

En la puerta de la librería, con el autor de la nota.

 

 

 

 

 

* Julián Axat es escritor y abogado.

 

 

 

 

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