Disimulo cambiario

El laborioso camino para conocer la verdadera cifra de la fuga de dólares

 

En abril, el resultado neto de la “formación de activos externos del sector privado no financiero” sumó U$D 2.341 millones (32% más que el mes anterior y el monto mensual más alto en lo que va del año). Traducido al castellano, significa que en dicho mes los argentinos, sumando individuos y personas jurídicas, compraron esa cantidad de millones de dólares para ahorrarlos dentro del país o transferirlos al exterior.

Es importante conocer exactamente cuántos dólares cuesta satisfacer la demanda para ese rubro específico por tres razones:

  1. Porque los dólares que se dedican a atenderla dejan de estar disponibles para sostener la actividad productiva. Por ejemplo, para el pago de importaciones de bienes de capital. Con los dólares que los argentinos compramos para ahorro el año pasado, aún después de restarles los que vendimos durante el mismo período, se podrían haber pagado casi todos los bienes que importamos en seis meses.
  2. Porque de todos los rubros que componen la demanda de dólares, las compras para ahorro son las más volátiles y menos predecibles, y por eso podrían disparar la próxima corrida cambiaria. Como sucedió el año pasado cuando saltaron 130% entre abril y mayo con las consecuencias por todos conocidas.
  3. Porque mientras las demás operaciones cambiarias tienen como justificación, contrapartida y límite una operación de la economía real, como el pago del precio por la compra de un bien importado o la devolución de un préstamo financiero, las compras para atesoramiento constituyen un fin en sí mismas y concretarlas sólo depende del impulso y disponibilidad de excedente de pesos del comprador. No están sujetas a restricción alguna desde agosto de 2016, cuando el Banco Central eliminó el último tope vigente de cinco millones de dólares mensuales por comprador.

Sin embargo, y a pesar de su trascendencia, la cifra total de compras netas para atesoramiento de residentes argentinos no figura destacada en ninguna frase de las 17 páginas del Informe de Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario correspondiente al mes de abril, que difundió el Banco Central hace diez días. En cambio, el lector del informe hallará resaltado en el resumen de “Aspectos principales” de la primera página el dato de que las “personas humanas” compraron U$D 1.500 millones para “atesoramiento y viajes al exterior”, un “monto que mostró un descenso de 35% respecto a las compras… de abril”. Los millones que faltan del total mencionado al principio de esta nota se explican por la decisión del Banco Central de no presentar sumadas las compras de los seres humanos con las de las personas jurídicas que suelen usar para desarrollar su actividad comercial. La información no ha desaparecido por completo. El investigador laborioso todavía la puede encontrar si se toma el trabajo de revisar la planilla Excel del “Anexo estadístico del balance cambiario”, a la que se puede acceder cliqueando el link incluído en la nota al pie número 3 del informe. También puede extraerse (redondeada en miles de millones) de la “Tabla II.2 Resultado de operaciones de entidades con clientes”, que se incluye sin mayores explicaciones en la página 4 del informe. ¿Alguien puede culpar al periodista acuciado por el cierre que optó por informar la caída en las compras de las personas humanas, resaltada como un “aspecto principal” en la primera página del informe, en lugar del aumento de las compras totales, camuflado en notas al pie, planillas Excel y tablas escuetas?

No siempre fue así. Hasta que Guido Sandleris asumió la presidencia del Banco Central, el informe mensual cambiario incluía un apartado específico donde se comunicaba la cifra neta total del atesoramiento de individuos y empresas. La información se encontraba en el mismo lugar y se expresaba virtualmente con la misma frase siempre, lo cual facilitaba su consulta y comparación.

Ese apartado se eliminó a partir del informe de noviembre del año pasado. La introducción explica el cambio aludiendo a una decisión imprudente del antecesor de Sandleris, Federico Sturzenegger: “Se simplifica el análisis respecto a lo publicado en años anteriores, priorizando la desagregación sectorial, debido a que desde julio de 2017 la información de los motivos (conceptos) de las operaciones dejó de tener el carácter de declaración jurada y pasó a ser requerida sólo con fines estadísticos”.

Más adelante, el mismo informe ofrece un ejemplo de las consecuencias de haber liberado a los compradores de dólares de la obligación de decir la verdad cuando explican para qué quieren adquirirlos: “A partir de la flexibilización de la normativa cambiaria, [las empresas] no sólo canalizan los pagos de sus obligaciones externas a través de los conceptos específicos para cada caso (pagos de importaciones de bienes y servicios, rentas, títulos de deuda o préstamos), sino que también transfieren de forma neta al exterior a cuentas propias, usando el concepto “Activos Externos”, desde las cuales posteriormente podrían efectuar cancelaciones con sus acreedores.”

Es decir, por culpa de Sturzenegger ya no sabemos con la certeza necesaria para qué se compran dólares y, por lo tanto, Sandleris ha resuelto que ya no tiene sentido presentar la información agrupada por el motivo de la compra (el “concepto”), sino que es preferible agruparla por el tipo de comprador (el “sector”). Por eso prioriza informarnos didácticamente cuántos dólares compraron por todo concepto las “personas humanas”, los “inversores institucionales”, “las empresas del sector real”, etc., pero nos pide que saquemos la calculadora y revisemos tablas para determinar cuántos dólares compraron todos ellos juntos para cada concepto que nos resulte relevante. Los analistas profesionales que todavía porfían que “nadie vio venir” la crisis cambiaria del año pasado deberían empezar a sacar esas cuentas, si no quieren que la próxima los vuelva a sorprender.

 

 

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