De Milei a Netanyahu

Las políticas de las fuerzas del cielo

 

 

“Conozco bien a América… puede ser fácilmente manipulada”.

Netanyahu, 2001.

 

En julio del 2015, un canal de televisión israelí publicó la grabación secreta de una entrevista a Netanyahu en la que el Primer Ministro israelí se jactaba de haber planeado desde un inicio la destrucción de los acuerdos de Oslo, utilizando para ello diversas argucias y mentiras y manipulando a los gobiernos norteamericanos de turno. La entrevista, realizada en el 2001, muestra una elaborada maquinación que tiene dos objetivos: destruir los acuerdos y adjudicar su fracaso al gobierno y al pueblo de Palestina. La entrevista también desnuda la perversidad de un personaje empoderado y dispuesto a romper cualquier límite para lograr sus objetivos.

Ese mismo Netanyahu presiona ahora al Presidente Biden para que los Estados Unidos intervengan en las operaciones militares en el Medio Oriente con el objetivo de destruir a Hamás, responsable del atentado del 7 de octubre pasado y, utilizando este incidente, para escalar el enfrentamiento hasta terminar con Irán, el principal enemigo en la región. Jaqueado por las críticas internacionales y domesticas a los bombardeos indiscriminados en Gaza, acorralado por un procedimiento judicial por corrupción que solo es postergado momentáneamente por la guerra, el Primer Ministro le recuerda al gobierno norteamericano: “Tenemos que ganar por el bien del mundo civilizado… si no lo hacemos, el barbarismo amenazará al mundo entero... y Europa y luego ustedes (los norteamericanos) serán los próximos en caer”. Estas advertencias mesiánicas se han transformado ahora en amenazas concretas: si los Estados Unidos no atacan, Israel lo hará. Así, la semana pasada amenazó con destruir a los hutíes en Yemen [1] si el gobierno norteamericano no lo hace inmediatamente y le recordó a Biden la necesidad imperiosa de empujar a las fuerzas de Hezbollah varios kilómetros hacia el interior del Líbano, algo que implicará el involucramiento norteamericano en las operaciones militares.

Pareciera, pues, que el Primer Ministro israelí tiene dos objetivos centrales: por un lado, desparramar la guerra iniciada contra Hamás en Gaza, atacando ahora a otros actores y países vinculados a Irán, para luego confrontar directamente con este último, que para Netanyahu y los neocon norteamericanos es el origen de todos los males. Para ello, Israel necesita la participación cada vez más directa de los Estados Unidos en las operaciones bélicas que se desarrollan en los diversos frentes que se abren. Luego de sus amenazas, esta semana cosecho un resultado crucial: venciendo reticencias al interior del gobierno norteamericano, el Pentágono anunció la conformación de una coalición militar de diez naciones que operará bajo su liderazgo en el Mar Rojo a fin de impedir que los hutíes sigan atacando a barcos israelíes y extranjeros que comercian con Israel. Sin embargo, esta decisión puede tener un severo impacto sobre la economía global: el 10 % del flujo comercial marítimo de petróleo transcurre por el estrecho de Bab al Mandeb y esta semana dos de las principales compañías mundiales de contenedores decidieron reprogramar los viajes de más de 100 barcos que, para evitar el Mar Rojo, pasarán ahora por el Cabo de Hornos. Esto implica incrementar en un 40 % la distancia de los viajes con el consiguiente aumento de los costos, las tarifas y el seguro involucrado, potenciando el impacto de la guerra sobre el transporte de recursos energéticos.

Esto tiene además consecuencias geopolíticas: más del 20 % de los contenedores que pasan por el Mar Rojo y el Canal de Suez proviene de Asia y tiene por destino las naciones del Mediterráneo y una Europa con recursos energéticos muy disminuidos gracias a la guerra en Ucrania y a la voladura de los gasoductos Nord Stream 1 y 2. Europa será pues la principal perjudicada por este cambio de rutas, que impactará sobre su abastecimiento de energía y sobre los precios de esta. Pero no será la única perjudicada, pues eventualmente todas las cadenas de abastecimiento tradicionales se verán afectadas, con el consiguiente impacto sobre los precios de las commodities, y sobre la inflación global. Esto, a su vez, ocurre en un año de elecciones presidenciales en Estados Unidos y en circunstancias en que la reserva federal intenta disminuir las tasas de interés ante el impacto que estas tienen sobre el enorme endeudamiento norteamericano. Ocurre, además, cuando altos funcionarios de la Comunidad Europea advierten que la destrucción en Gaza puede ser mayor a la ocurrida en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y es una respuesta desproporcionada. Al mismo tiempo, la evidencia de crímenes de guerra cometidos por Israel, incluido el reciente “fuego amigo” en Gaza, alimenta la resistencia a la guerra de la juventud norteamericana y ha llevado al Presidente Biden a advertir públicamente a Netanyahu por los excesos cometidos. Esto último contrasta, sin embargo, con el voto norteamericano en soledad contra el cese del fuego en Gaza ocurrido en la última votación en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

 

 

La deuda: nueva arma de guerra de los gobiernos israelí y norteamericano

Así, mientras la crisis de hegemonía de la primera potencia mundial se hace cada vez más explícita, esta se aferra con uñas y dientes a una estrategia de seguridad nacional centrada, desde el fin de la Guerra Fría, en el principio del “dominio total” (full spectrum dominance) para impedir que otro poder domine regiones críticas a los intereses norteamericanos, entre los que se incluyen el control de las reservas energéticas del Medio Oriente y de sus rutas de abastecimiento. En los últimos tiempos, la guerra en Gaza ha colocado a la violencia que subyace a esta estrategia en el centro de la escena internacional [2]. La brutalidad de esta guerra ha avivado el fuego de la oposición en el mundo musulmán. La radicalización popular contra la ocupación de Gaza ha llevado a los gobiernos de estos países a superar las divisiones religiosas que han alimentado los conflictos entre ellos y a endurecerse frente a los reclamos norteamericanos. En este contexto, la deuda emerge como un arma crucial para “resolver” el conflicto con Palestina.

Hacia fines de octubre se filtró un documento de la jefatura de Inteligencia del gobierno de Israel que establece los lineamientos de un plan para relocalizar a todos los habitantes de Gaza en el desierto de Sinaí dentro del territorio de Egipto. Sin embargo, la mayoría de la población egipcia apoya la causa de los palestinos. Esto dificulta la aceptación por parte del gobierno egipcio de un proyecto que “tendrá resultados estratégicos muy positivos” para Israel. De ahí que, con el apoyo del gobierno norteamericano, el plan de Israel propone ofrecer a Egipto la cancelación de todas sus deudas con otros países y con el Banco Mundial, el FMI y otros organismos internacionales, a cambio de acoger al pueblo palestino en el desierto de Sinaí. Parte de esta deuda sería asumida por el gobierno de Israel y otra parte sería directamente cancelada por los acreedores correspondientes. Asimismo, se propone otorgar financiación norteamericana para la construcción de carpas en el desierto, que “eventualmente se convertirían en edificios[xvi].

 

 

Así, el proyecto implica la concesión de favores financieros para solucionar la cuestión palestina con más colonización y limpieza étnica. El canje de favores políticos por deuda no es algo nuevo. En 1991 Egipto canceló más de la mitad de su deuda con los países centrales a cambio de su participación en la segunda guerra del Golfo contra Irak. Hoy Egipto es, luego de Ucrania, el país más vulnerable a un default a muy corto plazo de su deuda externa y enfrenta una severa crisis financiera y económica. El 40 % de sus ingresos se destina al pago de los intereses de su deuda y sus dos principales fuentes de ingresos —el turismo y las tarifas cobradas a los barcos por su tránsito a través del Canal de Suez— no alcanzan para cubrir el servicio de una deuda de casi 165.000 millones de dólares cuyos costos se han acrecentado rápidamente en los últimos tiempos. Con 105 millones de habitantes y el acceso muy limitado a la financiación internacional, Egipto tiene que importar la mayor parte de sus alimentos, cuyos precios han sido severamente afectados por la guerra en Ucrania. Hoy la inflación rampante y los intereses de la deuda carcomen a su economía y vuelven vulnerable a su gobierno a la presión israelí y norteamericana.

 

 

Endeudamiento global: vulnerabilidad y condicionamientos

El mundo está hoy sentado sobre un endeudamiento global cada vez más peligroso. De acuerdo con proyecciones del FMI la deuda pública global aumentó un 40 % desde el 2019 y alcanza los 97.1 billones (trillions) de dólares. Se estima que para el 2028 la relación deuda/PBI global superará el 100 %. Hoy la deuda pública norteamericana representa el 32,4 % de la deuda pública global, y la relación deuda/PBI norteamericano llega al 123,3 %. Los intereses de esta crecieron un 23 % en el año fiscal 2023, llegaron a representar el 35 % de lo recaudado en impuestos y su peso sobre el gasto fiscal norteamericano supera por primera vez al peso que tiene el gasto para la guerra. Asimismo, y a pesar de los límites impuestos al presupuesto luego de una ardua negociación entre el partido republicano y el demócrata, el déficit fiscal creció un 26 % en relación con el año anterior y es el mayor de la historia norteamericana.

Detrás del crecimiento de este déficit está el impacto de la política monetaria de una reserva federal empeñada en subir las tasas de interés para combatir la inflación desatada en los últimos años y agravada por la guerra en Ucrania y su impacto sobre los precios de la energía. Buena parte de la deuda existente fue financiada a tasas de interés muy bajas antes de que la reserva sustituyera la flexibilidad monetaria (QE) por restricción monetaria (QT). Cada mes que pasa, porciones de esta deuda contraída a bajas tasas de interés debe ser sustituida por deuda a tasas mucho más altas. Asimismo, y a pesar de los últimos titubeos de la reserva respecto al futuro de las tasas de interés, la geopolítica del petróleo y la situación en Medio Oriente conspiran contra la posibilidad de bajarlas. A esto se agrega la espada de Damocles de una deuda con derivados, fuera de toda regulación, que crece exponencialmente. Hoy la deuda con derivados de sólo tres mega bancos norteamericanos supera en 56.7 billones (trillions) al PBI global del año pasado.

Mientras el gobierno norteamericano pregona las virtudes del ajuste fiscal y no las concreta, el FMI ha impuesto cargas adicionales en aquellos países que no pagan rápidamente sus deudas. Ello ocurre a pesar de que los países centrales han dejado en claro que estas sobrecargas son procíclicas y regresivas. Más aún, el FMI aumenta sus exigencias de mayor austeridad fiscal a los países fuertemente endeudados, pero en su informe de abril reconoce que en general los problemas de austeridad y consolidación fiscal “no reducen el peso de la deuda” en estos países.

Así, en este contexto financiero de endeudamiento ilimitado, el FMI y la reserva federal imponen políticas y tasas que acentúan las penurias de los países periféricos, y los hacen más vulnerables no sólo a la política exterior norteamericana, sino también al vuelo rasante de fondos buitres e intereses financieros internacionales que buscan hacer rápidas ganancias financieras succionando los ingresos, rentas y riquezas acumuladas. Al mismo tiempo, estas políticas de ajuste abren las economías de estos países a la expoliación de sus recursos económicos, especialmente de aquellos que no son renovables y tienen importancia estratégica en la economía global.

 

 

Argentina: Milei y las “fuerzas del cielo”

Esta semana un decreto de necesidad y urgencia rasgó las vestiduras que ocultaban a las fuerzas del cielo que engendraron a Milei y organizaron su conquista del poder político. Puso así al descubierto los rostros desencajados de los grupos más poderosos de una patria contratista que desde hace décadas concentra el poder real en el país. El decretazo elimina más de 300 leyes y regulaciones, anula al Congreso y es anti-constitucional por su forma y por su contenido. Esto no amilana al “Adalid de la Libertad”. Por el contrario, lo vuelve más provocador: sabe que goza de una impunidad garantizada por un Poder Judicial que, dominado por las corporaciones, está embarcado desde hace tiempo en un lawfare que destruye sin miramientos todo vestigio de legitimidad institucional en el país. En este contexto, las promesas se evaporan con el viento político y las palabras se vacían de todo contenido. Lo fundamental es dominar por la fuerza, cualquiera sea el resultado.

El decretazo muestra que el gobierno del Adalid de la Libertad está loteado: mientras dos grupos de la patria contratista controlan ministerios y áreas claves (energía, transporte, seguridad, etc.), los fondos buitres, sectores de las finanzas internacionales y bancos locales pelean por el control de la política financiera y se preparan para desguazar el Banco Nación. Todos se posicionan para apropiarse de los principales activos del país que, gracias a este DNU, serán privatizados y rematados al precio vil impuesto por una brutal devaluación, una inflación rampante y medidas financieras que buscan licuar los depósitos y refundar al viejo plan Bonex con una nueva cara. El DNU proclama la libertad individual de contratación y desconoce totalmente la existencia de poder monopólico, al tiempo que asegura a un grupete su control total sobre las áreas claves de la economía y su capacidad de remarcar al infinito sin sanción alguna. Tampoco tiene en cuenta que el 44 % de la población no tiene la libertad individual de comer diariamente ni que el derecho de propiedad también rige para los ingresos y salarios que se esfuman diariamente a merced del desabastecimiento y la remarcación feroz de precios sin que sus titulares puedan hacer algo para impedirlo. Asimismo, limita su derecho a la protesta y a la representación de los intereses de los trabajadores, borrando derechos consagrados por la Constitución.

Este DNU se da en un contexto de “libre” remarcación rampante de los precios que serán regidos por los precios internacionales de los respectivos bienes, desconociendo expresamente la existencia de un costo local. Esto implica acaparación y disputa creciente por los ingresos, rentas y riqueza acumulada en el país, en la que intervienen las fracciones más poderosas del capital, local e internacional. Es la lucha del más fuerte contra el más débil y dejará un tendal que no quedará reducido a las pymes del país. Curiosamente, el campeón de la libertad parece gozar con los estragos que engendra y advierte que vienen más medidas. No basta con la devaluación inicial del 118 % ni el con el “ajuste” de tarifas y precios de los combustibles. Esta es sólo la primera fase, pues lo que se busca, a pesar de la desmentida oficial, es inducir la hiperinflación, verdadera madre de la licuación total de los precios de los activos y proceso fundamental para el remate que se avecina. Se sabe que esto provocara protesta social, por eso el Presidente reformula el protocolo de seguridad buscando criminalizar la protesta social y estigmatizar a los “orcos” que desafíen el cambio de régimen. Porque de eso se trata: hay que “resetear el país”, usar el monopolio de la fuerza bruta para, paradójicamente, “sacar el pie del Estado sobre la iniciativa privada” y permitir el “libre” enriquecimiento “convirtiendo nuevamente a la Argentina en un país viable”. En definitiva, se trata, de abrir la economía al saqueo indiscriminado.

No todo es oscuridad en este panorama sombrío: como en otras épocas, los cacerolazos se multiplican en el país y anuncian la posibilidad de un cambio en el realineamiento de la oposición. Aparece pues la esperanza de construir un frente amplio de unidad nacional que, superando los errores del pasado, potencie la discusión y la cooperación hacia un verdadero cambio social en el país.

 

 

 

[1] Este movimiento guerrillero aliado a Irán se ha comprometido a continuar estas acciones desde Yemen hasta que las tropas de Israel abandonen Gaza y permitan el libre abastecimiento de viveres y medicinas con destino a los palestinos.
[2] Esta violencia ha implicado el dominio norteamericano israelí fogoneando la división entre los países de la región y aplicando al mismo tiempo la máxima fuerza militar posible contra el enemigo principal, en este caso el pueblo palestino que lucha por su territorio y sus recursos.

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 2500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 5000/mes al Cohete hace click aquí