Debates sobre el negacionismo

Oportuno cuadernillo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación

 

El 21 de marzo pasado en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación presentó el cuadernillo “Negacionismo”, primer número de la colección Repertorios, Perspectivas y debates en clave de Derechos Humanos. Su objetivo es promover el debate y la reflexión para enfrentar discursos que pugnan por el sentido de nuestro pasado reciente desde posturas opuestas a los postulados de memoria, verdad y justicia. Participaron de la presentación el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla Corti; Alejandro Kaufman, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ); el sociólogo e investigador Daniel Feierstein y la doctora en Derecho Penal Valeria Thus, Directora de Derechos Humanos de la UBA.

Pietragalla Corti señaló que lo que llamamos negacionismo tiene que ver con calificativos que se fueron construyendo desde el último golpe de Estado para lograr mellar el sentido común de la sociedad. “El contexto de violencia fue uno de los argumentos más fuertes para justificar el golpe de Estado, no solamente en la Argentina, sino en la región”, afirmó. En ese sentido, recordó que “desde la doctrina de Washington también se empezó a hablar de ‘el comunismo en la región’, ‘el enemigo interno’. El ‘enemigo interno’ se sostuvo muy fuertemente desde la voz de los medios de comunicación y de la dictadura y los propios miembros de las fuerzas de seguridad y empezó a trascender al sentido común de nuestra sociedad. El ‘enemigo interno’ fue una frase que generó mucho daño”, explicó. Señaló que así instalaron la paradoja de que compañeros que pensaban en una patria más justa y peleaban contra las desigualdades sufrieran el mote de “enemigos”. También destacó que las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, baluartes de la lucha contra la dictadura, fueran consideradas por el poder como “las locas”. Otra vez un rótulo “para quienes generaron un cambio estructural”, expresó.

Haber logrado construir un sentido común en la sociedad con memoria, verdad y justicia, acompañado de fallos de jueces que determinaron que lo ocurrido fue un genocidio –si bien existen discusiones sobre esa categorización, apuntó–, fue necesario para establecer que los delitos cometidos durante el terrorismo de Estado fueron crímenes de lesa humanidad.

El secretario de Derechos Humanos refirió, además, que la conquista de visibilización de las Madres y de las Abuelas llegó con el gobierno de Néstor (Kirchner) primero y con los de Cristina (Fernández de Kirchner) luego. “Cada nieto y nieta que iba recuperando su identidad se iba visibilizando de otra manera”. En primera persona, como ejemplo, Horacio Pietragalla Corti contó: “Cuando recuperé mi identidad en el año 2003, antes de que asuma Néstor, una tarde vuelvo al edificio donde vivía, me agarra una vecina, me insulta y me dice: ‘¿Cómo le podés hacer eso a las personas que se desvivieron por vos?’, que eran mis apropiadores. La verdad que cuando uno veía cómo un nieto era recibido por parte de la sociedad a partir de tomar la decisión de saber su verdad y ve un nieto cuando recupera su identidad hoy, creo que ahí se entiende cómo fuimos conquistando el sentido común en gran parte de nuestra sociedad”.

El funcionario también expresó que “el momento cúlmine cuando vimos cómo se llevó adelante, a partir de esa política pública activa con direccionamiento, con reparación, con abrazo integral a las víctimas, fue cuando volvió el neoliberalismo asociado con los poderes reales, con la dictadura”. Recordó que Mauricio Macri se había reunido con abogados de los genocidas en campaña y les había prometido impunidad. “Si bien le costaba llevar adelante un indulto, una amnistía, como en otros tiempos, intentaron un 2×1 (la Corte Suprema de Justicia de la Nación falló el 3 de mayo de 2017 a favor de conceder al represor Luis Muiña ese beneficio. La iniciativa debió retrotraerse luego de la convocatoria de los organismos de Derechos Humanos el 10 de mayo de 2017 en una multitudinaria movilización a Plaza de Mayo) y se vio la reacción de gran parte de la sociedad que lo impidió”.

Para Pietragalla Corti, el neoliberalismo “inaugura una guerra contra el sentido común con la frase el ‘curro de los derechos humanos’, que venía de la mano de estigmatizar a las y los militantes de los organismos, con alguna argumentación puntual de que alguna persona se aprovechó de los organismos de derechos humanos para sacar rédito propio, para a partir de ahí estigmatizar la lucha”. Añadió que “No son 30.000” es otra estrategia del negacionismo y remarcó que hay sujetos que están hoy en los medios de comunicación “que mellan, empiezan también a trabajar y jugar con frases que tienen un simbolismo muy fuerte”. Posteriormente, dijo que esta semana algo “lo sorprendió” y mostró la portada de la revista Noticias. “Lo que no debemos permitirnos es que en la semana de marzo saque una foto de un compañero –obvio que es un orgullo este compañero, que es mi conductor, Máximo Kirchner, al igual que Cristina (Fernández de Kirchner)– y pongan ‘El enemigo interno’. El enemigo. Para ellos seguro somos el enemigo, y nos tiene que dar hasta un poquito de orgullo”. Describió que “empiezan con algo muy peligroso, la diferenciación con quienes somos militantes políticos territoriales. Que empiecen a utilizar la estigmatización para compañeros militantes nos tiene que llamar la atención y tenemos que estar en alerta”.

 

Noticias y otra tapa de periodismo deplorable.

 

En referencia al cuadernillo, Valeria Thus dijo que muestra que “el negacionismo aparece como un momento simbólico, como un campo de batalla, como un escenario banal en las sociedades post-genocidas. Es importante saberlo porque estamos discutiendo la apropiación política de nuestro pasado reciente. De eso se trata, por eso es tan difícil con la pátina del liberalismo”. Luego azuzó con el interrogante: “¿Qué vamos a hacer con el discurso intolerante que se ampara en la libertad de expresión para discriminar y humillar? Esa es la pregunta nodal. También ¿cómo conformar un liberalismo de cara al siglo XXI? y ¿qué entendemos por el significante, a veces vacío, democracia?”. Dijo que “depende cómo lleguemos a cada una de estas palabritas –enormes todas y cada una de ellas–, nuestra respuesta por sí o por no a la criminalización va a ir decantando de acuerdo a esa mirada. No podemos pensar estos temas si no cuestionamos los liberalismos”. Para Thus, la criminalización al negacionismo tiene como delgada línea “no convertirse en un censor nacional ante las disidencias ideológicas”.

El cuadernillo incluye valiosos análisis que enriquecen el debate, aún con miradas antagónicas. Thus argumenta la pertinencia de la intervención penal frente al negacionismo, sostenida en lo individual por el respeto de la dignidad humana de las víctimas y vinculada al principio de igualdad como no discriminación y no sometimiento, y en lo social por la afectación al derecho a la memoria. En tanto, Emanuela Fronza, especialista italiana en Derecho Penal, considera peligrosa la punición al negacionismo porque le otorga al juez la capacidad de definir “el método correcto de la investigación histórica”. Difícil asegurar que si nuestro país contara con una ley contra el negacionismo, los jueces no se transformen en censores de esas disidencias, como marcó Thus.

Thus plantea que no se trata de pensar si la punición es posible, sino de si es deseable. En el trabajo se deja establecido que tanto la postura de Fronza como la de Thus no buscan “agotar las vías de discusión, sino examinar y presentar un ejemplo de los núcleos de discusión sobre la problemática”.

 

Valeria Thus.

 

Por su parte, Daniel Feierstein expresó que “el negacionismo no es el mecanismo de defensa de la negación. El negacionismo es un constructo ideológico, con lo cual aprovecha el mecanismo de la negación, pero hay una intencionalidad para incidir en una lucha por el sentido”. De este modo, “no es que el negacionista ideológico no se da cuenta de lo que le pasa o tiene una crisis por la cual no puede aceptar la realidad, sino que está buscando, a través de un conjunto de mecanismos, incidir en la disputa por la hegemonía”. Señaló que esos mecanismos son muchos, pero destacó cuatro: La relativización o minimización (los hechos no son tan graves, no son tan importantes, tienen otra explicación); las falsas equivalencias (la violencia subversiva fue la que desató la violencia represiva); la sobre-simplificación (respuestas sencillas y rápidas que impiden comprender la complejidad de los fenómenos sociales); las teoría conspirativas (que el negacionismo aprovecha en un momento en el cual tenemos una exacerbación general de la paranoia, que hace que esas estructuras conspirativas logren más escucha en cada uno de nosotros).

 

Daniel Feierstein y Horacio Pietragalla Corti.

 

Para el sociólogo, el campo popular produce contrahegemonía de abajo hacia arriba. La importancia de entenderlo radica en cómo se emprende el combate contra el negacionismo. “El problema es cuando uno quiere traer al Derecho Penal para jugar en el propio combate, de arriba hacia abajo. En una disputa por el sentido, puede pegarse un tiro en el pie monumental. Puede facilitar, enriquecer, darle mucho poder –justamente– a ese enemigo”, señaló. En esa línea, manifestó su acuerdo con Fronza y precisó que “el Derecho Penal pena conductas, no ideas, por espantosas que nos resulten las ideas”. Además recordó que “cuando el negacionismo viola teorías existentes –ya sea apología del delito o lleva acabo una injuria–, existe un derecho para penar esa práctica. Lo que se habla con penar el negacionismo es otra cosa. Es que una opinión despreciable, parte de este constructo ideológico que busca disputar sentido, sea penada”, expresó Feierstein.

Si bien no participó del cuadernillo, Alejandro Kaufman hizo su aporte en el panel de presentación. Su postura fue a favor de criminalizar el negacionismo: “El Estado no puede no señalar de una manera institucional al negacionismo como un crimen, no puede dejar de hacer eso. Del mismo modo, no puede dejar de señalar al femicidio como un crimen de género”. Señaló que “el negacionismo procede del genocidio. El genocidio es un negacionismo. No es una negación de lo fáctico, eso no es el negacionismo. Por supuesto que la palabra se la empezó a utilizar de una manera generalizada como sinónimo de cualquier negación de la realidad”, explicó, y agregó que “el núcleo del exterminio consiste en negar la existencia de un colectivo, ejecutar la inexistencia de ese colectivo y hacer olvidar el crimen”.

 

Alejandro Kaufman,

 

 

El cuadernillo incorpora una conferencia que tuvo lugar en la Universidad Nacional de La Plata en marzo de 2017 en la que Feierstein y el juez Daniel Rafecas expusieron en el panel “Genocidio y negacionismo. Disputas en la construcción de la memoria”, a partir de la convocatoria de la docente e historiadora Ana Barletta y de la prosecretaria de Derechos Humanos de la universidad, Verónica Cruz. Además de los trabajos de Thus y Fronza, también se incluye un texto del historiador Mario Ranalletti y un análisis de la socióloga Valentina Salvi sobre el entramado negacionista de “la reconciliación nacional”. De Feierstein también hay un fragmento de su libro Los dos demonios (recargados).

En esa conferencia, Rafecas demolió argumentos que cíclicamente aparecen para instalar que también debería juzgarse a los miembros de las organizaciones armadas. El juez expresó que “está absoluta y largamente demostrado que el 24 de marzo del ’76 se puso en marcha la opción de llevar adelante una suerte de ‘justicia policial’ utilizando el aparato clandestino de poder, utilizando el terrorismo de Estado. Esa decisión consciente y muy clara de la dictadura de utilizar el aparato clandestino de poder y de encolumnar en ese aparato de poder a todas las fuerzas militares, de seguridad, de inteligencia y penitenciarias al servicio de ese fin, trajo como consecuencia, por ejemplo, decenas de miles de asesinatos y de desapariciones forzadas”. Por lo que “no tenemos que olvidarnos nunca que ha sido el Estado el que ha llevado a cabo cada uno de esos asesinatos, cada una de esas desapariciones forzadas, cada uno de esos secuestros y cada una de esas torturas. Y, por lo tanto, cada una de esas víctimas sufrió una pena. Una pena, no de la justicia convencional, pero sí de la ‘justicia policial’ del Estado autoritario”.

Para el doctor en Ciencias Penales, “si cada asesinato fue una pena de muerte, y cada desaparecido fue una pena de desaparición forzada, y cada torturado fue una pena de tormento –como en las épocas medievales–, y cada secuestro debe considerarse una pena de prisión, a partir de esta certeza, ¿es posible, así todo, sostener hoy en día esos discursos, frente a las decenas de miles de personas condenadas, en todos estos sentidos, agregando incluso la pena de exilio, a decenas y decenas de miles de compatriotas, el exilio externo y el exilio interno?”, se preguntaba. “Si ponemos esta cuestión en la balanza, ¿se sostienen estos tibios reclamos de que hay que juzgar a las organizaciones armadas? Estas argumentaciones tan endebles solamente se sostienen sobre la base de negar el terrorismo de Estado”, concluyó.

Rafecas amplió que “negando el terrorismo de Estado, entonces podemos volver a instalar los ‘dos demonios’, la ‘guerra sucia’, ‘que se juzguen a los Montoneros’, como si miles de miembros de Montoneros no hubieran sido secuestrados, torturados y asesinados masivamente durante la era del terrorismo de Estado, es decir, condenados a penas de muerte, desaparición forzada, prisión y tormentos por la Justicia policial de la dictadura”. Rafecas ejemplificó con su trabajo como juez: “A mí me toca investigar la causa del Primer Cuerpo, abarcando la represión contra la columna Oeste y parte de la columna Norte de esa agrupación y sus organizaciones de superficie. No quedó nadie prácticamente. Los mataron a casi todos. Y a los que no mataron, fueron torturados y secuestrados. Y los que no, fueron exiliados. Todos sufrieron penas. Todos fueron condenados por el Estado, por el Estado terrorista”, describió. “Pero que haya sido un Estado terrorista no quita que todos y cada uno de ellos fueran objeto, destinatarios de penas, y por lo tanto, juzgados”. Y añadió que es “un argumento central para derribar estos intentos de volver a instalar estos discursos. Y precisamente, lo que yo acabo de sostener está fuertemente apuntalado por los procesos de juicio y castigo que hemos desarrollado y seguimos llevando adelante en todo el país”.

El cuadernillo, que puede descargarse desde la página de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, es oportuno en tiempos de florecimiento de discursos negacionistas. Sus argumentos enriquecen y permiten construir mayor ciudadanía democrática.

 

 

 

 

 

 

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