El abrazo del oso

La candidatura argentina a la secretaría general de la ONU

Rafael Grossi, candidato argentino para la Secretaría General de la ONU.

 

La política exterior de un Estado no es un ejercicio de proyección de afinidades ideológicas, sino la primera línea de defensa de los intereses nacionales en el sistema internacional. Sin embargo, bajo la administración de La Libertad Avanza (LLA), la Cancillería argentina —en manos del ex mesadinerista de JP Morgan, Pablo Quirno— ha experimentado una mutación. Ha abandonado su histórica tradición de neutralidad, búsqueda de consensos y compromiso con el multilateralismo para abrazar el alineamiento incondicional con los Estados Unidos e Israel. Esta orientación, a la que hemos caracterizado como "occidentalización dogmática", se define por una subordinación irrestricta, una marcada sobrecarga ideológica y una imprudencia antirrealista que antepone el dogma al interés nacional.

Paralelamente, el gobierno ha impulsado la candidatura de Rafael Mariano Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), para suceder a António Guterres en la Secretaría General de la ONU. Grossi, un diplomático de carrera de indudable prestigio técnico, se presenta ante el mundo como un mediador pragmático capaz de gestionar las crisis complejas de esta época. Sin embargo, existe una contradicción entre las aspiraciones globales del candidato y el comportamiento de su Estado patrocinante. Mientras Grossi basa su campaña en la promesa de un multilateralismo eficaz, el gobierno de Javier Milei contribuye a dinamitar los vestigios del orden liberal internacional a través de su desprecio al multilateralismo, su salida de organismos de gobernanza global y su constante voto en soledad contra los consensos más básicos de la comunidad internacional.

La "occidentalización dogmática" de Milei pareciera operar como un lastre para la postulación de Grossi. Ante un orden mundial no hegemónico y post-occidental, la caracterización de "bárbaros" para todos aquellos que disienten con el dogma libertario no solo aísla a la Argentina del concierto de naciones, sino que activa los reflejos geopolíticos de potencias clave como Rusia y China, ambas con poder de veto en el Consejo de Seguridad. Así, la desmesura de una diplomacia improvisada podría terminar por dañar las chances de que un diplomático argentino acceda, por primera vez en la historia, al pináculo de la burocracia global.

 

 

El laberinto de la Secretaría General

El proceso de selección del secretario general de la ONU está lejos de ser un concurso de méritos académicos. Se trata, en realidad, de una de las pulseadas político-diplomáticas más intrincadas de la geopolítica global. Formalmente, la designación se rige por el artículo 97 de la Carta de la ONU y por resoluciones de la Asamblea General (AGNU), como la resolución 79/327, que buscan dotar al mecanismo de mayor transparencia mediante audiencias públicas y diálogos interactivos. Sin embargo, el filtro decisivo reside en el Consejo de Seguridad, compuesto por 15 miembros, donde los cinco permanentes con derecho a veto —Estados Unidos, China, Rusia, el Reino Unido y Francia— ejercen un control clave sobre el destino de las candidaturas.

En la contienda para suceder a Guterres a partir del 1 de enero de 2027, el panorama se presenta sumamente competitivo. Originalmente, el lote de candidatos latinoamericanos incluía a dos figuras argentinas, un hecho inusual en la práctica diplomática. Mientras Grossi fue presentado oficialmente por el gobierno nacional, Virginia Gamba —experta en protección de la infancia en conflictos armados— se postuló con el apoyo de Maldivas, cuyo gobierno finalmente retiró el respaldo a la candidatura, lo que dejó a Grossi como el único representante argentino en carrera.

Las primeras dos "votaciones indicativas" en el Consejo de Seguridad han arrojado resultados que anticipan un final abierto. En la primera ronda del 30 de julio, Rebeca Grynspan (Costa Rica) lideró con diez votos a favor, uno en contra y cuatro abstenciones, seguida por la excanciller de Guyana, Carolyn Rodrigues-Birkett, con nueve apoyos, mientras que Grossi obtuvo siete votos favorables, dos en contra y seis abstenciones. En la segunda ronda exploratoria, celebrada el 21 de agosto, Rodrigues-Birkett retrocedió a ocho apoyos, Grynspan cayó a siete votos positivos y cuatro negativos, y Grossi, si bien preservó sus siete apoyos, vio dispararse sus votos negativos de dos a seis.

 

 

El perfil de Grossi

Nacido en Buenos Aires en 1961 y egresado del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) en 1985, Grossi cuenta con un doctorado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Ginebra (1997). Su especialización en desarme, seguridad y no proliferación se forjó a lo largo de tres décadas de funciones en diversos foros internacionales, incluyendo la presidencia del Grupo de Expertos Gubernamentales de la ONU sobre el Registro de Armas. Desde 2019, ejerce la dirección general del OIEA con sede en Viena, una plataforma de prestigio que le ha permitido actuar como mediador en crisis geopolíticas de primer orden, tales como la situación del programa nuclear iraní y la seguridad de la central ucraniana de Zaporiyia, bajo ocupación rusa.

El ex subdirector del diario La Nación, José Claudio Escribano, se ocupó el pasado 30 de agosto de la postulación de Grossi a la ONU. El experimentado periodista señaló la paradoja de que, mientras la diplomacia profesional tradicionalmente se ha fundado en la discreción y el silencio, Grossi ha desplegado una activa campaña pública en los últimos meses, hablando "más de la cuenta" en la promoción de su candidatura.

Por su parte, en una extensa entrevista concedida al corresponsal de La Nación en Washington D.C., Grossi defendió su postulación como fundamentada en un récord de gestión que proyecta "efectividad y mucho realismo". Ante los eventuales cuestionamientos sobre si la extrema cercanía ideológica del gobierno de Milei con los Estados Unidos podría comprometer su imparcialidad ante potencias como China o Rusia, Grossi rechazó de plano el señalamiento: "Soy un funcionario internacional (...), no soy el canciller de la Argentina (...), no soy el vocero de mi país".

 

 

La estatura nuclear argentina

Un error frecuente en el análisis de la postulación de Grossi consiste en interpretar su liderazgo en el OIEA como el resultado exclusivo de un mérito individual. En rigor, la proyección global de Grossi es el fruto directo de una trayectoria histórica de excelencia de la Argentina en materia nuclear y tecnológica, un acervo acumulado durante más de siete décadas que suele ser subestimado en las discusiones.

La historia nuclear argentina es un ejemplo elocuente del tipo de "influencia sin poder" que puede ejercer un Estado mediano en el sistema internacional. Desde la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 1950 bajo la presidencia de Juan Perón, el país adoptó una perspectiva industrialista orientada a la acumulación de capacidades científicas y tecnológicas propias. Como ha estudiado en profundidad uno de los máximos expertos en la materia, Diego Hurtado, a pesar de los condicionamientos de la "dinámica pendular" doméstica [1] y de las constantes presiones de las potencias nucleares centrales la Argentina logró hitos tecnológicos indiscutibles. En la mirada del autor, instrumentalizaron el régimen de no proliferación para obstaculizar el desarrollo autónomo de la semiperiferia. Entre ellos destacan el dominio soberano del ciclo de combustible nuclear, el desarrollo de reactores modulares de potencia como el CAREM-25, y la exportación de reactores de investigación a mercados de alta exigencia tecnológica como Australia, Argelia, Egipto y los Países Bajos a través de la empresa INVAP.

En el plano de la seguridad internacional, la diplomacia nuclear argentina realizó contribuciones fundamentales para la paz regional y global. El hito inicial de esta trayectoria fue la desactivación de la hipótesis de conflicto y la competencia nuclear estratégica con Brasil. Este acercamiento —iniciado en 1979 con el Acuerdo Tripartito Itaipú-Corpus— dio lugar en 1991 a la creación de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC). La ABACC representó una innovación institucional inédita a nivel mundial: un mecanismo de inspecciones recíprocas y garantías mutuas que desactivó las sospechas de una escalada militar sin ceder la soberanía tecnológica nacional. Posteriormente, en la década de 1990, la adhesión coordinada de ambos países al TNP y la ratificación del Tratado de Tlatelolco consolidaron este acervo de paz regional.

La autoridad moral de la Argentina en los foros de desarme se sustenta en que el país es percibido como "parte de la solución y no del problema". Es decir, un Estado mediano que ha demostrado que es posible desarrollar alta tecnología nuclear con fines estrictamente pacíficos, sin agendas ocultas, aceptando salvaguardas totales y cooperando activamente en la gobernanza global de la seguridad. Esta noble tradición, sin dudas, es una verdadera plataforma que impulsa la carrera de Grossi desde Viena hacia Nueva York.

 

 

Los claroscuros del camino

El camino de Grossi hacia la candidatura a la Secretaría General de la ONU no está exento de claroscuros. El primero de ellos se vincula con sus controvertidas declaraciones en relación con la cuestión Malvinas, la causa nacional que hoy está nuevamente en el centro de la agenda pública. En una entrevista concedida a El Observador US, al ser consultado sobre su postura en la disputa de soberanía con el Reino Unido en caso de resultar electo, Grossi reclamó una "imparcialidad absoluta" y afirmó que el secretario general debe "sobrevolar esas cuestiones" y no puede "traer a la mesa un tema donde su propio país de origen estuviese involucrado". Para fundamentar su posición, el diplomático utilizó una frase polémica: "Desmalvinicemos la cosa".

La respuesta crítica de los sectores comprometidos con la soberanía nacional no se hizo esperar. Guillermo Carmona, ex secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, publicó un pormenorizado análisis donde sostuvo que el argumento de la "imparcialidad total" esgrimido por Grossi tropieza con escollos normativos. Según el dirigente mendocino, bajo el artículo 98 de la Carta de la ONU, el secretario general no puede "sobrevolar" las controversias internacionales ni eludir los mandatos explícitos de las instancias de la organización. Específicamente, en la cuestión Malvinas, la Asamblea General ha conferido al secretario general una misión permanente y continua de "buenos oficios" a través de la resolución 37/9 (1982), respaldada anualmente por el Comité de Descolonización (C24), con el objeto de inducir al Reino Unido a retomar las negociaciones bilaterales de soberanía.

El segundo claroscuro de Grossi reside en el aval explícito y de cuerpo presente que otorgó a las iniciativas de desmantelamiento nuclear impulsadas por Javier Milei y su ex jefe de asesores, Demian Reidel. El 20 de diciembre de 2024, como detalló en este portal el propio Diego Hurtado, Grossi acompañó la presentación del denominado "Plan Nuclear Argentino". Este plan, caracterizado por el investigador del Conicet y ex titular de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) como una "farsa", se utilizó como pantalla para decretar la paralización y el estrangulamiento presupuestario del proyecto CAREM-25, el primer reactor modular de potencia diseñado íntegramente en el país, que contaba con un 64% de avance general y representaba un modelo de vanguardia en la transición energética global.

Mientras el CAREM-25 era desfinanciado y su obra civil paralizada bajo la excusa de una amañada "revisión crítica de diseño" impuesta por el presidente libertario de la CNEA, Germán Guido Lavalle, Milei y Reidel anunciaron con bombos y platillos la firma de un acuerdo con la empresa estadounidense Meitner Energy para construir reactores privados ACR-300. Esta entrega de soberanía tecnológica nacional se complementa con el proceso de privatización parcial del 44% de Nucleoeléctrica Argentina S.A., la extranjerización de IMPSA en manos de la estadounidense ARC Energy (responsable de fabricar los componentes críticos de los reactores) y la reorientación del sector hacia la minería extractivista de uranio para abastecer a la industria nuclear norteamericana bajo el programa FIRST del Departamento de Estado.

 

 

Parias en la Asamblea General

La candidatura de Grossi a la Secretaría General de la ONU se encuentra enmarcada por el comportamiento distópico de la Argentina ante la Asamblea General. Para un candidato que aspira a ser un "constructor de puentes" en un mundo polarizado y pugnante, la conducta de su Estado patrocinante, devenido en un paria que rompe los consensos históricos de la comunidad internacional, constituye una hipoteca diplomática. A continuación, se detallan algunas de las votaciones más alarmantes de la diplomacia mileísta:

  • Voto en contra de los derechos de los pueblos indígenas (noviembre de 2024): En la primera votación de la gestión del excanciller Gerardo Werthein, la Argentina protagonizó un hecho inédito al ser el único país en votar de manera negativa ante una resolución destinada a proteger, preservar la cultura y garantizar justicia ambiental para las comunidades originarias.
  • Voto negativo contra la erradicación de la violencia hacia mujeres y niñas (noviembre de 2024): Pocos días después, el gobierno de Milei volvió a quedar aislado al emitir el único voto negativo del planeta frente a una resolución de la Asamblea General que buscaba intensificar los esfuerzos globales para eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas.
  • Oposición a la desnuclearización de Medio Oriente (noviembre de 2024): El alineamiento incondicional con Estados Unidos e Israel llevó a la Argentina a oponerse a una iniciativa para declarar a Medio Oriente como una zona libre de armas nucleares.
  • Oposición a la solución de dos Estados en Medio Oriente (septiembre de 2025): En abierto desacuerdo con la tradicional postura de la política exterior argentina de apoyo a la coexistencia pacífica y la solución de dos Estados para el conflicto israelí-palestino, el país votó en contra de la “Declaración de Nueva York”, que respaldaba el ingreso de Palestina como Estado miembro pleno de la ONU y condenaba las acciones terroristas de Hamás.
  • Voto en contra de la prohibición absoluta de la tortura (noviembre de 2025): Rompiendo con una postura histórica de la democracia argentina vinculada a la memoria de su propio pasado dictatorial, la delegación oficial votó en contra de una resolución que reforzaba la prohibición de la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, alineándose únicamente con Estados Unidos e Israel en el bloque del rechazo.
  • Rechazo a la condena de la esclavitud como crimen de lesa humanidad (marzo de 2026): Buenos Aires votó negativamente ante una resolución que calificaba la trata transatlántica de esclavos como "el crimen de lesa humanidad más grave de la historia”.

De acuerdo con el Report to Congress on Voting Practices in the United Nations for 2024, publicado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, la Argentina de Milei demostró un nivel de coincidencia del 82% con las directrices de votación estadounidenses en la AGNU, y un asombroso 97% de coincidencia en las denominadas "votaciones importantes". Este grado de alineamiento ubica a nuestro país como el segundo más subordinado del planeta a los dictados de Washington, solo superado por el propio Israel (89%). Esta cifra no solo supera ampliamente el promedio regional de América Latina y el Caribe (41%), sino que representa un plegamiento diplomático muy superior al registrado durante el apogeo de las denominadas "relaciones carnales" de la década de 1990 bajo el gobierno de Carlos Menem. En aquel momento de extrema sintonía, la coincidencia en las votaciones generales fue del 68% y del 80% en las votaciones cruciales para Washington.

 

 

Recuperar la cordura estratégica

La candidatura de Rafael Grossi a la Secretaría General de la ONU, que debería constituir una oportunidad histórica de orgullo nacional y proyección de la excelente tradición diplomática y científica del país en materia nuclear, se encuentra hoy bajo amenaza debido a las desmesuras de la política exterior de Javier Milei y Pablo Quirno.

La "occidentalización dogmática" de la diplomacia mileísta conlleva un proceso de subordinación irrestricta y "dependencia para-colonial" que reduce la influencia real de la Argentina en el mundo a una paradójica combinación de irrelevancia y excentricidad. Al aislarse de la región, romper los consensos civilizatorios en materia de derechos humanos, ambiente, género y paz, y convalidar en el plano interno el desmantelamiento sistemático de las capacidades tecnológicas de la CNEA y el CAREM-25 para ofrendárselas a capitales estadounidenses, el gobierno nacional ha vaciado de contenido la tradición y la autoridad moral que históricamente distinguieron a la Argentina en el plano internacional.

No hay destino para un país mediano como el nuestro por fuera del fortalecimiento del sistema interestatal multilateral. Si la Argentina aspira seriamente a apuntalar la proyección global de sus cuadros diplomáticos más valiosos, resulta fundamental reconstruir una política exterior pragmática, prudente e inteligente. Solo a través del retorno a la cordura estratégica y del respeto a nuestra propia historia de paz y desarrollo tecnológico será posible volver a transitar por el sendero del interés nacional. De lo contrario, el fervoroso respaldo de Milei a la postulación de Grossi a la ONU será más un “abrazo del oso” que un “apoyo del león”.

 

 

 

[1] Hurtado incorpora el concepto "dinámica pendular" a partir del clásico texto de Marcelo Diamand de 1983, titulado "El péndulo argentino: ¿hasta cuándo?". Describe así la colisión histórica de dos proyectos de país excluyentes: a) el neoliberal periférico (o agroexportador), que propone un modelo de país basado en la exportación de materias primas, aceptando el rol que el orden global le asigna a la región; y que se caracteriza por políticas de desregulación de los sectores estratégicos, achicamiento del Estado, privatización y adquisición de tecnologías extranjeras bajo la modalidad de importaciones "llave en mano"; y b) el desarrollista (o industrialista), que propone el desarrollo de la industria nacional y de capacidades tecnológicas autónomas en sectores estratégicos como único camino hacia la equidad.
* Luciano Anzelini es doctor en Ciencias Sociales (UBA) y profesor de Relaciones Internacionales (UBA-UNSAM-UNQ-UTDT).

 

 

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