DOBLE VARA

La periferia llegó a la crisis de 2020 con un endeudamiento inédito por su ritmo y profundidad

 

Los conflictos de interés y las relaciones de poder existen desde tiempos inmemoriales. Su explicación ha variado según las culturas y el paso del tiempo. Sin embargo, existe un artilugio cognitivo que persiste hasta nuestros días. Se trata de la doble vara, una forma de ordenamiento y codificación de la información que, basándose en reglas más o menos implícitas, determina lo que esta bien y lo que esta mal para cada una de las partes involucradas en una relación individual y/o social, diferenciando al mismo tiempo a una de ellas con un tratamiento más ventajoso que a la otra.

La doble vara conlleva un acto discriminatorio que impone los intereses de un actor/sector sobre el de otro/otros. La discriminación, sin embargo, se invisibiliza y contribuye a naturalizar una relación de poder asimétrico. Esa es su magia. Sin embargo, la misma no es eterna. Paradójicamente, tiende a esfumarse a medida que aumenta la intensidad de la disputa y los conflictos se radicalizan. En este proceso, las máscaras del relato se resquebrajan y por sus grietas asoma el hueso de una estructura de poder que “ordena” al mundo. Cuando la estantería del relato oficial trastabilla, los intereses que mueven los hilos de la manipulación salen a la intemperie.

El brutal impacto de la pandemia sobre la economía mundial ha contribuido a mostrar la existencia de este artilugio cognitivo tanto en la narrativa oficial que explica la crisis global, como en las soluciones que se proponen. Así, el reconocimiento de la doble vara empieza a erosionar la universalidad de las teorías económicas y de las políticas que se aplican e introduce una cuña en la omnipotencia natural que impregna al status quo y a la estructura de poder que lo reproduce. Cuando el estrépito de intereses contradictorios y antagónicos se desparrama a la luz del día, la salida del laberinto se adivina en el horizonte.

 

 

Estados Unidos: endeudamiento y expansión monetaria y fiscal

El cierre de la economía global para contener a la pandemia en 2020 obligó a la Reserva Federal a intervenir inyectando dinero a tasas de interés cercanas a cero, comprando activos financieros que incluyeron, por primera vez en la historia, a distinto tipo de bonos corporativos. Esto dio lugar a una estampida especulativa del índice de capitalización de mercado de las acciones de las 500 empresas más grandes del país (el S&P 500), que hoy registra sus mayores ganancias anuales desde 1936.

A pesar de ello, el problema del endeudamiento en general, y corporativo en particular, ocupa el centro de la escena y condiciona a la política oficial. Sin embargo la Secretaria del Tesoro lo minimiza, en virtud del bajo nivel alcanzado por las tasas de interés (zerohedge.com 22.2 2021). Coincide además Jerome Powell, el Presidente de la Reserva Federal, en que las políticas monetaria y fiscal expansivas fueron efectivas y serán mantenidas a toda costa en años venideros (zerohedge.com 19 y 23 3 2021). De acuerdo con ello, el gobierno de Joe Biden ha otorgado un estímulo de 1,9 billones (trillions) de dólares y está elaborando proyectos de inversión en infraestructura y en cambio climático por un valor de 3 billones (trillions) de dólares.

Como resultado de estas políticas, el déficit fiscal y el endeudamiento, que vienen creciendo desde hace décadas, han adquirido una dimensión inédita. El primero, que en 2019 era del 4,6% del PBI, hoy representa el 14,9% del mismo. La deuda pública asciende al 100% del PBI y se estima que sus intereses constituirán el principal gasto del Estado en 2045 (CBO, Congressional Budget office, zerohedge.com 11 3 2021). Esto implica una desvalorización creciente del dólar y alimenta las dudas sobre su futuro como moneda internacional de reserva. Hoy varios países buscan sustituir el uso del dólar en las transacciones comerciales y financieras internacionales y aumenta la inversión en criptomonedas.

El endeudamiento ha colocado desde tiempo atrás a la Reserva Federal en una trampa: la brecha entre el crecimiento de la deuda y de sus intereses y el crecimiento económico es cada vez mayor. Desde principios de este siglo cada dólar de crecimiento del PBI requirió de 4 dólares de endeudamiento y de 12 dólares de liquidez monetaria. Hoy la economía norteamericana depende de una inyección mensual de 120.000 millones (billions) de dólares para la compra de bonos de deuda a tasas de interés cercanas a cero (zerohedge.com 21 3 2021). Si la Reserva cierra este chorro, la economía se empantana y colapsa. Al mismo tiempo, si aumenta las tasas de interés, el endeudamiento se hace insostenible.

Un reciente documento de UNCTAD, organismo dependiente de Naciones Unidas, reconoce el impacto positivo de las políticas monetarias y fiscales expansivas adoptadas por la Reserva Federal y los bancos centrales de los países desarrollados ante la crisis global mas importante desde la década del ’40. Señala, sin embargo, que el dramático crecimiento del endeudamiento privado en algunos países, y especialmente en los Estados Unidos, sugiere la existencia de “una burbuja del Covid-19 y el riesgo de una crisis financiera si las perspectivas de crecimiento no mejoran inmediatamente, si la inflación se acelera o si hay una crisis de confianza”. Asimismo, considera que los estímulos adoptados no parecen haber sido suficientes e identifica a la austeridad fiscal y monetaria y al sobreendeudamiento como uno de los principales problemas que hoy coartan la reactivación de la economía global (unctad.org, trade and develoment report march 2021). 

 

 

En la periferia: más austeridad y más endeudamiento

La periferia llegó a la crisis de 2020 con un endeudamiento inédito por su ritmo y profundidad. El total de la deuda de los países con ingresos medios y bajos trepó del 54% de su PBI en 2010 al 170% en 2019. En los países mas pobres el endeudamiento paso del 48% al 67% de su PBI en el mismo periodo. La contracara de este fenómeno ha sido un crecimiento del déficit fiscal y del desequilibrio del balance comercial y de pagos (worldbank.org, global waves of debt, december 2019). En 2020 se produjo una caída de 700.000 millones (billions) de dólares en los flujos financieros hacia estos países y una caída del 30 al 45% en los de inversión directa extranjera.

En este contexto, las recetas del FMI y otros organismos internacionales para superar la crisis en la periferia incluyen referencias “al alivio a los sectores más vulnerables”, a la “necesaria tracción del sector privado” y a las bondades de una “negociación de buena fe”. En esencia, sin embargo, exigen las políticas de siempre: más austeridad fiscal y monetaria y una reestructuración de la deuda que conduce al endeudamiento ilimitado. No extraña que, hasta ahora, el “alivio de la deuda” de estos países “haya sido muy poco y en escala insignificante” (unctad.org, 2021 op.cit).

Así, por ejemplo, los 12.000 millones de dólares de servicio de la deuda suspendidos entre junio de 2020 y junio de 2021 para los 46 países más pobres que participan en la Iniciativa de Suspensión de Servicios de la Deuda (DSSI) del G20, contrastan con una enorme acumulación de intereses y deudas tanto de estos países como del resto de los endeudados que deberán ser pagados entre 2023 y 2024 (nakedcapitalism.com 2 3 2021). Se estima que solo en el periodo 2020/2021 los vencimientos de deuda de los países con ingresos medios y bajos fluctuaban entre 0,7 / 1.1 billones (trillions) de dólares mientras que el de los países de ingresos más altos variaba entre 2 y 2,3 billones (trillions) de dólares (unctad.org 23 4 2020). En este contexto, la imposición de reformas estructurales para para poder acceder a una reestructuración de deuda y el desvío reciente de 11,3 mil millones (billions) de fondos del FMI originalmente destinados al pago de medicinas y alimentos, hacia el pago de los servicios de la deuda de los acreedores privados arrojan luz sobre la verdadera función del FMI en la actual coyuntura (nakedcapitalism.com op.cit).

 

 

Argentina y el Acuerdo con el FMI

En el día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, CFK advirtió al país que los cómplices civiles de la dictadura no fueron todavía penalizados por la imposición de un modelo que implantó el endeudamiento, la especulación financiera y la dolarización. En “un ejercicio docente”, CFK dejó al desnudo la doble vara de Macri y de los grandes empresarios: despotrican contra el Estado, pero utilizaron a la dictadura militar para “estatizar una millonaria deuda privada” y cuando llegaron al gobierno por el voto popular, generaron más deuda y fueron centrales para que “el FMI violara sus estatutos” y se profundizara el endeudamiento. Reclamando plazos más largos y tasas de interés menores CFK convocó a la oposición “a un acuerdo mínimo” sin el cual ante “el endeudamiento y la estructura bimonetaria va a ser difícil de gobernar la Argentina, sino imposible tal vez” (ámbito.com 24 3 2021).

Ese mismo día, el Ministro de Economía y el FMI notificaban sobre “avances importantes en la negociación” y en la “definición de las bases” que la sustentan. Estas consisten, según el Ministro, en

  1. un énfasis en “ políticas macroeconómicas sostenibles para apuntalar la recuperación”, algo que sería un cambio radical frente al uso de la política monetaria contractiva para combatir la inflación;
  2. “el crecimiento de las exportaciones con agregación de valor como condición necesaria para el crecimiento sostenible”, y
  3. “la capacidad de ahorro en activos de nuestra moneda es fundamental para financiar inversiones para el desarrollo y resolver el problema del monetarismo” (ámbito.com 25 3 2021).

En paralelo, el vocero del organismo sostenía que no tenia conocimiento de “que se estuviera pensando en estirar los plazos” del crédito “ni tampoco bajar la tasa de interés” (ámbito.com 25 3 2021).

La Argentina es el primer deudor del FMI representando casi un tercio de sus acreencias. Las amortizaciones e intereses de la deuda de este año (5.200 millones de dólares) constituyen mas del 36% del total del flujo anual de los fondos del FMI. Este tiene pues, un interés inmediato en evitar que este flujo se interrumpa. Pareciera entonces que los Derechos Especiales de Giro (4.500 millones de dólares) que acaba de acordar, irán a saldar los próximos vencimientos mas inmediatos del FMI conjuntamente con los del Club de Paris. Si esto se concreta, seria una derivación hacia el endeudamiento externo de recursos que podrían invertirse inmediatamente para expandir la producción local.

Asimismo, el gobierno ha concretado un préstamo del Banco Mundial (2.000 millones de dólares) originalmente destinados a inversiones en infraestructura y política social, que se derivarán en vez hacia la sustitución de emisión monetaria del BCRA para cubrir el déficit fiscal. Hacia el mismo fin irían a parar otros préstamos que se están negociando con organismos multilaterales (bae.com 25 3 2021).

Si todo esto ocurre, estaríamos sustituyendo emisión monetaria en pesos por nueva deuda en dólares, y restando recursos a la producción local. Esta reasignación de recursos es funcional al ajuste monetario que busca imponer el FMI y está muy lejos de contribuir, como quiere el Ministro, a fortalecer a la moneda nacional. En este sentido, llama la atención que, dada la fragilidad del sistema financiero internacional, el gobierno no explore la posibilidad de encontrar un camino de salida al “monetarismo” actual a través de la emisión de una (o más de una) moneda alternativa basada en nuestros recursos naturales, así como también de posibles criptomonedas que puedan servir para fortalecer el ahorro y las transacciones financieras.

Por otra parte, si las exportaciones con agregación de valor se convierten “en la condición necesaria para el crecimiento sostenible” del país, esto tendrá consecuencias inmediatas que no necesariamente apuntalaran el proyecto político que encarna el gobierno. Por un lado, este modelo agroindustrial profundiza la actual matriz productiva centrada en la expansión de las corporaciones agroindustriales, un mercado de trabajo restrictivo, importaciones crecientes de tecnología y peso decisivo de los exportadores y de los agronegocios en la política nacional. Esto es funcional a las necesidades de nuestros acreedores externos pues les asegura el flujo de divisas que exige el endeudamiento. Se contrapone, sin embargo, a las necesidades inmediatas y urgentes de empleo, alimentación, salud, educación y techo del 40% de la población sumergida en la pobreza y refuerza el poder de los monopolios para formar precios en la producción de alimentos

En un mundo caracterizado por una enorme concentración económica y desigualdad social, con recesión global, crisis del comercio internacional y enorme fragilidad financiera, con cadenas de valor brutalmente sacudidas y robotización creciente del empleo, pareciera que la tarea central de un Estado nacional pasa por asegurar la soberanía alimentaria, fortalecer la producción nacional y generar inclusión social. Esto implica priorizar la reactivación del mercado interno e incluir a la población vulnerable, todo lo cual requiere mayor inversión estatal y una batería de subsidios impositivos y financieros y nuevas formas de intervención estatal que por ahora no existen. Asimismo, estas prioridades se contraponen con el persistente deterioro del poder adquisitivo de los salarios y de los ingresos formales e informales de la población y con una inflación descontrolada que, al atacar dos áreas de importancia estratégica para el gobierno: alimentación y construcción, amenaza la estabilidad política del país. Pareciera entonces que, a pesar de las buenas intenciones y el esfuerzo de muchos, el ajuste fiscal y monetario que propugna el FMI se cuela por los caminos menos sospechados.