Deuda que mata

La culpa de deber

Detalle de "Gefallen" de Käthe Kollwitz.

 

El tema de cómo la deuda condiciona la vida del deudor no es nuevo. Walter Benjamin dijo que "el capitalismo es un culto culpabilizante, no expiatorio". La deuda no es un contrato, es una penitencia. Y toda condena necesita un culpable. Nosotros somos los condenados, pero también podemos ser los que rompan el castigo.

La relación social entre acreedor y deudor es profundamente asimétrica. Friedrich Nietzsche —partiendo de que, en muchas lenguas, deuda y culpa comparten la misma raíz etimológica— vinculó el endeudamiento con la culpa y la responsabilidad. El capitalismo neoliberal ha sabido explotar esa conexión, transformando una relación desigual en un dispositivo moral que convierte al deudor en responsable de su propia desgracia.

El endeudado —sea un país o una persona— no solo debe devolver lo que recibió (más intereses): debe merecer el crédito que se le otorga, y si no puede pagar, debe justificarse ante su acreedor, ante su familia y ante sí mismo. La vergüenza del deudor es el lubricante del sistema: hace que el control sea innecesario porque el propio sujeto se vigila, se autocastiga y se disciplina. Esa es la forma más sutil de gubernamentalidad: la que se ejerce desde dentro, sin capataces ni vigilantes.

Michel Foucault sentó las bases teóricas que muestran que la deuda tiene poder y gubernamentalidad, ya que no solo reprime, sino que convierte a las personas en sujetos dóciles y útiles [1].

Elettra Stimilli ("Deuda y culpa" y "Débito del viviente") profundizó la relación semántica y teológico-política del término [2] . Para la filósofa italiana, la deuda no es un asunto técnico-económico, sino la manifestación de una forma de poder represivo que involucra tanto al Estado como al mercado. Es un dispositivo que convierte a los deudores en culpables y que es utilizado por el imperio como herramienta de gobernanza global. No disciplina por la obligación de honrarla, sino porque hace sentir al insolvente culpable de haberla contraído.

Stimilli recuperó las palabras proféticas de Walter Benjamin, que definió el capitalismo como un "culto endeudante" que "no es expiatorio, sino culpabilizante". Y como todo culto, exige sacrificios. Pero aquí está la trampa del capitalismo. En la religión judeocristiana —y en los credos en general— el sacrificio tiene un fin: la expiación, el perdón, la redención. El creyente ofrece algo valioso y, a cambio, la culpa se disuelve. En el capitalismo, en cambio, el sacrificio no redime, no purifica, no absuelve; solo perpetúa y abre la puerta al siguiente préstamo. Los tiempos transformaron la culpa religiosa en culpa económica, que nunca terminará de pagarse, y esa perpetuidad es lo que mantiene disciplinado al deudor.

El ciudadano contemporáneo, alimentado por la lógica impuesta por el sistema de consumo, se convierte en deudor y, de esa forma, ingresa en una "ascesis perpetua" que lo lleva a sacrificar su presente y su futuro para saldar una deuda que nunca se extinguirá. A diferencia de las religiones que brindan redención, el capitalismo solo perpetúa la culpa.

Maurizio Lazzarato plantea que la historia y la evolución natural del sistema capitalista han demostrado que la deuda no es una relación contable, sino un vínculo de sujeción, servidumbre, control y expoliación [3]. Es un "mecanismo biopolítico" que modela las conductas y expectativas de la sociedad. El deudor vive apremiado por la promesa de pagar lo que debe y, para seguir viviendo, debe demostrar solvencia, capacidad de pago y compromiso de honrar sus deudas. El "hombre endeudado" ya no es solo un trabajador explotado; es un "sujeto precarizado, vigilado y culpable", que debe demostrar permanentemente su solvencia para seguir siendo considerado un miembro digno de la sociedad.

Gilles Deleuze y Félix Guattari prestaron especial atención a que la sociedad moderna dejó atrás los tiempos de las "sociedades disciplinarias" que actuaban en espacios cerrados (como la fábrica) para pasar a un sistema de "sociedades de control" donde la vigilancia es continua, al aire libre, y utiliza diferentes mecanismos, entre los cuales la deuda es uno de los más claros y precisos [4].

Lazzarato opina que el keynesianismo y la izquierda no han comprendido el cambio de era; se quedaron con las recetas de producción, empleo y consumo sin considerar el papel de la deuda. Junto a Stimilli, denuncian que la deuda ha desplazado al trabajo como eje estructurante de la sociedad.

Sigamos el proceso:

 

El sistema capitalista forma individualistas, y su autopercepción (estatus) se relaciona con su consumo. Ello genera una presión consumista que los lleva a gastar por encima de su capacidad y, por lo tanto, a endeudarse. Una vez que están dentro de la "picadora de carne", el sistema los hace sentir culpables y pone en primer lugar honrar la deuda, lo que deriva en recortes de otros consumos. En otras palabras, el consumo adelantado gracias al crédito recibido restringe el consumo futuro. Esto es, ni más ni menos, una violencia simbólica y correccional.

La deuda actual de los hogares argentinos —con bancos, tarjetas de crédito, ANSES, Mercado Pago, prestamistas privados, narcotraficantes barriales, familiares, amigos...— esta vez no fue para satisfacer el ego, sino para gastos de primera necesidad: comida, transporte, servicios públicos, medicamentos. Y los acreedores —salvo la deuda a familias y amigos— tienen como denominador común su ferocidad, y ello incluye al ANSES y a los bancos públicos bajo la gestión Milei.

El 61% de los hogares argentinos percibe que aumentó su deuda, y la mora crece. Tienen que explicar por qué se endeudaron "sin que les pusieran un revólver en la cabeza", por qué se convirtieron en "mal pagadores", por qué no tienen trabajo y se convirtieron en morosos.

Veamos algunos datos, tomados de diversas fuentes dada la escasez de información oficial. Si hay alguna diferencia con la realidad, seguramente el error será que la situación real es peor.

 

 

Trasladado a escala internacional, el FMI, Estados Unidos y los "fondos buitres" se volvieron adictos a la misma fórmula. Aplican la lógica que las entidades financieras, las plataformas y los prestamistas narcos utilizan con los individuos: convierten a los deudores en culpables y sumisos para que entreguen su soberanía. Mientras al individuo se le exige trabajo, a los Estados soberanos se les reclama la entrega de sus recursos estratégicos. La escala cambia, pero el mecanismo moral es el mismo. La historia es vieja, aunque los mecanismos se sofistiquen.

Las estrategias imperiales siempre incluyeron entre sus formas de dominación el endeudamiento. Eso obligó a la periferia a entregar "las joyas de la abuela" —petróleo, metales preciosos y minerales raros, carne, cereales y oleaginosos, energía, tierra y agua— para cumplir con las obligaciones.

El caso de la Argentina es un ejemplo clásico. El don recibido de la naturaleza —la extensión, la feracidad de su suelo, sus ríos, su litoral marítimo, sus minerales— lo convirtió en una gran obsesión de los imperios. Los británicos hicieron dos intentos de invasión y fracasaron, pero nunca perdieron su deseo. La ocupación británica de las Islas Malvinas en 1833 se sostiene en el siglo XXI porque significa la posesión de una base estratégica en el extremo sur del continente americano. Pero no olvidemos el tercer intento, que comenzó con un empréstito y rindió a "los piratas" muy buenos resultados.

Veamos la secuencia del endeudamiento argentino, que empieza con el empréstito Baring Brothers y culmina con el acoso del FMI y los fondos buitre:

  • Ciclo 1 (1824-1890): La deuda como instrumento de fundación. El imperio británico nos presta para nacer, pero nacemos hipotecados.
  • Ciclo 2 (1976-2001): La deuda como mecanismo de desindustrialización. Dictadura + Menem: la deuda sirve para abrir la economía y liquidar el aparato productivo.
  • Ciclo 3 (2016-actualidad): La deuda como dispositivo de ajuste perpetuo. Macri-Milei: ya no se pide plata para crecer, se pide plata para ajustar y fugar, y el FMI lo legitima.

Nuestra historia no es la de una nación que no sabe administrar sus finanzas; es la crónica de un país al que le robaron su soberanía con un contrato usurario, y al que, cada vez que protesta, le recuerdan que la culpa es suya por haber firmado. Pero la culpa, como bien lo sabe el deudor que despierta, se puede arrojar por la borda. Cuando la vergüenza desaparece, el poder del acreedor se desvanece. Y entonces, deja de ser un dispositivo de control para convertirse en lo que siempre fue: una prueba más de la brutalidad del imperio.

¿Por qué los argentinos debemos pagar la deuda tomada por gobiernos que propiciaron la fuga de capitales, entregaron el patrimonio nacional y aumentaron la injusticia y la desigualdad? ¿Por qué debemos sufrir por las deudas contraídas cuando perdimos nuestros ingresos por culpa de la política de Milei, apoyada por "el círculo rojo", Trump, Netanyahu, los señores feudales y los fondos buitre?

Lazzarato y Stimilli nos llaman a la insumisión. Como planteó Michel Foucault, el poder está en todos lados y se vuelve tan omnipotente que olvida que el dominio produce resistencia y, a veces, genera un movimiento rebelde que hace tronar el escarmiento. Si el sistema se sostiene sobre la culpa del deudor, la única forma de romperlo es que el deudor deje de sentirse culpable; que el argentino, el griego, el ecuatoriano, el trabajador precarizado, entienda que no es un moroso, sino un saqueado. Cuando el deudor soberano —como la Argentina en 2002 o 2020— dice "no pago" y se organiza políticamente, el poder del acreedor se derrumba. La deuda solo disciplina mientras el deudor cree en su propia culpa. Perder la vergüenza es el primer acto de soberanía.

Hay que romper la ficción creada para legitimar el saqueo, que ha convencido a la sociedad de que, una vez tomada una deuda, nuestro deber moral es pagarla. Romper esa ficción es la tarea política de nuestro tiempo. Y solo puede hacerse desde abajo, desde el barrio, desde la asamblea, desde la coordinación entre pueblos. La deuda es un dispositivo de expoliación, sí, pero también un campo de batalla. En esa lid, el arma más poderosa no es el dinero, es la organización popular. Cuando un pueblo se reconoce en otro, cuando el argentino se siente hermano del ecuatoriano, del boliviano, del africano, del asiático, la deuda deja de ser una condena individual y se convierte en lo que siempre fue: una prueba más de la brutalidad del imperio, que nos somete porque creemos en su relato. Dejemos de creer. Empecemos a construir.

La propuesta no puede ser meramente técnica —renegociar, refinanciar—, sino política: se trata de cuestionar la legitimidad misma de la relación deuda-acreedor. En términos de endeudamiento externo, es razonable lo que propone Guillermo Michel. La deuda con el Fondo tiene dos partes: una técnico-económica (lo que Argentina podía recibir de acuerdo con la relación técnica del organismo) y la que fue otorgada por decisión extraeconómica de su Directorio. Esta deberá ser rediscutida soberanamente. La forma de insumisión de la deuda privada deberá ser decidida por la comunidad.

Lo importante es organizarnos como comunidad nuestramericana. Romper el mandato forzado de atomización impulsado por los europeos. Y subir la apuesta: coordinar nuestra rebeldía con África, Asia, los BRICS. Solo de esa forma nuestra fuerza se hará soberana.

La comunidad es una construcción de abajo hacia arriba. Debe nacer desde las bases, desde los barrios, los pueblos, las regiones, las naciones, Nuestramérica, el Tercer Mundo.

 

 

 

[1] Michel Foucault, Vigilar y castigar.
[2] Elettra Stimilli, Deuda y culpa y Débito del viviente.
[3] Maurizio Lazzarato, Gobernar a través de la deuda y La fábrica del hombre adeudado.
[4] Gilles Deleuze y Félix Guattari en Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia.

 

* Carlos Cleri es miembro del Movimiento Productivo 25 de Mayo, organización libre del pueblo de carácter horizontal que representa a la producción y está integrada por pymes y cooperativas. El MP25M sostiene una relación permanente con las organizaciones libres del pueblo que representan al sector del trabajo.

 

 

Continue using AI Cursor?Keep it onTurn Off

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí