DEL POLVO RENACEMOS

Hay vida sexual después de la dictadura, dice Natalia Milanesio, exploradora de consumos populares

 

Extinguida la estéril disputa acerca de quién bautizó a ese breve período histórico que a partir de noviembre de 1975, con la muerte de Francisco Franco, terminó con cuarenta años de dictadura católico-fascista y con la censura, la emergencia de la sexualidad en los medios, la celebración callejera y la recuperación de derechos y libertades civiles, la denominación “destape” corresponde al conjunto del oprimido pueblo español. Atribuido en sus inicios a una corriente cinematográfica que llevó más mujeres con poca ropa que varones a las pantallas, en la realidad efectiva se mostró lo que bajo la pesada tapa de la olla en ningún momento había dejado de bullir.

Mientras les españoles revoleaban sus pilchitas, por estas playas sudamericanas culminaba una recatada primavera, apenas un paréntesis en dos décadas de recurrentes dictaduras, para dar paso a la peor de todas, de 1976 hasta 1983. Recién entonces, con el advenimiento de una democracia vigilada, la craneoteca mediática se atrevió, una vez más, a la imitación y a prodigar su despliegue de tetas, culos, tanguitas y lentejuelas a la que llamó, con toda originalidad, “destape”. Tapas de revistas (algunas llegaron a vender doscientos mil ejemplares, los diarios rosaron el millón los domingos), programas de TV, films del género burlesque y otros del género pretencioso, surfearon la ola sin alcanzar la orilla: ni gays, ni lesbianas, ni trans, ni nada. Sobre la superficie del planeta sudaca, entre tanto, sucedía lo que nunca había dejado de suceder, con apenas la diferencia de que ahora se podía hablar sin tapujos, siempre con argentino pudor. Aún en los más siniestros momentos del genocidio, lo que sucedía entre las sábanas —o similares— seguía siendo un íntimo espacio de libertad. Hace rato que ya nadie tenía “relaciones prematrimoniales” y se garchaba alegremente.

 

La autora, Natalia Milanesio.

 

De modo que, por un lado florecía en una pirotécnica marchanta la cultura mediática, en tanto por otro se volvía a conectar la vapuleada cultura popular intentando recomponer las redes de circulación e intercambio destruidas a golpe de sable y picana. Interconectadas, ambas generaban un discurso cuya novedad principal residía en algunos términos nuevos, o afanados, como “destape”. Bajo este paraguas semántico la historiadora Natalia Milanesio (Rosario, 1974) vuelve a desplegar su talento investigador centrado en los consumos populares, inaugurado con los estudios sobre la democratización de los bienes durante los dos primeros peronismos. En las 256 páginas de, precisamente, El destape, la académica de las universidades de Nueva York, Indiana y Houston adapta al criterio lego el impacto de lo que caracteriza como hipersexualización hegemónica de los discursos a partir de 1983, el retorno a la democracia. Recorte que a la vez de tornar accesible el desarrollo del texto, le ahorra la compleja distinción entre cultura de masas y cultura popular, además de reducir otros discursos de época, como las atrocidades perpetradas por los genocidas. Sesgo que no llega a anular, convierte la diferencia en un equivalente mediante la magia del artificio cognitivo: “El destape de la violencia del Estado y el destape sexual eran una reafirmación de la capacidad de ver y reconocer y, en consecuencia, del derecho a saber”. Giro tal vez adjudicable a la potente presencia del universo académico al norte del rio Bravo, cuyo poderío económico se refleja en la a veces agobiante producción editorial con multitud de papers que a menudo apenas superan la descripción elegante: en la frondosa bibliografía propuesta por Milanesio hasta aparecen libros de autores argentinos, publicados inicialmente en estas pampas, en su versión estadounidense, en inglés.

En pos de las variables que respondan “cómo cambiaron la sexualidad y las representaciones y los discursos sexuales con el regreso a la democracia, después de años de represión, censura y  autoritarismo”, Milanesio aborda en primer término la presencia del sexo en los medios, un sobredimensionado auge de la sexología y las “terapias sexuales”, el advenimiento de la educación sexual y los métodos anticonceptivos, la aparición de una renovada agenda feminista y, finalmente, del activismo gay-lésbico. Apuesta fuerte al intentar demostrar que “el destape fue una transformación vasta y profunda que se manifestó no sólo en la sexualización de los medios de comunicación y en la cultura popular si no también en la forma en que los argentinos comprendían, discutían y vivían su sexualidad”. Hipótesis que especifica en la idea de una erotización social en la que “la sexualidad, omnipresente, adquirió una diversidad de significados positivos relacionados con la ciudadanía, el progreso social, el desarrollo nacional y la modernidad. La democracia liberó imágenes y discursos sexuales, politizó la sexualidad e incentivó y enmarcó la lucha por los derechos sexuales. Así, la cultura sexual post-dictadura se transformó en una poderosa metáfora de la democracia y de la reconstrucción de la sexualidad argentina”.

 

 

Lo mejor de Milanesio sigue siendo el rigor histórico con el que recorre y aborda su recorte temático. Tras un repaso a las censuras dictatoriales en el imperio de la falsa moral oligárquica, se aboca a la mercantilización del cuerpo femenino, sobredimensiona cierto auge de las doctrinas sexológicas, aborda esa holofrase sin sujeto ni predicado “planificación familiar” para (no) nombrar la anticoncepción, destaca la incipiente educación sexual y culmina con un capítulo dedicado a los derechos de las sexualidades por fuera del esquema heteronormativo patriarcal. Si bien en la ejemplificación de las publicaciones privilegia las de una editorial, catapulta a un estrellato difícil de confirmar a las instituciones de pedagogía sexual y da crédito a las imaginativas encuestas de las publicaciones populares, el conjunto resulta bastante representativo de cierto folclore pansexualista de la época. La ilustración de tapa (firmada Pippa & Rompo), en la sutileza de los detalles, la composición de semblante geométrico y suavidad cromática, es meritoria de un tratado semiológico.

De mayor elocuencia y articulación histórica es el seguimiento realizado por la autora en relación a las logias reaccionarias en general, y la iglesia católica en especial, en su cruzada contra los derechos sexuales y reproductivos que con relativo éxito y reiterada argumentación se extienden hasta hoy. Sigue siendo significativo el momento de la misa de cierre del congreso eucarístico de 1984 en la provincia de San Juan, cuando funcionarios e intendentes chupacirios depositaron como ofrenda en el altar decretos de censura y multas contra medios de comunicación y manifestaciones culturales. Más próximas en el tiempo, torna paradigmáticas las palabras del entonces cardenal Bergoglio, cuando en 2010 dijo que el rechazo del matrimonio igualitario era “una guerra de Dios contra el Padre de la Mentira, ya que Satanás pretende destruir el plan de Dios”. O, en 2018, cuando definió la ley del aborto como proclive al “homicidio de niños”, parangonándola al genocidio nazi.

 

 

Tal vez El destape no llegue a alcanzar de manera plena sus propósitos hipotéticos por aquello que alguna vez señaló Rodolfo Walsh acerca de que cierto sector de las nuevas generaciones conoce más de la Guerra de Secesión (1861-1865) de los Estados Unidos que del fusilamiento de Dorrego (1828) y cree que la historia comenzó con su llegada. El pueblo garchaba cuando podía y todo lo que podía, dentro o fuera del matrimonio desde el principio de los tiempos. Práctica y educación sentimental de la clase dominante, en tanto ideología, resultaba dominante más que nada en los púlpitos. Abstinencia y castidad recurrían como fenómeno de clase y, aún así, parcialmente. Ya a fines de los años ’50 las señoras burguesas, grandes y pequeñas, hacían fila en la farmacia Franco Inglesa de la calle Florida para inaugurar sus diafragmas. Dentro del universo del látex nacional y popular, cundía el pudoroso Velo Rosado que competía con el audaz Tulipán (que perdura hasta la actualidad); y cuando algo fallaba, el método contraconceptivo era el aborto ilegal, salvo para la oligarquía que enviaba a su preñadas niñas a la vieja Europa, con propósitos inciertos. En los años ’70 cundieron las píldoras, pero ya siglos antes los matorrales, un cuero o lo que sea servía para encontrar ese oasis de libertad compartida alejado de la pía procreación.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

El destape, la cultura sexual en la Argentina después de la dictadura

Natalia Milanesio

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 2021

265 páginas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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