¿Dónde está Miguel?

Tras 33 años, una vigilia recuerda su desaparición

Una nueva vigilia por Miguel Bru en las puertas de la comisaría

 

Las ráfagas de viento sacuden las velas dentro de unas pequeñas cajas de papel con la cara de Miguel Bru, un clásico de las vigilias por Miguel que todos los años, el 17 de agosto, se hacen en la puerta de la comisaría 9.ª de La Plata, en la esquina de las calles 5 y 59. El olor a unos choris a la parrilla llega hacia una fila de gente sentada casi en la vereda. Rosa Schonfeld de Bru, la madre del joven asesinado por la policía bonaerense el 17 de agosto de 1993, cuando fue visto por última vez después de haber sido detenido ilegalmente en esa comisaría, donde luego se supo que lo golpearon y torturaron hasta la muerte, se acerca con un encendedor a las pequeñas cajas con velas apoyadas en el piso en la noche fría de invierno.

 

Las velas en las cajitas, símbolo de las primeras vigilias aún presente.

 

“Todavía no se apagaron”, le dice a un grupo que la acompaña, expandido entre las Madres del Dolor, abogados y activistas de derechos humanos, estudiantes, políticos y nutridos grupos de personas que cortan la calle y arman un improvisado escenario a metros de la comisaría,. Un par de bandas y solistas del rock platense como Pragma, Lucas Finocchi y Kubilai Medina se turnan para tocar. Entre los artistas está la sobrina de Miguel Bru, que le pone un carisma especial al primero de los grupos, mientras desde el club Gimnasia y Esgrima le obsequian una camiseta a Rosa. 

Jóvenes, adultos, abuelas y nietos se acercan con trapos, flores y sus termos y mates, a la vez que se arma una radio abierta y se exhiben los trabajos realizados en los talleres de la Casa de Cultura y Oficios Miguel Bru. A 33 años de la desaparición de Miguel Bru, un caso emblemático de la llamada “maldita policía” de los '90, en el escenario llegan los saludos de León Gieco y Teresa Parodi, se hacen presentes alumnos y autoridades de la Escuela de Educación Secundaria Migue Bru n.º 5 de Pigüé. Esta lleva su nombre en homenaje a su nacimiento en dicha localidad bonaerense el 16 de julio de 1970. En la vigilia, otros colocan unas rosas en el mural de la Secretaría de Derechos Humanos bajo el lema “Memoria, Verdad, Justicia” con la cara impresa de Miguel. Tenía 23 años, integraba una banda de rock y estudiaba en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata cuando fue secuestrado, torturado y desaparecido por agentes policiales. Desde aquella vez, se realizaron 43 rastrillajes por su búsqueda y la vigilia se realiza desde 1999, luego de la condena a los policías responsables de su asesinato y desaparición. Su cuerpo hoy continúa sin aparecer. 

 

Miguel Bru con su mamá Rosa, en una fiesta familiar.

 

Con el rostro insomne por un nuevo rastrillaje del que no hubo resultados positivos, Rosa recordó la primera vigilia. Aquella vez habían sido muy pocos; esa noche se congregaron algo tímidamente en las puertas de la comisaría. Tenían miedo de las represalias. Era el tiempo de la feroz Bonaerense y la impunidad de los represores, por eso los familiares no decidieron avisar a las organizaciones sociales. Pero en esa vigilia inaugural ningún policía salió de la comisaría para increparlos ni nadie posteriormente los amenazó, entonces Rosa pensó que a la siguiente extendería la convocatoria. Así, año a año, se convirtió en un clásico de la lucha contra la violencia institucional en La Plata, sumada a la creación de la Asociación Civil Miguel Bru, una ONG que cuenta con asesoramiento y actividades ligadas a la defensa de los derechos humanos en la región. 

“Hasta que aparezca, no dejaremos de preguntarnos dónde está Miguel”, grita Rosa, 78 años, los anteojos que surcan una mirada leve y triste, abrigada con pulóveres y una campera violeta, y desde el gobierno provincial agregan que “para quienes aporten datos que permitan encontrar su cuerpo, se elevó la recompensa ofrecida a diez millones de pesos”. Desde la Asociación Miguel Bru, además, informaron que los testimonios se pueden brindar bajo reserva de identidad en la Fiscalía 3 de La Plata, calle 7 entre 56 y 57. Allí sigue abierta una causa por la búsqueda del cuerpo. 

 

Rosa Bru, en un nuevo rastrillaje en búsqueda de su hijo. CRÉDITO: Gabriela Hernández.

 

Entre las Madres del Dolor están, entre otras, las mamás de Jesica Uscamayta, estudiante de periodismo fallecida en una fiesta por negligencia empresarial en 2016, y la de Judith Alice Giménez, asesinada por un gendarme en 2007. Fue una semana agitada para la Asociación Miguel Bru: había grandes expectativas por un testigo que ofreció datos de un lugar en la periferia rural de La Plata donde, según él, se habría enterrado el cuerpo de Miguel. “Lamentablemente fueron resultados otra vez negativos, teníamos muchísimas ilusiones. Pero nunca perdemos las esperanzas de llegar hasta donde está Miguel”, dijo Rosa apenas se enteró del informe del Laboratorio de Investigación en Ciencias Forenses de la Facultad de Medicina de la UNLP, que activó la búsqueda en un terreno de Abasto con ayuda de trabajadores de la delegación municipal.

“Otra vez estamos acá, en la vigilia, durante las mismas horas en las que aquel día de 1993 la Policía Bonaerense lo ingresó para torturarlo hasta que lo sacó sin vida para desaparecerlo –continuó Rosa en su alocución frente a la comisaría–. Rescato el seguir estando acompañada, porque este día para mí empieza sola, en la cama, en la desolación de preguntarme qué habrán hecho con él. Y después salgo de casa, y cada 17 de agosto encuentro el amor y la solidaridad en la gente”, agregó Rosa Bru, en otra jornada cargada de emoción. Desde la Asociación creen que podrían surgir nuevos testigos después de la muerte de Justo José López, último detenido por la desaparición. Era el único de los cuatro policías que habían sido condenados en el juicio oral realizado en 1999 que permanecía preso. Rosa intentó varias veces convencerlo de que revelara lo que habían hecho con los restos de su hijo, pero no lo consiguió. “Él murió sin decir nada sobre lo que le hicieron a Miguel. Y creemos que habrá gente que, ante su reciente partida, se animará a hablar”, dijeron desde la Asociación. 

Miguel Bru tenía 23 años cuando fue “chupado” por efectivos de la comisaría 9.ª que lo hostigaban y amenazaban desde que él los había denunciado por un allanamiento ilegal en su casa. Poco después, fue detenido ilegalmente y asesinado dentro de la seccional para después deshacerse del cuerpo. En un fallo inédito, en 1999 se logró la condena por homicidio en un caso de desaparición a los ex policías responsables del crimen, pero la causa por la búsqueda de Miguel continúa abierta. La justicia condenó a cuatro efectivos y destituyó a Amílcar Vara, juez que encubría a los asesinos. “El caso de Miguel es extraordinario porque condenó a los policías sin haber hallado el cuerpo”, dice el periodista Pablo Morosi, autor del libro ¿Dónde está Miguel? El caso Bru. Un desaparecido en democracia.

Miguel Bru habría cumplido 56 años. Un nuevo mural inaugurado en el rectorado de la Universidad Nacional de La Plata, que reza “¿Dónde está Miguel?” en plena zona céntrica de la ciudad, confronta a los ciudadanos que pasan cada día con una de las heridas abiertas de la democracia, la de los jóvenes asesinados por la policía. Sin claudicar, y después de más de cuarenta rastrillajes, su madre sigue luchando para encontrar el cuerpo.

 

 

 

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