DERECHOS HUMANOS Y COSTO EN VIDAS

Es impostergable desmontar un Estado policial para reemplazarlo por un Estado de derecho

 

En una de las audiencias de la Comisión del Senado por la reforma judicial, se pidió que se incorpore al proyecto específicamente todo lo referido con las causas por los crímenes de la última dictadura cívico-militar. Se dijo que la cuestión de la violación de los derechos humanos durante ese nefasto período no se puede omitir porque se trata de política de Estado.

También se señaló que la finalización de los procesos resulta fundamental para consolidar y de algún modo condicionar a la política con la carga moral del cometido social de memoria, verdad y justicia. Como dice don Atahualpa, “con la esperanza adelante, con  los recuerdos detrás…. y en nosotros nuestros muertos, pa’que nadie quede atrás”.

Lamentablemente, resta mucho por hacer en esas causas por hechos que tienen casi medio siglo, y un número importante de sentencias que no están firmes, por los tiempos judiciales de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Una de esas causas es la de Pedro Carlos Blaquier, que lleva muchos años dormida en el palacio. Y esa cronicidad es, desde siempre, una forma indirecta de impunidad.

A su vez, siempre se sostuvo que es urgente incorporar los Derechos Humanos al sistema judicial si se pretende una nueva cultura, es decir la de una Justicia democrática. En consecuencia, deviene impostergable comenzar a desmontar un Estado policial para reemplazarlo por un Estado de derecho. En ese sentido, no olvidemos que el legado más crítico de la magistratura argentina es la que dejó la más sangrienta de las dictaduras, cuando se masacraba a miles de personas para imponer un proyecto de exclusión social y remover las conquistas de derechos de la clase trabajadora. Hubo un estado subterráneo que luego, bajo la institucionalidad democrática, se proyectó en la clandestinidad de sectores de algunas fuerzas de seguridad y de los servicios de espionaje. No se fueron del todo. De eso se trata cuando decimos que hay que consolidar los Derechos Humanos.

Aquel modelo de la dictadura, la “Reorganización Nacional”, no era otra cosa que arrasar con las conquistas sociales sin importar el costo en vidas. En eso consistía la reorganización. No hay lugar para recrear un sistema semejante en una sociedad democrática.

El costo en vidas y los Derechos Humanos tiene que ver con empresarios cuyas maquinarias económicas no se detienen pese a la tragedia que nos atraviesa. La historia se repite, lo importante son los costos.

Toda esta introducción en rigor es necesaria para reflexionar con lo que está ocurriendo en Ledesma-Jujuy, en las empresas precisamente de Blaquier. El sindicato denuncia que hay 65 muertos y alrededor de 1.500 contagiados por coronavirus. Los obreros son llevados a trabajar en plena pandemia en camiones, apiñados, uno al lado del otro. Ese trato es el reflejo de una concepción totalmente despojada de cualquier idea de humanidad. Ese es el punto. Estamos hablando de la misma empresa responsable de la Noche del Apagón que costó la vida de muchos trabajadores secuestrados, asesinados y desaparecidos por la dictadura y sus cómplices civiles.

Tengo la sensación de que el tiempo se detuvo, de que todavía quedan vestigios de la deshumanización a sangre y fuego de esa dictadura. Hegel hablaba del costo de la historia y que las víctimas son las florecillas que se pisan al borde del camino. ¡Qué costo!

No puedo evitar un imperativo moral de la hora: no debemos  olvidar los largos años que lleva detenida Milagro Sala —precisamente en la provincia de Jujuy— y que en consecuencia, apremia una respuesta que ponga fin a semejante oprobio. Una injusticia que nos duele en todos lados. ¡No hay Derecho!

Un filósofo dijo que la humanidad es un punto de llegada, no de partida, pero por lo que se ve, ¿todavía estamos en camino o nos perdimos?

 

 

* Ex fiscal. Integrante de Justicia Legitima

 

 

 

 

 

 

 

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1 comentario
  1. Graciela Gigli dice

    Históricamente injusticias por doquier, familias con palacios de mármol cimentados en sangre y explotación y hoy en pleno siglo XXI, todo sigue igual, ellos gozando de la vida al costo de miles de vidas que se ve no cuestan nada.

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