Desinterés nacional

¿Mala praxis geopolítica libertaria en el Atlántico Sur? ¿O política consciente y planificada de subordinación y entrega?

El gobierno no problematiza la ocupación militar británica de las Islas Malvinas.

 

El Atlántico Sur es un espacio geográfico de marcada relevancia política para la Argentina. Dado que en dicho escenario geopolítico el país tiene el 25% de su territorio ocupado por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (RUGB), las políticas de defensa y exterior argentinas deben ser evaluadas en función de si nos acercan o alejan de la recuperación de nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

En la actual administración libertaria, la política de alianzas se caracteriza por el alineamiento incondicional con los Estados Unidos de América e Israel. En este marco, analistas cercanos al gobierno plantean con entusiasmo que el plegamiento hacia la potencia dominante es una manera de que la Argentina puede recuperar las Islas Malvinas. Si bien su razonamiento no es claro –dado que las preferencias y capacidades asignadas a Estados Unidos y el Reino Unido son imprecisas y los mecanismos causales de la recuperación son difusos–, los defensores de la política internacional de Milei subrayan que sostener un alineamiento incondicional con la potencia es fundamental.

En el marco de esta discusión nacional, resultan especialmente relevantes los dichos recientes del embajador estadounidense Peter Lamelas, quien asoció directamente a la necesidad de modernizar el instrumento militar argentino con el imperativo de enfrentar a “los chinos que están pescando los recursos de los argentinos”.

 

 

 

Más allá de que es sabido que China no pesca dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de la Argentina, los comentarios del embajador resultan relevantes en la medida que explicitan la gravísima falla que está teniendo la política de alianzas argentina. Mientras que los argentinos necesitamos fortalecer nuestro instrumento militar para revisar el statu quo en el Atlántico Sur y recuperar pacíficamente las islas usurpadas por el Reino Unido, nuestro autopercibido aliado incondicional piensa que nuestro interés en el Atlántico Sur es combatir una pesca china que, además, no ocurre dentro de la Zona Económica Exclusiva argentina.

Dos son las explicaciones posibles. La primera sugiere una llamativa mala praxis geopolítica en el Atlántico Sur, en tanto que la segunda implica una preocupante indiferencia por el principal interés nacional del país: la recuperación de las Islas Malvinas. La identificación de la explicación correcta es fundamental para poder entender si el problema de la administración Milei es de mala praxis o de subordinación periférica y entrega.

 

¿Mala praxis en el Atlántico Sur?

Luego de dos años de alineamiento incondicional, el hecho de que los Estados Unidos no tengan en claro cuáles son nuestros intereses en el Atlántico Sur constituye una situación de suma gravedad. Esto implica que, en todos los encuentros presidenciales, oficiales e informales, el Presidente argentino no fue lo suficientemente enfático como para dejar en claro que la recuperación de los territorios ocupados por el Reino Unido es una máxima prioridad para el país. Lo mismo ocurre para los encuentros bilaterales entre ministros de Relaciones Exteriores y Defensa, y los secretarios de ambas áreas de gobierno.

Esto es llamativo, ya que sugiere que en ninguna ocasión los representantes del Estado argentino pudieron transmitir de forma correcta y persistente nuestro principal interés nacional. Ni en el proceso final de adquisición de los 24 F-16 Fighting Falcon estadounidenses provenientes de Dinamarca, ni en el acuerdo y la concreción de los ejercicios militares con unidades militares de Estados Unidos durante los años 2024, 2025 y 2026. De hecho, esto también presupone que los funcionarios nacionales tampoco fueron lo suficientemente enfáticos durante las numerosas visitas a la Argentina de los jefes del entonces Comando Sur (actual Comando del Hemisferio Occidental, luego de su fusión con el Comando Norte a fines de 2025).

En esta instancia, resulta claro que la administración Milei no está utilizando su alineamiento incondicional y cercanía con la potencia dominante para promover el principal interés nacional de nuestro país. Los Estados Unidos no tienen en claro que, para la Argentina, el fortalecimiento de su posición geopolítica en el Atlántico Sur está asociada a aumentarle los costos militares y políticos a los británicos y garantizar sus intereses de estabilidad en el Atlántico Sur. Dicho de otra forma, la potencia piensa que el problema argentino es la pesca china en la milla 201 y no la ocupación militar y colonial británica –y la enorme pesca ilegal asociada a ella– del territorio nacional argentino.

En este punto, más allá de la poca claridad del argumento promovido por los defensores del gobierno, la discusión política nacional actual sobre alineamiento incondicional con los Estados Unidos y su conexión con la recuperación de las Islas Malvinas es estéril. Esto es así en la medida que la administración Milei está utilizando de forma sumamente deficiente dicho plegamiento. Para instrumentar con éxito el vínculo con la potencia dominante, este actor primero tiene que tener conocimiento de nuestros intereses, objetivos y líneas rojas.

 

¿Subordinación periférica y entrega?

La importancia de tener un vínculo estable y de confianza con la potencia dominante que dirime la seguridad internacional en el hemisferio es negada por pocos. El desafío de política internacional de la Argentina consiste en promover los intereses geopolíticos propios en ese marco relacional. Esto sugiere reconocer la disputa con el Reino Unido y elevarle los costos de su posición colonial, al mismo tiempo que el buen vínculo con los Estados Unidos neutraliza los riesgos y costos de confrontar con los británicos. Se trata de fortalecer la propia posición geopolítica en el Atlántico Sur mediante la política de defensa y, en paralelo, colocar al país como un actor que defiende y busca la estabilidad en dicho escenario geopolítico.

Ahora bien, la evidencia empírica indica que la administración Milei no está llevando adelante una mala praxis geopolítica, sino que el comportamiento del país con relación a las Islas Malvinas es intencional y deliberado. En otras palabras, hay una política consciente y planificada de subordinación periférica y entrega. Específicamente, esto implica no problematizar la ocupación militar británica del 25% del territorio nacional, evitar cualquier tipo de confrontación con el Reino Unido y alinearse incondicionalmente con los Estados Unidos, ocultándole nuestro principal interés nacional.

Los indicadores que respaldan este argumento son diplomáticos y militares. Con respecto a la dimensión diplomática, el 2 de abril del 2025, aniversario de la recuperación militar de nuestras islas, Javier Milei subrayó en su discurso aspectos fuertemente vinculados al derecho de autodeterminación de los isleños. Al pasarles la iniciativa política a los británicos, esta aproximación –contraria a la posición diplomática argentina y a las resoluciones de Naciones Unidas– favorece el statu quo y la no resolución de la disputa territorial colonial.

En concreto, el Presidente argentino destacó en su discurso que, en lo referido a las Islas Malvinas, “el voto más importante es el que se hace con los pies” y anhelaba que “algún día” (sic) los isleños “decidan votarnos con los pies”. En esta línea, el 29 de diciembre del 2025, en una entrevista con el diario británico The Telegraph, Milei reafirmó –frente a la prensa de la potencia ocupante– esta posición política que les otorga capacidad de agencia a los isleños y fortalece la inmovilidad de la disputa.

 

 

Además de consolidar el statu quo en la negociación diplomática y validar el argumento británico contrario a las resoluciones de la ONU, esta postura política pasiva del gobierno argentino es ingenua, ya que considera que la disputa no se resuelve por el rol de los isleños como actor de veto y su negativa a ser argentinos. En realidad, el problema es el sistema económico, político y social de dominación colonial británica en el Atlántico Sur. Los intereses de los isleños no son el eje principal del conflicto, son una excusa británica para no negociar. Para ser claros: el fundamento político de la disputa en el Atlántico Sur está ligado a la dominación militar y colonial del Reino Unido sobre la Argentina.

La dimensión militar otorga los indicadores más contundentes de la política consciente y planificada de subordinación periférica, caracterizada por la no problematización de la ocupación militar del Reino Unido y los intentos de evitar la confrontación con ellos. Esta orientación de la política de defensa consolida el statu quo territorial favorable al país ocupante, en la medida que le baja los costos de su ocupación militar en el Atlántico Sur.

En primer lugar, la administración Milei es el primer gobierno argentino que aprobó la realización de ejercicios militares donde también participa la potencia colonial. El Decreto de Necesidad y Urgencia 292/2025 aprueba dos ejercicios que también incluyen al Reino Unido: el de operaciones especiales Estrella Austral 2025 y el multilateral Tradewinds 2025. En este punto, realizar estos ejercicios militares le baja el costo de ocupación colonial a nuestro rival al darle mayor certidumbre respecto a la voluntad argentina de cooperación militar con ellos.

En segundo lugar, desde 2024 la Argentina viene llevando adelante diálogos militares con el Reino Unido. Estas reuniones buscan incrementar el entendimiento en el Atlántico Sur y dar certidumbre respecto de las adquisiciones de sistemas de armas de la Argentina. Es decir, el país ocupado no busca fortalecer su sistema de defensa para elevarle los costos de ocupación al Reino Unido. Por el contrario y de forma contraintuitiva, busca adquirir medios para mejorar la cooperación militar con la potencia ocupante.

En esta línea, pocos meses antes de asumir su cargo, el entonces viceministro de Defensa argentino (2024-2025) publicó en el think tank británico Royal United Services Institute (RUSI) un artículo donde destaca dos cuestiones claves para el vínculo entre la Argentina y el país que lo ocupa militarmente. Por un lado, resalta que el Reino Unido tiene la capacidad de regular la capacidad de daño de los F-16 Fighting Falcon de la Argentina. Dado su estrecho vínculo militar con los Estados Unidos, si esta nación es la proveedora de sistemas de armas, la potencia colonial tiene la capacidad de mantener el control sobre el armamento que le es provisto al país sudamericano. Por el otro, dado que estos aviones de combate no pueden rivalizar con los cuatro Eurofighter Typhoon desplegados en la base militar de Monte Agradable, deben ser pensados más como sistemas que puedan ser utilizados para compartir la vigilancia del espacio aéreo con el Reino Unido en el Atlántico Sur.

En definitiva, como destaca Luciano Anzelini, la presencia de colaboradores de la periferia que toman decisiones orientadas a no confrontar ni discutir con la potencia extrarregional genera fuertes retrocesos en la cuestión Malvinas. Específicamente, al darle certidumbre al país colonial y bajarle sus costos de ocupación militar.

En tercer lugar, bajo la gestión Milei la Argentina redefinió las competencias y el alcance de actuación de su instrumento militar, lo que implicó una reconfiguración de las amenazas percibidas por el país. El decreto 1112/2024, que reglamenta la Ley de Defensa 23.554 y deroga el antiguo decreto reglamentario 727/2006, en su artículo primero amplía la definición de agresiones que pueden incluir el accionar del sistema de defensa. A diferencia del anterior decreto, se dejan de considerar solamente a las “agresiones de origen externo perpetradas por fuerzas armadas pertenecientes a otro/s Estado/s” (Decreto 727/06) para incluir a “organismos paraestatales extranjeros, (…) organizaciones terroristas u otras organizaciones transnacionales” (Decreto 1112/24).

Vista en conjunto con los otros dos puntos, esta reconfiguración tiene una incidencia directa en el Atlántico Sur. Esto es así en la medida que la ampliación del rango de agresiones que debe considerar el sistema de defensa le quita atención política a la disputa con el Reino Unido. Por ejemplo, el Operativo “Julio Argentino Roca” para combatir organizaciones transnacionales implica el despliegue del instrumento militar en las fronteras norte y noreste del país, tarea que podría ser realizada sin inconvenientes por el Ministerio de Seguridad Nacional.

Asimismo, dicha ampliación también modifica el desempeño del país en instancias multilaterales vinculadas a la defensa nacional, donde se concentra la atención política en amenazas no estatales y se desatiende el mayor problema en materia de defensa que tiene la Argentina: la ocupación militar de un cuarto de su territorio por parte de un Estado colonial. Esto se evidencia en la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas realizada en Mendoza en 2025, y la Conferencia Sudamericana de Defensa (SOUTHDEC) celebrada en Buenos Aires en el mismo año. En ambas oportunidades la Argentina se mostró cercana a los Estados Unidos, plegándose a la identificación de amenazas no estatales de la potencia dominante y sin difundir ni comunicar el principal desafío en materia de defensa que tiene el país.

En suma, el aumento de las potenciales agresiones que deben ser atendidas por la política de defensa nacional desplaza la atención política argentina y sus recursos materiales del Atlántico Sur, favoreciendo el no cuestionamiento a la posición colonial británica y evitando la confrontación con dicho actor.

 

Subordinación consciente y deliberada

En 2021 el profesor Jorge Battaglino identificó con claridad y contundencia que “el principal problema de defensa que tiene la Argentina es la existencia de una base militar en nuestras Islas Malvinas”. En esa línea, la pregunta que surge es qué tipo de política de defensa necesitamos para resolver dicho problema.

En ese marco, lejos de intentar resolver el problema e impugnar la ocupación militar británica, la orientación estratégica de la administración Milei se destaca por cooperar militarmente con el Reino Unido. No es mala praxis geopolítica en el Atlántico Sur, es una política consciente y deliberada de subordinación periférica.

La evidencia empírica sugiere que el actual gobierno argentino no quiere instrumentar el buen vínculo con los Estados Unidos para promover nuestros intereses y practicar una política internacional sofisticada que busque, en paralelo, elevarle los costos militares al Reino Unido. Por el contrario, lo que está ocurriendo es el ocultamiento de nuestro interés nacional frente a los Estados Unidos, eligiendo voluntariamente la subordinación periférica para ser un actor deferente que no “causa problemas” con sus intereses geopolíticos en el Atlántico Sur. Esto implica una política de entrega de nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

En definitiva, ¿cómo los Estados Unidos van a intervenir a favor de la Argentina si piensan que nuestro problema es China? ¿Cómo van a lograr que el Reino Unido nos devuelva las Islas Malvinas si nosotros mostramos una postura militar abiertamente cooperativa con dicha potencia colonial? ¿El Reino Unido va a aceptar sin cuestionar un pedido de Estados Unidos orientado a la devolución de las Islas? ¿Qué incentivos tiene para sentarse en la mesa de negociación diplomática si la Argentina lleva adelante políticas que le reducen el costo de ocupar militarmente el espacio geopolítico en cuestión? ¿Qué incentivos tiene Estados Unidos para operar a favor de la Argentina en el Atlántico Sur si este último no muestra confrontación e inconformidad con la ocupación colonial y militar de su territorio? Estas preguntas son fundamentales y no pueden ser respondidas por los analistas cercanos al gobierno libertario.

 

* Ezequiel Magnani es profesor de Relaciones Internacionales (UNSAM-UTDT-UA). Miembro de Fundación Meridiano. "Esta línea de investigación es financiada por el CONICET, organismo fundamental para incentivar, con recursos públicos, investigaciones y perspectivas que promuevan los intereses de la Argentina".

 

 

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