Varias veces te he dicho que después de Gardel, para mi viene Raúl Berón. Uno de mis hijos, que a los 13 años pasó del rock al tango con la pasión de los conversos, insiste en que no hay nadie como Angel Vargas y me mira como un orate si yo arriesgo otro nombre, como voy a hacer ahora. Es Hugo del Carril. Tiene varios puntos en común con Leonardo Favio. Los dos cantaban y eran más que populares. Ambos eran devotos peronistas y lo pagaron con años de exilio. Eran muy atractivos para las mujeres, pero a Hugo del Carril eso no le movía un pelo. Y a ninguno de ellos le bastó con la música. Fueron grandes creadores cinematográficos. La gloria eterna de Hugo del Carril fue su versión de la marcha Los Muchachos Peronistas, que nadie cantó como el. Un adolescente de mi familia, que nació y vive lejos de la Argentina, la sacó de oído en un teclado y la canta en algo que cree que es castellano, entonado como si fuera Hugo del Carril.
El Chiquito tenía cuatro años más que yo, lo que nos permitió ser amigos desde la adolescencia y hasta el final. Hugo del Carril tenía dos años menos que mi papá, de modo que era una figura remota. Tuvo relación con mi familia. Mi tío preferido, David Altschüler, fue camarógrafo de Historia del Novecientos, la primera película que Del Carril dirigió en 1949. También intervino en la técnica de varias películas de Lucas Demare, entre ellas Los isleros. A principios de la década de 1950 mi tío se marchó primero a Brasil, donde participó en un par de películas y cuando cerró el estudio brasileño, siguió a Italia, donde fue el primer iluminador de la RAI, que recién empezaba con la televisión. Llegó a ser el preferido de Edoardo De Filippo, el gran director y actor teatral que sólo aceptaba trabajar con él en el nuevo medio. Era tío carnal, porque mi mama era su hermana, pero también político, porque se casó con la hermana menor de mi papá. Tuvieron una hija, que tiene diez años menos que yo y que formó una familia variopinta, adoptando chicos de Paraguay, Filipinas y Vietnam, si la memoria no me mezcla los países, que me han dado nietos muy coloridos.
A Hugo del Carril lo recuerdo en nuestra casa de la provincia de Buenos Aires, junto con su colaborador, el escritor español Eduardo Borrás. Estaban trabajando en la elaboración de un guión sobre la novela de mi padre Calles de Tango, que rebautizaron Una cita con la vida, que se estrenó en 1958. Pese al título de la novela, el director no actuó ni cantó en la película, que fue el debut cinematográfico de Gilda Lousek, Enzo Viena y Graciela Borges, que apenas pasaba los 15 y era aún más linda que ahora. Los comienzos del tío en Italia fueron en Nápoles, luego en Milán, donde estaban los estudios centrales de la RAI, y por último en Roma. Volví a verlo sobre el fin de siglo, cuando me invitaron a dar una conferencia en Roma 3. Murió en 2011, a los 95 años. Caminaba varios kilómetros por día en el malecón de Ostia y conservaba una agilidad admirable. No podía creerlo cuando lo vi correr un taxi cuando salimos de la universidad. Siempre fue muy pintón y elegante, y en la familia decían que era parecido a Paul Muni, lo cual debe ser cierto porque también hay una foto del actor donde intuyo mis propias facciones.
Cuando yo tenía dos o tres años, me llevaban a dormir a su casa los fines de semana. Cuando corrían las cortinas y bajaban las luces, ponían los conciertos de Bach para violín y yo me dormía conociendo la felicidad. Una vez nos peleamos y a la semana siguiente no quise ir. Pero me convencieron anunciando una sorpresa. Cuando abrieron la puerta, el alfombrado de ese pisito estaba cubierto de autitos de todos los colores, con lo que hicimos las paces. Después de los 90 se enamoró de una china de menos de 30, que atendía el restaurant en la planta baja de su edificio. No creo que hayan pasado a la acción, pero no importa porque se los veía felices.
Me fui por las ramas, porque me da mucha ternura. Pero esto debía ser sobre Hugo del Carril, que fue el Frank Sinatra argentino, si valen esos paralelos. Vamos a escuchar algunos de sus discos y a ver un cortometraje biográfico que dirigió Lorena Muñoz para el canal Encuentro.
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