(DES)VENTURAS DE LO NACIONAL TELÚRICO

Imaginario de un pensamiento nacional en la multiprocesadora histórica, de la colonia a Kirchner

 

 

Foto principal: Perón y Cooke.

 

Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli, Juan Bautista Alberdi, Manuel Dorrego, El Restaurador, Sarmiento, Felipe Varela, Chacho Peñaloza, Manuel Gálvez, Ricardo Rojas, Manuel Ugarte, Leopoldo Lugones, Perón, Raúl Scalabrini Ortiz, John William Cooke, Jorge Abelardo Ramos, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, Francisco Pestanha… Siguen las firmas. Todas conforman, cada una con su peculiar identidad, ese heteróclito rompecabezas (propiamente dicho) que cruza historiografía, política, ideologismos y abundante pasión que a sus cultores dan en llamar partícipes del “pensamiento nacional”. Especificidad contemporánea de lo que hace aproximadamente un siglo rumiaba bajo la equívoca generalidad “nacionalismo” y los avatares de la política fueron situando en posiciones diversas en relación a los respectivos proyectos de país.

“Multiprocesadora”, denomina el periodista, docente y politólogo Hernán Brienza (Buenos Aires, 1971) a esta forma del pensamiento que el autor no sólo explora sino que además enarbola, ejerce, defiende y ahora procura sistematizar como si de un sujeto se trata, pasible de una biografía. Lo hace a través de un ejercicio imaginario en el que enfila la producción de aquellos personajes en torno a un manojo de variables comunes en pos de una argentinidad que reconoce inexistente. Abandonar todo esencialismo le permite al autor de La Argentina Imaginada situarse en cierta equidistancia desde donde sistematizar “las principales ideas y ramas del pensamiento nacional argentino, encontrar una matriz, es decir, un conjunto de caracteres que repiten y que lo construyen”. Desde el patriotismo incubado a fines del siglo XXIII al discurso nac&pop de la actualidad, Brienza sintetiza una “fantasmagoría” que aúna una decena de categorías: agonía, agonismo, proteccionismo económico, intervencionismo estatal, igualitarismo, federalismo, hispanismo, propensión a la intolerancia y autonomía cultural. Por encima del sentido que el autor –o el lector— le otorgue a cada una de estas ideas, las que privilegie, agregue, quite, siempre discuta, conforman un eje donde acomodar la Historia por fuera de los habituales sitios de confort que proveen las versiones liberales de la sucesión de los acontecimientos.

 

El autor, Hernán Brienza.

 

Nociones que “adjetivan, pero nunca terminan de convertirse en sustantivos, demuestran un pudor que remite a una derrota cultural previa” y que ya el autor baraja desde el subtítulo – Una biografía del pensamiento nacional— en el afán de revertir aquella desazón relanzando sus componentes hacia un proyecto vital que, precisamente, boceta al promediar el libro. Entonces ordena. Sitúa un protonacionalismo en el contenido de los iniciales grito libertarios, principalmente en el Plan de Operaciones de Mariano Moreno y en la política ejercida por Manuel Belgrano, antes de ser opacado por la lápida militarista. La raigambre liberal queda ubicada en el pecado original —como no podía ser de otra manera en aquella época— junto a un concepto difuso: “tradición”. Avanza con los albores del revisionismo histórico, hace pie en un intento caracterológico a través de la figura de Martín Fierro (“la figura más perfecta y acabada”, “encarnación absoluta del ser nacional”, “reparación absoluta de Facundo”, “Biblia nacional”) y Juan Moreira, su complemento, “voz de los sectores populares”. Construcción cuya desmesura aparece como necesaria a fin de equilibrar la que emana del maniqueísmo propio de “civilización o barbarie”, sin alcanzarlo, claro.

Continúa la estratigrafía con la delimitación del “nacionalismo político” (Manuel Gálvez, Ricardo Rojas, Manuel Ugarte) desenvuelto tras el centenario; el “nacionalismo elitista” (Lugones, los asesinos cajetillas de la Liga Patriótica); lo que da en llamar “el pensamiento nac&pop” (FORJA, Scalabrini, Jauretche); Perón, “el Aleph de los nacionalismos”; Cooke, Jorge Abelardo Ramos, Hernández Arregui y el peronismo revolucionario; declarado stop en la dictadura militar, aunque se adentra hasta el kirchnerismo. Panorama completito de un inventario ya clásico que, en forma paralela a las ideas que lo enhebran, se desarrolla en un campo más próximo a la literatura que al ensayo sociológico. Textos prínceps a los que Brienza tiene el decoro de otorgar la palabra, con lo que evita el vicio academicista de la glosa y la referencia, coinciden con el tono del libro en el despliegue retórico, prolífico en sensatas aspiraciones, nobles deseos y patrióticas proyecciones cuya potencia jamás requiere ser contrastada con variables económicas, acordes desarrollos ideológicos e impertinentes alusiones a la diversidad, tan usuales hoy en día.

 

Arturo Jauretche.

 

Características congruentes con un nacionalismo bien macho, dado que las mujeres están (no por inexistencia sino apenas registradas en tanto epifenómenos satelitales de alguna viril epopeya) plenamente ausentes de su construcción, dado que “la patria es una mujer pasiva por las que otros deben actuar” y que, al concluir el texto, aparecen sólo como interrogante: “¿Cómo dialogan nacionalismo y feminismo?”. Es decir, dos entidades divorciadas, sin que una comprenda a la otra. Un nacionalismo que se ocupa una y otra vez de desmarcarse del fascismo, hasta caracterizar la masacre de los años ’70 como “la lucha entre dos tipos de nacionalismos –con sus anclajes católicos o cristianos incluidos—», el de los movimientos revolucionarios, por un lado, y el de los milicos, por el otro. Más que dos demonios, Brienza imagina una puja entre otros tantos ángeles caídos, tornándolos equivalentes. Complicaciones expresas y expuestas que hacen a la honestidad intelectual de La Argentina Imaginada, en el inventario de los que están y los que faltan, en las contradicciones y ambigüedades donde el “pensamiento nacional” conserva las comillas propias de toda reflexión que investiga lo provisorio.

 

FICHA TÉCNICA

La Argentina Imaginada – Una biografía del pensamiento nacional

Hernán Brienza

 

 

 

 

Buenos Aires, 2019

282 págs.

 

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