De Militares a Policías

Anticipo del libro de Juan Gabriel Tokatlian, Marcelo Sain y Germán Montenegro

PRÓLOGO

Este libro aborda dos cuestiones, una persistente desde la época de la Guerra Fría y otra resurgida desde comienzos de este siglo, que se entrecruzan y refuerzan en la agenda entre Estados Unidos y América Latina: la cuestión de las drogas ilícitas y la cuestión de los militares. La primera cuestión ha estado presente por años y ha logrado una centralidad notoria en las relaciones interamericanas a pesar de los repetidos fracasos de la llamada “guerra contra las drogas” a lo largo y ancho del continente. La segunda cuestión ha reaparecido después de las transiciones a la democracia en la región. En materia de drogas la prohibición, en su versión militante, ha recorrido los países aunque en tiempos recientes hay un conjunto de iniciativas y movilizaciones que la impugnan por los elevados costos sufridos por las sociedades latinoamericanas. En materia militar las exigencias de Washington, las ambivalencias de los elites y las ansiedades domésticas han abierto el espacio para una decidida participación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico.

Esto último que fue evidente en México, Centroamérica y el arco andino se ha ido expandiendo hacia el Cono Sur: el ejemplo de Brasil es en la actualidad el más elocuente. En ese sentido, es posible afirmar que la Argentina ha sido una suerte de “última frontera” que ya se estaba agrietando en los últimos años pero que tiende a perforarse hoy por el doble proceso de incidencia estadounidense y de convicción gubernamental de que los militares deben involucrarse en el combate contra las llamadas “nuevas amenazas”.

En esa dirección, nos interesa situar el caso argentino en un marco histórico y comparativo más amplio. Los tres escritos sitúan la cuestión de las drogas a partir de la política internacional y regional anti-narcóticos de Estados Unidos, de su manifestación concreta en países claves de Latinoamérica y de su especificidad respecto a la Argentina. Hay suficiente evidencia que muestra, una y otra vez y en tantos ejemplos, el fiasco de la cruzada contra las drogas. Sin embargo, entendemos que a esta altura y respecto al país y los sectores que quieren empujar a los militares en asuntos de seguridad interior, los datos disponibles en cuanto a la fallida “guerra contra las drogas” parecen poco persuasivos. Es que hay una matriz interpretativa del fenómeno de las drogas que tienen ciertos actores que es difícil de modificar o revertir. No pretendemos afirmar, a lo largo del libro, que nuestras fuentes empíricas hablan por si solas. Toda evaluación de los elementos fácticos que se utilizan, están influidos por valores, identidades e intereses; lo cual refleja, asimismo, relaciones de poder y modos de construcción de la realidad. Si aspiramos a que este texto aporte a una deliberación informada y razonada sobre el tema de las fuerzas armadas y su rol en la lucha anti-narcóticos.

Paralelamente, la cuestión militar nos interesa y preocupa por su impacto sobre la situación de derechos humanos y la democracia en la Argentina y América Latina. Concebimos la cuestión militar en un sentido acotado y que remite a la centralidad alcanzada por los asuntos que implican la amenaza y el uso de la fuerza, así como a la importancia de un control civil y democrático de las Fuerzas Armadas. El resurgimiento de la cuestión militar se da no solo por su vínculo con la cuestión de las drogas. Detectamos tendencias inquietantes en varios frentes. Por ejemplo, se puede advertir la presencia de un neogolpismo en Latinoamérica. Usualmente el golpe de Estado tradicional se desplegaba de manera violenta por parte de las Fuerzas Armadas (apoyado por sectores sociales y políticos), con impulso o tolerancia externa (por ejemplo, de Washington), se dirigía a reorganizar las ramas de poder, y apuntaba a fundar un orden alterno. El “nuevo golpismo” es formalmente menos virulento, lo lideran los civiles (con soporte implícito o complicidad explícita de los militares), mantiene una cierta semblanza institucional, no implica necesariamente a una potencia (Estados Unidos), y pretende resolver, al menos de entrada, un impasse social o político potencialmente ruinoso.

Adicionalmente, se observa el creciente papel de las Fuerzas Armadas en la vida institucional de los países. El caso actual de Venezuela es el más emblemático cubriendo una amplia gama de funciones y una incidencia clave para sostener el régimen político. En Centroamérica es evidente el empleo de las Fuerzas Armadas en el combate contra la delincuencia. Además, ha aumentado lo que uno de los autores de este libro ha denominado la “diplomacia de la escaramuza” en las relaciones intra-latinoamericanas. Esa forma de diplomacia se caracteriza por la reiterada aparición de “malentendidos”, “incidentes”, “entredichos” y “discordias” que, aunque parecen intrascendentes, pueden conducir a disputas efectivas. Eso en un contexto en que algunos países han incrementado sus presupuestos y, por lo tanto, los gastos militares en América del Sur han vuelto a crecer por primera vez desde 2014.

A lo anterior se debe sumar el despliegue militar de Estados Unidos en la región. Washington restableció en 2008 la IV Flota que había sido disuelta en 1950 y que ahora tiene como misión principal combatir el crimen organizado transnacional. Los efectivos latinoamericanos siguen siendo entrenados en Estados Unidos mientras ha consolidado su sistema de bases en Centroamérica y el Caribe y ha ampliado sus operaciones contra las drogas en esa zona próxima que Washington considera su “tercera frontera”. Por más diversificación de la asistencia militar que han buscado los estados latinoamericanos, la ayuda total a la región de Estados Unidos sigue siendo superior a la suma de otras potencias occidentales y emergentes como Rusia y China. Si bien la región apuntó a tener fuentes distintas en cuanto a la provisión de armamentos, las ventas de armas de Estados Unidos a Latinoamérica continúan superando a la de otros proveedores. En breve, la proyección de poder e influencia del Comando Sur en América Latina es elocuente e inigualable.

En síntesis, el entrelazamiento entre la cuestión de las drogas y la cuestión militar es actualmente de gran trascendencia. Por ello nos parece fundamental abordar el enlace entre ambas cuestiones y la gravitación de Estados Unidos, tanto respecto a América Latina, en general, como en cuanto a la Argentina, en particular.

 

 

1 comentario
  1. VICTOR BYRNES dice

    El nuevo golpismo si incluye necesariamente a los EEUU,estan absolutamente involucrados y no lo disimulan y todo es formalmente menos violento,aunque la violencia represiva esta claramente presente ,se nota menos porque los medios tapan esa realidad,posverdad que le dicen.

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