Hoy tendrá lugar en el Perú una de las elecciones más complejas de su historia. Veintisiete millones de ciudadanos emitirán su voto en una boleta con 35 candidatos que representan ese mismo número de partidos, algo inédito en otros países. Se elegirá Presidente, 130 diputados, 60 senadores –por primera vez desde que Alberto Fujimori disolvió el Congreso en 1992 y la nueva Constitución, vigente desde 1994, dispuso un Congreso unicameral–además de representantes al Parlamento Andino. Todos ellos para un período de cinco años.
En esta caótica competencia en la que las propuestas y planes de gobierno son opacados por un circo mediático, la ciudadanía espera hasta el final para ver cuáles de las tres decenas de candidatos se acercarán, como en una carrera hípica, a los dos favoritos que pasarían a la segunda vuelta electoral: Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, para quienes el Congreso, que en la práctica ejerció el gobierno durante la presidencia de Dina Boluarte, construyó un andamiaje de normas electorales para su permanencia en el poder. A pesar de ello, juntos apenas suman 20% de la intención de votos. En las últimas semanas las encuestas se han movido como el valor de las acciones de la bolsa cuando habla Donald Trump.
Según la última encuesta de Datum, Fujimori lidera el voto con un 13,2%, seguida por una cuadrilla de tres candidatos, literalmente empatados, que compiten para el pase a la segunda vuelta electoral del 7 de junio: Ricardo Belmont, del Partido Cívico Obras, con 7,9%; el cómico Carlos Álvarez, con 7,7%, y el otrora favorito Rafael López Aliaga del ultraderechista Renovación Popular, con 7,4%. El ex alcalde de Lima llegó a encabezar las encuestas en enero con un 15% de votos, pero su estilo xenófobo y prepotente lo ha hecho caer en picada.
Durante las tres últimas elecciones presidenciales, Keiko Fujimori lideró sobradamente las encuestas, y las ganó en primera vuelta, pero las perdió en la segunda, siempre por márgenes muy reducidos, especialmente en las dos contiendas más recientes:
- 2021: perdió contra Pedro Castillo (Perú Libre) por un margen de 0,25% (Castillo obtuvo el 50,126% frente al 49,874% de Fujimori)
- 2016: perdió contra Pedro Pablo Kusczynski (Peruanos por el Cambio) por un margen de 0,24% (Kusczynski logró el 50,12% y Fujimori el 49,88%).
- 2011: perdió contra Ollanta Humala (Gana Perú) por un margen de 2,9% (Humala alcanzó el 51.44% contra el 48.56%).
El enfado de Fujimori al perder las elecciones por tan estrecho margen le hizo la vida imposible al gobierno de Kuczynski, ya que ella controlaba el Congreso. Desestabilizó su gobierno y durante ese período hubo cuatro Presidentes. En 2021, cuando Castillo ganó legítimamente las elecciones, avaladas por la OEA y todos los observadores internacionales, además de los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, entre otros, Keiko y la oposición no pararon de diseminar la teoría del fraude, además de organizar, junto a la oposición, la interpelación a cuanto ministro del gobierno de Castillo cometiera algún desliz.
La trampa para quedarse
El florecimiento de tantos partidos políticos –aunque el nombre les queda más que grande– es una estrategia de fragmentación política promovida desde el Congreso, que ha gobernado el país desde que Pedro Castillo fue destituido en diciembre de 2022 tras su fracasado intento de autogolpe de Estado, con un estilo fujimorista, tal como comentamos en El Cohete. Fue, sin lugar a duda, el mayor error de Pedro Castillo, que terminó reemplazado por su Vicepresidenta Dina Boluarte, quien –a cambio de que el Congreso rechazara las denuncias constitucionales por su responsabilidad en los 50 asesinatos cometidos durante protestas antigubernamentales y violación de derechos humanos– le regaló el poder al denominado Pacto Mafioso del Congreso. Este estaba integrado por Fuerza Popular de Keiko Fujimori; los ultraderechistas Renovación Popular del ex alcalde de Lima, Rafael López Aliaga; y Avanza País, actualmente en peligro de extinción. Además, los populistas Alianza para el Progreso y Podemos Perú. En esa alianza también participó el partido Perú Libre, fundado por el marxista-leninista-mariateguista Vladimir Cerrón –condenado por corrupción durante su gestión como gobernador regional y prófugo de la justicia–, que llevó en 2021 a Castillo a la presidencia. Su hermano congresista, Waldemar Cerrón, participó activamente en la mesa directiva de un Congreso rechazado por 95% de la ciudadanía. Salvo los partidos de Fujimori y López Aliaga, los otros han sido castigados por la ciudadanía: cuentan con menos del 1% de respaldo.
La entonces Presidenta Boluarte, vacada en octubre del año pasado y reemplazada por José Jerí, quien a su vez fue censurado en febrero de este año por el silente, y actual Presidente, José María Balcázar, avaló que la coalición mafiosa del Congreso impusiera la creación de un Senado intocable, a pesar de que en 2018 un referéndum rechazó la bicameralidad. Asimismo, modificaron las reglas electorales y favorecieron un escenario de dispersión que hoy beneficia a las candidaturas con mayor visibilidad, maquinaria y financiamiento.
Entre otras, relajaron las normas para la creación de nuevos partidos y no cumplieron con la ley promulgada en agsto de 2019 que establecía la realización de elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). En enero de 2024, el Poder Ejecutivo promulgó una ley que modificó sustancialmente su modelo original, que hubiera servido como filtro para evitar una sábana impresa repleta de candidaturas, símbolos y columnas. La organización civil Transparencia había advertido que, sin ellas, la votación se fragmentaría y los partidos con mayor visibilidad, financiamiento y presencia institucional sacarían provecho de una competencia más caótica y menos filtrada.
El plan casi se ha cumplido y la sorpresa ha sido el ascenso del populista octogenario Ricardo Belmont, que ha pasado de un 2% de intención de voto en enero a desplazar por un estrecho margen a López Aliaga. De forma similar a lo ocurrido en la última elección de 2021, la velocidad del crecimiento de la intención de voto de Ricardo Belmont y Carlos Álvarez, en particular del primero, son recientes. Dos semanas antes del día de la elección, la ciudadanía no había puesto la mirada en Pedro Castillo, al menos según las encuestas.
A pesar de las maniobras del Congreso para favorecer la permanencia en el poder de los favoritos, sus partidarios ya han iniciado la campaña para desprestigiar a las autoridades de los organismos electorales con la narrativa de fraude y López Aliaga ha insultado a la Organización Nacional de Procesos Electorales (ONPE) al decir que son una porquería. Sin embargo, es López Aliaga quien hará uso de la narrativa del fraude en esta elección si Ricardo Belmont pasa, como indican las encuestas, aunque con márgenes estrechos, a la segunda vuelta para competir con Fujimori.
La dupla que amenaza al ultraderechista López Aliaga
Mientras que Keiko Fujimori lidera esta carrera electoral, los dos candidatos que vienen corriendo desde el fondo y amenazan sacar de la competencia al ex alcalde de Lima, investigado por lavado de activos, son personajes mediáticos. Ricardo Belmont Cassinelli, un empresario de medios y político peruano, se postula por el Partido Cívico Obras, fundado en julio de 1989. Bajo este paraguas, fue alcalde de Lima al ganar las elecciones municipales de noviembre de ese año, por un período de tres años, convirtiéndose en el primer gran outsider de esa época al demostrar que, sin partido tradicional y apoyado por su canal de televisión RBC, podía derrotar a los políticos tradicionales. Belmont fue reelecto para el siguiente período (1992-1995).
Conocido popularmente como “El Hermanón”, Belmont fue además congresista (2009-2011). Participó como candidato en la lista de la alianza electoral Frente de Centro en las elecciones generales de 2006, espacio liderado por Valentín Paniagua Corazao, un político histórico del partido Acción Popular, quien asumió la Presidencia de la república de manera interina entre noviembre de 2000 y julio de 2001 tras la fuga de Alberto Fujimori, para liderar el proceso de retorno a la democracia. Belmont no ganó la elección pero asumió el escaño como “accesitario” (reemplazo) para completar el período hasta 2011 del congresista de ese frente Alberto Andrade, también ex alcalde de Lima, quien falleció en junio de 2019.
En 2015, Belmont anunció que postularía a la Presidencia por el partido de Ollanta Humala (Partido Nacionalista Peruano) para las elecciones de 2016, pero esa alianza duró muy poco. Renunció a la precandidatura a las pocas semanas denunciando falta de transparencia y desacuerdos con la dirigencia del nacionalismo (incluyendo a Nadine Heredia).
Por otro lado, Carlos Álvarez es un cómico, imitador de políticos. Tenía un programa de televisión de humor en el canal estatal entre 1999 y 2000, cuando Alberto Fujimori postulaba a la re-reelección. Se puso al servicio de la campaña fujimorista y recibía un pago mensual del Servicio de Inteligencia Nacional que dirigía entonces Vladimiro Montesinos, jefe de facto de las fuerzas armadas. Según algunos analistas políticos, el discurso radical de Álvarez con respecto a cómo terminar con la inseguridad sintoniza con lo que se percibe día a día en las noticias, lo que le ha garantizado cierta llegada en los espacios en los que se padecen de flagelos como la extorsión y los atentados.
Los cuatro candidatos que llevan la delantera en las encuestas han propuesto la salida del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos como una de sus propuestas centrales en la campaña. A diferencia de los otros tres, Belmont dice sentirse nacionalista y tiene un discurso populista. Dice que ha llegado el momento de “una segunda república, una república descentralizada, que reparta lo que gana este país entre los pueblos más olvidados”, y el clásico “vamos a bajarle el sueldo a los congresistas, para empezar al 50%, y así el pueblo sentirá que el país comienza a sanar, porque hoy se encuentra en cuidados intensivos”. Asimismo, dijo que, si gana las elecciones, los contratos, las concesiones y las ventas al Estado serán objetos públicos, que no se venderán empresas estratégicas del Perú y que aquellas que ya fueron vendidas serán materia de renegociación en cuanto a sus respectivos contratos, para que sean favorables al país. Pero Belmont carga también con un discurso antivacunas y estafa en un proyecto de accionariado difundido de su canal de televisión.
La historia se repite
En un escenario de crisis institucional y social, de violencia extrema y con una población agotada, las opciones para Keiko Fujimori no son muy distintas de las tres elecciones anteriores. Es altamente probable que, con cualquiera de los tres candidatos que compiten por el segundo lugar para pasar a la competencia electoral del 7 de junio, su destino no sea distinto.
Por otro lado, la izquierda y la centro-izquierda han desperdiciado una oportunidad de construir alianzas y se han presentado absolutamente fraccionadas a las elecciones. Sin duda es más lo que las une de lo que las separa, pero no han sido capaces de construir una alianza, aun sabiendo que las normas electorales diseñadas por el Pacto mafioso aplastan a los partidos pequeños. Como dijo Heráclito, un siglo antes de Cristo, vayan separados y serán vencidos juntos.
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