Dos años en que nos reímos de todo

A 50 años de la creación de Satiricón, la revista que empezaba donde las demás terminaban

 

El jueves 9 de noviembre de 1972 apareció el primer número de Satiricón, una publicación de humor basado en la realidad, cuyo eslogan era: “La revista que empieza donde las demás terminan”. Sus contenidos justificaron bastante el chascarrillo publicitario. El miércoles pasado, la Biblioteca Nacional organizó un homenaje en el que participaron Oskar Blotta, Tomás Sanz, Mario Mactas, quien esto firma, infinidad de dibujantes y numerosos lectores.

La tapa inaugural, dibujada por Oscar Blotta (padre), mostraba a un militar de cierto rango (ah, claro: gobernaba Lanusse) entrando a la Casa Rosada, flanqueado por dos granaderos, de mal talante, maldiciendo a una paloma (blanca, como las de la paz) que acababa de cagarle la gorra. Como “director responsable” figuraba Dios y como mandamás irresponsable Oskar (así, con k) Blotta, hijo. Costaba —dinero de entonces 4 $, vaya uno a saber cuánto sería—. Y aclaraba: “Por ser usted”. El miércoles se cumplirán 50 años de un medio que, de la nada, se convirtió en un suceso editorial. Veintidós meses después, el decreto 866, que consta de cuatro artículos, firmado por la Presidenta María Estela Martínez de Perón y los ministros Antonio Benítez y Alberto Rocamora, puso fin a la primera vida de una publicación de características singulares. La censura le colgó el cartelito de inmoral. En su última portada, dibujada por el mentor estético Andrés Cascioli, aparecía, ligera de ropas, la actriz Susana Giménez parodiada en una historieta en el interior por su actuación en la película La Mary y por su romance con el campeón mundial de boxeo Carlos Monzón. Otros títulos de la misma edición eran: “Kon-Chu en la Argentina”; “Vivos desde la Cordillera”; “La industria de la huevada”; “¿Qué catzo es la CIA?”; “Chau Nixon” y, quien avisa no traiciona, “mil estupideces más”. Costaba 8 pesos el ejemplar: ”¿Quién le da más por ese precio?”, presumía. Al momento del rayo exterminador, se encontraba muy cerca de vender 350.000 ejemplares.

 

 

La tapa del último número, la edición 22, de septiembre de 1974.

 

 

En estos días volví a mirar la colección que tengo encuadernada. Tuve dos sensaciones. Una de tristeza, porque entre los que hicieron la revista hay muchos que ya no están y una cantidad a los que he perdido de vista. Demasiados. Qué pena. Y la otra, verdaderamente jubilosa. Parejo al contenido escrito, tan variopinto y colorido, está su brillante contenido gráfico, resuelto por más de 50 dibujantes, ilustradores, humoristas, maestros del color y de la tinta china, de las más variadas generaciones y de talentos superlativos para arriba. Allí publicaron los consagrados y muchos más tuvieron su debut absoluto. La revista se fue encontrando mientras la hacíamos. En el número 3, Alicia Gallotti entrevistó a Oscar “Ringo” Bonavena, con preguntas muy irreverentes para ese momento y aceptó salir fotografiado con sombrero, botas tejanas y en slip. Por la repercusión nos dimos cuenta de que habíamos pateado un hormiguero. La respuesta de los lectores fue inmediata. No existía Internet y se precipitó una lluvia de cartas. Esa sección, que se llamó “Correo umbilical de lectores” fue representativa del ADN de la publicación: trato igualitario, libertad absoluta, intercambios memorables. No tardó demasiado la censura municipal en sacar tarjetas, primero naranja, luego roja. Dos de los números del principio fueron declarados de circulación limitada y el 6 (en una nota de ese número sobre una película argentina había salido publicada una guarangada heavy) fue temporalmente secuestrado. Otro detalle distintivo fueron las frases que, honrando su ubicación, primero se llamaron “Pies de página”, pero cuando ganaron el campeonato del ingenio ascendieron a la parte superior de cada página.

 

 

 

Para muestra bastan unas frases

Lanusse (apesadumbrado, diciendo): Hombres y mujeres de mi patria, ¿por qué son todos peronistas?

Las alianzas son regalos de compromiso.

Peronata: hablar de Perón con mala leche.

Si la montaña no viene a ti, da gracias a Dios.

Lanusse tiene un Perón en su tanque.

Dietólogo: médico que manya del tema.

Libros: objetos que jamás mordieron a nadie.

López Aufranc-Sánchez de Bustamante: candidatos por el Frente March.

En Francia dan becas y en Israel Rebecas.

Estaba tan pobre que se fumaba con Flor de Lys.

Ahora que cerró el Petit Café, ¿qué destino tendrán las masas? (Una peronista del Barrio Norte).

Se denomina premierde a un estreno muy flojo.

Dime lo que comes y te diré cuantas ganas.

 

 

No vengan con chistes, che

Mientras duró, Satiricón fue divertida, vandalizadora de intocables, propiciadora de consagraciones arbitrarias, provocadora de personajes del espectáculo, del poder y de la vida en general y particular. Sin traicionar su naturaleza humorística tenía un perfume de actualidad que asociaba su fragancia con el aire de la época. La verdad que de inmoral tenía poco, lo imperdonable era su propuesta básica: reírse de todo, empezando por los mismos que la hacían. Los que la hacíamos, entre otras cosas por prepotencia de calendario (casi todos, sub 30), nos sentíamos divinos, impunes y especialmente inmortales. Los años siguientes vendrían a informarnos que estábamos muy equivocados. Las iniciales 22 ediciones estuvieron atravesadas por un afuera, que cuando no era tenso y agitado o violento, dejaba entrever el sueño de un cambio social que, en ocasiones, parecía estar a la vuelta de la esquina. Sin haberlo decidido en asamblea, hacia ese deseo íbamos muchos, aunque sin la sutileza política necesaria como para advertir que, en veredas opuestas, avanzaban fuerzas implacables decididas a oponerse, a fuego y sangre, a cualquier intento de transformación. El estilo de humor de Satiricón —hecho por periodistas, dibujantes y empresarios que pensaban muy distinto– estuvo, sin embargo, en comunión con el fragoroso sonido de la época. Recién ahora, releyendo las revistas del pasado, entendemos que la clausura por inmoralidad fue una excusa.

Mientras luchábamos por nuestra subsistencia y por nuestra existencia, supimos que en las altas esferas había irritado muy especialmente una historieta titulada López Rega Portero, aparecida en el número 11, de octubre de 1973 y anunciada en tapa. Resulta que cuando ya era el hombre fuerte del entorno de Perón e Isabel, José López Rega fue nombrado ministro de Bienestar Social. Respondiendo a una pregunta de algún medio dijo: «Ahora soy ministro porque él (Perón) me ha hecho ministro. Y si mañana él decide que yo sea portero, lo sería, sin ningún problema”. La caricatura estuvo inspirada en esa declaración real de López Rega publicada en los diarios el 27 de julio de 1973. Por el camino de la socarronería convertimos a quien, por su afición a la astrología, parte de la sociedad llamaba “El Brujo” en “Portero del pueblo”, a cargo de entradas y salidas del consorcio de Balcarce 50. En el carnaval de la actualidad nos sentíamos autorizados a disfrazar a quien fuera. Semejante ironía cayó pésima en las cercanías del temible funcionario. Desde entonces, mientras la derecha y la ultra derecha se preparaban para participar del poder, la idea de la clausura estuvo en la cabeza de muchos, hasta que se concretó.

El cierre provocó penas, olvidos, corridas y exilios.

 

La historieta López Rega portero, 1973

 

 

 

 

Te lo digo en serio

Mi paso por Satiricón resultó fuente de enseñanzas importantes, que todavía hoy valoro. A saber:

* Oskar Blotta y Andrés Cascioli fueron dos jefes de redacción soñados, antifiguras del empresario periodístico clásico. Siempre pedían más sin medir las posibles consecuencias. En mi larga trayectoria los catalogo como jefes excepcionales. Tal vez eso tenga que ver con que no venían del palo periodístico, sino de la publicidad. Hasta la salida de la revista tenían su ganapán en una agencia propia.

* La revista salió sin número cero, sin libro de estilo, sin el “señor 100.000 dólares” respirando en la nuca y pidiendo chivos a troche y moche o pidiendo la publicación de la fotito de una modelo amiga. Lo único que querían Oskar y Andrés era que la revista no tuviera nada que ver con Patoruzú y Rico Tipo. Y eso se cumplió a rajatabla.

* Fue un éxito, sin que nadie haya usado esa palabra. Ahí aprendí que los éxitos más satisfactorios son los que no se buscan, los que vienen solos o de casualidad.

* Fue muy creativa, en los pequeños detalles y en los grandes como haber sabido aprovechar completamente los recursos existentes que nunca abundaron. Pusimos en el candelero las notas resueltas a cuatro manos. Algunas duplas: Carlos Trillo y Alejandro Dolina, Jorge Guinzburg y Carlos Abrevaya, Mario Mactas con quien esto firma.

* Hicimos, sin habernos puesto de acuerdo, una clase de periodismo personal que, de tan autorreferente (las notas no solo salían firmadas, sino con fotografías o caricaturas del autor), se volvió de interés masivo. Y muchos de los periodistas y dibujantes se volvieron personajes.

* Antes de la muerte de Perón nos decían que no queríamos a nadie (cosa que no era cierto) y especialmente a partir de ese infausto momento, cuando el hostigamiento de sectores y publicaciones de ultra derecha transformó el trabajo en riesgo cotidiano, buscamos colectoras presuntamente salvadoras. Imaginábamos que con los especiales temáticos (el de Humor Negro, el de Humor Chancho y otros) nos poníamos a salvo. Pero no hicimos otra cosa que autocensurarnos. La enseñanza quedó clara: no te autocensures porque, en algún momento, la verdadera censura llega y decide por vos.

 

 

El autor de la nota en 1972

 

 

 

 

 

¿Punto final?

Lo cierto es que han pasado 50 años y no fue en vano. Los que en décadas venideras necesiten encontrar pistas de la década del ‘70 las podrán localizar en abundancia en esos 22 números.

Satiricón tuvo otras vidas. El 13 de junio de 1975 le levantaron la interdicción. Cascioli edita Chaupinela, también clausurada por el gobierno de Isabel. En diciembre de 1975 se inicia la segunda etapa de Satiricón. En marzo de 1976, luego de la tapa con la frase “El demonio nos gobierna”, los capitanes Corti y Carpintero, a cargo de la censura en medios, aconsejan que lo mejor sería interrumpir la aparición de la revista. Cosa que sucede. En los primeros tiempos de la dictadura, Blotta innova con la revista El ratón de Occidente y Cascioli, con gente de la etapa inicial, sale al mercado con el mensuario de espectáculos Perdón, que solo duró cuatro números. Quienes lo hicimos estábamos un poco distraídos pidiendo perdón por existir. En marzo de 1977 se produce un nuevo y brutal procedimiento contra la editorial de Blotta y asociados. Un grupo de tareas, presuntamente de la Marina, secuestran y desaparecen por diez días a Oskar Blotta, a Mario Mactas y a Silvia Vesco. Luego de su liberación marchan al exilio. En noviembre de 1983 se inicia la tercera etapa de Satiricón que dura hasta octubre de 1985, “esta vez por decisión propia: lo que estábamos haciendo era cualquier cosa, menos Satiricón”, apunta. En 2005 Oskar y Carlos Blotta y también Andrés Cascioli editan en formato Anuario-Libro de Oro un número especial de 188 páginas dedicado a la nueva generación. En el final, el bicho, creado y dibujado por Blotta, advierte: “Póngase las pilas y deje de quejarse. Piense que todo podría ser mucho peor”. En esa edición, que costaba 15 pesos, el director era El Diablo, el subdirector Dios, el patovica de la puerta, Oskar Blotta, en Boletería despachaba Carlos Blotta y como Puntero de Dibujantes Desocupados figuraba Andrés Cascioli.

 

 

Oskar Blotta y Andrés Cascioli: jefes y empresarios atípicos

 

Para saber más de Satiricón, dos libros: Ni yanquis, ni marxistas, humoristas, de J. Bernárdez y D. Rottman, 1997, Editorial de Belgrano y De Satiricón a Humor, risa, cultura y política en los años 70, de M. Burkart. Colecciones completas de Satiricón en Biblioteca Nacional y en AHIRA.

 

 

 

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