De remate

Milei atrasa 150 años. Como Avellaneda, pagar la deuda sobre la sed y el hambre del pueblo

 

“El modelo del Estado grande es una cárcel y la sociedad argentina lo entendió. Por eso apoya la ley que estamos impulsando en el Congreso; el proyecto de reforma del Estado tributaria, fiscal y regulatoria más importante de los últimos 150 años”, expresó el Presidente el lunes ante diferentes empresarios y financistas en una conferencia global de inversores desarrollada en el Instituto Milken de la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos. “La única manera de sacar el 60% de los argentinos de la pobreza es con crecimiento económico y solo hay crecimiento económico con libertad”. La política económica que ejecuta no es novedosa. Hace 150 años la aplicaba el Presidente Nicolás Avellaneda, que tuvo un servil de los intereses foráneos de Ministro de economía como Norberto de la Riestra, que al igual que Javier Milei bregaba por el liberalismo económico.

“La ventana de oportunidades para nuestra nueva fiebre del oro no será eterna: es hoy, es ahora”, dijo Javier Milei, dispuesto a que cada empresario foráneo se lleve los recursos naturales que mejor le cuadren, tanto para la cartera de la dama, como para la billetera del caballero. “Quiero invitarlos a que apuesten por la Argentina. Ayúdenme ustedes que son el progreso humano encarnado a hacer de ella la nueva Roma del siglo XXI”, les dijo a los que gentilmente se les llama inversores y no saqueadores. Nueva Roma es un tema de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que forma parte del disco La Mosca y la Sopa, de 1991. “Mi vieja crio un idiota de corazón lunático”, comienza expresando la letra. Su estribillo dice: “¡Nueva Roma! ¡Te cura o te mata! / ¡Nueva Roma ya está!”. Está claro que la Argentina en venta que Milei se propone curará a varios de los empresarios extranjeros a los que les habló y puede que aprovechen ese remate del país que propone. Pero, a los argentinos, es su política la que nos mata lentamente.

Milei sabe que el crecimiento económico no genera mágicamente lo que pregona, que es sacar a gran parte de la población de la pobreza. Incluso su política económica generó que muchos empresarios tengan un mayor y exponencial crecimiento en sus cuentas sin hacer crecer la economía, sin sacar a nadie de la pobreza. Paolo Rocca es uno de esos empresarios favorecidos por Milei y la lista sigue. El crecimiento económico sin distribución, sin igualdad, es una vez más el disfrute de unos pocos mientras el resto padece esa transferencia brutal de sus bolsillos que fue a parar en manos de empresarios formadores de precios beneficiados por la devaluación y la inflación que les permitió arrebatar el bolsillo de las y los trabajadores activos y pasivos, sin generar ninguna inversión y remarcando todos los días, como enseñó —atorado por la risa— Federico Braun hace dos años.

“Hoy por primera vez en 150 años y a contramano del mundo, la Argentina se convierte día a día en un país que es cada día más libre”, expresó Javier Milei en su conferencia en Estados Unidos. Su idea de establecer 150 años como referencia es remontarse a 1874 con la presidencia de Avellaneda. La política desplegada en ese entonces —como ocurría normalmente—, estaba orientada a la búsqueda del equilibrio fiscal (al igual que lo hace Milei), descargando la crisis sobre las espaldas del pueblo: se suprimieron empleos y se rebajaron salarios —entre el 18 y 20%— de los empleados públicos. Nicolás Avellaneda es el autor de la frase: “La República puede estar hondamente dividida en partidos internos; pero tiene sólo un honor y un crédito como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre su hambre y su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros". En todos sus discursos, Javier Milei omite hablar de la deuda externa que asfixia al país, solamente se encarga de honrar con creces ese compromiso, recargando, al igual que Avellaneda, que esa pesada herencia se pague con el hambre y la sed del pueblo.

Avellaneda confiaba alcanzar cierto equilibro con divisas, pero su escasez debido a la crisis internacional agravó su situación. Pensó en contraer las importaciones para asegurar el metal necesario del pago de deuda, como también suspender el pago por un año. Pero privilegió los derechos del acreedor, antes que el bienestar de la población.

Milei, al igual que Avellaneda, que hablaba por quienes supuestamente estaban dispuestos al hambre y la sed para pagar la deuda, dice ante empresarios extranjeros que la mayoría de los argentinos confían en el rumbo elegido. “Estamos pudiendo hacer el ajuste del Estado más rápido y más grande sin perder un solo apoyo en el camino. Esto es porque la sociedad entendió que vale la pena hacer el esfuerzo”, dijo. Al Presidente Nicolás Avellaneda, que hablaba en nombre del pueblo, pero sin oírlo —igual que Milei— tuvo dificultades para cubrir el servicio financiero de la deuda. Pudo cubrir el primer semestre de 1875, pero no así el segundo. La política libre-importadora aplicada por más de una década provocó una gran escasez de divisas agravada por la crisis mundial.

Esto está muy bien explicado en el libro De la Banca Baring al FMI. “Las quiebras se suceden, el circulante escasea, el mercado de valores declina día tras día, el Banco Argentino se ha hundido (…). El 20 de mayo de 1876, el ministro (de Hacienda) Lucas González renuncia, pero su reemplazante proviene del elenco estable de economistas liberales: se trata nuevamente del mismísimo Norberto de la Riestra, quien aterriza en el ministerio viniendo directamente de la presidencia del Banco de Londres y Río de la Plata” (Galasso, 2008: 56). El historiador se encarga de pintarnos a De la Riestra, todo un símbolo del mitrismo, pero perdurable en esa idea de país-colonia que también tuvo Avellaneda. Norberto de la Riestra fue una especie de doble agente; como ministro supo realizar toda una tarea para extranjerizar el país y colocarlo al servicio de Inglaterra. Hoy Milei le dice al mundo, nuevamente, aquello que otros hombres serviles al capital foráneo decían, por eso exclamó ante empresarios: “Hoy estoy acá para decirles que la Argentina está preparada para ese enorme desafío. Tiene todas las condiciones para ser la nueva meca de Occidente”.

En aquel entonces, con Avellaneda, Inglaterra era la fábrica y Argentina la granja. Milei pone a disposición los recursos que tiene nuestro país para que empresarios vengan por ellos. Con su proyecto de ley Bases, pone a la Argentina de remate, una entrega en bandeja y, como buen mozo, su discurso en Milken fue el de un servidor. En 1876, se da un debate en el Congreso, cuando el ministro De la Riestra envía un proyecto dirigido a facilitar el aluvión de importaciones, reduciendo y eliminando los aranceles aduaneros. Ese debate histórico entre proteccionistas y librecambistas se puede leer en el libro Historia Política del Senado de la Nación Argentina, trabajo de Norberto Galasso y Mara Espasande que pasó desapercibido. Publicado por el Senado de la Nación a fines de 2023, la llegada del libertario a la presidencia generó mayores preocupaciones y el libro no fue presentado. La historiadora Mara Espasande tuvo la gentileza de hacerme llegar un ejemplar. Tiene su importancia porque esa historia permite saber que no hay nada nuevo bajo el sol en lo que ofrece Javier Milei. Son políticas que ya han fracasado.

El ministro de Hacienda Norberto de la Riestra, desde su perspectiva pro-británica intentó profundizar las medidas de liberalización del comercio exterior y rechazó los reclamos proteccionistas. En 1876, la confrontación se dirimió en el Parlamento. Galasso y Espasande muestran como Carlos Pellegrini refutaba esa idea diciendo: “En todas las ramas de la legislación se nota ese desdén con que la industria ha sido mirada, este poco aprecio por la industria”. Vicente López, también atacó la posición del ministro De la Riestra al decir: “Para el señor ministro, un país que no produce sino materias primas (…) puede alcanzar la misma altura que un país que produce materias manufacturadas (…). Y yo digo que si nos limitamos a esta esfera, jamás saldremos de la pobreza, de la miseria, de la barbarie y del retroceso. Sin trabajo industrial y manufacturero es imposible alimentar la riqueza y adquirir capitales propios, capitales nacionales”.

Milei oferta el país para que capitales foráneos exploten nuestros recursos. Una lectura de aquel debate, de aquella historia que ignora o niega, le permitiría darse cuenta de que no hay novedad en lo que hace, su política entreguista no es la primera que el país padece. En aquel debate entre proteccionismo y librecambismo de 1876 en el Senado de la Nación, Espasande y Galasso nos muestran la intervención de Miguel Cané. “Al abandonar las aulas de las universidades todos somos librecambistas acérrimos. Primero porque el sistema no es altamente simpático (…). Pero cuando se pasa a la observación (…) nos hemos hechos proteccionistas. Yo quisiera que el señor ministro me mostrara un solo país en el mundo en que se haya producido la industria de la manera maravillosa con que él pretende (…) dónde se ha principiado con el libre cambio, con la Aduana libre”, se preguntaba Cané y agregaba: “En todas partes se ha empezado con los principios que estamos sosteniendo (…). Es vergonzoso entre nosotros que aquí donde se producen la lana, los cueros, etcétera, donde se producen las materias primas que se pueden exigir en el suelo más favorecido, nos veamos en la obligación de vestirnos con ropas hechas en el exterior con nuestras lanas y usar calzado hecho con nuestros cueros manufacturados en el extranjero”.

El 23 de agosto de 1876 el debate parlamentario frustró el proyecto de ley de Norberto de la Riestra, que renunció a su cargo. El libre mercado que Javier Milei propone como novedad es tan viejo como la ventosa. Solamente los que desprecian la historia pueden creer que el camino que lleva adelante es el correcto. Asomarse a debates viejos como el de proteccionismo versus librecambio que se dio en el Senado en 1876 permite entender mejor nuestra política pasada, que no es más que historia presente. Historia Política del Senado de la Nación Argentina se puede leer aquí, su aporte nos permite estar impermeabilizados con quienes nos quieren vender a través de los medios hegemónicos que controlan las acciones de esta farsa.

 

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