El penúltimo lunes de junio circularon las estadísticas oficiales del primer trimestre del año en el llamado mercado laboral, que el INDEC mide a partir de la Encuesta Permanente de Hogares relevada sobre una treintena de aglomerados urbanos de cinco regiones del país y el área metropolitana de la capital en que atiende Dios.
El tema no consiguió una centralidad mediática equivalente a su gravedad estructural, acaso porque las comparaciones interanuales no arrojaron novedades. El 7,8% de desocupación resultante no escapa a los registros de los otros dos primeros trimestres del gobierno de Javier Milei, aunque representa un salto de casi un punto en relación con el último del de Alberto Fernández. De la observación por regiones emerge un panorama distinto, en particular en la provincia de Buenos Aires, donde cuatro aglomerados llegaron abruptamente a las dos cifras o se encuentran a décimas de alcanzarlas. Otra variable es el tiempo de búsqueda de trabajo, con casi un tercio de la población desocupada sin éxito en hallarlo desde hace más de un año.
La radiografía empeora cuando se amplía a un espectro aún menos explorado en las coberturas, el de la presión sobre el mercado de trabajo, que a la desocupación suma a aquellas personas que tienen un empleo pero necesitan cambiarlo o complementarlo con otro. Síntoma de las malas condiciones laborales, el resultante empuja a la baja los salarios y reproduce la realidad de ser trabajador sin conseguir salir de la pobreza. En las regiones pampeana y patagónica dio saltos de cuatro y dos puntos porcentuales, respectivamente, en sólo doce meses. La mayor tasa de ocupados demandantes de empleo es la cordobesa, con 30,2%, pero son elevadas las de otras capitales importantes, como Tucumán, La Plata, San Juan y Mendoza. También es cordobés el primer lugar entre la subocupación demandante, con 15,2%. Tanto esas variables como las restantes del mundo laboral impactan en menor medida en el territorio porteño, que ha coronado cuatro de las seis presidencias que lleva el siglo.
Junto a la destrucción de empleos formales de los últimos treinta meses, tales porcentajes sustentan la merma en el consumo y el crecimiento de la informalidad laboral, que subió casi cuatro puntos desde el primer registro mileísta. Acaso ese panorama contribuya a explicar el primer fallo de la Corte Suprema contra el programa económico en boga, al dejar firme la medida cautelar que obliga al gobierno a actualizar salarios y becas de las universidades nacionales, también ubicadas en los grandes aglomerados urbanos. Los vientos se perciben antes en las alturas.
Cartografías de la angustia
El salto de casi un punto en la tasa de desocupación de los primeros trimestres de Milei respecto del de 2023 se verifica por igual en aglomerados de más y menos de medio millón de habitantes. La comparación del registro más reciente con el del primer cuarto de 2025 encuentra los mayores cambios en el comportamiento de la desocupación en el noreste y la región pampeana, con alzas de 1,1 y 0,8 puntos, respectivamente. Si se efectúa sobre el último primer trimestre del Frente de Todos, se agrega el caso patagónico, con un crecimiento apenas inferior a un punto.
Observado por aglomerado, el desempleo medido en los primeros tres meses de este año impacta con singular fuerza en el centro del mapa. Siempre según el último informe del INDEC, seis de los nueve aglomerados con tasas de desocupación superiores a la nacional pertenecen a esa zona y cuatro de ellos integran la provincia de Buenos Aires. Cinco de los nueve registraron alzas significativas en un año:
- San Nicolás-Villa Constitución, el aglomerado con mayor índice del país, pasó de 8,5% a 10,4%;
- el de Bahía Blanca-Cerri, que en marzo de 2025 sufrió una cruel inundación y no recibió atención acorde del gobierno nacional, saltó de 4,8% a 10,1%;
- Mar del Plata, cuya desocupación aumentó de 6% a 9,3% en términos interanuales;
- Formosa, de 3,8% a 8,7%; y
- Río Gallegos, de 5,2% a 8,5%.
Los otros cuatro aglomerados con tasas superiores a la nacional son Resistencia (9,7%), el Conurbano bonaerense (9,7%), el Gran Córdoba (8,8%) y el Gran Rosario (8,2%). Sólo los últimos dos no registran variaciones significativas respecto del dato de desocupación del primer trimestre de 2023, lapso trienal que afectó especialmente a las capitales provinciales del noreste y el sur.
Quien busca no encuentra
El mapa de urgencias añade complejidades propias de otras geografías si el análisis se posa sobre las personas que buscan un empleo, aunque ya estén ocupadas o subocupadas.
El principal foco de esa problemática se observa en la capital cordobesa y sus alrededores, donde más de la mitad de la población económicamente activa se encuentra en busca de trabajo. Su tasa, que el INDEC estimó en 54,2% para el primer trimestre de 2026, guarda similitud con las registradas en el mismo periodo de los dos años previos. Sin embargo, es nueve puntos superior a la del último primer trimestre del gobierno de Fernández, cuando la distancia entre empleo y condiciones salariales ya evidenciaba centralidad.
En total, nueve capitales de provincia y el Conurbano bonaerense se ubican entre los diez aglomerados cuya demanda de trabajo supera el 30% de la población económicamente activa. Además de Córdoba, otros ocho evidenciaron saltos notables en diversos momentos de la comparación interanual en los primeros trimestres desde el de 2023:
- el aglomerado del Gran Tucumán-Tafí Viejo pasó de 40,4% a 47,8% en un año;
- el Gran Plata saltó 14 puntos desde 2025 y 19,3 en comparación a 2023;
- con un aumento de 6,6 puntos en el último año, el Gran Mendoza retornó al porcentual que registraba en 2023, orillando el 42%;
- Catamarca pasó de 17,4% ese año a 39,9% en el actual;
- Santa Rosa se ubicó 8,1 puntos por encima de su registro del inicio de 2023;
- el aglomerado chubutense de Rawson-Trelew saltó 17 puntos en el último año, para llegar a un tercio de su población económicamente activa en busca de trabajo;
- en el Conurbano bonaerense, el aumento de personas en esa condición fue de 5,3 puntos en relación con el mismo periodo de 2023; y
- luego de una reducción en los dos primeros años mileístas, la capital riojana registró un alza de 8,9 puntos en doce meses y colocó su porcentaje en la orilla del 31%.
Un último gran aspecto es el de la informalidad laboral, cuya incidencia no deja de crecer: siempre según datos oficiales, aumentó 2,1 puntos entre los primeros trimestres del año pasado y el actual, y 1,5 desde diciembre, para alcanzar al 44,2% de los trabajadores y las trabajadoras.
Si solo se cuenta a las personas asalariadas, excluyendo a independientes, la tasa alcanzó el 37,9% y es la mayor desde fines de 2007.
INFORMALIDAD LABORAL

La diferencia es que el registro de hace casi dos décadas se dio en el marco de una recuperación simultánea del empleo y la formalidad, no ante la caída de ambas variables. Entre independientes la informalidad es veinte puntos superior y va en crecimiento: trepó a 59,7% en el primer cuarto de este año, tres por encima del mismo periodo de 2025.
Los resultados del cruce de índices y geografías no son inocuos en costos humanos, que se descargan sobre millones de personas en todo el país. Según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires, que periódicamente analiza datos oficiales, la incidencia de la pobreza es notoriamente mayor en quienes padecen la informalidad laboral: si al cierre de 2025 uno de cada diez trabajadores y trabajadoras formales vivía en un hogar pobre, la porción superaba el tercio entre las y los informales.
Contrariamente a lo que pretende instalar el discurso anarcocapitalista, los datos oficiales corroboran que la informalidad no oficia como puerta más que a una cada vez más sacrificada supervivencia, mientras más y más personas buscan y no encuentran.
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