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Opinión

Desnudo y sin vergüenza

Juan Carlos Tealdi

Publicado

en

De “El Conde Lucanor” y el cuento de Andersen a la compleja realidad argentina

 

(Génesis, 2:20.) “Y ambos continuaron estando desnudos, el hombre y su esposa, y sin embargo, no se avergonzaban (…) 3:7: Entonces se les abrieron los ojos a ambos y empezaron a darse cuenta de que estaban desnudos. Por lo tanto cosieron hojas de higuera y se hicieron coberturas… (…) 3:11: ¿Quién te informó que estabas desnudo? ¿Del árbol del que te mandé que no comieras has comido?” (…) 3:13: La serpiente… ella me engañó y así es que comí”. 

 

Varios economistas y periodistas destacados, entre los que opinaron con motivo de la crisis de gobierno en curso, coincidieron en utilizar junto a sus análisis especializados una misma metáfora tomada del cuento de Andersen conocido como El Rey desnudo. Y esto aunque en la cadena de significantes que la historia de las palabras entreteje, la metáfora primaria de la desnudez haya que ir a buscarla a la escena original del paraíso bíblico.

¿Por qué esa coincidencia? Sabemos que la metáfora es un desplazamiento de significado entre dos contenidos lingüísticos por el que se ponen en relación dos realidades mediante una transferencia de una a otra por analogía o asociación. Así es que con la figura de “el rey desnudo”, se ha recurrido intuitivamente a la potencia informativo-explicativa del discurso metafórico para dar cuenta, en modo simple y accesible al lenguaje común, de una realidad compleja en la diversidad de explicaciones de un fenómeno como el de una grave crisis político-económica a escala nacional. Pero, ¿qué realidades se relacionaron? Cada lector hará sus asociaciones, las que siguen son las mías.

La historia de El Rey desnudo (RD, 1837), que interesó a Freud y Lacan, tuvo como fuente a un cuento de una de las primeras obras en castellano: El Conde Lucanor (CL, 1335). Ambos relatos tratan de unos estafadores que le proponen a un Conde (CL)/Emperador (RD) el tejerle una tela prodigiosa para un traje que resultaría invisible a aquellos que no fueran hijos de quienes pasaban por padres suyos (CL), a los estúpidos irremediables y a toda persona no apta para sus cargos (RD). El gobernante cree que ese tejido le será útil para saber quién no es dueño legítimo de sus tierras y así quedarse con ellas (CL) o para descubrir a los funcionarios ineptos (RD). Por eso accede a proveer de seda, plata y oro a los pícaros. Estos hacen que tejen, y cortan, y prueban, pero todo es simulación para quedarse con los tesoros que reciben. El gobernante envía a sus funcionarios a ver la tela y estos, aunque no ven nada, temen a la deshonra (CL) o a ser considerados ineptos (RD), y por eso dicen que la han visto y es preciosa. Todos en el reino, incluido el Conde/Emperador, dicen ver lo que no existe por temor a no ser hijos de su padre (CL) o a ser considerados estúpidos o ineptos (RD). Se organiza entonces una procesión, hacen desnudar al rey, y lo visten con el traje invisible por inexistente. Y así sale desnudo. Hasta que un niño ingenuamente dice que no lleva nada puesto y todo el pueblo llega a gritar que el rey está desnudo. Pero este sigue adelante con la procesión.

 

 

Ambos cuentos se inician con la actitud de interés y engaño que mueve a estafadores y estafado. Los primeros son pícaros truhanes que se hacen pasar por tejedores para hacerse con seda, plata y oro; y el Conde/Emperador, por su parte, tiene un interés personal en adquirir nuevas propiedades con la tela prodigiosa o saber a qué funcionarios debía despedir. Estos elementos se pueden asociar metafóricamente a los vínculos iniciales entre la Alianza Cambiemos y los truhanes del establishment y los medios, en su unión de mutuos intereses para alcanzar el gobierno con el engaño como primer motor de la administración del reino republicano. También puede pensarse que el traje nuevo de nuestro presidente sería tejido con los abundantes billetes de dólares que llegarían, aunque estos se volatilizaron como la seda, la plata y el oro del Emperador, dejándolo desnudo.

El gobernante envía a unos funcionarios para ver cómo avanza el trabajo de la tela, y aunque estos no la ven, dicen haberla visto y que es maravillosa, por temor a la deshonra o a perder el puesto. Cuando el Conde/Emperador va a ver la tela, también observa que aunque los tejedores le describen (engañosamente) todas sus propiedades, él no logra verla. Pero por temor a que se dijera que no era hijo de su padre, el rey anterior, y perdiera su reino (CL), o a ser tan tonto que no sirviera para Emperador (RD), afirma haberla visto con todo su esplendor. Y así sucede con todos sus vasallos. Las mentiras de ese engaño colectivo se asocian metafóricamente a las mentiras de nuestro gobierno y de muchos medios, y a la creencia irreductible en tantos engaños de gran parte de la población.

Cuando la procesión ya está en marcha, con el gobernante sin traje alguno, un negro que creía no tener honra alguna que perder, dice: “Señor (…), o yo soy ciego, o vais desnudo» (CL). Y en El Rey desnudo, un niño ingenuo es el que dice: “¡Pero si no lleva nada!” (Lacan no se detiene en que el niño hace caer la ilusión universal, sino en la imposibilidad del lenguaje común para plantear una pregunta descaradamente disruptiva como la del niño.) Y el pueblo entero pasa a gritar: “¡Pero si no lleva nada!” Esta es, quizá, la asociación mayor de la metáfora del rey desnudo con la crisis actual: el desengaño colectivo que permite ver, en la verdad de su fracaso, la realidad (real) de un gobierno mentiroso (a la que se asocia el temprano encarcelamiento de la “negra” Milagro Sala por sus anticipos de la desnudez del gobernador Morales).

 

 

Pero al revelarse el engaño colectivo y escuchar que todos dicen que está desnudo, aunque el Emperador piensa que el pueblo tiene razón, ordena (RD): “Ahora sigamos con la procesión”. Otra versión española traduce: “’Hay que aguantar hasta el fin’. Y siguió más altivo que antes.” La asociación metafórica de este final con la ignominiosa negación de la crisis por el Presidente y sus funcionarios, es más que obvia. En el mismo momento en que se informaba oficialmente que Argentina pediría de urgencia al FMI (por su grave crisis) un crédito stand-by, el de mayores exigencias para la PRO-cesión a seguir porque nuestro país no cualificaba por su mala economía para otros créditos más ventajosos, el Jefe de Gabinete afirmaba en modo cuasi-delirante: “En treinta meses evitamos una gran crisis económica”; “hemos reducido la pobreza, el desempleo, la inflación, el déficit fiscal…”, “queremos no depender de la deuda”, “estamos logrando una transición sin crisis, sin traumas”, “lo más importante es que de esto salimos fortalecidos” (…).

¿Por qué el Emperador que tenía temor de perder el reino o de ser considerado un tonto, ahora que sabe que todos saben que está desnudo, no tiene temor o vergüenza alguna en seguir así hasta el fin de la procesión? Al verse desnuda, la pareja original sintió vergüenza y temor (etimológicamente van asociados). Pero el gobierno actual no tiene vergüenza, esa conciencia de haber cometido una falta. Sigue creyendo que está en el Paraíso (en los Paraísos) previo a la tentación y el pecado, en el que le es natural estar sin Dios que lo castigue. Freud señala que el exhibicionismo perverso y sin vergüenza de la desnudez en la infancia, se repite en los sueños como satisfacción de deseo. El psicoanálisis también sostiene que el neurótico pone límites a sus pulsiones porque teme al castigo de la castración simbólica, pero que el perverso transgrede todo límite porque no tiene temor a la Ley y la desafía para sentirse impune. Quizás así se entienda que la indiferencia del actual gobierno, sin temor o vergüenza alguna ante los otros, incluyendo a los cortesanos, sea como la que en nuestra nota anterior en El Cohete a la Luna citábamos de Las Nubes: “Quiero solamente hacer girar la justicia en provecho mío (…) Hagan de mí lo que quieran, con tal que yo esquive mis deudas”.

Juan Carlos Tealdi es médico y filósofo de la ciencia.

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