DE MAL EN MEJOR

América Latina y el Caribe podrían acariciar en 2021 un crecimiento económico

Cuando las buenas noticias escasean, las prognosis tibiamente positivas se vuelven relevantes. Aunque no alcanzará para recuperar los niveles de antes de la pandemia, América Latina y el Caribe podrían acariciar en 2021 un crecimiento económico, dejando atrás la mayor retracción de los últimos 120 años.

Dependerá de numerosos factores todavía incontrolables, entre ellos, fundamentalmente, el desarrollo de la crisis sanitaria. Según estimaciones, dicho avance podría llegar al 3.7% el año próximo. Aunque tibio, sería altamente superior a la contracción promedio de -7.7% del 2020. De esta forma los tímidos indicadores de los próximos doce meses permitirían dejar atrás la profunda retracción del año a punto de concluir.

A nivel subregional, significaría para América del Sur un crecimiento en 2021 del 3.7% (en comparación con la caída del -7.3% este año); América Central se expandiría un 3.8% (caída de -6.5% en el 2020) mientras que el Caribe podría registrar un crecimiento del 4.2% el año que viene, contrastando con la regresión del -7.9% de los últimos 365 días.

Confirmaciones (actuales) y proyecciones (futuras) que aparecen en tanto conclusiones del Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2020, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que fue presentado la tercera semana de diciembre por el organismo onusiano (https://www.cepal.org/es/comunicados/america-latina-caribe-tendra-crecimiento-positivo-2021-pero-alcanzara-recuperar-niveles).

La evaluación es categórica: el continente latinoamericano constituye la región más golpeada de todo el planeta “en desarrollo”. “En 2020 enfrenta una combinación de choques negativos de oferta y demanda sin precedentes”, que refuerza la tendencia de “bajo crecimiento” de la década pasada. La recuperación del nivel del Producto Interno Bruto (PBI) al nivel pre-crisis recién se lograría dentro de 4 años, hacia el 2024.

Y recuerda que la contracción de la actividad económica implicó un aumento significativo del desempleo —en torno al 10.7% en 2020—, una profunda caída de la participación laboral y un aumento explosivo e irrefrenable de la pobreza y la desigualdad.

Antes de la pandemia, recuerda, se daba un bajo crecimiento económico: un 0.3% promedio en el sexenio 2014-2019, y en 2019, un pequeño 0.1%.  Aunque mínimas, cifras positivas.

“Si bien los importantes esfuerzos fiscales y monetarios realizados por los países han permitido mitigar los efectos de la crisis, las consecuencias económicas y sociales de la pandemia han sido exacerbadas por los problemas estructurales que la región arrastra históricamente”, evalúa la CEPAL.

 

 

 

 

 

Futuro incierto

La potencial dinámica del crecimiento para el nuevo año está rodeada de una “alta incertidumbre”, estrechamente ligada a ciertas variables por el momento indescifrables, según la lectura coyuntural que hace el organismo continental.

Entre ellas, tres principales: los riesgos de rebrotes pandémicos; la agilidad para producir y distribuir las vacunas anti Covid-19; y la capacidad para mantener los estímulos fiscales y monetarios para apoyar tanto la demanda como a los sectores productivos.

En perspectiva anticipa “que avanzar en un crecimiento sostenible e inclusivo” requiere de una transformación productiva hacia sectores ambientalmente sostenibles, que favorezcan la generación de empleo y la innovación tecnológica.

¿Cómo explicar el golpazo y la derivada convalecencia de la economía regional a partir de la crisis sanitaria? Pregunta del millón, que desencadena respuestas complementarias, acumuladas y condicionantes. Según la CEPAL, siete de las explicaciones principales son: las debilidades y brechas estructurales históricas de la región; su limitado espacio fiscal; la desigualdad; la escasa cobertura y acceso a la protección social; la elevada informalidad laboral; la heterogeneidad productiva; y la baja productividad.

Todos elementos centrales para entender el alcance de los efectos de la pandemia en las economías de la región, sus dificultades para implementar políticas que mitiguen estos efectos y los desafíos a la hora de emprender una reactivación económica sostenible e inclusiva, subraya.

 

 

Ideas con sabor a recetas

La CEPAL enfatiza que para evitar que la región continúe en su tendencia de bajo crecimiento son necesarias políticas fiscales y monetarias expansivas junto con proyectos/políticas ambientales e industriales, que permitan las transformaciones estructurales y promuevan un desarrollo sostenible.

Plantea la necesidad de priorizar el gasto para la reactivación y la transformación económica y social mediante el fomento de la inversión intensiva en empleo y ambientalmente sostenible en sectores estratégicos; extender el ingreso básico a personas en situación de pobreza; otorgar financiamiento a micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES); entregar incentivos al desarrollo productivo; promover la revolución digital para la sostenibilidad así como tecnologías limpias; y universalizar los sistemas de protección social.

Elemento complementario indispensable: la cooperación internacional. Con propuestas que van desde la reasignación de los Derechos Especiales de Giro del FMI hasta la moratoria de la deuda, pasando por el canje de deuda por adaptación climática y la creación de un fondo de resiliencia, reforzando las entidades multilaterales, regionales y nacionales de crédito.

 

 

 

 

 

La vacuna al debate

Las hipótesis de recuperación apuestan a una salida ordenada del pico pandémico en 2021, sin padecer nuevas y brutales olas. Esta hipótesis presupone el eventual efecto aliviador de las vacunas para reducir el impacto de la crisis, encausándola lentamente en un “control” macro que facilite la reactivación.

La vacuna aparece así en el centro del escenario global planetario. Se la interpreta como diva o diablo; opción milagrosa o motivo de desconfianza; panacea máxima o simple mercancía de las grandes multinacionales farmacéuticas.

A horas de haberse comenzado a aplicar en varios países europeos en forma selectiva — priorizando a personas de riesgo y de más de 75 años—, las encuestas anteriores manifiestaban niveles de aceptación todavía tibios. En Suiza apenas una de dos personas está hoy de acuerdo con inmunizarse. El periódico ABC de España informaba el 9 de diciembre pasado que un 47% de ibéricos no está convencido con vacunarse, advirtiendo sin embargo que esa tendencia disminuiría al comenzarse con la inmunización. El Journal de Dimanche del 1 de diciembre retomaba una encuesta Ifop de fines de noviembre que indicaba que el 59% de franceses sería reacio a vacunarse. (https://www.lejdd.fr/Politique/sondage-covid-19-59-des-francais-nont-pas-lintention-de-se-faire-vacciner-4008724)

Tres temáticas –de un cúmulo de muchos otros aspectos— concentran en este momento el debate público en torno a la vacuna a nivel europeo. Una es su propia calidad curativa y eventuales efectos secundarios. La otra, la libertad de elección de la ciudadanía para vacunarse o no. Y la tercera, la democratización universal de la distribución para que no sean penalizados los países con menos medios.

En la posición opositora aparecen voces muy variadas, desde los sectores más ultraderechistas y xenofóbicos hasta algunos grupos de la izquierda radical, pasando por simpatizantes verdes y agrupaciones como el Partido Pirata. Junto con asociaciones anti 5G (5ta generación de comunicación), naturistas, etc.

Los fundamentos son muy diversos. Desde los que niegan desde siempre la realidad pandémica argumentando que es trata de una construcción mediática, hasta los que denuncian detrás de las vacunas el gran negociado de un grupo concentrado de monopolios farmacéuticos, pasando por los que pregonan la libertad del ser humano de decidir sobre su cuerpo.

Otros/as sostienen que la rapidez de la puesta en mercado de este medicamento anti Covid no ha permitido transitar las etapas habituales de experimentación y por lo tanto no pueden medirse los riesgos de los eventuales efectos secundarios todavía desconocidos.

Para comprender la amplitud de este movimiento en Internet, el Centro for Countering Digital Hate (CCDH), con sede en el Reino Unido, realizó una encuesta en las redes sociales, identificando 400 cuentas anti vacuna en inglés, que aseguran contar con 58 millones de adeptos. Muchas de ellas difunden informaciones erróneas y parciales.

Una parte mayoritaria del mundo científico, la Organización Mundial de la Salud, personalidades políticas y sociales, así como gobiernos, multiplican sus argumentos a favor, insisten en la necesidad de procesos pedagógicos masivos —explicativos y no represivos hacia las posiciones discordantes—, reivindican la persuasión, ratifican la calidad del producto y enfatizan que la resolución de la crisis económico-social-humana resultante de la pandemia para el conjunto de la población mundial será inviable sin la inmunización.

Una parte de los medios favorables a la vacunación exigen (ONG, mundo asociativo, izquierda parlamentaria, etc.), sin embargo, la democratización de la distribución de las dosis entre todos los seres humanos. Desde Latinoamérica, por ejemplo, el Movimiento de los Trabajadores rurales sin Tierras (MST) del Brasil, reivindica “una vacuna ya y para todos en todas partes del mundo” (reciente mensaje de su dirigente, João Pedro Stedile, a la solidaridad internacional en torno a la Campaña de recolección de bicicletas para Zambia).

Portavoces de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anunciaron hace unos días que a través del mecanismo COVAX —que reúne más de 170 naciones— “las vacunas comenzarán a ser distribuidas en el primer semestre de 2021 a los países participantes, entre ellos varios de América Latina”.

Anticipa que ya están aseguradas 2.000 millones de dosis y que comenzarán a ser distribuidas en el primer trimestre del año entrante. En paralelo la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), que será la responsable operativa de su distribución, confirmó estar ya en condiciones de transportar 850 toneladas mensuales del medicamento.

En América Latina, 27 países adquirirán una parte de sus vacunas vía la iniciativa COVAX y 10 las obtendrán como donación. Ellas son Bolivia, Dominica, El Salvador, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas.

La recuperación económico-social para el 2021 aparece de facto en prácticamente todos los escenarios dibujados por los organismos internacionales especializados. Sin embargo, la misma dependerá del futuro de la pandemia y sus eventuales nuevas olas. Y en ese complejo escenario de pronósticos y proyecciones la vacuna anti Covid divide aguas, excita pasiones e inflama un debate social todavía irresuelto.

 

 

 

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