DESARROLLO SOSTENIBLE, ILUSIÓN EN CRISIS

A seis años de su aprobación, apenas se ha cumplido un 15 % de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

 

 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas para 2030 se perfilan cada día más lejanos e irrealizables. A seis años de su aprobación, apenas se ha cumplido un 15 % de sus metas en Europa, Estados Unidos y Canadá.

De mantenerse las tendencias actuales, las cincuenta y seis naciones que integran la Comisión Económica para Europa (CEPE), sólo lograrán cumplir hacia fines de la década actual una parte mínima de dichos Objetivos (https://onu.org.gt/objetivos-de-desarrollo/). Lo que podría significar el fracaso de la Agenda 2030, uno de los programas más ambiciosos que se recetó la comunidad internacional en lo que va del siglo.

La Comisión Económica para Europa (https://unece.org/), con sede en Ginebra, a pesar de su nombre, reúne no sólo a los países del Viejo Mundo sino también a Estados Unidos y Canadá. Es decir, representa una buena parte de las naciones más poderosas del planeta y concentra el 17% de la población mundial. La CEPE, por decisión de la ONU, incluye además a Israel y a varias naciones de Asia Central (Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán).

Los 17 Objetivos, tal como lo define Naciones Unidas, son el fin de la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo, así como la eliminación del hambre. Para ello propone la implementación de una agricultura sostenible, el mejoramiento de la nutrición y la promoción de la seguridad alimentaria. Una vida sana; una educación de calidad, inclusiva y equitativa, y la igualdad de géneros, con el consecuente empoderamiento de todas las mujeres y las niñas, también son parte esencial de la Agenda.

 

Además, el derecho al agua y la energía; la promoción de un crecimiento económico sostenido y sostenible y la protección del medioambiente para evitar un empeoramiento climático, son pilares de este programa civilizatorio. Programa que pone en la mira la reducción de la desigualdad actual dentro de cada nación y en las relaciones entre naciones. Sin perder de vista “la promoción de sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible”, facilitando el acceso a la justicia para todas las personas y creando instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todo nivel.

Cuando la comunidad internacional aprobó en septiembre del 2015 los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los caracterizó como una especie de agenda universal, profundamente transformadora. Se proponía superar viejos paradigmas de cooperación paternalista entre naciones, en virtud de los cuales algunas donan ayuda condicionada, y otras meramente la reciben.

Intentó, entonces, definir un programa de acción de tres lustros basado en el principio de responsabilidades comunes, aunque diferenciadas, y con la única intención de construir una verdadera alianza para el desarrollo en la que participan todas las naciones. Desde el vamos, este esfuerzo conjunto conceptualizó los objetivos de desarrollo sostenible como universales, transformadores y civilizatorios.

 

 

Logros postergados

Según un informe de la CEPE (https://unece.org/es/climate-change/press/el-nuevo-informe-de-la-cepe-destaca-la-necesidad-de-reforzar-el-compromiso) publicado el 15 de marzo, esas cincuenta y seis naciones alcanzarán sólo veintitrés de las ciento sesenta y nueve metas definidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Una cifra sin duda preocupante, atenuada apenas por el hecho de que sobre ochenta metas aún no hay datos suficientes, afirman los expertos.

Este informe es el resultado de un esfuerzo conjunto de la Comisión Económica para Europa y un grupo de organizaciones y agencias de las Naciones Unidas, las cuales aportaron sus perspectivas acerca de lo que se está llevando a cabo sobre el terreno. Específicamente, el Programa para el Desarrollo, la Organización para la Alimentación y la Agricultura, el Fondo de Población, la Organización Internacional para las Migraciones, la Agencia para los Refugiados, la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo, la Organización para el Desarrollo Industrial, UNICEF, la Organización de la Mujer y la Organización Mundial de la Salud, así como varios equipos de países (ONU Kirguistán, ONU Moldavia, ONU Serbia y ONU Turkmenistán).

En cuanto a los Objetivos económicos, van en buen camino ciertas metas como las relacionadas con la energía asequible y limpia y con el consumo y la producción responsables. Otras, relativas a la productividad económica, a la innovación y al desarrollo de infraestructuras “están fuera de alcance a menos que se refuercen las políticas para cambiar su curso”, indica el informe.

 

 

 

Solo la mitad de las tareas en salud avanzan

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Según las recomendaciones que surgen del informe del 15 de marzo de este 2021, esta región, en su conjunto, debería acelerar su acción de forma colectiva para mejorar los resultados alcanzados hasta ahora.

Un análisis más detallado de evaluaciones realizadas antes de la pandemia indica que la región está en vías de alcanzar sólo cinco de las trece metas de salud y bienestar, con mejoras en seguridad vial, efectos de la contaminación sobre la salud y gestión de los riesgos sanitarios. Debido a la crisis pandémica se ven amenazadas, particularmente, las áreas de salud mental, el abuso de sustancias y el reclutamiento y la capacitación del personal de la salud.

 

 

Clima, educación: metas pendientes

En cuanto al clima y el medioambiente, el informe estima como probable que la mayoría de los países que integran la Comisión reduzcan las subvenciones para combustibles fósiles a casi cero en 2030, con un sector industrial cada vez más eficiente desde el punto de vista energético.

Pese a estos avances, afirma, será necesario acelerar el progreso o revertir las tendencias actuales para lograr otras metas climáticas y medioambientales críticas, como las relacionadas con la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad, la gestión sostenible de los bosques, la resiliencia ante las catástrofes, la generación y el tratamiento de residuos y el uso sustentable de los recursos naturales.

El informe también señala que la disminución de la corrupción y el fortalecimiento de las instituciones representan un avance positivo hacia sociedades más pacíficas e inclusivas para el año 2030. No obstante, es necesario revertir el aumento del número de víctimas de la trata de personas.

Es probable que el cierre de escuelas y la enorme disparidad en el acceso a los recursos para el aprendizaje en línea ralenticen e incluso inviertan el progreso logrado hacia las metas educacionales, como la igualdad de acceso a la educación y los resultados efectivos del aprendizaje.

 

 

 

Equidad de género, a cámara lenta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La pandemia y la consecuente crisis económica han afectado de forma desproporcionada a la mujer tanto en el trabajo fuera como dentro del hogar, lo que ha provocado problemas en la familia y el aumento del índice de violencia contra mujeres y niñas, sostiene el estudio de la CEPE.

Los avances hacia un reparto más equitativo del trabajo y los cuidados domésticos, así como la creciente representación de la mujer en puestos ejecutivos antes de la pandemia, también corren el riesgo de revertirse. Esta involución amenaza socavar décadas de progreso hacia la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.

Coincidentemente, el mismo 15 de marzo el Secretario General de las Naciones Unidas advirtió de una manera tajante que la pandemia se presenta como “una crisis con rostro de mujer”.

Al inaugurar el 65º período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, António Guterres subrayó que las disparidades de género existentes se han agravado. Para ejemplificar esas desigualdades, subrayó que la mujer tiene un 24% más de probabilidades de perder su empleo y de ver cómo sus ingresos disminuyen un 50% más que el de los hombres.

A ello hay que sumarle el impacto negativo del aumento del índice de violencia contra la mujer —desde el abuso sexual hasta el matrimonio infantil— así como el aumento del trabajo doméstico no remunerado, todo lo cual genera “un daño incalculable … que repercutirá a lo largo de décadas para las generaciones futuras”.

 

 

La ficción de lo sostenible

Pasado ya más de un tercio del plazo previsto de 15 años para la ejecución de la Agenda 2030, el cumplimiento de los objetivos parece entrar en el terreno de la ilusión.

Si en una de las regiones más poderosas del mundo, con casi el 20 por ciento de la población mundial —y una enorme extensión de 47 millones de kilómetros cuadrados— los avances se dan a paso de tortuga, ¿qué quedará para las zonas más empobrecidas del planeta?

Las dudas sobre la viabilidad de un planeta más justo se acrecientan. Y aunque los 195 Estados miembros de la ONU aprobaron el 25 de septiembre del 2015 este programa ambicioso, la distancia entre la retórica internacional y una Tierra sostenible se hace cada día más grande. El problema no es solo la mayor o menor voluntad de unas y otras naciones para cumplir con esos 17 Objetivos. Si no, aceptar además que las metas de real equidad a nivel terrestre y nacional, pueden ser pura ficción en un sistema global estructurado, justamente, sobre el principio disparatado y desigual de la supremacía del provecho sobre el ser humano.

 

 

 

  • Desde Suiza