Deuda asfixiante

La deuda externa condiciona la independencia política y económica y obstaculiza el desarrollo

 

La problemática actual del endeudamiento no puede analizarse acabadamente sin considerar los factores estructurales y las características propias del último ciclo de toma de deuda llevado a cabo por Cambiemos. Hace falta resaltar que el proceso de endeudamiento de los últimos cuatro años se efectuó bajo las peores condiciones posibles. El cuantioso volumen de la deuda pública, en un breve lapso, la denominación en moneda extranjera de su mayor parte y los enormes vencimientos que deben afrontarse en el corto plazo, son elementos clave que conforman el actual escenario de insostenibilidad.

Peor aún, a dicho accionar irresponsable se sumó el destino completamente improductivo de los fondos, que fueron dirigidos fundamentalmente a sostener la fuga de capitales y no a infraestructura o desarrollo. En este punto también le cabe responsabilidad al Fondo Monetario Internacional, ya que hubo un claro incumplimiento del Convenio Constitutivo de este organismo, que dispone la imposibilidad de utilizar los fondos prestados para financiar la salida periódica de divisas: “Ningún país miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”. En este caso, los desembolsos del préstamo (44.500 millones de dólares) fueron utilizados para financiar la fuga de divisas de residentes y el desarme de carteras de no residentes (que entre julio de 2018 —después del primer desembolso del FMI— y noviembre de 2019 sumaron en conjunto 55.200 millones de dólares), lo cual era previsible en un contexto que ya se había tornado crítico, con escasez de divisas y crisis cambiaria.

Según los datos de la Secretaría de Finanzas, la deuda pública de la Administración Central pasó de representar el 52,6% del PIB en 2015 al 91,6% del PIB en el tercer trimestre de 2019, lo que indica un crecimiento del 74%. La deuda pública en moneda extranjera pasó de representar el 36,4% del PIB en 2015 al 73,6% del PIB en septiembre de 2019, lo que equivale a un crecimiento del 102%. Al tercer trimestre de 2019, la deuda pública en moneda extranjera representaba el 80,3% sobre el total de la deuda pública nacional.

En este contexto, el endeudamiento fue una de las variables centrales que sostuvo el modelo de valorización financiera puesto en marcha desde diciembre de 2015. Cumplió dos claros objetivos en favor del proyecto político de Cambiemos y de los intereses de los grupos económicos locales y del capital financiero internacional. Por un lado, disponer de la moneda extranjera necesaria para sostener la indiscriminada fuga de capitales que hacía posible el circuito de acumulación financiera de corto plazo, la llamada “bicicleta financiera” facilitada por las altas tasas de interés y el libre cambio. Por otro, asfixiar al Estado argentino para condicionar el margen de maniobra del futuro gobierno y restringir la capacidad de desplegar una política económica que se diferencie de las recomendaciones del centro.

Durante los cuatro años de Cambiemos, el fenomenal endeudamiento del sector público en moneda extranjera, de aproximadamente 100.000 millones de dólares [1],se destinó a proveer la divisa necesaria para financiar la fuga de capitales de residentes, los intereses de la deuda y la remisión de utilidades y dividendos, entre otros rubros deficitarios del Balance Cambiario. El déficit por la formación de activos externos de residentes fue de 88.223 millones de dólares (la fuga de capitales, es decir, estrictamente las salidas del circuito financiero formal fueron de 79.480 millones), los pagos de intereses de deuda resultaron en 40.711 millones de dólares, y la remisión de utilidades y dividendos, de 7.415 millones de dólares, desde diciembre de 2015 hasta diciembre de 2019, según los datos del Balance Cambiario del BCRA.

Sin duda esto no sucede de manera aislada en la Argentina. El proceso de financierización global ha profundizado la condición de dependencia de las economías periféricas en el sistema económico mundial. La nueva forma que adopta la dependencia externa en América Latina es de carácter financiero. Como sabemos, para los países periféricos no es posible endeudarse en los mercados internacionales en su propia moneda, por lo cual la escasez de divisas resulta una problemática recurrente para sus economías. Por ello, los superávits comerciales son considerados como una fuente genuina y sustentable de financiamiento, mientras que el endeudamiento externo solo prolonga artificialmente el período de crecimiento si no es utilizado para financiar el proceso de desarrollo. Esto último fue lo que sucedió durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando los fondos se despilfarraron para financiar la fuga de capitales, comprometiendo ingresos futuros a cambio de privilegios para los sectores concentrados.

Si se observa la evolución del endeudamiento externo de América Latina, se advierte que este fenómeno reproduce aún más las relaciones de dependencia de la región. América Latina, según datos de la base de datos de CEPAL[2], ha pasado de un stock de deuda externa total de 220.000 millones de dólares en 1980 a alrededor de 2,07 billones de dólares en 2018, lo que representa un verdadero obstáculo para el desarrollo de estas economías. Si consideramos el producto bruto interno que genera la región latinoamericana, el stock de la deuda externa total prácticamente se mantuvo en los mismos niveles desde 1990 hasta la actualidad, representando 37,5 puntos del PIB en 1990 y 37 puntos en 2018. Esto demuestra que América Latina no ha podido reducir su nivel de endeudamiento externo en las últimas décadas, lo que denota el rasgo estructural de este fenómeno.

La deuda externa condiciona la independencia política y económica de estos países, además de obstaculizar el desarrollo de sus economías. La restricción de la balanza de pagos se ve agudizada por los problemas en el sector externo asociados a su dependencia financiera. El sobreendeudamiento de sus economías presiona con importantes salidas de moneda extranjera por pagos de intereses y de capital, sumado al déficit de divisas que provoca la fuga de capitales de residentes.

En este escenario, la deuda externa y la fuga de capitales presentan una relación estrecha. En la Argentina, ambas variables manifiestan un vínculo simbiótico en el marco de regímenes de acumulación basados en la valorización financiera, aunque no ocurre lo propio cuando la economía pivotea en torno a la economía real como eje ordenador de los procesos económicos. En el marco de la valorización financiera (sea del período 1976-2001 o del que puso en marcha el gobierno de Cambiemos), se ha recurrido sucesivamente a instrumentos de deuda y a préstamos del exterior para financiar la salida de divisas. En este sentido, se advierte una fuerte conexión y retroalimentación entre ambas variables. La fuga de capitales impulsa al endeudamiento, puesto que precisa de los recursos que la financien, a la vez que el acceso al endeudamiento externo es posible en el marco de una política de desregulación financiera y cambiaria que, al mismo tiempo, facilita la posterior fuga de los recursos al exterior.

Desde 1970 es posible distinguir diferentes ciclos de entradas de flujos financieros desde los países desarrollados hacia los países de América Latina que proveyeron abundantes recursos durante su auge pero que, al retirarse de sus economías, generaron graves crisis y onerosas deudas.[3] En términos generales, desde 2007, a partir de la política de expansión cuantitativa aplicada por los países centrales, hubo un mayor ingreso de flujos financieros especulativos en América Latina, lo cual tuvo su expresión en la Argentina a partir de la asunción del gobierno de Cambiemos en diciembre de 2015, que propició el retorno del régimen de valorización financiera.

Así, es posible advertir que los problemas del sector externo están asociados a la vulnerabilidad de estos países frente a los ciclos de abundancia y escasez de liquidez internacional, lo cual se relaciona con el grado de apertura financiera y la capacidad de regulación de los flujos de capitales. Las crisis de la deuda denotan los altos niveles de dependencia financiera de los países periféricos. En este sentido, resulta imprescindible avanzar en normativas nacionales que establezcan límites al nivel de endeudamiento externo y en la creación de un marco regulatorio internacional que apoye una gestión sostenible de la deuda de estos países, así como esquemas de reestructuración como herramientas de prevención y solución de las crisis.

 

 

 

 

[1]https://publicseminar.org/essays/when-debt-matters-2/

[2]https://cepalstat-prod.cepal.org/cepalstat/

[3] https://www.somo.nl/wp-content/uploads/2018/06/Report-Quantitive-Easing-web.pdf

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6 Comentarios
  1. Eduardo dice

    La única propuesta seria de los últimos 60 días:

    Bercovich: “Hay que meter presos a los que endeudaron al país y permitieron la fuga de ese endeudamiento”

    Si no vamos por todo y no exigimos esto, nos vacunan en 6 meses.

    NUNCA MAS A LA DEUDA.
    CARCEL A LOS ENDEUDADORES.

  2. Carlos Scirica dice

    No sé por qué rechazaron un comentario que publiqué ayer

  3. Carlos Scirica dice

    Me preocupa la aceptación acrítica de la cifra dada por la Secretaría de Finanzas de la deuda pública de Argentina en 2015. Recuerdo hacia el final del kirchnerismo haber leído que la deuda estatal en dólares apenas superaba el 13%. ¿Cómo se explica esta disparidad? En ese entonces la deuda reconocida al Fondo Eliott era de 0U$$. Macri le pagó bastante más de U$$10 mil millones, con la aquiesciencia del Peronismo Renovador, quien actualmente ostenta todos los cargos relevantes en el área económica. Desde mi punto de vista, no fue un pago justo, sino un regalo. Por supuesto eso no alcanza a cubrir la diferencia numérica anteriormente mencionada. Hubo todo tipo de fallos ridículos por parte del Ciadi, no reconocidos en un primer momento por el kirchnerismo, pero tratados como deuda flotante por el macrismo. A modo de ejemplo, por la estatización de Aguas Argentinas, que en realidad fue una rescición de contrato, se regalaron más de U$$200 millones http://clicdenoticias.com/argentina-paga-220-millones-de-euros-de-indemnizacion-por-la-rescision-del-contrato-de-aguas-argentinas/ Debo mencionar que cuando se privatizó Obras Sanitarias de la Nación, Aguas Argentinas no abonó un peso. Supuestamente iba a bajar el precio al usuario más de un 30% y a mejorar el servicio. Y ese fue sólo una de las decenas de juicios ridículos en el Ciadi que no se computaban como deuda y que el gobierno anterior reconoció como deuda. Algunos llegó a pagarlos totalmente, otros parcialmente y otros siguen su curso. Y este Gobierno los reconoce como deuda legítima. Cabe mencionar que dichos regalos, habían empezado antes, cuando se acordó con el Club de París. A modo de ejemplo Kicillof aceptó pagar por la rescición de Aguas de Aconquija. https://www.lagaceta.com.ar/nota/563528/economia/nacion-pagara-deuda-aguas-aconquija.html
    Basta buscar en imágenes de archivo el color turbio del agua que esa empresa entregaba en la provincia de Tucumán. Y quienes rescindieron el contrato no fueron ningunos revolucionarios: fue durante las gestiones de Bussi – Palito Ortega. Si se siguen reconociendo como legítimos los fallos del Ciadi, en cualquier momento nos vamos a desayunar con que la deuda supera el 1000% del PBI. Porque no son sólo los reclamos que ha habido hasta ahora. Siempre puede haber un fondo buitre que compre los derechos de litigar contra el Estado Argentino y gane. Basta ver el litigio por la compra de derechos a Eskenazi para litigar por la estatización de Repsol, «porque fue discriminado como accionista minoritario en el acuerdo entre el Estado Argentino y Repsol»

  4. Fran dice

    Será posible plantearle al fmi el incumplimiento del convenio constitutivo (citado en este artículo)?
    Yo creo que es el único camino posible para salir de la crisis que tenemos toda Latinoamérica
    Gran ejemplo el de evo, que planteó ante la ONU la ridiculez de reclamar la deuda de bolivia en comparación con el saqueo por partede ña corona de españa durante casi tres siglos… Tan asi que nos quedo en nuestro vocabulario la frase «vale un Potosí»
    Con edtos reclamos, por medio de diplomacia consiguió que se le anule ña deuda externa que bolivia tenia con españa

  5. Luis Juan dice

    Estimada Magdalena:

    Excelente análisis.

    Si me permite, una digresión.

    Todos los responsables, co-responsables y partícipes necesarios de esta tierra arrasada, lamentablemente, resultan personajes o instituciones a la cara visible del Imperio, es decir, los Estados Unidos (que a su vez es controlado por el verdadero poder en las sombras con muy pocos invitados a la mesa). En efecto, la deuda es un mecanismo de control y subordinación a esos poderes.

    Pero no por ello deberían eximirse de rendir cuentas ante la justicia y responder patrimonialmente por el daño causado. Alguna vez, la patria debería demandárselo porque, además, son reincidentes y casi siempre los mismos. Caso contrario, no habrá salida del laberinto y el mundo ominoso que viene desde el futuro, resultará mucho más difícil de afrontar.

    Alfonso Galindo Lucas, en su libro “La utopía del mercado”, dice en su preámbulo “Vaya por delante que la pobreza es uno de los resultados y de las razones de ser del sistema económico mundial…”

    “…Existe, por supuesto, en la determinación de la importancia de los hallazgos, un elemento moral, que es bastante convencional, carente de mayores sofisticaciones: La supeditación del lucro particular al bien común se considera el principal criterio general de eficiencia.”

    “…La evolución de la Economía como Ciencia describe una tendencia muy marcada hacia la corrupción, hacia la superstición, la persecución, lo que Carl Sagan denominó la “anti-ciencia”. Sin embargo, en este ensayo trato de exponer las oportunidades que tenemos los economistas, no sólo de aparentar (como hasta ahora hemos hecho), sino de estar en posesión de las verdades más trascendentales para la humanidad actual y futura.”

    “El título de esta obra hace referencia a lo que, hasta el momento, ha sido la piedra filosofal (que no angular) de la Ciencia Económica durante mucho tiempo: El mercado. Cuando hablamos de “utopía”, nos referimos a una palabra inventada por Thomas More en 1516, para designar a algo que, literalmente, no está en ninguna parte.”

    “…En una etapa del capitalismo en que la búsqueda de mercados está llevando a la necesidad cada vez más urgente de exterminar al competidor y a gran parte de la población de determinados países, una solución comprensible, dentro de lo que cabe, es la derivación del concepto de consumidor, referido hasta el momento al individuo o persona física, a un tipo de cliente mucho más interesante: La persona jurídica. Esa persona jurídica puede ser el propio sector público o bien el sector privado alentado y respaldado por el sector público: Organizaciones No-Gubernamentales (ONG) y Pequeñas y Medianas Empresas (PYME).”

    “…Tal ha sido el fervor científico acerca del mercado que el propio Sir Lionel Robbins, en su famoso ensayo de 1932, lamentaba que los economistas no se ocupasen del funcionamiento interno de las organizaciones, sino de lo que sucede en el mercado (En Coase, 1994). En ese mismo sentido, el premio Nobel, Herbert Simon, apreciaba en 1991 que la Economía seguía centrada en el funcionamiento de los mercados, más que en la naturaleza y cometido de la empresa y advertía que en la actividad económica predominan las organizaciones y no los mercados. Ese mismo año recibía el Nobel el discípulo más destacado de Robbins, Ronald Coase, y en su discurso incidía en este problema: “La microeconomía se refiere principalmente al estudio de la determinación de precios y producción… la empresa y el mercado se mencionan, pero carecen de sustancia” (1994).”

    “…Pero en la actualidad, cuando se produce alguna de esas situaciones, es normalmente debido a algún cliente poderoso de esa actividad, que consiente o incluso propicia la competencia y no participa en ella. Es decir, en la mayoría de los procesos de fijación de precios y en las decisiones de compra, hay agentes que están por encima del mercado y del Estado.”

    “…El capitalismo es hoy el sistema caracterizado por la ausencia de mercado y por la ineficiencia, por el descenso de las rentabilidades y la falta de oportunidades empresariales; por la ausencia de libertad de empresa. La concentración empresarial y el exceso de capacidad hacen imposible un modo de asignación de recursos tan utópico como el libre mercado. El sistema de competencia alabado por Adam Smith llevaba, efectivamente, el germen de su propia destrucción. La providencia de la “mano invisible” ha retornado al ideario económico para sustituir a la del gasto público. Pero, desde 1989, el sistema dominante ya no representa la libertad de empresa, sino algo netamente distinto, que aspira a convertirse en un “nuevo orden”. Incluso ha mudado recientemente el nombre “capitalismo” por el de “globalización”, cuyo agotamiento también se vislumbra en una convalecencia post-global; un periodo de secuelas en el que estamos.”

    “…“la anarquía económica de la sociedad capitalista, tal como existe hoy, es la verdadera fuente de todos los males. La competencia ilimitada provoca el derroche de trabajo y la amputación de la conciencia social de los individuos.” (Einstein, A., 1932). En esta afirmación tenemos un ejemplo del alcance que puede ser achacado a la pasividad científica de los economistas, pues según parece, estamos consistiendo que el sistema cultural y educativo, nada menos, corra peligro por no contrarrestar lo que más adelante denominaré “la lógica del lucro”. Una cita más reciente y directa, acorde con el significado de esta idea, puede extraerse de Stanfield (1986), quien afirma que “el mito del mercado y la glori- ficación del beneficio produce una tendencia perversa de dominación de la vida social, cultural y política por razones económicas.””

    “…No es vano partir del ejemplo del prisionero para estudiar esta problemática, pero es preciso advertir que nuestras vidas no se desarrollan en una situación límite. Hay una regla, no obstante, que es muy necesario recordar: El número de cooperantes es inversamente proporcional a las probabilidades de éxito de la cooperación. Cuando este número es bajo, por ejemplo, en un duopolio, existe una tendencia casi natural al mutuo acuerdo en pos del mutuo beneficio, pero cuando los que comparten un interés son muchos y no se conocen, se diluye el incentivo a cooperar y se haría necesaria la implantación de un mecanismo adicional de incentivos. Esto puede explicar por qué los intereses empresariales concentrados consiguen controlar a las instituciones públicas, en muchas ocasiones, con mucha mayor efectividad que los votantes o los contribuyentes y por qué los consumidores no son capaces de hacer valer sus derechos frente a las empresas de telefonía, crédito, vivienda, etc.”

    “Los incentivos adicionales a la cooperación tendrían que ser implantados por iniciativa de los propios interesados, ya que el sector público, en el esquema que aquí se defiende, está más bien incentivado a evitar que esas iniciativas se produzcan. Esto es un círculo vicioso en el que los intereses empresariales han tenido siempre ventaja, desde que en la antigua Grecia se inventó la democracia. Es difícil de resolver, pues toda iniciativa de control ciudadano hacia las instituciones se enfrentará no sólo a la desgana generalizada de los interesados, sino también con mecanismos disuasorios desarrollados a través de dichas instituciones. Como ocurre en las sociedades por acciones, sólo tendrá incentivo para controlar a las instituciones aquél que se convierta en accionista mayoritario de éstas. El resto, se conformará con un dividendo razonable que, en términos políticos, se denomina “pan y circo”.

  6. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Esto es conocido por todos desde hace muchísimos años, pero aquellos a los que elegimos para que nos representen siguen haciendo lo mismo para que ocurran las mismas consecuencias, con lo cual sólo resta confirmar que no hay posibilidades de elegir a nadie que represente la soberanía argentina.
    ¿Por qué los legisladores que fueron oposición al macrismo le dieron los instrumentos para que esto que aquí se describen se volvieran a repetir?
    ¿Por qué el sistema judicial argentino no actuó en contra de ese sistema perverso?
    ¿Por qué deberíamos creer en alguien con autoridad luego de tantos años de miserables consecuencias?
    Están llegando las horas de la verdadera revolución y se oirá muy fuerte el QUE SE VAYAN TODOS.
    ¿O algún dirigente alguna vez hará valer la soberanía argentina sin importar las consecuencias?

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