El amigo de color

La música que escuché mientras escribía

 

Muchas veces te hablé de Tony Bennett y te hice escuchar las grabaciones que más me gustan de mi cantante preferido en cualquier idioma que no sea el castellano. Este año Anthony Dominick Benedetto cumple 97 y se despidió hace dos con varias funciones en uno de los teatros emblemáticos de Nueva York, su ciudad. Lo acompañó su amiga Stefani Germanotta, con quien grabó sus últimos discos, extraordinarios como todos. Ella estaba muy nerviosa por el avance del Alzheimer. Él casi no hablaba y no era claro si sabía quién era esa mujer. Pero cuando ella terminaba una canción y él ingresó al escenario, Tony Bennett exclamó, señalándola, con tanta energía como siempre:

—Lady Gaga!

Te conté que mi admiración por él no es sólo artística. En la Segunda Guerra Mundial confraternizó con los soldados negros, segregados en los batallones que combatieron en Francia, lo cual le valió sanciones y afectos. En la posguerra fue uno de los blancos que marcharon desde Selma hasta Montgomery por los derechos civiles junto con Martin Luther King, acompañando a su amigo Harry Belafonte. Corrió por ello el máximo riesgo, porque el odio racista contra los blancos solidarios era mayor aún que contra los negros porque los consideraban traidores: luego de la marcha, la activista por los derechos humanos Viola Liuzzo llevó a Tony al aeropuerto de Montgomery. Al salir del aeropuerto, fue emboscada por un grupo del Ku Klux Klan que la mató a tiros.

La noticia de esta semana no es él, sino Belafonte, quien murió en su casa de Nueva York a los 96 años. Nacido en Jamaica, fue uno de los artistas que lograron superar la brecha racial y su música fue aclamada también por la audiencia blanca. Además fue un actor estimable y un activista en la lucha por los derechos civiles.

 

 

 

 

 

Su primer gran éxito, que vendió un millón de discos, fue una canción sobre los jamaiquinos que cargan cachos de banana para exportación. Han trabajado todo el día, cae la noche y deben esperar a ver si les pagan.

 

 

 

 

 

 

Hace 10 años, la Asociación para el Avance de las Personas de Color, una de las organizaciones más antiguas, le otorgó su premio especial. Al agradecerlo no se guardó nada. Dijo que los negros eran las principales víctimas de la obsesión estadounidense con las armas. "Con dos millones de personas, Estados Unidos tiene la mayor población encarcelada del mundo, en su mayoría negros, incluyendo mujeres y niños. Encabezan las nóminas de desocupados, son los más atrapados por el sistema de justicia penal y, en el juego de las armas, los más cazados. El río de sangre que recorre las calles de nuestra Nación, fluye básicamente de los cuerpos de los niños negros. Para la América blanca el gran debate es sobre la constitucionalidad del uso de armas. Pero nadie habla de la masacre racial que es su consecuencia". La gran pregunta es por qué están callados los negros, ¿Dónde están nuestros líderes, nuestros legisladores, la iglesia". Luego de enumerar las grandes voces del pasado que clamaron por la igualdad, desde Martin Luther King hasta Paul Robeson, celebra la enorme cantidad de artistas negros del presente pero reclama oír sus voces, sus almas.

 

 

 

 

 

Ya sabés quién fue. Ahora gozá con su música.

 

 

 

 

 

 

Quien llegó hasta aquí merece la yapa.

 

 

 

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