Una conferencia celebrada en Israel con motivo del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto contó con una nutrida presencia de líderes de partidos de la ultraderecha europea que en el pasado se referenciaban en el antisemitismo. Los oradores señalaron que el islamismo y el progresismo de izquierda son actualmente las fuerzas impulsoras del antisemitismo en el mundo, y en particular en Europa. De allí que denunciaran la existencia de una alianza “roji-verde" para intentar ligar las críticas al genocidio en Gaza, que provienen de los partidos progresistas occidentales, con las posiciones del islamismo radical.
Durante su intervención, el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, dijo que los musulmanes radicales y los "progresistas ultra-anti-occidentales" quieren "destruir Occidente" y están planeando una "guerra mundial contra los judíos". Netanyahu argumentó que una invasión del islam militante amenaza a todas las sociedades y ciudades occidentales, añadiendo: "Lo que Israel está haciendo hoy no es simplemente defenderse a sí mismo: los está defendiendo a ustedes, defendiendo todo".
El discurso de Netanyahu, apoyándose en una fabulada teoría conspirativa, marca el intento de llegar a un público europeo conservador, que cree que Israel hace la tarea sucia en favor de Occidente. Lo que demuestra que, tal como había señalado Enzo Traverso, “el orientalismo no ha muerto en el mundo global del siglo XXI; la atmósfera sigue saturada de él. Sus axiomas no han cambiado; permanecen fijos en una dicotomía ontológica imaginaria entre civilización y barbarie, progreso y atraso, Ilustración y oscurantismo”.
Reconversión de la ultraderecha
La reconversión de los partidos de ultraderecha europeos —que en el pasado reciente alentaban el antisemitismo— en fervientes partidarios de Israel no es una novedad. El fenómeno ya había sido señalado por Traverso en su ensayo Gaza ante la historia (Ed. Akal), al denunciar que la derecha conservadora y la extrema derecha se han convertido en ardientes defensores del sionismo, por el motivo de que los inmigrantes árabes y los musulmanes funcionan mucho mejor que los judíos como chivos expiatorios. En la conferencia celebrada en Jerusalén, convocada por el ministro de la Diáspora Amichai Chikli, participaron líderes de las formaciones europeas de ultraderecha.
János Bóka, ministro húngaro de Asuntos de la Unión Europea, afirmó que los orígenes de la corriente antisemita que está surgiendo en Europa se remontan a dos ideologías dispares pero que cooperan: "Una es la versión radical del islam político, y la otra es la nueva izquierda radical o movimiento woke”. Añadió que “tanto el islam radical como el movimiento progresista cuestionan la civilización judeocristiana o los fundamentos de Europa y pretenden sustituirla por algo distinto”.
En la conferencia estuvieron presentes destacadas figuras de la ultraderecha mundial, como el Primer Ministro albanés, Edi Rama; Scott Morrison, ex líder del Partido Liberal de Australia que se desempeñó como Primer Ministro del país entre 2018 y 2022; el ex canciller austriaco Sebastián Kurz; Jimmie Åkesson, líder de los Demócratas de Suecia —un partido fundado por neonazis en 1988 y boicoteado por diplomáticos israelíes hasta el año pasado—; Dominik Tarczyński, miembro del Parlamento Europeo por el partido polaco de extrema derecha Ley y Justicia; el belga Sam van Rooy, miembro de la Cámara de Representantes del país por el partido nacionalista de derecha Vlaams Belang. El populista holandés anti-musulmán Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad, y el presidente de Vox, el español Santiago Abascal, participaron por videoconferencia. También estuvieron presentes Flavio Bolsonaro, hijo del ex Presidente brasileño de extrema derecha Jair Bolsonaro, quien en su discurso tachó de “antisemita” al actual Presidente de Brasil, Lula da Silva, y el ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Argentina, Mariano Cúneo Libarona. Por su parte, el senador estadounidense Ted Cruz, al dirigirse al evento a través de un video, dijo que "hace una década había antisemitismo en la izquierda en Estados Unidos, y ahora ha consumido al Partido Demócrata". Leo Terrell, jefe del grupo de trabajo del Departamento de Justicia de Estados Unidos para combatir el antisemitismo, abogó por la desfinanciación de las universidades estadounidenses que “han experimentado un aumento del antisemitismo desde el 7 de octubre” y atacó a los medios de comunicación de su país, "que utilizan el odio a los judíos y apoyan el antisemitismo", nombrando a CNN, MSNBC, New York Times, Washington Post y Los Ángeles Times.

El uso del antisemitismo
Como señala Enzo Traverso, estamos asistiendo al fenómeno de la transformación del viejo antisemitismo que se dirigía contra los judíos en un nuevo antisemitismo imaginario que sirve para criminalizar las críticas a Israel. En su opinión, no es un fenómeno nuevo, porque desde su fundación el sionismo trató de utilizar el antisemitismo para conseguir sus propios fines. Mientras que los antisemitas europeos querían expulsar a los judíos, los sionistas intentaban convencerlos de que emigraran a Palestina, de modo que había una coincidencia en el objetivo de favorecer la emigración de las minorías judías residentes en Europa. No sorprende que las ultraderechas acojan con simpatía el hecho de que en la actualidad los judíos estén situados en un Estado, lejos de sus espacios nacionales.
Históricamente el sionismo surgió como un movimiento que buscaba una solución política para el problema milenario de la injusta persecución y acoso que habían sufrido las minorías judías desde la Edad Media. Era una causa justa, pero desde los inicios fue teñida por la adopción de los principios ideológicos del nacionalismo étnico que incubaba el huevo de la serpiente del belicismo en toda Europa. Al utilizar el argumento de la Biblia para legitimar un derecho supuestamente concedido por Dios al pueblo elegido, y justificar así la expulsión de los habitantes de la Palestina histórica, el sionismo terminó adoptando metodologías similares a los pogromos que acabaron en el horrible crimen del Holocausto. El genocidio actual en Gaza evoca aquella terrible sentencia pronunciada por Kant en 1784: "De la madera tan torcida de la que está hecho el hombre, nada completamente recto puede ser hecho".
Al borde del abismo
Según la opinión del historiador judío Ilan Pappé expuesta en su reciente ensayo Israel on the Brink (Israel ante el abismo), estamos presenciando el principio del fin del Estado de Israel como “Estado judío”, o al menos del proyecto sionista tal como lo conocemos. Considera que estos procesos se encuentran ahora en una situación tal que su impulso es imparable y conducirán a un cambio fundamental sobre el terreno en lo que hoy es la Palestina histórica. Opina que sería muy ingenuo imaginar el fin del proyecto sionista como una transformación feliz y rápida de una realidad de ocupación y opresión a un país donde se garanticen las libertades y se restablezca la justicia para todos los que fueron agraviados en el pasado. Por ese motivo aboga por una transición que sea lo más pacífica y constructiva posible, tanto para las víctimas de la opresión como también para quienes ahora temen que, al perder sus posiciones de privilegio y superioridad, puedan convertirse en nuevas víctimas. Sostiene que hay grietas tan profundas en los cimientos del Israel sionista que ningún trabajo de mantenimiento puede repararlas, de modo que la cuestión del derrumbe del edificio no es si ocurrirá, sino cuándo. Considera que la única esperanza para los israelíes judíos en el futuro es mostrar su voluntad de vivir como ciudadanos iguales en una Palestina liberada y descolonizada y confía en que muchos de ellos lo harán.
El sionismo actual es diferente del sionismo original imaginado por figuras históricas como Theodor Herzl, su padre fundador, o incluso David Ben-Gurion, el Primer Ministro de Israel. En los asentamientos judíos ilegales construidos en Cisjordania a partir de 1967 ha arraigado una nueva forma de sionismo que Pappé denomina el “Estado de Judea” para diferenciarlo del Estado de Israel. Lo describe como una fusión del sionismo religioso y el judaísmo ortodoxo. En el pasado, el judaísmo ortodoxo era antisionista, pero los judíos ortodoxos de ascendencia árabe (los mizrajíes) poco a poco se convirtieron en fervientes partidarios del sionismo. El Estado de Judea también incluye pequeñas comunidades de judíos estadounidenses inspirados por la Liga de Defensa Judía Estadounidense y su gurú, el rabino Meir Kahane, y un número menor de judíos rusos. Lo que une a todos estos grupos es la visión de un Israel más religioso y teocrático, guiado por una versión racista y supremacista del sionismo, que pretende la creación de un Gran Israel a lo largo y ancho de toda la Palestina histórica. Pappé considera que, de lograr convertirse en el grupo social hegemónico en Israel, sus víctimas no se limitarían a los palestinos, sino que también los ciudadanos judíos que desean vivir en un Estado liberal, democrático y pluralista sufrirían las consecuencias.
La otra novedad es que los judíos del mundo ya no se identifican con el sionismo, como lo demuestran las manifestaciones en las universidades norteamericanas con participación de jóvenes judíos criticando el genocidio en Gaza. Es de suponer que, sin un fuerte apoyo de la comunidad judía, el lobby estadounidense a favor de Israel se mantendrá sólo con los sionistas cristianos y los republicanos de extrema derecha. Esto explica el motivo que lleva a Israel a buscar nuevos apoyos internacionales en partidos y movimientos fascistas y nacionalistas de ultraderecha. El Consejo Judío de Australia acaba de pedir al gobierno de su país que cancele la invitación cursada al presidente de Israel, Isaac Herzog, para participar en un homenaje a las víctimas de la masacre de Bondi Beach. El grupo progresista judío calificó a Herzog como el “jefe de un Estado que ha cometido un genocidio contra los palestinos”, y agregó que “no nos representa y su visita solo alimenta la división y nos hace a todos menos seguros”.
Israel ha venido violando el derecho internacional desde su formación como Estado y en su operación de destrucción de Gaza ha contado con el apoyo incondicional de Estados Unidos y varios países europeos como Alemania e Italia, que han suministrado la mayoría de las bombas utilizadas en la Franja. Sin embargo, el proyecto de construir una sociedad étnicamente pura, excluyendo a los no judíos, constituye una distopía de difícil materialización en el mundo moderno. El genocidio llevado a cabo sin compasión alguna por los niños abatidos por millares constituye una mácula que seguirá arrastrando el Estado judío por mucho tiempo. Si bien la sociedad israelí, atrapada por el ánimo de venganza después del ataque del 7 de octubre de 2023, ha aceptado sin complejos la dinámica impuesta por el gobierno criminal de Netanyahu, es probable que esa situación se revierta. La sociedad israelí ha sabido convivir durante mucho tiempo entre un componente laico y otro religioso, pero ese equilibrio, con las nuevas coaliciones apoyadas en la ultraderecha, se ha ido inclinando en favor del estamento religioso. La consecuencia es que la intolerancia y el fanatismo de los grupos ultraortodoxos está provocando el éxodo de los profesionales laicos de clase media que están emigrando masivamente, huyendo también de una sociedad militarizada que reclama la sangre de las generaciones jóvenes para continuar con la construcción de la Gran Israel. Como señala Ilan Pappé, la actitud del Estado de Judea hacia los judíos seculares es la verdadera bomba de relojería que, tarde o temprano, socavará cualquier intento de unificar y cohesionar la sociedad israelí. De allí su llamamiento a construir un único Estado binacional, democrático y laico que cobije en su seno, en igualdad de derechos, a ciudadanos árabes y judíos.
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