Donde el Estado marca el rumbo

Al mismo tiempo que le gana batallas a la pandemia, China pone frenos a la especulación financiera

 

El desafío de Jack Ma

El multimillonario Jack Ma es el cofundador (1999) y socio principal de Alibaba, que controla Ant Group , una compañía financiera conocida por su aplicación de pagos digitales Alipay, con 700 millones de usuarios por mes. Adicionalmente Ant Group maneja inversiones en línea, seguros y préstamos al consumidor, un negocio de más de 600.000 millones de dólares.

Este grupo creció meteóricamente incorporando tecnologías digitales, pasando Alibaba de las funciones propias de gran supermercado electrónico (incluidos Ali Express y Taobao) al estilo Amazon, a ser el principal actor en el sector financiero privado chino. Actualmente Ant controla más de la mitad del mercado de pagos móviles chinos. Hasta junio manejaba 2,15 billones de yuanes (333.000 millones de dólares) en préstamos para consumidores y pequeñas empresas, o una sexta parte de lo que manejan sus más de 4.000 bancos comerciales. Ant tenía sólo 16.000 millones de yuanes (2.500 millones de dólares) en capital autorizado, una proporción muy inferior sobre préstamos a la regla de Basilea. Pekín exige que aquellas instituciones financieras consideradas “demasiado grandes para quebrar” deben superar esas condiciones. Mientras su presencia no llegaba al nivel actual no había riesgos sistémicos, pero las alarmas amarillas pasaron a rojas cuando Jack Ma quiso presionar para avanzar sobre sectores financieros previamente controlados por bancos del Estado.

“El Acuerdo de Basilea es más como un club para los ancianos”, espetó Ma en un discurso en Shanghai en octubre, donde calificó al sistema financiero chino como un “adolescente” que está mejor atendido por firmas tecnológicas innovadoras que pueden llevar la banca a poblaciones pobres y pequeñas empresas. Cruzó la raya. A los pocos días el Estado chino le impidió presentar la OPI de Ant y Ma desapareció de la vida pública hasta su reciente reaparición, con tonos más conciliadores. Los medios han anunciado que Ant se transformará en una sociedad financiera de cartera, un banco comercial regulado, mucho más “aburrido” que las funciones financieras no controladas que lo hicieron crecer. Fuerte caída del valor de sus acciones.

Las críticas del sector privado se centran en que mucha regulación socavaría el crecimiento económico que promueve el aumento de productividad del sector tecnológico. Pero lo que está en discusión no es el avance tecnológico sino la utilización de esa herramienta para el objetivo de largo plazo de China. No todos los sectores privados son lo mismo. Un exceso de oferta de automotores, celulares o laptops no es lo mismo que una burbuja financiera. Bastante complicadas serían las consecuencias de un estallido en el sobredimensionado sector inmobiliario chino. Sin embargo, la concentración de empresas constructoras-inmobiliarias es muy inferior a las de los sectores tecnológicos (mayormente privados) y financieros (mayormente públicos).

 

Los sectores hegemónicos del capital

El temor de Pekín es que el sector financiero desregulado termine produciendo las orgías de especulación que caracterizan a los mercados de valores como Wall Street. China tuvo su burbuja financiera que estalló en 2015, sin afectar el crecimiento general. La influencia creciente de las empresas de tecnología sobre las finanzas aumenta los riesgos de estallido y recesión económica, con consecuencias estructurales.

¿Cuáles son los cambios que se han producido en la cúspide del capital?

Para fines del siglo XIX la concentración de las ramas más dinámicas de la industria manufacturera (ferrocarriles, acero, petróleo, química, etc.) se combinó con el crecimiento de los grandes bancos y el auge de las bolsas de valores para formar el capital financiero, en una unión indiscernible, dominando al resto de las fracciones del capital (industrial no concentrado, comercial, inmobiliario, agrario, etc.).

Esa ciudadela del capital concentrado ha dominado la estructura económica de los países centrales durante más de 120 años, con cambios importantes (incluidos ingresos y egresos de sectores) debido a las consecuencias de su propia dinámica. El crecimiento de la productividad industrial junto a la ausencia de regulaciones al sector financiero bursátil desató en los años veinte una creciente especulación que terminó en el estallido de la burbuja de precios en octubre de 1929 en Wall Street. La Gran Depresión ha sido, hasta la pandemia de 2020, la caída más importante de la actividad económica mundial, con duraderas consecuencias sociales y políticas.

El gobierno de Franklin Roosevelt impuso importantes regulaciones al sector financiero que limitaron los desbordes especulativos, regulaciones que se mantuvieron después de la Segunda Guerra y fueron parte del acuerdo keynesiano de crecimiento de la “economía de bienestar” que caracterizó a las economías centrales. Es recién a partir de los ochenta –luego de la recuperación del capital financiero– que éstos logran iniciar los cambios políticos con los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Se van eliminando aceleradamente las restricciones al funcionamiento del sector financiero internamente y en el ámbito internacional, se desregula el mercado laboral. El neoliberalismo fue reimponiendo la libre circulación de mercancías y de capital.

Otra revolución paralela se estaba produciendo en las fuerzas productivas. Por un lado la emergencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s) y por el otro la invención del container marítimo (1956), que llevó a una revolución de los transportes, con buques porta-contenedores cada vez más grandes. Transporte masivo, rápido, eficiente y barato combinado con comunicaciones baratas e instantáneas posibilitan la globalización, con países que concentran el diseño, la tecnología, la comercialización, el consumo y la financiación por un lado y otros países que concentran la producción de insumos y bienes finales simples y el montaje de los complejos.

La tasa de ganancia subió en el centro por el congelamiento de los salarios reales de los trabajadores industriales, duramente afectados por la competencia de las producciones asiáticas.

Los cambios económicos en China, desde el advenimiento de Deng Xiaoping en 1978, aceleraron este proceso. El neoliberalismo triunfaba a nivel económico y político, con la apertura capitalista de China y la implosión del sistema socialista en la URSS y Europa Oriental.

Pero el capital financiero no regulado volvería a producir las crisis de especulación, notoriamente la de inicios del siglo XXI, la crisis “punto-com” de especulación con tecnológicas y la de las hipotecas sub-prime (basura) en 2008/2009.

 

Las TIC´s dentro de la ciudadela financiera

El sector TIC´s está produciendo cambios en las finanzas, y es en la dialéctica entre ambas fracciones que se reacomoda la hegemonía del capital en el siglo XXI.

Las TIC´s pueden hacer más inestable la situación del mercado de capitales porque se introducen en actividades anteriormente manejadas por el sistema financiero tradicional. Los nuevos sectores monopólicos TIC´s tienen una capacidad de acumulación de ganancias muy superior a la necesaria para el desarrollo de su propia actividad original. Ello las empuja hacia nuevas áreas, y una de las más rentables es la de las finanzas. Un grupo como Alibaba y Ant Group, al igual que Amazon en Estados Unidos, no sólo compran y venden productos en distintos formatos de negocios (B2B y B2C) sino que financian las ventas que realizan, actividad antes circunscripta al sistema bancario de crédito, más regulado que el comercio electrónico. Identifican las necesidades y la capacidad de pago de los millones de clientes cuya información controlan por el manejo del Big Data. Ello dispara infinitos nuevos negocios, que son acaparados a la velocidad que se desarrollan por los grandes del sector, tanto en Estados Unidos como en China.

La mesa de mando de las economías desarrolladas incluye en la posición más destacada al sector financiero, que es el que de una u otra manera distribuye los excedentes de la sociedad entre las necesidades de inversión y financiamiento del consumo.

El gran temor del Partido Comunista de China (PCCh) es que el control de esa mesa se pierda ante empresas desreguladas y el país sea desbordado por la especulación que caracteriza a Wall Street y otras bolsas mundiales. Esa es la razón por la cual el Estado chino frenó en seco a Ant Group al impedir su OPI en octubre pasado. Si hubiese permitido el crecimiento descontrolado del grupo, dentro de las oscilaciones inevitables que la actividad financiera produce, podría ocurrir que una insolvencia del mismo hubiese obligado a rescatarlo dado que ya es “demasiado grande para caer”. Aquí es cuando aparecen las diferencias entre los dos sistemas. Los gobiernos occidentales no quieren o no pueden poner freno a los rebrotes especulativos, en especial luego de la catarata de emisión mundial con el fin de minimizar los enormes costos sobre la actividad económica de las restricciones que produce la pandemia.

Guo Shuqing, director de la Comisión Reguladora de Banca y Seguros de China, dice que los funcionarios chinos están “muy preocupados” de que estallen burbujas de activos extranjeros. Indica que la alta valoración del mercado de valores de Estados Unidos implica el riesgo de una “carrera seria en la dirección opuesta”. Según Zero Hedge los dólares están llegando a China a un ritmo récord. Guo cree que lo pueden mantener bajo control.

 

El control en tiempos convulsos

La crítica más habitual a China es la ausencia de democracia representativa. Esa forma política no forma parte del acerbo chino. Su larga tradición cultural y política valora más la “armonía” y un conductor “virtuoso”: durante milenios los emperadores bajo diversas dinastías, desde hace 72 años el PCCh. La libre expresión de las ideas políticas en Occidente está crecientemente limitada y encarrilada en forma muy estrecha por los intereses económicos que dominan el aparato ideológico (educación, medios de comunicación y entretenimiento incluido Internet, jueces, etc.) y los distintos partidos políticos mediante los aportes económicos, legales como los aportes sin límites en Estados Unidos, o ilegales de todas las formas imaginables, desde el soborno a la extorsión o la supresión violenta.

Hay muchos desafíos que está enfrentando el sistema político chino, dos muy importantes al corto plazo. El primero –control de la pandemia– parece estar ganándolo y para ello ha utilizado las ventajas del poder centralizado y toda la tecnología disponible incluyendo el control de su población mediante aplicaciones en los celulares, reduciendo a casi cero la privacidad para combatir los contagios, objetivo logrado con el consentimiento y apoyo de su población.

El segundo es evitar que la ola de especulación financiera desestabilice su propio mercado de capitales por el ingreso de capital internacional golondrina buscando colocaciones más rentables allí donde la economía real sufrió menos la pandemia.

China es alérgica al caos y la improvisación. Tuvieron caos en el largo siglo de las humillaciones, entre 1839 y 1949, y luego bajo Mao durante El Gran Salto Adelante (1958-62) y la Revolución Cultural (1966/76). Recién están saliendo de la severa disminución del crecimiento por la pandemia (sólo crecieron el 2,3% en 2020) y se mantienen los serios enfrentamientos con Estados Unidos. No están dispuestos a que los capitales mundiales excedentes desestabilicen a China, y por lo tanto demoran la prometida internacionalización del Yuan. No quieren tener contratiempos financieros por desbordes de sus propios grupos privados, como Ant. Una de las formas de mantener el control financiero se logrará con la Moneda Digital China o Yuan electrónico, usando la misma tecnología de las criptomonedas (blockchain) pero emitido y respaldado por el Banco Central (BOC). Actualmente está en pruebas a nivel interno para habilitarla más adelante como medio de pago alternativo al sistema Swift de transferencias dominado por Estados Unidos.

El ataque integral a la pandemia logró en China que la reducción de su crecimiento económico fuese menor que en Occidente, que sufrió fuertes caídas. Por ello fueron muchísimo menores los paquetes de ayuda financiera para la recuperación. En Estados Unidos, el paquete de ayuda de Donald Trump y el que está desplegando Joe Biden son enormes y parte significativa sirvió para la especulación financiera, recompra de acciones, mantenimiento de zombies económicos, empapelamiento del mundo deseoso aun de tener los dólares como reserva de valor y las colocaciones financieras especulativas externas de corto plazo.

China hará cualquier cosa para no caer en los desbordes de la especulación financiera, incluyendo la delimitación del accionar de aquellas empresas TIC´s que estaban ingresando en el terreno financiero. Las empresas privadas se benefician del sistema mixto de capitalismo de Estado, con ganancias crecientes y más importantes que sus pares de Occidente, pero el rumbo económico se mantendrá bajo el control político siguiendo los objetivos nacionales de largo plazo.

 

 

 

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