Del pánico al cambio

Un fantasma recorre el mundo y la toma de conciencia puede cambiar nuestras vidas para siempre

 

Un fantasma recorre el mundo que conocemos e invade nuestra vida diaria. Es el pánico, y no discrimina. Simplemente penetra con la fuerza bruta de la irracionalidad y destroza todo lo que encuentra a su paso exponiendo las distintas facetas de la violencia humana. En el proceso, puede abrir las puertas a una toma de conciencia que cambie nuestras vidas para siempre.

Un virus de dimensión microscópica ha multiplicado exponencialmente las infecciones y muertes en el mundo. La destrucción que deja a su vera ilumina las fallas sistémicas del orden social global. Los gobiernos de distintos países tratan de parar su galope desmadrado paralizando la actividad económica y confinando al reducto de su intimidad a millones de ciudadanos de a pie. Esto ha precipitado al orden social global a un abismo desconocido del que solo hay un antes y un después.

Así, una entidad de naturaleza biológica parece desmoronar las bases de nuestra civilización. El problema, sin embargo, no es el virus sino el orden social que nos rige. La humanidad acudió al designio divino para explicar las pandemias y sus secuelas de destrucción y caos. Hoy esto ya no es posible. El avance de las ciencias en todas las dimensiones del conocimiento nos obliga a buscar las causas estructurales de estos fenómenos. El impacto social del virus ilumina la integración de la producción y las finanzas mundiales a un nivel inédito en la historia de la humanidad y descarna la irracionalidad de un capitalismo global monopólico que ha hecho de la codicia el eje de su accionar en todos los ordenes de la vida social. La inteligencia “divina” del virus es la contracara de una irracionalidad sistémica que ha puesto a la vida humana y al propio planeta al borde de su destrucción.

Esta semana las finanzas de los países centrales se han derretido sin remedio, quemando “riqueza” a un ritmo nunca visto y amenazando con el desempleo a millones de personas. La destrucción no se limita al valor de acciones, bonos y monedas. Penetra en la economía real y también ataca a los valores mas recónditos de un capitalismo que ha erigido al mercado en dueño y señor de la palabra, del orden social y de la vida humana. Ahora, frente a la debacle de los mercados de los países centrales, los Estados se quitan la mascara de independencia e intervienen fuertemente para salvar a los más poderosos. En paralelo, corporaciones e ideólogos del pensamiento neoconservador claman por el salvavidas de subsidios estatales que les permitan sobrevivir al caos financiero y económico. Este clamor no hace más que mostrar que, independientemente del sistema político o de la ideología, el orden social que impera globalmente desde hace décadas ha sido posible gracias a una fuerte intervención estatal en la economía.

La Reserva Federal norteamericana ha sido el gendarme de las finanzas globales, llegando subrepticiamente con sus tentáculos hasta los lugares más aislados del planeta. Hoy su rol ha quedado expuesto a la luz del día, y en el tumulto que sobreviene yace sin otra alternativa que profundizar por otros medios su control sobre el mundo. Paralelamente, otras voces –expresión de una industria de guerra— incitan a la acción militar en algunas de las zonas más candentes del planeta. Así, poco a poco se esboza el camino que históricamente ha purgado las grandes crisis del capitalismo: la guerra con su secuela de destrucción y renovación. Esta vez, sin embargo, vivimos en un mundo armado hasta los dientes y con capacidad de detonar al propio planeta. Lo que puede estar en juego ahora es algo más que una pandemia o una crisis financiera.

En este contexto, sin embargo, no todo es miseria y destrucción. El tumulto abre la posibilidad de reflexionar sobre sus causas y de buscar una salida. La pandemia arrasa con las vidas, las finanzas y la economía global. Al así hacerlo, permite que los Estados y el control de sus territorios respectivos adquieran cada vez más importancia. En este pasaje de lo global a lo nacional y de lo macro a lo micro desaparece, por un fugaz instante, el ropaje de eternidad omnipresente que arropa a los sistemas de dominación. Esto vuelve posible la participación colectiva en el cuestionamiento social y la reflexión sobre el interés común. El camino es largo, y no está demarcado. Una cosa, sin embargo, adquiere cada vez mayor luminosidad: solo se sale de esta debacle con el compromiso social y el predominio de la solidaridad por encima de la codicia desmadrada de intereses individuales y sectoriales.

 

 

Las finanzas se derriten

El coronavirus apareció en China a principios de enero de este año. El Estado chino, altamente centralizado, respondió inmediatamente imponiendo el aislamiento obligatorio a millones de personas. El primer impacto de estas medidas fue la paralización de la producción y una caída sobrecogedora de la demanda de la segunda potencia económica mundial. Esto repercutió inmediatamente sobre el comercio mundial y las cadenas de valor global, especialmente en las zonas más industrializadas del planeta. La actividad financiera, sin embargo, siguió floreciendo a todo vapor y los valores de acciones y bonos en el mercado financiero norteamericano llegaban a mediados de febrero al punto culminante de su valor desde la crisis de 2008. A partir de entonces, el impacto del virus sobre la producción y el consumo mundial golpeó también al mercado financiero internacional.

Desde el 20 de febrero al lunes de esta semana, las principales bolsas del mundo perdieron entre el 20 y el 40% de su valor. El índice S&P 500 acumuló perdidas del 29%, la caída mas grande y rápida de su historia. Por otra parte, desde mediados de febrero más de 60.000 millones de dólares salieron de las economías emergentes buscando inversiones de menor riesgo. La descapitalización por la crisis financiera llegaba a las economías periféricas.

El 3 de marzo la Reserva Federal había adoptado medidas para poner un piso a las ventas masivas. El “recorte de emergencia” de la tasa de interés de un 0.5% y la inyección de 1.5 billones de dólares (trillions) para dar liquidez al mercado de pases bancarios (repo) no pusieron fin a las ventas masivas acicateadas ahora por la crisis de los precios del petróleo. El domingo pasado la Reserva Federal recortó nuevamente las tasas de interés a niveles del 0%- 0.25% y anuncio la inyección de cerca de 700.000 millones (700 billions) de dólares para la compra de letras del tesoro y valores hipotecarios (mortgage backed securities). Asimismo y en coordinación con otros bancos centrales del Primer Mundo abrió líneas especiales de swaps para mitigar la crisis de liquidez en dólares en otros mercados financieros internacionales.

Estas medidas infundieron más pánico precipitando nuevas ventas y brutales caídas de precios de bonos y acciones en todos los mercados. Las acciones de las corporaciones que forman parte del índice S&P 500 perdieron en pocos minutos 2 billones (trillions) de dólares en valor de mercado. Bancos, y grandes fondos financieros, desesperados por hacer frente a demandas de rescate de sus activos altamente diversificados, vendían sus posiciones buscando hacerse de dinero en efectivo e intensificando la crisis de liquidez.

Desde principios de la semana, el gobierno anunció nuevos paquetes de ayuda, esta vez de índole fiscal por valor de 500.000 millones de dólares. Esto impulsó el martes una suba momentánea de 5,20% del índice Dow Jones y del 6,23% en el Nasdaq. A pesar de ello los indicadores de liquidez del mercado financiero siguieron empeorando y en paralelo el dólar aumentó su valor, concretando una seguidilla de 6 días de incrementos consecutivos a niveles no registrados desde la crisis de Lehman Brothers (zerohedge.com 17 3 2020). Ante la imposibilidad de acceder a financiación de corto plazo, ocho de los  más grandes bancos norteamericanos acudieron a financiarse directamente al Discount Window, la ventana de préstamos de la Reserva Federal para ayudar a los bancos comerciales en caso de falta de liquidez (zerohedge.com 17.3 2020). Al mismo tiempo, uno de los fondos más grandes del mundo, Bridgewater, reconocía haber perdido el 20% de su valor (businessinsider.com 16 3 2020). Los bonos del Tesoro norteamericano perdían un 4% al miércoles de esta semana, mientras los bonos corporativos, incluidos los de mejor calidad (investment grade) perdían un 16% de su valor en lo que va del mes.

 

 

 

El pánico impregna a la economía real

Ante la debacle del lunes, el secretario del Tesoro norteamericano presionó al Congreso para obtener líneas de financiación para salvar del default a grandes corporaciones, bancos, fondos de inversión y demás entidades financieras. Advirtió que, de no otorgarse la ayuda, la crisis podía producir el desempleo de un 20% de la mano de obra, y sumir al país en una profunda recesión. Al mismo tiempo, el economista en jefe de uno de los fondos de inversión más grandes del mundo anticipaba una perdida de 10 millones de puestos de trabajo en los próximos dos a tres meses (zerohedge.com 17 3 2020). El posible impacto de la pandemia sobre la economía real pasó ahora a ocupar el centro de la escena política y el pánico escaló a nuevos niveles.

El gobierno buscó conformar un paquete financiero que le permitiese hacer “todo lo que fuese necesario” para frenar la debacle de la economía. Contrariando los postulados neoconservadores, el paquete contenía estímulos fiscales de diversa índole. Entre otras cosas: créditos blandos, recortes impositivos, emisión de cheques de $1.000 dólares a ser entregados directamente a los ciudadanos de a pie durante dos meses, licencia por enfermedad con goce de sueldo y líneas especiales de salvataje para algunas grandes corporaciones al borde de un default. El valor del paquete financiero ha ido creciendo: de los 850.000 millones (850 billions) de dólares, ha escalado a 1,2 billones (trillions) con posibilidad de seguir creciendo al compás de la presión de distintos sectores demandando el salvataje (zero hedge.com 18 3 2020). En paralelo, se ampliaron las líneas de créditos o swaps de la Reserva Federal a los bancos centrales de varios países. Estimados en 64 billones (trillions) de dólares, estos swaps pusieron en evidencia el rol de banquero central del mundo asumido ahora abiertamente por la Reserva Federal norteamericana en su afán de mitigar la falta de liquidez en dólares (zerohedge.com 18 3 2020). Asimismo se incluyó la posibilidad de que la Reserva Federal compre acciones y bonos corporativos directamente de las empresas como parte del salvataje financiero.

 

 

 

Codicia desmadrada e irracionalidad sistémica

La desgravación impositiva del gobierno de Trump y la política financiera de bajas tasas de interés y crédito fácil impulsaron a las corporaciones norteamericanas a sustituir la inversión productiva por la recompra de las acciones propias para subir sus precios y aumentar sus ganancias financieras. Este fue el principal estimulo a la especulación sin fin en el mercado financiero, y derivó en un crecimiento desmedido de la sobrevaluación del precio de las acciones (market capitalization vs.GDP). Hacia el 18 de febrero, esta última era de un 158% (zerohedge.com 17.3 2020).

Ahora, el clamor por el salvataje financiero busca socializar perdidas y permite vislumbrar la irracionalidad sistémica. Los ejemplos abundan. Basta, sin embargo, con mencionar dos casos: el 96% de los miles de millones de dólares obtenidos por compañías aéreas en concepto de diferimientos impositivos fueron utilizados para la recompra de sus propias acciones. Al mismo tiempo estas incurrieron en un creciente endeudamiento para cubrir sus costos operativos. Hoy la paralización del trafico aéreo por el coronavirus las lleva a un inminente default. Otro caso es el de Boeing Corporation: usó los diferimientos impositivos para comprar sus acciones a pesar de que las mismas sufrieron severas pérdidas de valor en los últimos años debido a las fallas operativas de su modelo 737 MAX. Hoy ha agotado la posibilidad de obtener financiación de los bancos (bloomberg.com 16 3 2020, zerohedge.com 18.3 2020).

La discusión del paquete de ayuda financiera permitió que el jueves se revirtiese levemente la caída de los mercados financieros: 0,96% del Dow Jones, 0,5% del S&P 500 y ,.30%del Nasdaq. Esto, sin embargo, no basta para revertir una tendencia que llevó a la pérdida de 25 billones (trillions) de dólares del valor del mercado financiero en menos de un mes. Asimismo, el riesgo financiero de los principales bancos y el valor del dólar siguieron en ascenso marcando la persistente crisis de liquidez.

Por otra parte, ante declaraciones de Trump respecto a su posible involucramiento en la disputa por los precios del petróleo entre Rusia y Arabia Saudita “cuando lo crea necesario”, el precio del petróleo rebotó el jueves llegando a $ 25,22 el barril de (WTI). Esta declaración de Trump se suma al reciente compromiso de apoyo militar al gobierno turco en su enfrentamiento militar con Siria y Rusia y a las recientes amenazas del Secretario de Estado y de altos funcionarios del Pentágono y del Ministerio de Defensa, decididos a aumentar las operaciones militares en Irak contrariando la voluntad de su gobierno. Estos desarrollos alertan sobre la posibilidad de una intensificación de la guerra en la región y a su posible impacto sobre los precios del petróleo y las finanzas internacionales (entre otros: zerohedge.com 14 3 2020; reuters.com 15 y 17 3 2020).

 

 

 

La Argentina en cuarentena

En este contexto internacional se inscriben las medidas tomada por el gobierno argentino para impedir el avance del coronavirus en el país. El gobierno cerró las fronteras y declaró la cuarentena obligatoria sancionando con el Código Penal toda violación. Asimismo, tomó un conjunto de medidas económicas y sociales destinadas a proteger a los sectores más vulnerables de la población, a organizar y acrecentar la capacidad de respuesta sanitaria del gobierno ante la pandemia, y a incentivar la actividad económica amenazada por el cierre de la economía mundial y la probable disminución de la actividad local.

Las medidas anunciadas tendrán un costo fiscal cercano al 2% del PBI. Dan prioridad a la emergencia sanitaria y alimentaria de la población y buscan poner rápidamente dinero en el bolsillo de los ciudadanos de menores ingresos. El gobierno también estableció precios máximos para 2.000 productos de la canasta familiar y de medicamentos y castigará las infracciones de precios aplicando la Ley de Abastecimiento y las penas correspondientes estipuladas por el Código Penal. Al mismo tiempo, convocó a la población a denunciar comportamientos abusivos de precios, así como también la violación de la cuarentena dado que ambos fenómenos atentan contra el bienestar común en circunstancias de gravedad extrema.

Así, el coronavirus parece haber puesto fin a los intentos de controlar los precios a partir de acuerdos entre el gobierno y los distintos sectores empresarios. Hasta ahora, estas negociaciones no habían logrado impedir el aumento de precios en mercados monopólicos, especialmente en el rubro de la alimentación. El gobierno tendrá ahora que usar todo el poder del Estado para impedir que los precios suban y se acompañen de otros comportamientos conexos como el desabastecimiento y la ruptura de las cadenas de pago.

Para prevenir esto último el BCRA liberó el jueves $350.000 millones de encajes y Letras de liquidez (LELIQs). La medida busca impulsar a los bancos a otorgar líneas de crédito a empresas y familias a una tasa de interés del 24%, inferior a la inflación y a la tasa de referencia. Las entidades financieras que accedan a otorgar este tipo de préstamos deberán desprenderse de una parte de su posición en LELIQs y percibirán el beneficio de destinar un menor porcentaje de sus activos a encajes. Habrá que ver, sin embargo, si los bancos aceptan resignar las extraordinarias ganancias obtenidas hasta ahora con las LELIQs. Es probable que el otorgamiento de estos créditos tenga que hacerse obligatorio. Asimismo, el BCRA tendrá que adoptar otras medidas para impedir que la fuerte pesificación de la economía resultante de esta y otras medidas tomadas en relación a la reestructuración de la deuda en pesos, no deriven en mayor dolarización de activos. De ocurrir esto último, y en circunstancias de creciente crisis de liquidez del dólar en el mercado financiero internacional, se reforzará el chaleco de fuerza que Macri y el FMI han impuesto a la economía argentina.

 

 

 

 

 

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11 Comentarios
  1. Unomás dice

    Ya lo sabemos: para los países del norte, la solución, muy probablemente, pase por exportar la crisis, como en anteriores oportunidades. Porque como en anteriores oportunidades, me temo, aplicarán su esfuerzo al (salvaje) salvataje de bancos y financieras, y el costo correrá por cuenta de los mismos: los que siempre están expuestos de las inclemencias del mercado,los sumergidos, los marginales, los de la periferia.¿De qué otra manera se han resuelto las crisis del capitalismo que no sea la de una mayor concentración recursos en menor cantidad de manos y a expensas de un número cada vez mayor de seres humanos? Esta mañana escuché a un asesor del actual gobierno decir, refiriéndose a la crisis causada por el coronavirus, que «el mundo tal cual lo conocimos, ya no existe»: esta frase, que todos escuchamos pronunciar a un religioso mientras se hundía el Titanic en la película homónima, no está por azar en el guión de la película. Sabido es que, con el hundimiento de ese barco, naufragó la confianza en la omnipotencia del hombre con fundamento en el avance indetenible de la ciencia y la técnica (las mismas que exhibieron su peor rostro en Auschwitz). Resulta tentador comparar al Titanic con el neoliberalismo. Pero sería despreciar lo que la historia nos enseña si no consideramos lo señalado antes y derivas tales como las que el auge de las derechas nos hace sospechar. Creo que lo peor que nos puede pasar es depositar la confianza en un destino que nos lleve de manera inexorable a un sistema en el que impere la justicia, o un asomo de ella. Siento, como pocas veces, que de verdad estamos «arrojados» a una coyuntura que despliega ante nosotros muchas posibilidades, que el desafío es enorme y que exige de nosotros el esfuerzo por hacer despertar potencias que,en muchos casos, permanecieron dormidas.

  2. Luis Juan dice

    Estimada Mónica:
    Excelente análisis.
    Si me permite, una digresión.
    Dicen, que durante el largo tiempo transcurrido desde el primer organismo vivo sobre la tierra, han existido cinco extinciones masivas: La primera extinción masiva tuvo lugar hace aproximadamente 440 millones de años, en la transición entre los períodos Ordovícico y el Silúrico. Por movimientos geológicos internos, se produjeron derretimientos de glaciares con la consecuente subida del nivel de los océanos. La segunda ocurrió hace aproximadamente 360 millones de años. La extinción masiva del período Devónico fue causada por grandes glaciaciones que redujeron las temperaturas y el nivel del mar. La tercer extinción masiva entre los períodos Pérmico y Triásico sucedió hace 250 millones de años. Fue la que más ha impactado la vida en la Tierra en toda su existencia, tanto es así que desapareció un 95% de las especies. Entre los períodos Triásico y Jurásico , hace aproximadamente 210 millones de años, se produce una cuarta gran extinción masiva. La quinta extinción masiva, que tuvo lugar entre los períodos Cretácico y Terciario, 65 millones de años atrás, es la más famosa de todas porque en esta desaparecieron los dinosaurios (aunque sabemos que no todos y podemos dar cuenta de ello cotidianamente).
    Hasta aquí, podríamos decir, quienes habitaban la tierra nada tenían que ver con la génesis del problema y fueron inevitables, porque respondían a fuerzas que las especies no podían controlar.
    Muchos científicos temen que estemos ahora en el epicentro de una sexta extinción, más fuerte incluso que la quinta, provocada por la más agresiva de las catástrofes: el abuso de la naturaleza por los seres humanos.
    De esta última sí hay responsables perfectamente identificables e infinitamente perversos, y responden al calificativo de seres humanos.
    No me estoy refiriendo al conjunto de la humanidad (que también suele colaborar con su cuota de desidia), sino a un grupo muy reducido de personajes que controlan absolutamente todo, que son los titiriteros del resto de la humanidad. Son temerarios, desalmados, impiadosos, fanáticos, maquiavélicos, narcisistas y psicópatas. Diluidos en concepciones de modelos, y suelen sentirse más a gusto dentro del capitalismo, neoliberalismo o genocidio planificado de largo aliento (como se prefiera). Controlan las corporaciones multinacionales, la banca y la información, entre tantísimas otras cosas (ciertamente para mencionar semejante nivel de control habría que hacer un comentario muy, pero muy extenso).
    Como usted bien dice en la bajada de título: “Un fantasma recorre el mundo y la toma de conciencia puede cambiar nuestras vidas para siempre” y, sin lugar a dudas “…Lo que puede estar en juego ahora es algo más que una pandemia o una crisis financiera.”
    “…Las transformaciones internacionales a las que está asociado el concepto de “nuevo orden mundial” pueden darse tanto en el campo de las ideologías políticas como en la configuración del poder planetario; incluso, más a menudo se refiere a que un número mayor de estudiosos coinciden en que ocurre al cambiarlas ideas que se tienen sobre el mundo…”(Alfonso Sánchez Mugica-scielo.org.mx).
    […] el desorden está incluido en el concepto de orden (Robert Cox)
    Hace demasiado tiempo venimos escuchando respecto del “Nuevo Orden Internacional”, con mayor frecuencia desde los años ´90. La referencia -que podría ser mucho más antigua-cuanto menos data de 1918 (Woodrow Wilson, David Lloyd George).
    Henry Kissinger, en su libro “World Order” expone algunas afirmaciones contundentes sobre el orden mundial, entendido en una larga temporalidad histórica, desde sus antecedentes en la guerra de Treinta Años hasta el momento actual.
    «Lo que está hoy en juego es la paz del mundo, y si luchamos es para establecer un nuevo orden internacional, basado en los amplios y universales principios del derecho y la justicia; no queremos una paz simple y fragmentaria. […] Creemos que nuestro deseo de orden internacional, de justicia y de interés común de la humanidad, ha de prevalecer. Este es el deseo de los hombres serenos de todos los países, y sin este nuevo orden el mundo no tendría la paz y la vida humana carecería de las condiciones tolerables de existencia y desarrollo.» (Mensaje de Wilson ante el Congreso el 12/02 de 1918) (filosofia.org).
    “…De nueva cuenta, la expresión fue usada hacia fines de la Segunda Guerra Mundial, en el contexto de la creación de la ONU, como institución que iba a substituir de manera definitiva a la Sociedad de Naciones cuya actuación no había podido construir el escenario de equilibrio de poder, paz y justicia internacionales que las potencias se habían propuesto desde el Tratado de Versalles. Con mayor énfasis fue enunciado posteriormente, al final de la Guerra Fría, tanto por el presidente George H.W. Bush, como por el presidente Mikhail Gorbachov. Su principal contenido tenía que ver con el espíritu de concordia y cooperación que las dos superpotencias se comprometían a establecer de 1991 en adelante. Además, se asoció con la imagen del triunfo del orden liberal sobre el mundo socialista, conforme la idea del fin de la historia que planteó Francis Fukuyama. También se relacionó este concepto con el orden globalista cuyas definiciones se debatían en aquellos años; si bien, la guerra del Golfo Pérsico-Arábigo, que tuvo lugar en 1991, dio al traste con esta idea de estabilidad y dejó entrever un tipo de desorden mundial que iba a continuar por cuando menos una década más. Parecía que la historia demostraba nuevamente que la guerra era ubicua y representa una realidad permanente en todo tipo de órdenes internacionales; incluso se confirmaba la paradoja de la cooperación que se daba de manera contundente en el contexto de las propias guerras. Lo que sí fue novedoso fue la forma como Estados Unidos, en el escenario de la Posguerra Fría, encabezó una nueva forma de supremacía que llegó a ser denominada la era de la “superpotencia solitaria”. Su influencia se acercó a las fronteras globales y traspasó los límites que se le habían marcado durante la confrontación de la era bipolar…” (Alfonso Sánchez Mugica-scielo.org.mx).
    “…Asimismo, la discusión en torno a estos modelos confirma la impresión de que actualmente nos encontramos en un proceso de transición del orden mundial. Tradicionalmente, tanto los historiadores de las relaciones internacionales como los realistas han señalado que las transformaciones del orden mundial han tenido lugar a partir de una guerra de transición hegemónica. En cambio, hoy en día se observa una transición hegemónica sin enfrentamiento bélico, lo cual no es insólito, pues ya ocurrió antes, con la caída de la Unión Soviética. Sin embargo, ello no significa que la potencia hegemónica no haya experimentado grandes tensiones en su interior, en sus relaciones con sus áreas de influencia y con las potencias emergentes, así como una gran tensión del sistema internacional en su conjunto. Los costos de cualquier cesión hegemónica o de la emergencia de un nuevo orden mundial siempre han sido elevados. Por lo tanto, es de esperar que el próximo cambio en el orden mundial implique fricciones y conflictos y transferencias en sus costos.” (Idem)
    “…De este modo, si reconocemos que está ocurriendo una transición hegemónica o sus inicios, pero no se observa una especial conflictividad entre las potencias más importantes, esto puede significar que en esta ocasión una gran guerra o las guerras en general no constituyen el mecanismo de recambio de poder, lo que se explicaría parcialmente por la amenaza de una guerra nuclear. Por lo tanto, el elemento detonador de este desplazamiento no es otro que el conjunto de diversas crisis que se han ido sumando paulatinamente en los últimos años. Esta crisis sistémica (constituida por otras diversas, como la económica, financiera, ambiental, política, migratoria, institucional, multilateral) ha tomado el lugar de las guerras de transición hegemónica. De ser esto así, sería el primer recambio de poder que ocurre a través de una crisis sistémica y no de un conflicto armado, lo que podría suponer que los efectos serían transversales y más globales que en otros procesos de cambio del orden mundial.” (Idem)
    Parafraseando a Estela de Carlotto (eldestapeweb.com): “…Gente mala no cambia. No cambia. Criminales de esa entidad no cambian, no se transforman en buenos nunca.”
    Ojalá esta pandemia tenga que ver con la rebelión divina o de la naturaleza, como consecuencia de lo que un puñado de personas le han hecho a la humanidad, porque si así fuere, ellos no estarán exentos de ser alcanzados y, en tal caso, irían contra todos los principios que enarbolaron a lo largo del tiempo y podría resultar beneficioso, temporalmente, para los demás.
    Pero si este padecimiento llega a resultar parte del “nuevo orden mundial”, no podemos olvidar quienes están detrás del telón moviendo los hilos, y que, son capaces de arrasar con la humanidad toda con tal de salvarse ellos (con algunos sirvientes que puedan atenderlos, claro está). Hasta lo tienen escrito.
    Estas cosas siempre son desacreditadas como teorías conspirativas. Han desacreditado tantas cosas que a la postre fueron probadas y que, además, están documentadas, que vale tenerlo presente.

  3. apico dice

    cOMO SIEMPRE MUY BUENO SU ANÁLISIS ECONÓMICO MUNDIAL,QUE DEJA TRASCENDER LA VERDAD DE LA MILANESA,el neo liberalismo agoniza y el Imperio tambalea..!viva Zapata!….El capitalismo ha mostrado a través de la historia que siempre encuentra caminos para sobrevivir, aunque esto no quiere decir, que en cada oportunidad recurrió a distintas recetas, con impacto claros,sobre la gente de a pie y los Países en gral. Pero advierto con asombro que se les están quemando los papeles, porque recurren a las mismas medidas adoptadas en 2008,cuyos resultado fueron malos,y supongo que los tomados hoy por el Imperio, no impedirán la caída de varias de sus Corporaciones Globales, y algunos Fondos Financieros, que si duda harán no solo ruido, sino un cambio de Paradigma económico, que aún ignoramos,cual ha de ser. Sin embargo, tales impresionantes cambios, no han hecho variar la decisión, a todas luces equivocadas de nuestro Equipo Económico, que parece apurado a fijar condiciones de pago,con nuestros acreedores. ¿No será apresurado e inoportuno?…se corre el rumor en los Foros Internacionales, de declarar nulas las deudas de los países pobres hacia los países ricos, y eso se expandiría a los Fondos de Inversión, que ya se llevaron con creses el Capital aportado. Si esto fuera así, y es altamente probable que así sea, cualquier acuerdo que haga HOY, será mas ruinoso que el que se haga PASADO MAÑANA. Espero que en su próximo artículo, reflexione,sobre las posibles consecuencias del «CORONA»,sobre nuestro dolido País. Que viva Zapata. Un saludo peronista.

  4. Ariel dice

    Muy buen artículo, como siempre Mónica.
    Estaría bueno reverenciar todas los números que hay en el artículo comparándolos con,por ejemplo, con el PBI Argentino. En un momento decís que el paquete financiero ejecutado por EEUU es 1.2 billones… si no me equivoco es …¡casi 3 PBIs Argentinos!

  5. Pancho dice

    Será esta vez el momento de una revolución global? donde los que han hecho tanto daño y creen ser dueños de lo que es para todes sentiran en carne propia el virus del capitalismo que vienen inoculando hace más de trescientos años ,llevando a la humanidad a la casi perdición.
    Enorme Mónica, gracias

  6. Nené Vidal dice

    Si bien soy dura para entender las cuestiones económicas, encuentro impecable todo el desarrollo que hiciste del panorama internacional. Gracias.

  7. HERNÁN DE ROSARIO dice

    Mónica Peralta Ramos comienza su artículo que la humanidad está a merced de un fantasma que por el momento es imparable: el pánico. Todos estamos aterrorizados por el avance un virus desconocido que comenzó en China hace muy poco tiempo y hoy tiene al mundo a sus pies. El pánico, enfatiza la autora, “penetra con la fuerza bruta de la irracionalidad y destroza todo lo que encuentra a su paso exponiendo las distintas facetas de la violencia humana”. El coronavirus está entre nosotros y no ha hecho más que poner en evidencia la naturaleza del capitalismo global.
    La lectura de este escrito me motivó para que encontrara un artículo escrito por los doctores Francisco Tirado y José cañada, de la Universidad Autónoma de Barcelona, titulado “Epidemias: un nuevo objeto sociotécnico” (Convergencia Vol. 18-número 56-Toluca-mayo/agosto-2011). Creo que se adecua a la aguda reflexión de Peralta Ramos.
    A continuación transcribo dos de sus párrafos más relevantes

    La epidemia como fenómeno de pánico

    De forma tradicional, en los pocos análisis que se han realizado en las ciencias sociales y humanas sobre las epidemias, éstas han sido consideradas como lo que Dupuy (1999) denomina un «fenómeno de pánico». Cuando irrumpe la noticia de un posible contagio masivo, las masas se individualizan y el orden social se fragmenta. Aparece la irracionalidad, el miedo y el pánico. Y esta lectura podría no estar desencaminada. Tiene diversos fundamentos. Uno en el sentido común, algún otro en la historia y uno curioso en la etimología. Efectivamente, en términos etimológicos la palabra epidemia (epi-demos) admite la traducción de «contra el pueblo» o «contra la gente». Es decir, la epidemia golpea la vida humana en tanto que vida colectiva o agregado de individuos, y la destruye. Por lo tanto, debemos temerla. En ese sentido, resulta interesante observar que para Hipócrates (1983) una epidemia no era necesariamente una infección en sí misma, sino, más bien, la condición en la que tal infección comienza a ser sostenida en común, afectando no sólo a individuos sino a la totalidad del colectivo o pueblo (demos).
    Por eso no debería extrañarnos en absoluto que el primer significado que habitualmente se asocia a las epidemias tenga que ver con el pánico. Y, de hecho, existe una imagen colectiva muy extendida que muestra que vivimos en un momento presente especialmente sensible al fenómeno de las epidemias. El miedo a las mismas es intenso y se respira la sensación de que sufrimos un especial momento de apogeo de su riesgo.
    Así, algunos autores afirman:
    The history of our time will be marked by recurrent eruptions of newly discovered diseases […]; epidemics of diseases migrating to new areas […]; diseases which become important through human Technologies […]; and diseases which spring from insects and animal to humans, through manmade disruptions in local habitats. To some extent, each of these processes has been occurring throughout history. What is new, however, is the increased potential that al least some of these diseases will generate large-scale, even world-wide- epidemics (Garret, 1994: XV).
    Las informaciones sobre el descubrimiento de nuevos parásitos, las noticias acerca de la actividad de vectores biológicos completamente desconocidos hasta hace poco como pueden ser los priones, la constatación de la mutación y resistencia inesperada de algunas bacterias y virus, etc., han creado un clima de especial alarma en la opinión pública. En éste resuenan ecos de un viejo ethos apocalíptico y la vida del elemento patógeno emergente parece ocupar el lugar del mensajero que anuncia un enorme desastre, el fin del mundo o de la civilización conocida. Así, tampoco debería extrañarnos que el segundo significado social que suele asociarse a las epidemias sea el de la urgencia. La posible extensión del vector infeccioso, el miedo a la ausencia de cura o al fenómeno de su mutación descontrolada generan el sentimiento de que es necesaria una acción contra las epidemias cuanto más rápida mejor. Un ejemplo bastante ilustrativo de lo afirmado son las declaraciones que Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tuvo que realizar en diciembre de 2009 para negar rotundamente que la asociación que preside haya creado alarmismo, se haya precipitado en sus acciones de prevención y alarma o haya cedido a las presiones de ciertos laboratorios farmacéuticos (El País, 30/12/2009).

    Epidemia y biopolítica

    La relación entre la noción de epidemia y la de biopolítica es inmediata y evidente. Cualquier tipo de acción que tenga que ver con el fenómeno epidémico supone una gestión y tratamiento de lo vivo. Las medidas de prevención, las investigaciones sobre vacunas, el análisis de las relaciones entre humanos y animales que se consideran de riesgo o no, etc., constituyen un verdadero ethos político cuyo terreno de juego no es otro que el de la propia vida. Pongamos un ejemplo sencillo de la realidad española. El Real Decreto 1015/2009 del 19 de junio por el que se regula la disponibilidad de medicamentos en situaciones especiales, publicado en el BOE núm. 174 (20 de julio de 2009), prevé la existencia de momentos puntuales en los que dada una excepcionalidad biológica o alarma patológica de cierta gravedad, el gobierno autoriza la utilización de medicamentos cuya eficacia terapéutica no haya pasado por todos los ensayos clínicos que establecen los protocolos de seguridad de la OMS. Éste es un ejemplo de intervención política sobre la gestión de la vida, de los límites que definen lo sano y lo patológico y de cómo deben ser tratados. En suma, constituye todo un ejercicio de biopolítica (Rose, 2007). Y no hace falta insistir mucho en que decretos como el anterior se hallan en las legislaciones de todos los países y aparecen incluso recomendados por la OMS.
    No obstante, la relación entre los dos conceptos que nos ocupan es incluso mucho más estrecha de lo que marcan medidas como las anteriores. De hecho, afirmamos que la noción de epidemia está en la misma base de la conceptualización de la idea de biopolítica. Para ello, permítasenos recordar que Michel Foucault comienza a manejar la mencionada noción en unos cursos que siguieron a la publicación de Vigilar y Castigar y que tituló Seguridad, Territorio y Población (2006). En ellos examina cómo la vida y lo viviente se convirtieron paulatinamente en una preocupación de Estado, en un asunto que concernía a los poderes públicos y que les exigía acciones de control y seguridad. Precisamente, su examen atiende a las políticas de salud pública que se implantan en Europa con la progresiva ascensión del pensamiento liberal. En su análisis establece la contraposición de tres diagramas de relaciones de poder que dan forma a otras tantas imágenes del cuerpo político. El primero es un sistema de soberanía y poder jurídico, un sistema de leyes y códigos; el segundo es un poder basado en los dispositivos disciplinarios, y el tercero en aparatos de seguridad (es lo que más tarde denominará biopolítica). El primero opera a través de interdictos y castigo, el segundo a partir del establecimiento de normas, lo que requiere sistemas de observación, vigilancia y corrección, y, por último, el tercero a través de medios de cálculo e intervención colectiva. Cada uno de estos dispositivos correlaciona con un diagrama o comprensión general de la vida y lo viviente. El esquema de soberanía supone una confrontación centralizada entre el soberano y el individuo. El primero posee la potestad de la muerte y la vida del segundo. El poder disciplinario habla de una situación más descentralizada en la que las instituciones ocupan el lugar del soberano y se actúa a través de la norma y no de la ley. Se busca la permanente perfectibilidad de las capacidades individuales. Por último, en el esquema de seguridad/biopolítica encontramos procesos de distribución, regulación, cálculo y modulación que tienen que ver con grandes poblaciones y cuyo epicentro de actuación es la potenciación de la vida. Efectivamente, en este último diagrama el problema de fondo que plantea Foucault tiene que ver con la gestión de las multiplicidades humanas. Y ésta se realizará a partir de la creación de poblaciones.
    La población deja de presentarse como un agrupamiento de voluntades sometidas que deben obedecer el deseo del soberano por medio de los reglamentos, las leyes y los edictos, y se convierte en un conglomerado de procesos que es menester manejar en sus aspectos naturales. Así, su análisis muestra cómo la población pasa a depender del clima, del entorno, de la circulación de riquezas, de costumbres y tradiciones, y especialmente de elementos de subsistencia: nacimientos y defunciones, enfermedades y epidemias.
    De esta estrecha relación entre epidemia y biopolítica queremos rescatar dos valoraciones. En primer lugar, la propuesta foucaultiana muestra muy acertadamente cómo las epidemias constituyen momentos en los que se genera lo que Agamben (1998) denominará vida desnuda. Es decir, el elemento patógeneo convierte el cuerpo de un ciudadano en un simple jirón de vida que es situada en el interior de redes de conocimiento, flujos de prácticas y rutinas y circulaciones de elementos técnicos (vacunas, etc.) que reescriben y redefinen esa vida. Entre otras cosas, producen colectivos enfermos, o sea, poblaciones afectadas y sobre las cuales actuar. En segundo lugar, la epidemia es definida como un acontecimiento que se torna un desafío político cuando aparece. Su contención, su manejo, las medidas de prevención… obligan a distintos poderes a intervenir. El ciudadano cede derechos y los especialistas comienzan a dictar las prácticas adecuadas para regir la vida cotidiana de éste.

  8. Josè dice

    Gracias, Mònica. Sigo tus esclarecedores escritos todos los domingos.

  9. mercedes dice

    ¡¡¡¡¡Apalusos!!!!!

  10. Vanina dice

    Te adoro, Mónica. Gracias por tu siempre imprescindible síntesis.

  11. Ricardo Comeglio dice

    Ya hay análisis que hablan de que el dólar perderá hegemonía y se indica que volverá el patrón oro ante la escasez de dinero en circulación y el acaparamiento del mismo por parte de grandes corporaciones.
    La pesificación es inevitable, por lo tanto no cuestionable y quien quiera dolarizar sus tenencias tendrá que pedir dólares a quienes lo tienen, que no son los bancos y se los darán a precios inauditos porque quien los tiene prefiere quedárselos ante la incertidumbre.
    Despedir trabajadores en épocas de recesión es una política entendible desde la mirada ortodoxa y capitalista, pero en estas circunstancias no se despide personas que tienen que ir a buscar trabajo en una economía en funcionamiento, sino que se las despide en un contexto donde no hay actividad económica porque está paralizada de forma obligatoria, por lo que despedir a alguien hoy representa un delito de lesa humanidad.
    Pensar medidas y políticas ha dejado de ser algo que deban hacerlo sólo los que saben porque es más que evidente que nadie sabe nada de lo que está pasando, lo que deja abierto el abanico de intelectualizar el futuro a cualquiera en razón de que cualquiera sabe lo mismo que cualquiera en este momento.
    Llegó la hora de la democracia directa y deliberativa, aún cuando no lo quieran ver. Acá van a nacer nuevas Naciones y nuevos Estados y estoy seguro que el mundo geopolítico definitivamente será otro en 2 años.

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