Ecuanimidad, transparencia, futuro y coso

Macri habló como si presentase su candidatura a la Cátedra Fidel Pintos

Al día siguiente de que el INDEC admitiese la inflación más alta de los últimos dos años, y apenas horas después de que el escándalo de la financiación espuria de la campaña 2017 se cobrase su primera baja oficial —la gobernadora Vidal tuvo que echar a la contadora general de la provincia, María Fernanda Inza, a quien había oficializado en el cargo hace veinticuatro horas—, el Presidente dio una conferencia de prensa memorable, en la que consiguió no contestar directamente una sola de las preguntas que se le formularon. Expresándose como si llevase apenas dos días sentado en la Rosada, y con una imprecisión que habría impresionado a Fidel Pintos —aquel cómico que creó un personaje que batía récords a la hora de hablar largo para decir nada—, Macri quiso transmitir calma con su actitud pero sus declaraciones sólo potenciaron la alarma general y la sensación de descontrol que cunde en la sociedad.

En el comienzo mismo atribuyó la situación a una tormenta de origen internacional. «Pero —dijo— hemos sabido arriar las band… las velas. …Y estoy convencido de que estamos haciendo el esfuerzo correcto».

Cuando se le preguntó de dónde salió el dinero de la financiación trucha de la campaña 2017, no respondió. (Pateó la pelota para adelante, apelando a una nueva ley de financiamiento de la política.) Cuando se le preguntó cómo pensaba contener la enorme inflación, le echó la culpa a un Estado dispendioso y prometió «sacarse esa mochila de encima». Cuando se le preguntó si era verdad lo que la diputada Carrió había dicho —que Macri permitió el debate por el aborto legal porque pensó que no se lo aprobaría en el Congreso—, respondió que había que «valorar lo que estamos logrando».

Dijo muchas veces futuro, crecimiento, futuro, transparencia, futuro. También repitió mucho la palabra ecuánime, que se molestó en explicar, sugiriendo no sólo que ese era el objetivo central de su presentación pública —mostrar calma y equilibrio—, sino también que acababa de incorporarla como parte de su coaching. Cuando se le recordó lo que está ocurriendo en la agencia Télam, deslindó responsabilidades hacia su conducción del mismo modo que tiró la pelota a Vidal en el tema de los aportantes truchos. («Ya escuchamos a la gobernadora esta tarde…»)

Prometió crecimiento para el año que viene, expresó el deseo de que la Argentina «produzca cosas de calidad» —aunque no dio pista alguna respecto de cómo sería factible— y socializó la responsabilidad: «Espero —dijo, como si fuese un ciudadano más que el Presidente— que entre todos empezamos a encontrar soluciones».

Durante la conferencia de prensa, por lo pronto, no se oyó ninguna.

 

21 Comentarios
  1. miguel dice

    Cotidianamente nos encontramos en la situación de traer a la memoria y volver a considerar ciertas contundentes frases que atesoramos porque las sabemos destinadas a acompañarnos largo trecho. Hace un par de días, las palabras de un funcionario me hicieron recordar -otra vez- las de Baudrillard cuando sentenció que se había cometido el crimen perfecto, se había asesinado la realidad. Hablo del imperio de lo virtual en tanto existencia solamente aparente y no real, de la distancia entre lo que se dice y lo que se hace, del simulacro esgrimido de manera desvergonzada para distraer, desorientar y promover la ignorancia.
    Creo que si la realidad no ha exhalado su último aliento, son muchos los dirigentes (políticos, empresarios, etc.) que están empeñados en que lo haga. Sin olvidar a unos cuantos esforzados periodistas. Todos interesados quizás en ocultar las huellas del crimen, o del intento criminal. Porque del cuerpo no pueden deshacerse, sus convulsiones provocan alarma y presumen que en caso de descomposición también ellos tendrán que abandonar el campo de batalla.
    Batalla que -nos consta- comenzó hace siglos y tuvo,entre otros, interesante escenario, la Atenas de Sócrates. Por entonces, fervorosos militantes de lo que hoy llamamos posverdad («Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales»), los sofistas dejaban de lado la cuestión de la verdad y apelando a la capacidad del lenguaje para mentir instruían sobre la forma de ganar disputas defendiendo las causas más injustas, hasta las más alejadas de los verdaderos hechos. A cambio de dinero, claro. Algunas de sus técnicas eran: cambiar el tema, uso de premisas falsas, contradicción y discordancia, declararse incompetente. Lejos de estos «comerciantes de almas», a los que juzgaba peligrosísimos, lo que le interesaba a Sócrates era la verdad y el laborioso camino que puede acercarnos a ella. Muchos sofistas prosperaron, a Sócrates lo esperaba la cicuta.

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