Diciembres

A 17 años del asesinato de Gastón Riva, muerto durante la represión de 2001

 

Aquellos que conocimos a Gastón Riva en Villa Ramallo sabíamos que en su juventud era de temer. Si había alguna pelea y estaba Gastón metido, el ganador sería él. Fornido y de buena piña. Con el tiempo dejó atrás su etapa de medirse con otros para medir un sueño más importante: su familia. Así partió hacia Buenos Aires. Esa sería su mayor pelea.

Una tía de Gastón terminó siendo el vínculo entre Gastón y María Arena. “Nos engachamos al toque”, recuerda María. Fue en el verano del ’92. “Vivimos juntos desde febrero del ’93, esperando ya a Cami”, dice. Camila es la mayor de sus tres hijos. Sabiendo que iba a ser papá, Gastón se mudó a Buenos Aires. Convivieron en principio en la casa de los padres de María y luego se mudaron a un departamento que ellos les cedieron.

Ese 20 de diciembre de 2001 Gastón no se quedó donde debía estar. Se dirigió donde estaba la protesta social al Estado de Sitio decretado por de la Rúa. Tomó la decisión de dirigirse esa tarde a Plaza de Mayo en su moto CG 125 Honda Titán, con la que se desempeñaba de cadete de día y repartiendo pizzas de noche. Fue mortalmente baleado por la policía cuando transitaba por Avenida de Mayo entre Bernardo de Irigoyen y Tacuarí.

María Arena se encargó de ponerle ruido a ese silencio de injusticia que reinaba. Lo comenzó a hacer con actos en Villa Ramallo y Buenos Aires. En compañía con los motoqueros compañeros de su marido, comenzaron a reivindicar a Gastón rindiéndole homenajes en la ciudad donde vivió durante 20 años.

 

María Arena junto a los padres de Gastón, Edda y Juan, en un homenaje de 2002.

 

Todavía se recuerda el rugir de las motos en el cementerio de Ramallo, cuando venían desde Buenos Aires los motoqueros nucleados en el Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes (SIMECA). En uno de los homenajes trajeron un colectivo de línea que se caía a pedazos. Descendieron tres mujeres. Dos Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora que vinieron a gritar Gastón Riva presente en el cementerio. Nora Cortiñas y Taty Almeida desafiaban el calor extremo aquel 21 de diciembre de 2002. La tercera era Mabel Ruiz, la madre de Maximiliano Kosteki, víctima de la represión del 26 de junio donde fueron asesinados él y Darío Santillán ese año que llevó a que el senador Duhalde, a cargo del Poder Ejecutivo, adelantase las elecciones.

En el camino de búsqueda de justicia María Arena encontró el apoyo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), logrando una condena para los responsables cuando el Tribunal Oral Federal nº 6 en mayo de 2016 dio a conocer el fallo por la represión policial del 20 de diciembre de 2001 que ocasionó cinco muertes y decenas de heridos en la ciudad de Buenos Aires. Fueron condenados Enrique Mathov, ex secretario de Seguridad Interior del gobierno de Fernando de la Rúa, y Rubén Santos, ex jefe de la Policía Federal Argentina (PFA), por ordenar y dirigir la represión policial. También fueron condenados Norberto Gaudiero y Raúl Andreozzi por sus responsabilidades en el operativo y otros cinco funcionarios policiales. Se absolvió a otros seis policías y sobreseyó a otros dos. “Por primera vez el Poder Judicial consideró que los funcionarios públicos son penalmente responsables de las consecuencias que tiene la orden de reprimir una protesta social”, remarcó por entonces el CELS en su comunicado.

Fernando de la Rúa, que dictó el Estado de Sitio, fue sobreseído dejando un sabor amargo en los familiares y en la sociedad. “Todas las condenas fueron apeladas por sus defensas y todavía no quedaron firmes y el juicio terminó hace más de dos años, por lo tanto hace dos años que estamos esperando que se expida la Cámara”, señala María Arena.

“Desde hace unos meses o tal vez durante todo este año me vengo preguntando por cómo están las cosas y el contexto tan lamentable que estamos viviendo: ¿de qué sirvió?”, agrega. “Acá en Buenos Aires es muy triste salir y ver familias enteras durmiendo en colchones. Es lamentable que algunos piensen todavía que hay que darle una oportunidad a este gobierno, cuando esto ya lo vivimos, esa es la similitud —la peor similitud— que le encuentro con la Alianza de Fernando de la Rúa”.

Le pone palabras a un sentir que la angustia. “No puedo entender que haya gente que acepte el asesinato de otra persona aunque esté cometiendo un error. No me entra en la cabeza que haya gente que siga justificando la violencia desde el Estado cuando nosotros tuvimos muchas malas experiencias en ese sentido”, dice y recuerda a Gastón como un luchador nato. “Yo tuve la mala experiencia de que hasta familiares y conocidos me hayan dicho: ¿Qué hacía Gastón ahí, si tenía tres hijos? Creo que ese era el asunto, la cuestión. Estaba pensando justamente en el futuro de sus hijos”, reflexiona María.

Le resulta muy difícil encontrarle un sentido a la muerte de tanta gente. Desea que no haya sido en vano, pero este diciembre nefasto la nubla. Aunque aun así saca fuerzas para decir que “la búsqueda de justicia continúa, no terminó con el juicio porque prácticamente los condenados están libres, la mayoría se la está llevando de arriba. En el caso de Alberto Márquez no hay culpables cuando es uno de los casos donde hay más imágenes, se ve perfectamente cómo bajan de los autos y tiran”, dice. “A 17 años todavía duele y sigue doliendo. Estamos repitiendo la historia. Este es un gobierno repetido, con medidas repetidas, con situaciones similares y decisiones lamentables como aquellas. La diferencia es que Macri tiene un blindaje mediático que no tuvo De la Rúa, a quien gastaron y le quitaron el apoyo”, analiza.

«Las urnas dicen que lo que aprendimos en 2001 no fue suficiente porque aprendimos sólo algunos. Otros no aprendieron que estos gobiernos nos llevan a la ruina en todo sentido”. Desliza como reflexión final que “no quiero otro 2001, pero la verdad es que si este pueblo no reacciona la vamos a pasar muy mal. En 2019, antes de poner un voto, debemos pensar que pueden pasar cosas como estas y no dejarnos llevar por el odio que nos imponen”.

 

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