Detrás del telón

Clase presencial de Xi Jinping a Trump sobre paciencia china

 

Con la frente marchita, cargando serios problemas económicos (creciente inflación, pérdida de empleo, incremento de la deuda y de las tasas de interés de los Bonos del Tesoro estadounidense) y sin saber cómo retirarse de la furia épica que desató sobre Irán, Donald Trump se reunió con Xi Jinping esta semana, en Pekín. Durante los discursos oficiales, Xi Jinping lanzó un golpe histórico y demográfico al señalar: “China, con sus 1.400 millones de personas, avanza con paso firme hacia su modernización y rejuvenecimiento, apoyándose en las raíces profundas de una civilización de más de 5.000 años. Al mismo tiempo, el pueblo estadounidense, con más de 300 millones de habitantes, impulsa a su gran nación hacia una nueva era de desarrollo justo cuando celebra su histórica meta de 250 años de vida independiente”.

Al felicitarlo amablemente por su 250º aniversario de independencia le recordó sutilmente a Trump que, ante los ojos del tiempo, Estados Unidos sigue siendo un país sumamente joven, casi un “recién llegado” experimentando con la hegemonía global. Y como un padre que le habla a su pequeño, concluyó: “El rejuvenecimiento nacional de China y el deseo de ‘Hacer a América Grande de Nuevo’ pueden caminar de la mano y ayudarse mutuamente”, pero dejándole claro quién tiene la ventaja de la experiencia y la paciencia histórica.

Como si eso no bastara, dijo que “el mundo ha llegado a una nueva encrucijada. ¿Pueden China y los Estados Unidos superar la llamada ‘Trampa de Tucídides’ y crear un nuevo paradigma de relaciones entre grandes potencias?" Al lanzar esa pregunta, retrató a China como la nueva “Atenas” que viene en ascenso, y a los Estados Unidos de Trump como la “Esparta” estancada, temerosa de perder su hegemonía mundial y propensa a cometer un error de cálculo que desate una tragedia.

Después de la interrogante de la Trampa de Tucídides, la delegación china puso sobre la mesa el verdadero peligro real: el manejo de Taiwán. La cancillería china advirtió que la independencia de Taiwán y la paz entre ambas potencias son “irreconciliables como el agua y el fuego”, dejando claro que un paso en falso de Estados Unidos en esa isla sería el detonante que activaría la “trampa” de la guerra. Los efectos se sintieron el viernes cuando el Presidente Trump dijo que la postura de su administración sobre la cuestión de Taiwán no ha cambiado, que no busca que alguien se vuelva independiente y que no pretende que los estadounidenses viajen 9.500 millas para luchar en una guerra. Respecto a los planes de venta de armas a la isla, Trump puntualizó que todavía no los ha aprobado. “Vamos a ver qué pasa”, indicó. “Podría hacerlo, podría no hacerlo”, señaló.  Poco después dijo que “Taiwán logró su desarrollo actual porque Estados Unidos tuvo varios Presidentes que no se enteraron de lo que los taiwaneses hacían en realidad, que era robarse todas la ideas que giraban en torno a las empresas estadounidenses”.

 

Los negocios

Mientras la mayor parte de la prensa centraban su atención en las tensiones en Irán y el entorno del Golfo Pérsico, el cierre del estrecho de Ormuz o el status de Taiwán, los temas de fondo que ambos Presidentes necesitaban concertar en Pekín se realizaron a puerta cerrada. Se trataba de transacciones económicas inmediatas y reconfiguración del mapa tecnológico.

Trump necesitaba asegurar la compra masiva de soja, carne de cerdo y productos agrícolas estadounidenses por parte de China para mantener contentos a los productores del Farm Belt (el cinturón agrícola de Estados Unidos), su base electoral clave. China, por su parte necesitaba consolidar la reducción de aranceles al 10% para frenar la desaceleración de su sector manufacturero y asegurar el acceso de sus productos al mercado de consumo más grande del mundo.

Por otro lado, Estados Unidos aspiraba a que China eliminara la prohibición del suministro de tierras raras, sin lo cual Estados Unidos no puede fabricar armamento de alta tecnología, vehículos eléctricos ni microchips. Xi Jinping cedió en destrabar estas exportaciones a cambio de que Washington relajara las sanciones a sus empresas tecnológicas. Ambos saben que el dominio del siglo XXI no se definirá en el Estrecho de Ormuz, sino en los laboratorios de software y las fábricas de microchips. Por eso Trump viajó con un séquito de CEOs de empresas tecnológicas y de Wall Street, entre ellos Elon Musk, de TESLA, y los de Apple y Nvidia, estas dos últimas afectadas por las políticas de sanciones a China que prohibía, en el caso de Nvidia, venderle nanochips a China, lo que le generó grandes pérdidas por la importancia de ese mercado. En el caso de Apple, Trump buscaba que la empresa se radicara en Estados Unidos para evitar los aranceles generales que manejó a diestra y siniestra sin criterio ni apego a la ley por lo que fueron suspendidos de forma histórica por la Corte Suprema el 20 de febrero. También se negoció el establecimiento de límites y líneas rojas para el uso militar de la Inteligencia Artificial, el destino de Taiwán y el acceso a mercados para las Big Tech.

 

América Latina y el Caribe

Si bien no tuvo un protagonismo directo en las declaraciones oficiales, la región formó parte de la agenda entre ambos Presidentes. Para Estados Unidos, sigue siendo una zona de seguridad nacional donde no quiere competidores, tal como se señala explícitamente en su Estrategia de Seguridad Nacional (Doctrina Donroe). Para China, como para su rival, la región es una fuente estratégica de recursos naturales (cobre, soja, hierro y litio), necesarios para ganar la carrera del siglo XXI. Tres son los temas centrales que se trataron en las reuniones empresariales y gubernamentales.

 

  • Megapuerto de Chancay en Perú

El gobierno estadounidense lo considera un tema sensible para su seguridad en la región. En efecto, la delegación de ese país reiteró su profunda preocupación de que Chancay no sea solo un puerto comercial, sino una potencial infraestructura de “doble uso” (civil y militar) que dé a la Armada china una posición de avanzada en el Pacífico Sur. Frente a ello, la delegación china defendió el puerto como una inversión puramente comercial que acelera el tránsito marítimo hacia Asia, pero para Trump ver la bandera china consolidada tan cerca de Sudamérica es un desafío directo a su hegemonía. Toda vez que se trata de un proyecto en el que 40% pertenece a una empresa de capitales peruanos, las fuertes presiones del gobierno estadounidense no han surtido efecto.

 

  • El Triángulo de Litio

Trump requería medir en Pekín hasta dónde China está dispuesta a ceder o defender los contratos mineros y de infraestructura firmados por administraciones anteriores en Sudamérica. El gobierno busca que las corporaciones chinas acepten subcontratar o vender partes de sus acciones para que Tesla y las tecnológicas de Silicon Valley puedan beneficiarse del litio sin que China restrinja la exportación desde sus plantas de procesamiento asiáticas. Los tres países miembros (la Argentina, Bolivia y Chile) controlan el 52% de la producción mundial de este mineral indispensable para las baterías de los autos eléctricos –como los de Tesla, propiedad de Elon Musk– y para la tecnología militar de Estados Unidos.

Si bien los tres países miembros del Triángulo de Litio están en modo alineamiento automático con el gobierno estadounidense y forman parte del Escudo de las Américas, en el mundo de la alta tecnología y la minería el control político no siempre garantiza al control operativo. Un gobierno aliado de Trump no puede simplemente expropiar a una corporación china para dársela en concesión a la empresa Tesla de Elon Musk sin desatar una crisis legal internacional y demandas en el CIADI.

El 80% del litio extraído en Sudamérica se envía en barcos directamente a China, donde se concentra el 77% de la fabricación de celdas de batería a nivel mundial. Aunque Estados Unidos le compra el litio a Chile y a la Argentina, históricamente ha tenido que enviar parte de sus componentes a refinar en Asia o comprar las baterías directamente a empresas chinas (como CATL o BYD) porque carecía de refinerías locales. Recién en diciembre de 2024 comenzó a operar la refinería de Tesla en Corpus Christi, Texas, considerada la primera mega-planta diseñada específicamente para producir hidróxido de litio de grado batería a escala masiva en Estados Unidos. En febrero de este año se inauguró otra planta en Texas, pero Estados Unidos solo registra el 0,3% de la producción mundial, a pesar de que posee reservas importantes. Con esa producción interna ínfima, es claro que no cubre la demanda de su industria tecnológica y automotriz, por lo que importa casi todo el litio que consume. Para dejar de depender de las cadenas de suministro extranjeras, se están desarrollando más de 60 proyectos de extracción a lo largo de su territorio.

El gobierno se da cuenta de que, aunque invierta miles de millones de dólares en subsidios para que empresas como Tesla o General Motors construyan mega-fábricas en su territorio, no pueden comprar el litio que quieran. China se les adelantó y usó su poder como comprador para “bloquear” contractualmente el litio más barato y de mejor calidad del mundo (el de Chile) durante los próximos 10 años. Situaciones similares se presentan en los otros países.

 

  • La evasión de aranceles vía México

El trampolín para evadir aranceles en el mercado estadounidense a través de México fue un reclamo económico directo por parte de Trump al señalar que las automotrices chinas (como BYD) estén construyendo plantas masivas en México. Washington acusa a Pekín de usar el tratado comercial T-MEC para exportar autos y componentes chinos a Estados Unidos con arancel cero, burlando los bloqueos norteamericanos. El Presidente le advirtió a Xi Jinping que penalizará duramente a las empresas chinas que operen en México si continúan inundando el mercado estadounidense a través de la frontera sur.

 

  • Cuba y Venezuela

Ambos países formaron parte de la agenda de los Presidentes, pero de forma pasiva, por decirlo de alguna manera. Antes de que Trump aterrizara en Pekín, la cancillería china emitió comunicados “firmes” reafirmando su solidaridad y apoyo a Cuba y Venezuela. Durante la cumbre, Xi Jinping le exigió a Trump que garantice y respete las inversiones y el cobro de la gigantesca deuda que Venezuela tiene con China.

En el caso de Cuba, China ha condenado públicamente la nueva Orden Ejecutiva emitida por Donald Trump el 1° de mayo, que ahora castiga directamente a las empresas y bancos extranjeros, congelando sus activos o cortando su acceso al sistema financiero estadounidense si operan con Cuba. El país enfrenta apagones masivos crónicos que dejan a oscuras a ciudades enteras como La Habana por varios días consecutivos. La falta de gasolina paraliza la distribución de alimentos básicos, interrumpe la recogida de basura provocando crisis sanitarias y detiene el transporte de insumos médicos hacia las farmacias desiertas. Cuba se encuentra en el momento más crítico de su historia moderna, ante la demoledora asfixia fáctica de una superpotencia vecina dispuesta a forzar una rendición económica a cualquier precio.

El viernes, el director de la CIA, John Ratcliffe, realizó una sorpresiva visita a La Habana y se reunió directamente con el ministro del Interior de la isla y con “Raulito” Guillermo Rodríguez Castro (nieto del ex dirigente Raúl Castro y jefe de la seguridad del gobierno). Ratcliffe llevó un mensaje tajante de Trump: “Cuba es la siguiente” si no ejecuta cambios políticos y económicos fundamentales de forma inmediata y deja de funcionar como refugio o base de operaciones de los adversarios de Estados Unidos. Ratcliffe ofreció un auxilio económico de 100 millones de dólares e internet satelital, siempre y cuando se canalice a través de la iglesia, lo cual fue aceptado por el gobierno cubano.

En el actual juego de poderes entre las grandes potencias, no parece que las declaraciones de apoyo y ayuda de China, así como de muchos otros países, puedan salvar a Cuba del ilegal e inhumano bloqueo estadounidense. Los países débiles económicamente, a pesar de su protagnismo en el tablero geopolítico, quedan desamparados.

 

 

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