De Schubert a Schiff

La música que escuché mientras escribía

 

La semana pasada te dije que me llevaría un tiempo desprenderme de Schubert. Pero también advertí que lo iríamos viendo sobre la marcha. Esta semana empecé con una de esas conferencias-recital de András Schiff, en las que toca y explica lo que toca. No sabés cuánto lamento que no haya traducción al castellano, pero igual no quiero privarte ni privarme porque son deliciosas. ¿Quién dijo que el amor no se puede explicar?

 

 

 

 

 

La lógica del algoritmo de YouTube te ofrece más Schubert, que es lo que buscaba, y más András Schiff, que no era mi tema esta vez. Pero me crucé con un recital de hace 34 años, de un joven Schiff de 35, acompañando a la soprano estadounidense pero de nacionalidad y esposo suecos, Barbara Hendricks, que entonces tenía 40 y que es una de mis debilidades musicales.

Empecé y no pude parar. Si sos obsesiva y necesitás saber todo el tiempo qué estas escuchando, aquí tenés  la lista de las canciones del recital, con los minutos respectivos, que culminan justamente con Schubert, y su lied Noche y sueños, título bien schubertiano:

FELIX MENDELSSOHN (1809 1847)

1:05 Frühlingslied (Klingemann)

4:39 Auf Flügeln des Gesanges

8:32 Frühlingslied (Lenau)

11:39 Des Mädchens Klage

14:47 Andres Maienlied (Hexenlied)

 

HUGO WOLF (1860 1903)

17:40 Verborgenheit

21:06 Nimmersatte Liebe

23:41 Das verlassene Mägdlein

27:09 Der Gärtner

29:18 Lebe wohl

32:19 Er ist s

 

GUSTAV MAHLER (1860 1911)

34:56 Ich ging mit Lust

39:00 Rheinlegendchen

42:20 Ich atmet einen Linden Duft

45:15 Ablösung im Sommer

47:05 Liebst du um Schönheit

50:17 Scheiden und Meiden

 

W A MOZART (1756 1791)

56:08 An Chloe (To Chloe), K. 524

 

FRANZ SCHUBERT (1797 1828)

59:36 Nacht und Träume D.827

 

 

 

 

 

 

Y como una cosa lleva a la otra, también encontré una versión del mismo lied por Kathleen Battle, que es otro fenómeno, y de quien además tengo un recuerdo personal impresionante. A fines del siglo pasado dio un recital en el Teatro Colón. El público aplaudía de un modo tan rabioso, que los bises duraron más que el programa y nadie se movía de su lugar. Hasta podías pensar en una competencia loca por ver quién aplaudía más fuerte y cuánto aguantaba ella sin desmayarse del agotamiento. Nunca vi algo así.

 

 

 

 

 

Por suerte, fue empate.

 

 

 

 

 

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