DOS VECES EN LA VIDA

La semana laboral de cuatro días y la endogamia de los países desarrollados

 

 

Una vez que la pandemia ceda, las franjas de la clase dirigente argentina identificadas con las mayorías nacionales deberán profundizar la respuesta a las transiciones que están ocurriendo por ejemplo en la energía con el telón de fondo del cambio climático, y saldar cuentas con el viejo conocido de la inflación mundial. El éxito en lo segundo es la condición necesaria para encarar las transformaciones que suponen lo primero, dado su papel clave en la imprescindible estabilidad política. Los antecedentes no son auspiciosos. Los datos del cambio climático tampoco.

El primer ministro australiano Scott Morrison anda lidiando con las denuncias a varios miembros de su gabinete y otros funcionarios de rango menor por pornografía y acoso sexual y el país de los canguros que el año pasado estaba literalmente prendido fuego ahora se encuentra inundado. Más de 18.000 australianos han sido evacuados de sus hogares después de que una grave inundación azotara Nueva Gales del Sur, el estado más poblado de esa nación. En seis días en Nueva Gales del Sur y Queensland llovió el caudal de un año. A medida que las temperaturas promedio suben, también aumenta la cantidad de humedad que el aire puede contener. Los estudios científicos han establecido vínculos claros entre lluvias intensas y cada vez más comunes y un océano y una atmósfera que se van caldeando. Por su singularidad geográfica con relación a los mares Australia es el lugar donde se dan las primeras manifestaciones emergentes del cambio climático, desde olas de calor e incendios forestales hasta inundaciones. Morrison y su gabinete se resisten a culpar al cambio climático como el gran causante de estos desastres. Por cierto, las descomunales nevadas al otro lado del planeta, en Texas, que entre otras repercusiones frenaron la provisión de insumos para cadenas globales manufactureras, hay que cargarlas a estas cuentas.

Mientras tanto, en España se están ultimando los detalles para que en el otoño boreal (dentro de seis meses), se ponga en marcha  la semana laboral de cuatro días. Es una prueba piloto, la primera de su tipo en el planeta. El costo de una empresa para hacer la transición de sus empleados a una semana laboral de cuatro días será en una parte considerable subsidiada por el gobierno español. El resto de los países de la Unión Europea siguen muy de cerca este proceso para chequear sus resultados con la idea de adoptar lo antes posible lo que va de lunes a jueves. La pandemia y su incidencia en el deterioro de la salud mental que por el estrés se ha generado, amplió el margen de la iniciativa que ya contaba con una generalizada aprobación del conjunto de las partes interesadas. Sus propugnadores alegan con pruebas experimentales que la semana de cuatro días impulsa la productividad, mejora el perfil psicológico de los empleados y operarios y al bajar el número de viajes para ir al trabajo se contamina menos, factor que agrega a la lucha contra el cambio climático.

A propósito, el siempre en veremos acuerdo de la Unión Europea con el Mercosur es “parte de una línea de compromisos comerciales obsoletos que datan del siglo XX y que han destruido el planeta”, de acuerdo a un comunicado de mediados de marzo firmando por 450 ongs y grupos de la sociedad civil de las dos orillas. El colectivo se denominó Stop Ceta-Mercosur (Ceta es el acuerdo UE-Canadá al que también rechazan y por igual motivo).

Desafío gigante

Pero hay más tela para cortar en la relación entre los trabajadores, el cambio climático particularmente con respecto a la transición energética. Al respecto, el historiador Adam Tooze en su newsletter semanal (23/03/2021) se impone enfocar con realismo la transición energética europea y señala que uno de sus principales impactos será que el Viejo Continente “por primera vez desde el advenimiento de la era de los hidrocarburos […] será en gran medida autosuficiente en energía”. El historiador infiere que “la geopolítica por sí sola dictará la necesidad de encontrar reemplazos para las importaciones de petróleo y gas. De lo contrario, una reducción del 80 % en las importaciones de combustibles fósiles supondrá un golpe devastador para las economías de Argelia y otros vecinos estratégicamente vitales”.

La economista y profesora de Cambridge Helen Thompson en el sitio Engelsberg Ideas (05/03/2021) volcó sus sospechas de que la transición hacia la energía sostenible pronto situará a China, los Estados Unidos y Europa en un curso de colisión geopolítica. Una de las caras del Jano de la crisis energética para Thompson la delinea “la velocidad con la que es necesario reemplazar la energía de los combustibles fósiles para detener el aumento de las temperaturas globales”, y los rasgos de la otra el “petróleo, del cual la economía mundial y la vida cotidiana seguirán dependiendo aunque en tres décadas se logre la neutralidad del carbón, […] no hay escapatoria para ninguno de los dos lados de esta situación”. Pero sí soluciones de compromiso y por eso la economista dice que hay que tener en cuenta “Que lo necesario empuja en direcciones opuestas [lo que redunda en] una de las grandes situaciones gravosas de nuestro tiempo; no se puede simplificar en pos de lo que nuestras aspiraciones materiales e imaginaciones políticas pueden soportar”.

A todo esto, el comunicado de prensa del 18/03/2021 del Secretario de Estado Antony J. Blinken, informa que Estados Unidos podrá sancionar a las empresas que colaboren con la construcción del Nord Stream 2 (ND2) y les sugiere “abandonar de inmediato el trabajo en el gasoducto”. El ND2 está 95% hecho. Lleva gas natural ruso a través del Mar Báltico a Alemania, eludiendo la ruta de tránsito clave a través de Ucrania y Polonia. “Como han dejado claro varias administraciones estadounidenses, este gasoducto es un proyecto geopolítico ruso destinado a dividir Europa y debilitar la seguridad energética europea” afirma el comunicado. Exactamente lo contrario creen en la UE.

Volviendo a Tooze, este señala que los modelos de simulación predicen que las facturas de luz descarbonatadas serán más baratas y no más caras como se presume y también que “que una economía neutra en carbón para 2050 ofrecerá más puestos de trabajo que los del statu quo adicto a los combustibles fósiles”. Sin embargo, Tooze con prudencia apunta a que “Por supuesto, estos pronósticos pueden resultar poco realistas. No sería la primera vez en la historia que los expertos subestiman un desafío gigante […] El ajuste puede ser más violento. Quizás nos encontremos con cuellos de botella que eleven los costos. Es posible que las innovaciones necesarias no se materialicen. Pero aún si los escenarios son correctos a medias, el mensaje es claro:[…] la movilización colectiva requerida no está ni remotamente en la escala de las emergencias de guerra o las revoluciones sociales con las que a veces se la compara. Tampoco será tan transformador de la vida cotidiana en Europa. [No obstante] Los desafíos políticos y económicos que nos esperan son sin duda enormes. A escala mundial, lo son aún más”.

Inflación global

El uso generalizado de los robots es otro elemento de la moneda del futuro que está en el aire. A la espera de que caiga del lado al que apostó el fervor humano, la inflación global (la de los países desarrollados) luce que está de regreso. No tiene nada que ver con la enorme emisión pandémica, ni con los déficits fiscales, fantasmas que persiguen únicamente lo monetaristas. Sí, con un generalizado aumento de costos a consecuencia de que en un mundo infectado los países centrales han enfilado para dentro de sus fronteras, territorios que son los más caros del planeta. Ciertos síntomas son indisimulables. Los bonos del Tesoro norteamericano venían cayendo más de lo previsto, como una advertencia de Wall Street a la Fed de que no endureciera los requisitos de tenencia de bonos para el capital de los bancos. Perdió Wall Street, la Fed obliga a los bancos a tener bonos del Tesoro como parte de su capital. Los medios especializados informan que las acciones en China bajaron en estas semanas 14%, en tanto en Wall Street durante el mes las acciones registraron entradas netas positivas. Los flujos netos de fondos a las acciones fueron negativos en 22 de los últimos 23 meses, lo que significa que los inversores sacaron dinero de las acciones. Ahora lo volvieron a poner y esperan que vengan más fondos del exterior que revalúen el dólar. Es por eso que los fondos de materias primas han experimentado seis semanas consecutivas de salidas netas. Dólar más fuerte commodities más baratas. Por supuesto, la Secretaria del Tesoro Janet Yellen, ha declarado –muy enfática- que es el mercado el que determina el valor de la cotización del dólar.

Para asir el proceso que se da en todo esto y que lleva a observar que los agentes económicos suponen que se viene un alza generalizada de los precios, hay que considerar en primer lugar que los capitales de riesgo -la inversión directa, la compra de acciones, bienes raíces, etc.- para los cuales la calidad del entorno podría, en efecto, ser determinante, son para los Estados Unidos  cantidades insignificantes, con relación al conjunto de las entradas y en saldo, es decir, teniendo en cuenta las salidas correspondientes. De lejos, la mayor parte de los cientos de miles de millones de dólares que ingresan a los Estados Unidos, al ritmo anual actual, en compensación del déficit de la cuenta corriente (que creció fuerte), se invierten en bonos tanto del gobierno como de las grandes corporaciones de ese país, cuyo rendimiento es fijo, por lo tanto, no condicionado por las fluctuaciones durante el ciclo, en cuyO caso el reembolso depende de la solvencia del deudor y muy poco de la situación general, o -cuando se trata de empresas- de sus resultados operativos.

Por el contrario, las anticipaciones pesimistas sobre la coyuntura incitan generalmente a la adquisición de obligaciones negociables a causa de las ganancias de capital que genera una baja de la tasa de interés consecutiva a una recesión-deflación. Aquí se tiene la oposición clásica entre las respectivas determinaciones de los dos mercados, el de títulos de renta variable (acciones) y el de títulos de renta fija (bonos). Un descenso de la actividad económica deprime el primero y fortalece el segundo. Por el contrario, en la recuperación (las proyecciones auguran un crecimiento norteamericano nada menos que del 8%; los estímulos de Biden estimulan), se inflan los beneficios empresariales y los dividendos estimulan las acciones, mientras se va acrecentando la demanda en el mercado de capitales lo que provoca una tensión sobre la tasa de interés que hace caer la cotización de las obligaciones negociables ya emitidas con la tasa anterior. Pero la Fed juró solemnemente no subir la tasa. Se aguarda un reequilibrio hacia los bonos de los grandes inversores, parcialmente compensado por los inversores chicos que siguen en acciones. Eso sí, una inflación sostenida limpia el peso de la deuda pública como hizo en los ’50 con el muerto que había quedado de la gran guerra y también de la privada. Como era de esperar para que el menú esté completo, no faltan los economistas de fama global preocupados por la inflación como Greg Mankiw (republicano) o Larry Summers (demócrata). Con una plétora de originalidad, ofrecen hambre y tedio en vez de pan y circo. Todo sea por la seriedad.

Entre nos

La muy inmanejablemente crisis global inflacionaria de los ’70 –petróleo mediante-  coincidió con el golpe genocida. La revancha de clase que desplumó los salarios tuvo en detener el impacto interno de la inflación global un aliciente extra para bajar las remuneraciones. En los ’80 la inflación global le puso un piso alto a la interna que reaccionariamente se quiso frenar obturando las paritarias y continuando con la apertura de la economía. El desmadre del endeudamiento externo de los ’70 y los incontenibles subsidios a los grandes capitales confluyeron hacia la hiperinflación. En los ’90 la inflación global se aquietó completamente, lo que ayudo a la convertibilidad y a seguir estropeando el nivel de vida de los trabajadores. Sus intentos de recuperación entre 2003 y 2015 siguen recibiendo las correspondientes reconvenciones. Ahora si como todo indica, la inflación global retorna (deuda externa ya tenemos), es para ver si aprendió o no la lección la dirigencia argentina comprometida con las mayorías nacionales. Encima, en un mundo regido por el intercambio desigual la semana de cuatro días implica un aumento de salarios. Y si en la periferia no se lo compensa el excedente sin contrapartida fluye hacia el centro.

Lo mismo vale para la energía. Durante la era del petróleo la Argentina desde que descubrió los yacimientos en su subsuelo y fundó la empresa estatal YPF se tomo 51 y 36 años respectivamente en lograr el autoabastecimiento. La empresa estatal había sido capturada por los monopolios internacionales para evitar que extraiga a mayor costo del que ellas importaban desde el Golfo. Arturo Frondizi que entendió muy bien como era ese proceso quiso revertirlo con un diagnóstico errado cuya superación provino de su acuerdo con Rogelio Frigerio. Las anuencias de Hipólito Irigoyen, las dudas de Juan Perón, el daño que hizo Arturo Illia y posteriormente Carlos Menem es de esperar que no se repitan en la actual transición energética. El gatomacrismo fue un síntoma preocupante al respecto. Dos veces en la vida es mucho, incluso para la Argentina.

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