DOS PROYECTOS ANTAGÓNICOS

En el seminario del Malba reaparecieron los lineamientos núcleo del paradigma del liberalismo neo

 

En el seminario realizado en el Malba esta semana reaparecieron en varios de los expositores los lineamientos  núcleo del paradigma del liberalismo neo. Tuvo un sentido opuesto la conferencia que llevó a cabo la Vicepresidenta en la Universidad del Chaco, exponiendo la visión de un proyecto popular, nacional y democrático. Cuando se revisa la historia argentina aparecen dos tendencias antagónicas, una expresada por el pensamiento liberal y otra de carácter nacional y popular. La primera se ha identificado con la reivindicación de la apertura indiscriminada del país a la economía mundial y con la especialización productiva en las actividades con competitividad internacional que, desde su origen, se han ubicado en los recursos naturales. Este perfil ha combatido la intervención del Estado en la economía y ha pregonado su ordenamiento exclusivamente mercantil. La segunda, habiendo entendido la incorporación tardía al capitalismo internacional, en condiciones de dependencia, ha planteado un proyecto que condujera al desarrollo autónomo del país, el que requería de un grado de desconexión de la economía nacional respecto a las señales de precios y a las productividades relativas vigentes internacionalmente. Para esta vertiente la diversificación productiva ha sido un objetivo fundamental, como así también lo fue el impulso de un proyecto de industrialización que habría de requerir un grado de proteccionismo como recurso que habilitaría la maduración de actividades de ese tipo, promoviendo a la vez un desarrollo tecnológico que mejorara dinámicamente las nuevas industrias.

El proyecto neoliberal implicaría el despliegue de una matriz productiva basada en recursos naturales, donde las rentas de sus propietarios y los beneficios de los propietarios de las industrias y del comercio vinculados a esas actividades serían muy altos, debido a las características específicas del territorio nacional. En cambio el resto del pueblo y las regiones que no tenían esa riqueza inicial quedarían hundidos en el retraso, la postergación, el subdesarrollo y la desigualdad. En cambio, el  proyecto nacional-popular ha batallado por una matriz productiva que favoreciera el desarrollo integral y armónico del país, siendo la industrialización y la intervención intensa del Estado las que favorecerían el pleno empleo de la población como así también una distribución del ingreso que propendiera a condiciones de mayor igualdad.

 

 

Manuel Belgrano, el precursor.

Manuel Belgrano, el patriota de la Revolución de Mayo que tuvo un prolífico campo de conocimientos y de acción, se expresó como precursor del proyecto nacional y popular. Lo cita Norberto Galasso en su libro Belgrano en la Revolución (Colihue, 2022) , “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse y todo su empeño es conseguir, no solo el darles nueva forma, sino aun de atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo y después venderlas… Bien se descubre que el fin que llevan es de tener las manos empleadas para que consigan su bienestar y el de atraerse las riquezas, pues nadie ignora que la nueva coordinación, que se le da a la materia prima, le da un valor en mucho excedente al que tienen sin aquélla, el cual queda en poder de la nación que la manufactura y mantiene a infinitas clases del Estado, lo que no conseguirían si se contentasen con vender, cambiar o permutar la materia prima por las manufacturas”. En otro pasaje del texto Galasso glosa a Belgrano sosteniendo la utilidad de la intervención gubernamental para la compra de los excedentes de producción, como así también en la construcción de buques que permitieran ensanchar el comercio exterior. El vencedor de las batallas de Salta y Tucumán critica el monopolio del comercio interno controlado por un puñado de aristócratas que vivían en el lujo, impidiendo que las provincias del interior pudieran avanzar en el desarrollo de sus industrias regionales. Belgrano enuncia así la necesidad de un proyecto industrializador y con un rol activo del gobierno.

 

 

Martínez de Hoz, un adelantado de la contrarrevolución

Ciento setenta años después, con un espíritu inverso, el ministro del terrorismo de Estado, José Martínez de Hoz, expresó acabadamente el pensamiento liberal, opuesto al de Belgrano, en su libro Bases para una Argentina moderna 1976-1980 (editado por el autor, 1981). Escribió allí: “Los conceptos de sustitución de importaciones, ahorro de divisas, fomento de industrias de mayor valor agregado, propios de la escuela mercantilista, como criterio de industrialización dejando de lado el parámetro fundamental de la competitividad, se encuentran profundamente arraigados y provocan posturas irracionales que dificultan el proceso de modernización”. También expresó que “cuando el Estado absorbe y elimina los riesgos propios de la actividad económica, se incentivan conductas contrarias al interés general, se renuncia al crecimiento global… El Estado dejará pues de afectar dicha asignación de recursos a través de sistemas artificiales y variados, tales como la sobreprotección arancelaria; los subsidios abiertos o encubiertos; las cuotas de producción, distribución, importación o exportación; los tipos de cambio diferenciales; los precios máximos y una variada gama de controles y regulaciones de todo tipo”.

Estas ideas expresaban el intento de definir la disputa entre liberales y nacional populares a favor de la primera, interrumpiendo la vida republicana mediante una dictadura con una práctica genocida. Argentina, junto a Chile, fueron experiencias tempranas de un paradigma que los países centrales extenderían como hegemónico a nivel mundial. La oligarquía anti-industrialista se expresó en esa época en los rentistas de la financiarización vinculados a los grandes productores de la pampa húmeda y con los grupos económicos oligopólicos locales y extranjeros que auspiciaban la reprimarización de la economía argentina.

El retorno de la vida institucional de la República no significó el final del proyecto iniciado en 1976 porque las transformaciones contrarrevolucionarias de los gobiernos del terrorismo estatal habían dejado una Argentina modificada. Así es que dirigencias de los partidos políticos populares fueron captadas por los sectores dominantes (el transformismo argentino-Eduardo Basualdo). Durante los gobiernos de Menem y De la Rúa volvieron a predominar las mismas ideas, que retornaron nuevamente con el de Macri. Pero en el período 2003-2015 se produjo la retoma del gobierno por una fuerza política cuya hegemonía había sido reconquistada por el proyecto nacional y popular.

 

 

El seminario en el Malba

Durante la presidencia de Macri se instaló el tema de clausurar “la grieta” en la sociedad argentina, siendo el objetivo de los sectores de poder recuperar la lógica del transformismo para retomar el programa de Martínez de Hoz, en el escenario de una continuidad institucional desplegada en una dinámica de vaciamiento de la democracia. Ante la situación política actual de complejidad y resistencia del poder concentrado a cualquier medida de modificación del dispositivo económico heredado del macrismo, se ha sumado el acuerdo con el FMI que establece un programa típico de disciplina fiscal, monetaria y de equilibrio del sector externo de la economía. El gobierno del Frente de Todos intentó una estrategia consensualista para desandar políticas regresivas establecidas por el gobierno de Juntos por el Cambio, pero esta fuerza que actúa en el juego democrático para defender los intereses de la plutocracia del poder real, no se avino a ningún acuerdo que respetara la consagración de las transformaciones que el voto de 2019 reclamaba. El acuerdo con el FMI empeora las posibilidades de un giro transformador.

En el seminario del Malba, organizado por Clarín esta semana, se escucharon en las voces de economistas del establishment, la repetición del mismo pregón del programa neoliberal. Carlos Melconian propuso un “shock desregulatorio” y manifestó la necesidad de una “reforma del sector público”, afirmando que la economía y la política debían compartir 50% cada una la balanza en el poder, como si fueran dos cosas separadas. Dijo que era necesario estar vigilantes para evitar el otorgamiento de derechos adquiridos hacia el futuro. Resulta paradojal que uno de los economistas de Juntos por el Cambio, alianza que dejó como herencia un endeudamiento demencial con el FMI, que constituyó un verdadero obstáculo para que el gobierno del Frente de Todos pueda desarrollar una política sin condicionamientos, ahora pretenda la contención del otorgamiento de derechos a los sectores populares que hoy atraviesan graves situaciones. No sea cosa que se le haga más empinado, a un eventual gobierno de derecha, superar la resistencia popular a esa desregulación que  propone desplegar, que implica la —así denominada por los economistas de la financiarización— “liberación de fuerzas productivas”, gramática que utilizara Martínez de Hoz en su discurso del 2 de abril de 2022. «Liberar de ataduras al sector privado», parafraseó Melconian.

También planteó la defensa del respeto al derecho de propiedad, lo que hoy constituye una clara advertencia respecto a que no debe ser reconocida su limitación por otros derechos que hacen al bienestar popular y al desarrollo nacional. Finalmente, tal como lo plantea siempre la AEA, el economista cambiemita sentenció que la riqueza la crea el sector privado. Una exposición clásica del paradigma del liberalismo neo, que representa la vocación de la fuerza política a la que pertenece como a las organizaciones más concentradas del poder económico. Agregó que era necesario la construcción de acuerdos políticos, aludiendo a poner fin a “la grieta”, que en la lengua del poder económico significa la subordinación de las expresiones políticas populares al diseño de sociedad dispuesto por él.

Martínez de Hoz, quien fue presidente de la CEA, precursora de la AEA, escribió en su libro citado: “Al sector privado le corresponde la responsabilidad de llevar a cabo la actividad productiva, sin perjuicio de la función propia del Estado de determinar la orientación global de la economía a través de los grandes instrumentos de la política económica y financiera, tales como el monetario, tributario, cambiario, presupuestario y arancelario”. Además decía: “Un aspecto que caracterizó la política anterior fue el de mirar con ojos críticos y recelosos a las grandes empresas, tildándolas de monopolios. De esta manera se restó vigor a un importante instrumento de crecimiento económico… La atomización de empresas, el sub-dimensionamiento de las mismas y la consecuente falta de economía de escala que abaratara sus costos, así como la dispersión de esfuerzos, han sido negativos para el crecimiento económico argentino”. Una apología del papel exclusivo del sector privado en la actividad productiva, la remisión de las herramientas de política económica sólo a la macroeconomía y la reivindicación del apoyo a los grupos económicos concentrados como agente dinámico del sector privado. Tal como lo expresan los pronunciamientos regulares de la AEA, organización empresarial que tiene en su conducción al organizador del evento del Malba.

En el mismo seminario Hernán Lacunza presentó números para un período arbitrario en el cual hubieron más gobiernos neoliberales que nacional-populares, dijo que en los últimos 50 años el producto per cápita creció sólo el 0.5% por año. Sin embargo, si se toma el período 1976-2001 donde el neoliberalismo reinó en casi toda su extensión, el producto bruto per cápita permaneció estancado, mientras en el cuarto de siglo previo a la dictadura (1950-1975) creció un 2% (CEFID-AR, dt 33, Wierzba, Del Pino y Kupelian). Durante los doce años de gobierno nacional y popular también creció y en el gobierno de Macri se derrumbó. Esta segmentación del período logra mostrar los efectos de los tiempos neoliberales de otras épocas de la historia reciente, en las que rigieron otras dinámicas y hegemonías. De todos modos el PBI per cápita (el producto dividido la cantidad de habitantes) informa sólo una parcialidad de la vida de una sociedad. Lo hace sobre la cuestión del crecimiento, de lo cual se habló mucho en esa reunión hegemonizada por economistas ortodoxos que piensan en él como la cuestión central de vida de un país. La riqueza desmedida, la concentración del ingreso y la propiedad, la virtud de la igualdad social, la dignidad de la vida popular, la democratización de los medios de comunicación no constituyeron materia de análisis del seminario organizado por Clarín.

Lacunza también discutió el predominio de la política sobre la economía. Dijo que puede existir hasta el momento en que la “guita” se acaba. Es un enfoque típico de la economía neoclásica, en la que se sustenta el liberalismo neo, que la define como la ciencia que maximiza el bienestar alcanzable con una dotación de recursos escasos. Una técnica de la escasez. Una praxeología. Es un enfoque que separa la economía de la política, lo que da pie para afirmar lo que expuso  Melconian respecto del 50 y 50 para la economía y la política. Sin embargo, la economía política de los clásicos no se construyó sobre esa escisión y para David Ricardo el objeto central de su estudio era cómo se distribuía el ingreso entre las distintas clases sociales, y en Marx aparece como estudio crítico de las relaciones sociales de producción y de propiedad de los medios para llevarla a cabo. La primera relaciona el hombre con las cosas. La segunda, las relaciones entre los hombres. Entonces Lacunza dice que cuando se acaba la guita se acaba la supremacía de la política, esto siempre y cuando el Estado no se decida a alterar las relaciones de distribución, cuestión que supone obligar a los que más tienen a hacerse cargo de las escaseces imperantes, y requiere un exigente ejercicio del poder.

 

 

Cristina en el Chaco

En las antípodas de las exposiciones vertidas por los economistas de la corriente nacida en Mont Pelerin, Cristina Fernández de Kirchner dio una conferencia magistral en la Universidad del Chaco. Inscripta en la tradición belgraniana, pues fue el creador de la bandera el generador del primer proyecto de enseñanza pública, gratuita y obligatoria, la Vicepresidenta recordó que si el Estado no existiera la Universidad chaqueña no estaría, tampoco las demás universidades públicas, de las cuales muchas fueron fundadas en el período kirchnerista. Por otro lado hizo una comparación entre los resultados económicos de Estados Unidos y China, sacando la conclusión de que lo realizado en el segundo país en los últimos 70 años no registra precedentes respecto a los resultados de desarrollo económico, especialmente los relacionados con el nivel de la inclusión de trabajadores en el proceso productivo. Y destacó que China tuvo como característica la participación decisiva del Estado en la conducción de la economía. También la lideresa del Frente de Todos advirtió que la pandemia pudo ser dominada porque la intervención y subvención de los Estados posibilitó las investigaciones y la producción de las vacunas. Sin el Estado el arrasamiento de la peste hubiera devenido en una calamidad mucho mayor para la humanidad que la vivió.

Quien fuera la Presidenta de la Nación durante el festejo del Bicentenario de la gesta de Mayo de 1810, también se refirió a los límites de los regímenes republicanos constituidos sobre los pilares organizativos de hace más de 200 años y reivindicó el texto del constitucionalismo social que fuera aprobado como Carta Magna de la Nación en 1949 y derogado por la dictadura fusiladora de 1955. Cristina Fernández reflexionó sobre la necesidad de actualizar las regulaciones sobre la vida institucional del país, incluyendo a los poderes nuevos surgidos por el desarrollo de la tecnología y la concentración de la producción, subrayando como tema específico la de los medios de comunicación, el mundo de la conectividad y los intereses oligopólicos que manejan estos nuevos dispositivos, capaces de generar una crisis a un país con un solo toque del enter de computadora para transferir miles de millones de dólares. Tácitamente la Vicepresidenta debatió sobre la necesidad de extender los ámbitos de la vida que debe abarcar la regulación de estos nuevos poderes que son, mucho de ellos, de carácter supranacional. Contrariamente en el Malba se planteaba la desregulación en shock y la “libertad” sustentada en el respeto a la primacía del derecho de propiedad. Cristina Fernández ya ha advertido respecto a que en Argentina ocupar el gobierno sólo representa el 25% de la posesión del poder. Sin embargo, Melconian, Lacunza, Milei, Espert, López Murphy, Cachanovsky y otros voceros de la misma tendencia pretenden recortar aún más la participación popular en la decisión de su destino.

El tema de la desregulación constituye una tragedia humanitaria y no sólo por sus consecuencias económicas. En su trascendente libro Humanismo, impugnación y resistencia (Colihue, 2021), Horacio González sostiene que los seguidores de pensadores como Karl Popper y otros propagandistas del neoliberalismo son los defensores de “sociedades sin interferencias de poderes públicos con conciencia crítica…[esos pensadores son] los promotores de este círculo de acumulación de datos que es el capitalismo virtual, cuya plusvalía es la diferencia brutal entre lo que cada individuo supone que es su libertad, y lo que, en el supuesto usufructo de ella, ofrece su vida como una inversión inconsciente a la reproducción fantasmagórica del capitalismo”. Esta reflexión de González es precedida por la advertencia de que la humanidad estaría en una dirección decisiva respecto al sueño conductista. Pues está en camino de la construcción de centros con la posibilidad de conocer cuáles son las capacidades de consumo, hedonismo, placeres, angustias, lenguajes preferidos, gustos artísticos, opciones políticas, localización geográfica, etc. Esos centros son de carácter privado y la advertencia de Horacio resulta sobre el avance hacia un control sin límites de los conjuntos humanos y sus movimientos sin regulación alguna. Hay un riesgo de una “oligarquía totalitaria” del poder tecnológico concentrado, cuyas empresas y sus dueños hoy son los capitales más voluminosos y poderosos del mundo. El ejemplo que dio Cristina Fernández en su clase magistral revela un vértice del despliegue de esas conductas en la Argentina; cuando citó la violación de un decreto presidencial (que regulaba los precios de los servicios de comunicación) por parte del monopolio que fue el que justamente organizó el seminario donde se despacharon los liberales neo contra el Estado, promoviendo un shock desregulatorio y en rechazo de la ampliación de los derechos populares.

 

 

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