Diplomacia de filigrana

Venezuela ante un Donald Trump que busca el control de sus recursos naturales

 

Dos semanas después del secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de su esposa, la diputada Cilia Flores, todo parece indicar que la Presidenta encargada, Delcy Rodríguez, está muy bien considerada por Trump, quien se ha referido a ella como “una persona estupenda” al haber cumplido con todas sus demandas. Al menos así lo ha señalado el Presidente estadounidense después de una conversación telefónica que ambos sostuvieron el miércoles. A su vez, después de la comunicación entre ambos, Rodríguez dijo: “Hoy Venezuela se abre a un nuevo momento político, con entendimiento desde la diversidad y respeto por los derechos humanos”, aunque aclaró que no se admitirán mensajes de violencia ni intolerancia. Mencionó también que se continuaba con la liberación de los presos políticos iniciada por Maduro.

Al día siguiente, Donald Trump tuvo un almuerzo con María Corina Machado en un salón de la Casa Blanca. En este participaron el Vicepresidente J. D. Vance, Marco Rubio y otros funcionarios estadounidenses. Fue entonces cuando la opositora venezolana le entregó a Trump su medalla del Nobel de la Paz 2025 en un cuadro con una inscripción que decía: “En agradecimiento por su extraordinario liderazgo en la promoción de la paz mediante la fuerza, el impulso a la diplomacia y la defensa de la libertad y la prosperidad”. Finalizaba la dedicatoria con esta frase: “El coraje de Estados Unidos y de su Presidente Donald J. Trump jamás será olvidado por el pueblo venezolano”.

A pesar de toda esa lisonjería, no consiguió que Trump mencionara la instalación en el poder del supuesto ganador de las elecciones de julio de 2024, Edmundo González Urrutia, ni de ella como Vicepresidenta. Tampoco mencionó alguna fecha tentativa para la realización de nuevas elecciones. María Corina parece no recordar que pocos días antes de su visita Trump dijo que sería “muy difícil” para ella convertirse en la próxima Vicepresidenta. “No cuenta con el apoyo ni el respeto del país (…). Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”. Parece que las autoridades estadounidenses tampoco la respetan, ya que fue recibida por la puerta trasera de la Casa Blanca, lo que no le impidió decir que, tras una transición ordenada, su país será el mejor aliado que nunca haya tenido Estados Unidos de América. 

 

¿Una nueva etapa con Estados Unidos?

Mientras María Corina protagonizaba el espectáculo de la entrega del Nobel de la Paz a Donald Trump, un Presidente que hasta le ha cambiado el nombre a la Secretaría de Defensa por Secretaría de Guerra, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunía en Caracas con Delcy Rodríguez. Así, Trump le dejaba más que claro el lugar que Edmundo González Urrutia y ella ocupaban, al menos por ahora, en la realidad política de Venezuela.

Según The New York Times, un funcionario estadounidense informó que Ratcliffe se reunió con Rodríguez por indicación de Trump “para transmitirle el mensaje de que Estados Unidos espera mejorar su relación de trabajo”. Además, informó que ambos hablaron de la cooperación en materia de inteligencia, la estabilidad económica y la necesidad de garantizar que el país deje de ser un refugio seguro para los adversarios de Estados Unidos, especialmente los narcotraficantes.

En días pasados, las juntas ejecutivas del FMI y del Banco Mundial celebraron, discretamente, sesiones no programadas para evaluar la situación económica y financiera de Venezuela, y abordar (y condicionar) el otorgamiento de créditos que el país necesita para su recuperación. De igual manera, la junta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sostuvo un encuentro similar para abordar la situación venezolana. De acuerdo con información de Bloomberg, los directores del FMI y del Banco Mundial también tuvieron reuniones con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, con el objetivo de restablecer las relaciones formales con ese país, lo que requerirá desbloquear financiamiento externo y asistencia económica. Bessent también anunció que podría levantar sanciones adicionales a Venezuela en el muy corto plazo para facilitar la venta de petróleo.

Según lo informa esa misma agencia, se ha evaluado la posibilidad de que Venezuela acceda a cerca de 5.000 millones de dólares en activos de reserva conocidos como Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI en el marco de un posible plan de recuperación económica. Estos activos están a disposición de Venezuela, pero su acceso está suspendido debido al estatus internacional de reconocimiento de las autoridades del gobierno venezolano. Las conversaciones entre las autoridades estadounidenses y los organismos multilaterales buscan darle una solución.

Las relaciones entre Venezuela y estas instituciones fueron deteriorándose progresivamente desde el inicio del milenio, cuando el ex Presidente Hugo Chávez ordenó pagar las deudas para no depender de estas, debido a las condicionalidades de los programas económicos que imponían. Entonces, estaba muy presente “el Caracazo”, aquella gran revuelta popular acompañada de saqueos que estallaron en Venezuela en febrero de 1989, la mayor de la historia, en protesta contra las medidas económicas neoliberales y el paquete de ajustes del FMI instrumentadas por el gobierno de Carlos Andrés Pérez cuando apenas tenía dos meses en su cargo. Pérez ordenó al ejército reprimir las protestas, que dejaron alrededor de 300 muertos, según datos oficiales (más de 3.000 personas según organizaciones de derechos humanos). La Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó investigar y sancionar a los responsables del Caracazo, pero no hubo sanciones. Tampoco se permitió que se realizaran las exhumaciones donde se hallaban las presuntas víctimas. Estos hechos marcaron un punto de inflexión social y político en la historia venezolana. 

 

Las nuevas formas de intervención

Durante los más de cuatro meses de asedio y amenaza con buques de guerra estacionados en el Caribe, ambos contrincantes (Maduro y Trump) midieron sus fuerzas. En un escenario en el que las declaraciones y el derecho internacional son opacados por el peso de las armas, las declaraciones de los gobiernos de Rusia, China, Brasil, México, Colombia, Chile, Cuba, la Unión Africana, entre otros, no ayudaron. Venezuela estaba sola. Por otro lado, el gobierno estadounidense había fracasado en todos sus intentos para derrocar a Maduro, tanto durante el primer mandato de Trump como durante la presidencia de Joseph Biden. Esta vez Trump no utilizaría operaciones Gedeón, ataques con drones o presidencias paralelas. Actuaría con “firmeza”. 

Sin embargo, la experiencia de Irak, Libia y otros lugares donde Estados Unidos intervino militarmente generó caos e innumerables bajas en sus filas. Por eso, el Presidente no estaba dispuesto a exponerse a una invasión abierta en Venezuela, cuando su nivel de aprobación no llega a 40% y tiene probabilidades de perder las elecciones legislativas de medio término en noviembre de este año. La solución, por recomendación de la CIA, era dirigir y coordinar desde Estados Unidos a los actuales funcionarios del gobierno venezolano. Es decir, mantener la estructura del actual gobierno, que sería el protagonista de los cambios. Según The New York Times, la CIA emitió una primera evaluación según la cual Rodríguez, entonces Vicepresidenta de Venezuela, era considerada una política pragmática, por lo que mantenerla como dirigente interina era la mejor manera de evitar que Venezuela “cayera en una situación caótica” con repercusiones en Estados Unidos.

Así, Trump ha podido dedicar más tiempo a discutir la ampliación del papel de las empresas estadounidenses en la industria petrolera del país y poco ha hablado de democracia o narcotráfico. A nadie le cabe la menor duda de que a Donald Trump le interesa sobre todo el petróleo, aunque también otros recursos naturales como el oro, coltán, tierras raras y otros minerales estratégicos para la transformación digital y la industria de la guerra. 

Trump impulsará a las empresas petroleras estadounidenses a invertir en el sector, aunque en la primera reunión realizada con los CEO de las más importantes, a estas no se las vio tan entusiasmadas por falta de garantías. Los recursos para invertir en la industria petrolera no salen del Tesoro y se requieren años para recuperar una industria deteriorada que fue saboteada por Estados Unidos por mucho tiempo. Por otro lado, ahora que Estados Unidos maneja los ingresos del petróleo del país, China no ha perdido tiempo y reclama la deuda (por unos 20.000 millones de dólares) que Venezuela tiene con el país asiático, a ser pagada con petróleo.

 

 

Consideraciones

La destitución de Nicolás Maduro de la presidencia de Venezuela ha convertido al país en un experimento de una nueva hegemonía de Estados Unidos en América Latina. La partida recién empieza luego de la suerte de capitulación forzada de las autoridades venezolanas.

¿Cómo hará Trump para gobernar una Venezuela controlada por el chavismo cuando además se ha desprendido de la oposición más radical? El propio Marco Rubio ha indicado que la realidad es que la oposición (la más intransigente y golpista) no está presente en Venezuela y que cuando se celebren elecciones, Machado tendría la oportunidad de presentarse. Pero a corto plazo, señala, Delcy Rodríguez es vista como alguien que puede mantener el control de las fuerzas de seguridad, mantener las infraestructuras y “cooperar y coordinarse con el gobierno estadounidense”.

Tanto el gobierno estadounidense como el venezolano entienden que esta salida minimiza la pérdida de vidas. El país no contaba con respaldo efectivo para enfrentar una guerra con la primera potencia militar. Trump tampoco estaba dispuesto a que soldados estadounidenses perdieran la vida en una guerra de consecuencias y duración imprevisible si se hubiera optado por una incursión militar. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien ya había tenido contactos con Richard Grenel, el enviado de Donald Trump a varios países en conflicto, era la carta de solución. La estructura chavista se mantiene intacta. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa y jefe de las Fuerzas Armadas, Vladimir Padrino, con recompensas por 25 y 15 millones de dólares respectivamente, acusados de liderar el inexistente Cártel de los Soles, continúan en sus puestos.

El gobierno utilizará el retorno de Nicolás Maduro como bandera del chavismo, con lo cual la población tendrá una causa política alrededor de la cual se congregará y, más adelante, es probable que, como resultado de esos reclamos, el ex Presidente sea deportado a algún destino al que Maduro se negó cuando sostuvo la conversación con Trump en noviembre del año pasado. 

Tanto Delcy Rodríguez como su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, intentarán prolongar los tiempos de las negociaciones. Ellos no tienen el apuro de Trump, que necesita resultados rápidos y cerrar algunos de los innumerables frentes externos que sigue abriendo. Los problemas internos que afronta su país no son menores. Las protestas en Minnesota a raíz del asesinato de una mujer, madre de tres niños, por parte de agentes de la Policía migratoria (ICE) y la defensa que hizo el Presidente de ese proceder; el panorama económico y el juicio interpuesto por la administración Trump al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, para destituirlo y manejar esa institución a su antojo, son solo algunos de los problemas que enfrenta el Presidente, sin contar con la sombra de los archivos Epstein.

Mientras tanto, Nicolás Maduro, desde su reclusión en Nueva York, ha expresado su total confianza en Delcy Rodríguez y ha pedido su respaldo. La Presidenta interina busca preservar la paz del país y la unidad de su fuerza política, así como rescatar a Maduro y a Cilia Flores, aun cuando, como ella misma ha señalado, surgen muchas dudas del intercambio con su contraparte estadounidense.

 

 

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