EL AMOR ES UN SANTUARIO EN LLAMAS

Lamentarse por el incendio en Notre-Dame, ¿es una frivolidad o un imperativo?

 

«Amar —escribió Victor Hugo, dos días antes de su muerte— es actuar».

A juzgar por la cantidad de cosas que acometió durante sus 83 años de vida, Victor Hugo amó mucho. Nacido con el siglo XIX, evolucionó desde el catolicismo que veía con buenos ojos la monarquía hacia un republicanismo que hoy definiríamos como populista. A los veintipocos ya era un poeta consagrado, beneficiario de una pensión que le otorgó Luis XVIII. Obras como Hernani (1830) lo convirtieron en estandarte del movimiento romántico; y una vez aceptado como miembro de la Academia Francesa, utilizó esa plataforma para defender causas como la libertad de prensa y el voto universal y condenar la injusticia social y la pena de muerte. Por supuesto, siendo un hombre de su tiempo incurrió en comportamientos que hoy no pasarían la criba de la corrección política. Además de no haberse despegado nunca del pensamiento colonialista que era la norma en Europa, fue un mujeriego compulsivo que dejó registro de sus conquistas en textos codificados. (Las iniciales S. B. con que se refirió a una de ellas pueden referirse a la actriz Sarah Bernhardt; por lo demás, no tenía empacho en seducir tanto a cortesanas como a revolucionarias.) Pero no se puede negar que también ponía el cuerpo para respaldar sus ideas, por las cuales padeció exilio y se negó a aceptar una amnistía al precio de deponer sus críticas a Napoleón III.

Su militancia política llegó al punto de convertirlo en senador y en presidente del Congreso Internacional por la Paz, que tuvo lugar en París en 1849. También defendió la idea de una Europa unida («Toda guerra entre europeos es una guerra civil») y la legalización del derecho de los artistas sobre sus obras. Pero su contribución más duradera a las causas por las que vale la pena luchar fue su obra artística. Novelas como Los miserables (1862) hicieron más por la causa de la justicia social que infinidad de políticos. Esta paradoja sigue vigente: a pesar del recorrido histórico de nuestra especie, seguimos menospreciando el poder de la belleza para moldear la realidad.

 

Victor Hugo.

 

Hugo ya lo había puesto a prueba a sus 29 años. Si no hubiese publicado Nuestra Señora de Paris (Notre-Dame de Paris) en 1831 —esa novela que el mundo entero conoce como El jorobado de Notre-Dame—, quizás no habría quedado en pie una catedral en condiciones de arder.

 

 

Guerra a los demoledores

Ya en la década del ’20 Hugo había difundido un panfleto titulado Guerra a los demoledores (Guerre aux Démolisseurs), donde defendía la arquitectura gótica que aún existía en París del desprecio y la pica de los modernistas. A comienzos del siglo XIX, Notre-Dame —esa maravilla que aún se alza en la Île de la Cité, el barrio más antiguo de la ciudad— seguía funcionando como templo pero estaba profundamente dañada, especialmente por dentro. Construida entre 1160 y 1260 sobre lo que fue un templo consagrado a Júpiter en tiempos de dominación romana, había sufrido las violencias de la Historia. En 1548, los hugonotes amotinados dañaron algunas de sus estatuas. La colosal efigie de San Cristóbal, que databa de 1413, fue destruida en 1786. Durante la Revolución, muchos de sus tesoros fueron saqueados o pasto de la maza y del fuego. (Veintiocho reyes bíblicos, sin ir más lejos, fueron descabezados, y se reconvirtió el templo para consagrarlo al Culto a la Razón.) Napoleón le lavó la cara para usarla como escenario de su coronación como Emperador, en 1804. Pero a su caída, Notre-Dame volvió a ser víctima de la desidia.

 

 

Además del panfleto contra los demoledores, Hugo se había comprometido con su editor a escribir un relato que llevase la atención de los lectores hacia el templo. Y así, en seis meses de afiebrada labor, nació Notre-Dame de Paris, la novela que convirtió la catedral en un símbolo que trascendió lo confesional para asociarse a los destinos de la humanidad toda.

Imagino que conocen la historia, pero por las dudas la reitero. A fines del siglo XV una bella adolescente llamada Esmeralda, que ha sido criada entre gitanos y por ende considerada una de ellos, se convierte en objeto de la lascivia del archidiácono Frollo, el responsable de la catedral. Frollo encarga a su pupilo Quasimodo que la secuestre. Con tan sólo 20 años, Quasimodo carga con una masiva joroba y una verruga que cubre parte de su ojo izquierdo; además está casi sordo, a consecuencia de su tarea como campanero de la iglesia. Por culpa de su deformidad, había sido abandonado de bebé al cuidado de Frollo. Eso explica que carezca hasta de un nombre tradicional: se llama Quasimodo al domingo que sigue al de Pascuas, como cita de la carta del apóstol Pedro que suele leerse durante las misas de ese día. (Quasi modo geniti infantes, arranca 1 Pedro 2;2.) Lo cual opera como comentario de una ironía cruel: el jovencito es de ese modo —un monstruo, a los ojos de todos— y no podría ser de otro aunque quisiese.

Pero el pobre jorobado fracasa como secuestrador, es detenido por el capitán Phoebus y condenado a azotes en la plaza pública. La única que se apiada de él, y le da de beber, es precisamente su víctima, Esmeralda. De más está decir que la mezcla de belleza y piedad de la que hace gala la gitanita enamora a Quasimodo como un fuego. Por eso, cuando se la acusa erróneamente de haber querido matar al capitán Phoebus —otra maldad del impresentable Frollo—, Quasimodo la rescata y la lleva a Notre-Dame mientras invoca a los gritos un poder que los soldados no desconocen: el de la catedral como santuario.

 

La versión fílmica de «El jorobado» de 1923, protagonizada por Lon Chaney.

 

Esta disposición regía desde el año 511, cuando la instituyó el Concilio de Orleans: si confesaban sus pecados y entregaban sus armas, los perseguidos por el poder secular podían encontrar asilo oficial en ciertos templos, del mismo modo en que hoy conceden asilo político las embajadas. (Un Assange, sin ir más lejos, podría haberse refugiado entonces en Notre-Dame.) Se les concedían cuarenta días de gracia, al término de los cuales podían entregarse a las autoridades para ser juzgados u optar por el exilio. Por eso Quasimodo mete allí a Esmeralda: porque sabe que los soldados no tienen derecho a hollar el templo.

Los gitanos intentan rescatarla y Quasimodo los repele, funcionando como un ejército de un solo hombre; además de las piedras y ladrillos que arroja desde lo alto, llega al extremo de bañarlos con plomo fundido. Pero, mientras está ocupado en la refriega, Frollo se apodera de Esmeralda y, dado que ella se niega a sometérsele, la entrega a los soldados para que sea colgada.

Sí, es así: no hay happy ending para los protagonistas. Quasimodo hace justicia, al menos: Frollo observa la ejecución desde lo alto de una de las torres de Notre-Dame, y al verlo sonreir el jorobado no aguanta más y empuja a su mentor al vacío. «¡He ahí todo lo que he amado!», concluye la desgraciada criatura. Luego de lo cual se traslada al cadalso de Montfaucon, en cuyas inmediaciones el cuerpo de la gitanita ha sido arrojado sin siquiera darle sepultura; y se abraza a ella hasta morir de hambre. Años después, unos excavadores encuentran ambos esqueletos entrelazados; y al tirar de los huesos de Quasimodo, se les desintegran en las manos hasta reducirse a polvo.

 

 

Ceci tuera cela?

La novela obtuvo un éxito fenomenal y consiguió su objetivo: a partir de entonces los franceses —y después el mundo entero— dejaron de ver Notre-Dame como un edificio al servicio de la Iglesia católica para considerarlo un monumento que simboliza al mismo tiempo todo lo maravilloso y lo terrible que podemos generar como especie.

 

 

El texto abunda en descripciones de la catedral de un modo que hoy consideramos excesivo, pero que servían a su objetivo. Hugo ubicó la historia en ese preciso tiempo porque quería ilustrar los errores en que incurrimos cuando sobreviene un cambio sísmico: ante la invención de la imprenta –alrededor de 1440— y la consecuente difusión del objeto libro, la arquitectura perdió parte del código que explicaba sus formas. Notre-Dame está concebida como un monumento creado para contar historias a la masa iletrada. Lo que por entonces se denominaba liber pauperum, un libro para pobres, en cuyas superficies se narraban desde el Juicio Final —en la fachada occidental— hasta la coronación de la Virgen y escenas del santoral, como la decapitación de Saint Denis. Incluso se dieron el lujo de incluir imágenes paganas, como las célebres gárgolas, estirges y quimeras (¡dueñas de su propia galería!)

La tecnología suele cegarnos, moviéndonos al desprecio de aquello que tornó anticuado; y en esa ceguera, corremos el riesgo de tolerar pérdidas irreparables. Por eso Frollo, la encarnación del Mal, dice con ligereza mientras su vista salta de un libro a la catedral: Ceci tuera cela, o sea esto matará aquello, mientras que Hugo entiende que lo nuevo es bienvenido pero no a costa de la belleza que nos legó el pasado.

Pero Hugo hizo mucho más que salvar un edificio. Para subrayar que su valor excedía la significación religiosa, puso a un cura como villano. Y eligió un título que parecía obvio, pero que admitía segundas lecturas; porque Nuestra Señora —Dama— de París es el nombre de una iglesia pero a la vez puede aplicarse a su protagonista, Esmeralda, una mujer que pertenece a una población siempre vilificada —el pueblo gitano— y que además es víctima de los rigores con que se (mal)trataba a su género. A excepción del amor puro de Quasimodo, Esmeralda es manipulada como objeto sexual por todos los hombres, de Frollo a Phoebus; y se la condena a muerte como bruja —su cabra Djali, adiestrada para hacer un truco de feria, es considerada un animal poseido— en un eco de los juicios que dos siglos más tarde, en la americana Salem, demonizarían a las mujeres por el sólo hecho de ser tales.

 

Esmeralda, o la mujer bella e independiente como peligro.

 

Nuestra Señora de París es, además, una novela panorámica, en la que caben como personajes desde el rey de Francia a los mendigos que pululan por la ciudad. Su aliento es totalizador, en tanto parece referir la historia de un pueblo completo; y profundamente democrática, dado que concede valor trascendente a representantes del entero espectro social. Sin ella, la obra de Balzac y de Dickens —por mencionar apenas a otros dos imprescindibles— no habría sido tal como hoy la conocemos.

Y si funciona es porque la catedral es el escenario perfecto para el drama de un pueblo que clama por justicia. Para ese pueblo pero también para la humanidad toda, Notre-Dame será siempre símbolo del santuario que la belleza otorga a los perseguidos y caja de resonancia —nuevamente como un libro, o cualquier otra obra de arte— de las más poderosas emociones humanas.

 

 

 

Santuario

Al calor del incendio, el escritor y dibujante Tim Kreider escribió unos párrafos con los que no puedo estar más de acuerdo. En el Medioevo, dice, «se construían catedrales como casas de Dios, para la eternidad; incluso para nosotros los ateos, siguen siendo un monumento a la aspiración humana, testamentos a la cooperación multigeneracional hacia un objetivo común… Notre Dame fue erigida durante el curso de un siglo y se ha alzado desde entonces durante treinta generaciones, que la han reparado y completado: agregándole transeptos, portales a dos aguas, contrafuertes alados, una aguja… La catedral, como una sinfonía, es sinécdoque de los logros más altos de la cultura occidental; el artefacto de un pueblo que tenía fe en la continuidad, en un futuro, en una civilización que aún creía en sí misma».

Pero nuestra civilización ha perdido esa fe. «Este mundo —sigue Kreider— parece manejado cada vez más por hombres que no sienten identificación alguna con la humanidad ni invierten en futuro alguno — que todavía viven en el solipsismo de la infancia. Los billonarios construyen bunkers, no catedrales».

Vivimos tiempos que tienen mucho de episodio bíblico: los poderosos han vuelto a adorar al becerro de oro, acumulando compulsivamente —y sin saber para qué— una riqueza que en buena medida es virtual y podría esfumarse del día a la noche. Para ello desangran a la Tierra toda y sus habitantes, convirtiéndonos en víctimas de plagas redivivas. Entre nosotros, sin ir más lejos, prosperan otra vez las enfermedades de la pobreza, como la tuberculosis y la sífilis. La violencia de género no perdona ni a la población trans pero tampoco a las niñas. Los viejos tratan de suicidarse para no ser carga para sus hijos y sus hijos, que no consiguen trabajo, se matan por culpa de la impotencia.[1] Y en el contexto de una desesperación tan grande —cuesta encontrar porqués válidos a tanta maldad, a una mezquindad que no conduce a otra cosa que a la destrucción general—, nos confundimos y se nos escapa la poca lucidez de que habitualmente disponemos. Por eso hay tanta gente que sostiene que condolerse por el daño hecho a Notre Dame es frívolo, y que habría que dedicar esa emoción a causas más válidas y a dolores más próximos.

Si me permiten el atrevimiento, voy a disentir. Oponer la atención brindada a Notre-Dame a la indignación que produce una niña asesinada es tomar por bueno un dilema que no hemos creado, que no es nuestro, una consecuencia indeseada —e inaceptable— de las encrucijadas a que esta realidad de mierda nos somete de facto. Como se nos empobrece a la fuerza y nos vemos obligados a racionar los bienes, actuamos por reflejo pavloviano y caemos en la tentación de racionar también las emociones. Y no podemos incurrir en el terrible error de manejar nuestro corazón con principios de ortodoxia neoliberal. Así como achicar el Estado para que los empresarios privados hagan lo que quieran es un disparate, también lo sería achicar el corazón.

Por supuesto, si tuviese que elegir entre salvar a una niña y salvar Notre-Dame no dudaría un segundo, no existe nada más sagrado que la vida. Pero esa decisión no existe, es irreal, nos ha sido impuesta y por eso hay que desconocerla. Tenemos —no, no: debemos— valorar y salvar a nuestra gente y también a los símbolos que, como Notre Dame, llenan de sentido nuestra experiencia durante este tránsito. Porque necesitamos ambas realidades, y la pérdida de una supondría el extravío del sentido de la otra: así como las Notre-Dames en un mundo deshabitado serían inútiles, la existencia sin los símbolos que creamos para señalar nuestras aspiraciones más altas sería un cuento contado por un idiota, lleno de sonido y de furia, que nada significaría.

 

 

 

No es tiempo de racionar el amor, sino al contrario, de amar cada vez más en el sentido de la cita de Hugo con que abrí este texto. Si amar es en efecto actuar, tenemos que multiplicar el amor que somos capaces de sentir — tenemos que hacer más, mucho más. Porque si nos dejamos confundir y aceptamos que conviene amar sólo esto en lugar de aquello, y no además de aquello, vamos a seguir prescindiendo de cosas a las que tenemos derecho; y a sacrificar nuestros monumentos, nuestros símbolos, sin entender que al hacerlo nos condenamos innecesariamente. Porque menospreciar o relegar una obra de arte —¡aún por la mejor de las razones!— es entrar en el juego de los poderosos, que lo primero que hacen para doblegarnos es deprimirnos y secuestrar nuestro estado de ánimo. Las mejores obras de arte forman parte de nuestro sistema inmunológico tanto como los glóbulos blancos: sin ellas, si las menospreciamos o descuidamos o nos encogemos de hombros ante su destrucción, seremos presa fácil hasta del mal más tonto.

Hugo escribió la novela para contrariar a Frollo, que creía que ceci —esto, o sea el libro— iba a matar cela —aquello, o sea la catedral; cuando Hugo sabía con toda su alma que ceci sauvera cela, que la obra de arte salvaría a lo real. Aun si aceptásemos el sacrificio de toda la belleza artística de este mundo no salvaríamos ni a una sola persona de las que estos criminales matan a diario, por acción u omisión. Al contrario, les daríamos otra satisfacción, dado que suelen odiar la belleza porque no pueden despojarnos de ella por medio del dinero: a la humanidad sensible le basta una mala foto para admirar Notre-Dame, más de lo que la disfruta el rico que la mira a diario desde su ventana o el turista que la visita para fardarse ante sus relaciones.

No hay forma de exagerar el valor de los símbolos como Notre-Dame. Y así parece haberlo entendido Mark Lamparello, el hombre que hace horas fue atrapado en la catedral neoyorquina de Saint Patrick con litros de nafta y encendedores y que poco antes había comprado un pasaje tan sólo de ida rumbo a Roma. Los Lamparello de este mundo entienden mejor que muchos que atentar contra los monumentos que cristalizan los mejores impulsos de la humanidad es pegar debajo del cinturón y ponernos de rodillas para impedir que sigamos peleando. Pero por suerte sigue existiendo gente que comprende el valor de estos símbolos. Según Amazon, Notre-Dame de Paris volvió a convertirse en el libro más leído en Francia a casi dos siglos de su publicación: el martes 16, distintas ediciones ocupaban el primer puesto y el segundo y el sexto y el séptimo en la lista de best-sellers.

 

La galería de las quimeras

«El fuego en Notre-Dame —sigue diciendo Kreider— produjo un shock que reverberó más allá de lo existencial; fue un recordatorio de que las cosas grandes y duraderas pueden desaparecer por culpa del descuido, la apatía o el azar; que podemos perderlo todo, en cualquier momento». Y por eso propone a continuación: «Necesitamos un equivalente moderno de la construcción de catedrales».

El problema es que, al decirlo así, Kreider demuestra que no entiende que ese equivalente de la construcción de catedrales ya existe. Lo que venimos erigiendo trabajosamente, generación tras generación, corrigiendo y completando a medida que aprendemos y nos superamos, es ese monumento que llamamos democracia; que sufrió calamidades a lo largo de la Historia que nos obligaron a restaurarla y recrearla una y mil veces; y que es lo más parecido que tenemos a una representación simbólica de la más alta aspiración humana en el terreno político.

Por eso es muy probable que quien no se sensibiliza ante la catedral en llamas no haya percibido que existe este otro monumento que también está ardiendo, y sin el cual quedaremos a la intemperie. Hay gente a quien le importa más su propia vida que la preservación de la democracia como sistema; olvidando que la plenitud a que aspira sólo puede realizarse en el marco de este monumento en llamas. Por eso no hay que aceptar, y mucho menos proponer, una dicotomía entre Notre-Dame y ese otro templo ya irreparable que es el cuerpito de Sabina, la nena de 11 violada y matada hace pocas horas. Porque el único ordenamiento que nos garantiza valorar y proteger a esos y otros tantos templos es la democracia, que se está desmoronando ante nuestros ojos sin que reaccionemos tal como exige la gravedad de la hora. Sin democracia, lo más probable es que no se salven ni Notre-Dame ni las Sabinas por venir; y esa es una negociación en la cual no debemos entrar bajo argumento o argucia alguna.

La democracia es un sistema imperfecto pero perfectible, a diferencia del fascismo y el gobierno de los más ricos, que perpetúan un orden inamovible en desmedro del cambio progresivo real. Y además es el único sistema a través del cual preservaremos el monumento último, aquel que también nos precedió y que todavía pisamos. ¿O acaso alguien piensa que el fascismo y los ricos como Creso salvarán el planeta y le legarán a nuestros descendientes un lugar donde se respire sano y se beba agua pura y la tierra permita que las semillas germinen?

 

El Quasimodo fílmico de 1939, encarnado por Charles Laughton: Ecce Homo.

 

Durante su última presentación en público —el 3 de agosto de 1879—, Victor Hugo expresó un deseo que, ay, no se cumplió. «En el siglo XX —dijo—, la guerra habrá muerto, el cadalso habrá muerto, el odio habrá muerto, las fronteras habrán muerto, los dogmas habrán muerto; y la humanidad vivirá». Habrá quien se ría de su vaticinio con una risa trágica, pero la reacción adecuada debería ser otra. Nos han golpeado tanto, es cierto, que nuestras almas no se ven mucho mejor que Quasimodo: estamos medio ciegos y medio sordos y doblados en dos por el peso excesivo de la represión y del dolor; por eso caminamos encorvados, atentos a la moneda que nos depare el suelo si existe un golpe de módica suerte. Cuando lo que deberíamos hacer es recuperar la posición a que nos invitaba la altura de las catedrales y mirar hacia arriba, o cuanto menos a lo lejos — y recuperar perspectiva.

Este no es momento para pensar en pequeño ni para amar en pequeño, porque lo que está ardiendo es mucho más que París. O lo salvamos todo y a todos o nos quedamos sin nada y sin nadie. Confiemos en la elasticidad de nuestros corazones y permitámosles amar / actuar lo que la hora demanda. Porque si no lo hacemos, nuestro destino será el de Quasimodo: miraremos las ruinas de nuestra existencia, exclamando «¡He ahí todo lo que he amado!»; y nuestros huesos se desintegrarán al soplo del viento.

«Amar —escribió Victor Hugo, dos días antes de su muerte— es actuar».

 

 

 

[1] Si alguien cree que los ejemplos que estoy dando son simbólicos, no tiene más que consultar los artículos que en esta edición de El Cohete escriben Agustina Paz Frontera, Flor Alcaraz y Victorio Paulón.

59 Comentarios
  1. Leonardo Guiskin dice

    En un casi 100 % de acuerdo contigo: Ph1. Lamentable pero cierto. Demasiada alienación e ignorancia en la inmensa mayoría de lo que aún se llama, pomposamente: Pueblo. Reivindica justamente esa hermosa palabra una izquierda atomizada en corpúsculos vanamente irreconciliables, y que en las elecciones, el que más, obtiene con viento a favor 1,3. Y la bolsa de ¿puede decirse gatos? que siempre fue el peronismo, desde los imberbes a los Menems. Porque Perón (que no fue Evita, sino un bicho político muy hábil e inteligente, pero no siempre al servicio de lo bueno) no hizo sino resignificar con su famosa tercera posición el vecino dicho de Ni chicha ni limonada (luego en la Plaza echa a los imberbes y la mitad triunfante y fascistoide ulula: Ni yanquis ni marxistas, peronistas). Y los gorilas seguirán hasta hoy, revitalizados. Por la más simple Ley de la Física, a una fuerza que detenta un poder opresor hay que oponerle en la lucha un poder contrario. Pero no olvidemos de dónde venía JDP: ante todo, era un militar (y no me gustan los milicos en ninguna forma de gobierno) inspirado en il Duce, y luego refugiador serial, si bien no el único, de los genocidas nazis. Miren si no donde busca refugio y cobijo (Ströesner, Franco!) hasta la masacre de Ezeiza y su chochera violenta al fin de sus días que le da luz verde a la triple A. Difícil no irse por las ramas, en este caso, las volutas de humo de la aguja ardiendo en París. En definitiva, la sensación de desasosiego y tristeza es parecida. El mundo queda sin sus símbolos en pie, ni sus bosques nativos y sus ecosistemas; la contaminación planetaria y el cambio climático hay que ser Trump para negarla. Hasta en la Antártida hay más restos de plástico que krill. Y por aquí, nuestra clase media de mierda vota a un Menem de ojitos azules, en una ignorancia supina, o por odio y misoginia. Va a votar gente a la que todo/s le importa/n nada, salvo su bolsillo y con suerte su familia. Vota gente que dice (fui testigo): no sé, metí el primer papelito que encontré; o que se jacta de su apoliticismo y putea a todos por igual, mientras evade a troche y moche. La corrupción es desde hace décadas parte de nuestra idiosincrasia nacional. Cuanto más en negro mejor. La coima se ve tan natural como el aire. El Me cago en el buen gusto impera en los medios masivos… Hay una Mirtha que induce a [email protected] [email protected] [email protected] a que voten al hijo del mafioso calabrés. Pero, ¿qué puede esperarse de gente que igualmente idolatra a una oxigenada iletrada, o que finge serlo, como Susana? Mientras verdaderos creadores o artistas mueren abandonados y en la indigencia. Ay, país. Cualquiera con pensar un poquito hubiera sabido adónde nos iba a meter MMLPQTP. Y su mejor equipo, esta runfla de ineptos y/o delincuentes. Al FMI entregados, culo para arriba, lasciate ogni speranza… al menos, va a costarnos más sangre, sudor y lágrimas, con perdón de la británica cita.

  2. Laura Malosetti Costa dice

    Excelente articulo, Marcelo Figueras!!! Acuerdo con cada una de tus reflexiones.

  3. Pedro dice

    Bravo! Potente, pero a la vez sutil. Sensible, pero guardando las angularidades rústicas de una arquitectura que pretende hacerse respetar. Poner un grito en el cielo. Amar-actuar es una forma de poner ese grito de Quasimodo en el cielo. Muchas gracias!!

  4. Ph1 dice

    «La democracia es un sistema imperfecto pero perfectible, a diferencia del fascismo y el gobierno de los más ricos, que perpetúan un orden inamovible en desmedro del cambio progresivo real.»

    En una palabra, en Argentina no hay democracia. Gracias por la aclaración, aunque ya lo sabíamos. A la pruebas me remito:

    ““Vinimos a cambiar la historia”, repite ahora Macrì. Unos antes que otros, debieron aprender que la realidad era más escabrosa que la planicie de sus sueños.”

    Así es. Y siempre fue así. Resulta obvio que la amnesia política que aqueja a la Argentina, no parece resolverse. En los años de la llamada restauración de la democracia la gente, apretada por las circunstancias invariablemente impuestas por los de siempre, votó lo que le pusieron delante. Veamos que han sabido elegir desde 1983 en adelante, a saber:

    1. Un señor muy charlatán, que soñaba con ser opositor, pero la vida le jugó una mala pasada. Tan demócrata él, que siendo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, voló al despacho de un ignoto teniente coronel que lo había emplazado en forma perentoria, para que se informara y cumpliera con sus órdenes. Y el hombre, sin chistar, cumplió.
    Afirmaba enfáticamente, después de comer en aquel legendario bodegón-restaurante próximo a la esquina de Las Heras y Pueyrredón, que con la democracia se come, se cura, y se educa. Sus mediodías, compartidos con los “culitos parados”de la Coordinadora y su musa inspiradora, la Petite Sirah de Navarro Correas, lo hacían ver la realidad con ojos optimistas por unas horas. Por eso esperaba con ansias el mediodía siguiente, único momento de solaz en su azaroso paso por la política nacional. Sabemos ahora con pesar, que con la democracia también se roba, se explota, y se miente.

    2. Un personaje caricaturesco que fantaseaba con ser rubio, alto y buen mozo, siendo, como el Tigre Millán, “picao de viruela, bastante morocho, encrespao el pelo lo mismo que mota”. Para hacer realidad su sueño le hubiera vendido el alma al mismísimo mandinga. Y el Diablo, siempre atento a las debilidades humanas, compró a precio de saldo.

    3. Un escapado de un Caras y Caretas, al que no vale la pena describir, pero que hubiera hecho las delicias de Homero Cárpena cuando filmó “Se necesita un hombre con cara de infeliz”.

    4. Moe, Larry y Curly (como línea sucesoria a la presidencia)

    5. Un empleado del Sr. Magnetto al que nunca le dio la cabeza para nada útil.

    6. Néstor Kirchner (Seguramente por equivocación. Casi pierde con López Murphy). Algo para recordar:
    Elecciones presidenciales de Argentina de 2003: Menem 24.45%; López Murphy 16.37%; Elisa Carrió 14.05% = 55%. Esto es lo que mayoritariamente votaron los argentinos, con el culo todavía ensalivado por las políticas de Cavallo/Menem/De La Rua. Aun se escuchaba el ruido de las cacerolas frente a los bancos (no así en las cocinas), y sin embargo, la gran mayoría votó para que los siguieran apaleando.

    7. La señora de Néstor Kirchner mientras Néstor vivió y poco más.

    8. Otra versión de la señora de Kirchner después que este falleciera, de talante omnipotente, aquejada por delirios de grandeza, que se caracterizaba de Madame de Pompadour, o de zarina, o de carmelita de capelina blanca, según las circunstancias, que pretendió imponer los candidatos a la fuerza, pescado podrido que la gente comió a regañadientes, y que no hizo más que agravar el empacho, con los resultados catastróficos de la última elección, preanunciados en las parlamentarias del 2013. Esta conducta irresponsable complicó a todo el continente, ayudó a la caída de Dilma, puso en jaque al gobierno de Venezuela y comprometió gravemente la continuidad de los gobiernos progresistas en América Latina y de sus instituciones, Mercosur, Unasur, Alba, CELAG.

    9. La squadra azzurra (4-3-3):

    En la portería:

    Macri

    Defensores:

    Magnetto, Fontevecchia, Lanata y Pagni

    Mediocampistas, volantes de contención y doble cinco:

    Rocca, Caputo y Ratazzi

    El tridente ofensivo:

    Ercolini, Lorenzetti y Bonadío

    DT: Durán Barba

    ¿Y si en lugar de insistir con lo que no existe sino en nuestra imaginación, construimos una catedral? Sería mucho más útil, aprenderíamos a trabajar con las manos, y quien sabe, a lo mejor Dios no ayuda…

  5. Nicolás Scardetta dice

    Es conmovedor, la palabra de un maestro que encuentra expresiones exactas para tocar el corazón y sacudir la mente. Me apena que algunas personas, todavía hoy, sigan apelando al resentimiento y al odio en la reafirmación de ideales nobles. Así no vamos a construir un mundo mejor. Nunca crecerán flores sobre las cenizas de aquello que nos dio razón de ser y proclamó la grandeza del espíritu humano.

  6. Ernesto Oscar dice

    Hay personas que no consiguen entender lo que leen. El Quijote le dijo a su escudero: Deja que ladren Sancho, señal de que cabalgamos. Un abrazo agradecido Marcelo.

  7. Ph1 dice

    El término catedral viene de cátedra, palabra que deriva del latín cathedra, sirve para nombrar al sillón en que se sienta el obispo en los oficios litúrgicos.
    Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, no había nadie que asumiera el control administrativo de las ciudades. Por eso, los obispos fueron los naturales depositarios de esa función, dado que todo el Imperio se había hecho “cristiano” y la autoridad del obispo estaba fuera de discusión.

    Como ahora la banca (¿qué coincidencia, verdad?), la cátedra debía tener un edificio monumental que simbolizara la dignidad y últimamente afirmara la potestad que ejercía el obispo sobre sus feligreses/súbditos.

    Los bancos, curiosamente, nunca o rara vez se queman. Las catedrales parece que sí. Un techo que llevaba 800 años sin sufrir mayores daños (no hablemos del pináculo que puso Viollet-le-Duc, hace relativamente poco y que pareciera ser lo único importante que se perdió en el estrago), parece que no tenía, en plena era tecnológica, siquiera un detector de humo que lo protegiera de un posible incendio.

    Donde yo vivo, un edificio de veinte pisos de tercera categoría, si a alguno se le quema la tortilla o se tira un pedo frente a la puerta de los ascensores, a los dos minutos hay un camión de bomberos en la entrada investigando qué pasó. Pero una obra de arte de 900 años de antigüedad parece que no merece tener protección contra incendio (que la tuviera o no es irrelevante porque en cualquier caso no funcionó).
    Dicen los entendidos en estas cuestiones que una colilla de cigarrillo quemó la catedral. Bueno, supongo que habrá que creerles, pero qué raro, ¿no?

  8. Eduardo Alberto Varela dice

    Gracias Marcelo Figueras, muchas por esta estimulante reflexión. También el pensador de la Postmodernidad, Michel Maffesoli, escribió la suya en consonancia, La Trascendencia Inmanente, aportando ideas para el sentimiento colectivo.

  9. apico dice

    De adolescente,leí a V Hugo,y ya de adulto conocí Notre Dame.Ambas cosas me llenaron de emoción y de esperanza por el Ser humano. Construir belleza y arte es actuar,y amar.HERMOSO HOMENAJE A LA HISTORIA HUMANA,NO A LA DEMOCRACIA,SINO A LA JUSTICIA QUE ES TAN SOLO UNA PARTE DE LA VERDAD QUE PODREMOS CONSTRUIR

  10. Sergio Mamciz dice

    Figueras: excelente artículo! Gracias por ser una de esas personas, poco abundantes, capaces de aunar inteligencia (profundidad en las analogías) y sensibilidad (humanidad en los relatos) al servicio de una causa (nuestro mejor porvenir como comunidad).

  11. daniel dice

    Muy interesante y lucido tu comentario. Yo vivo en Francia y es gracias a alguien muy cercano que tu cohete me llego. Como siempre, el analisis mas claro viene de mas alla de las fronteras, no por falta de inteligencia de quienes aqui lo hacen, simplemente por el recurso que implica la distancia para gestionar los afectos en tales circunstancias.
    Entre el ruido de las llamas y del desmoronamiento que provoco el incendio, coincidente con el alboroto del gran debate nacional, cuyas colnclusiones del gobierno debian ser anunciadas en el mismo momento, (casi minuto por minuto) en que la flecha de ND caia, la pena invadia el alma francesa.
    Asi, por un momento el bombero del Elyseo pudo estirparse del otro incendio, el de los gilets jaunes, cuyas brasas siguen ardiendo.
    La relacion avergonzante entre los dos incendios fue la postura de aquellos a quienes vos definis como «los secuestradores de nuestro estado de animo» que no tardaron en abrir sus chequeras para comprarse sus parcelas de paraiso a fuerza de millones.
    Gracias por tu manera de poner cada cosa en su lugar.

  12. andrea dice

    Gracias, fue agotador leer a tanto idiota por estos días que con frases rimbombantes o burlas se creen que son populares o sufrientes comprometidos con el hambre del mundo. En el fondo son tremendamente gorilas….Se horrorizan porque Macri no sabe hablar o no tiene una formación intelectual y después no te permiten sentir tristeza ante la destrucción de una maravilla como Notre Dame. Hay una nueva emergencia en Buenos Aires: el progre facista…

  13. Pía dice

    Bellísimo artículo, Marcelo. Gracias.

  14. Martín dice

    Lindo artículo don Figueras. Cuando los medios divulgaron la noticia del incendio en la catedral e, inmediatamente, muchas personas comenzaron a establecer comparaciones ortopédicas o, simplemente alegrarse por el fuego, recordé a Lyotard, su libro La posmodernidad explicada a los niños. Ahí se pregunta algo así como ¿Podemos seguir organizando los hechos segun la idea de una historia universal? Después, polemizando (¡nada más que!) con Hegel intenta criticar al cristianismo y lo que él llama grandes relatos. Bueno, en esos comentarios internáuticos he advertido con tristeza un entumecimiento histórico peligroso, un desprecio artístico laxo surgido de las modas tanto como de la creencia en que no es importante instruirse ni ejercitar la sensibilidad. Signo de estos tiempos será que ante las llamas que en Notre Dame destruian siglos condensados de historia, y no sólo los internautas, muchos miraronn hacia un horizonte desgarrado que empieza y termina a los pocos metros, como la maldición de los dioses del Pop Vuj hechada a los primeros hombres.
    En rebeldía a esos mundos propuestos hay otras visiones, así que gracias por el artículo.

  15. Lilí Muñoz dice

    Es un buen artículo, un miniensayo en mi opinión.Creería que para este sitio es un tanto extenso, pero eso no invalida el entretejido del contenido, en todos los sentidos que lector y lectora puedan realizar. Quien quiera leer, que lea. Vale. Sobre todo en nuestro tiempo.

  16. ruben delgado dice

    Brillante nota, para por poner en perspectiva actual aquello que la humanidad hizo y que debe ser valorado.El Arte importa y mucho como refresco mental ante tantos dolores, digamos, más terrenales o cercanos.La vida es sagrada, pero el Arte, Notre-Dame, lo es es igualmente sagrado , ya que refleja la vida, los sentimientos y la creatividad humana, condimentos de la existencia.Gracias or ponerlo tan bien por escrito, en estas épocas de jibarización de las ideas y los argumentos.

  17. Lujan dice

    Por demás esta destacar la capacidad narrativa de Figueras. Y aquí puede aplicarse algo como aquello de «todo tiene que ver con todo», pudiendo agregarse que ese»todo» también es opinable. Desde el criterio de VH ,»amar es actuar», bien en la trágica Argentina de la última dictadura genocida como ejecutores, conjuntamente con una civilidad empresarial actuando como terroristas económicos de Estado y…la parte mala que gesto y supo albergar en sus edificios la Iglesia Católica, se contrapone el Amor de Madres y Abuelas hasta nuestros días. Todo tiene que ver con todo, es muy posible.

  18. Ivan dice

    Hola Marcelo,tengo 22 años y es de las pocas veces que una nota (si se le puede llamar así)en un medio de comunicación,me hace reflexionar y pensar.Muchas gracias.

  19. Mortel Fagueras dice

    Que tiene en los dedos, usted se droga para escribir muchacho?

  20. Susana dice

    Creo que el artículo mezcla muchas cosas, aún denunciando hechos horribles como el terrible destino de la pequeña Sabina, metáfora clara en sintonía con el de la desdichada Esmeralda. Sin embargo y en honor a los tiempos que corren, me indigna que Occidente-sí, siempre el «sagrado» Occidente- se conmueva y se escandalice por el incendio en Notre Dame e ignore olímpicamente la espantosa destrucción de que fue objeto la ciudad siria de Palmira. Y bueno es resaltar, que detrás de semejante crimen perpetrado contra este Patrimonio Cultural de la Humanidad-así, con mayúsculas- está el mismo poder financiero que presa de un inusitado atque de mecenazgo, ya ha ofrecido millones de euros y/o dólares para restaurar la catedral parisina.
    El hombre se limpia el sudor de su frente. Mira hacia alrededor y encuentra lo que tal vez considere un montículo cómodo para sentarse y lo elige sin dudar. Una botella de la famosa gasesosa que tal vez contenga goma arábiga extraída en Sudán, sacia su sed. Limpia su boca con la manga de su uniforme. El arma, todavía humeante, descansa al lado de sus sucias botas. Tan sucias como sus manos y toda su humanidad, que luego de haber disparado sobre bultos que bien podían ser «terroristas»-¿aún lejos de su tierra?-, tiene la osadía de descansar sobre lo que queda de una reliquia atesorada por el pueblo irakí. Llueve sobre Bagdad.

    1. Daniel dice

      Brillante comentario. Adhiero. Conmovamosno por toda la belleza de este mundo destruída. Sea de occidente o de cualquier lado.

  21. Monica dice

    Gracias Marcelo. La lectura de tu articulo modifico mi mirada sobre el tema.

  22. J. Etchebarne dice

    Gracias, bellísimo texto. Esclarecedor….el enOrme valor universal de lo simbólico.

  23. alberto dice

    felicitaciones por tanta HUMANIDAD

  24. Cristina Lozano dice

    Gracias. Muchas gracias por ayudarme a empezar la semana más entera, más rica y más amorosa.

  25. Isabel dice

    Gracias Figueras por este texto bellísimo magníficamente meduloso. Una muestra más de profundos valores éticos y talento que nos sorprenden semana a semana. Y para nuestra suerte, sin techo.

  26. Cristina dice

    Hermoso y necesario articulo. Gracias!

  27. Jimmy El Santo dice

    Todavía no terminé la nota pero acabo de leer la frase: «A pesar del recorrido histórico de nuestra especie, seguimos menospreciando el poder de la belleza para moldear la realidad.» Y automáticamente me vino una diálogo de la película Seven donde el personaje de Brad Pitt (Detective Mills) le pregunta al personaje interpretado magistralmente por Kevin Spacey (John Doe), mientras se dirigen en auto rumbo a las últimas dos «sorpresas» que el «psicópata» les tenia preparadas en representación de los últimos dos pecados capitales que restaban para completar su obra macabrísima: – Ustedes los locos, ¿Se dan cuenta que están locos?… Ustedes los escritores, ¿se dan cuenta cuando dejan una frase como ésta? Bueno, los lectores nos damos cuenta.

  28. Susana Ines Seligmann dice

    Excelente y maravillosa nota. Gracias Marcelo Figueras!!

  29. Jorge Senrra dice

    Excelente artículo Marcelo; desgraciadamente esta humanidad está llena de locos como Mark Lamparello que les da lo mismo que desaparezca una obra de semejante belleza (y soy agnóstico). No sale mucho en los diarios pero a la Fontana Di Trevi 2×3 algún psicótico le tira pintura.

  30. Gus dice

    Muchas Gracias Marcelo Figueras por tu artículo y la lucidez e investigación. Un placer leer tus notas en el Cohete los domingos.

  31. José Luis dice

    El articulo es algo largo y atiborrado de fechas y citas que, a mi juicio no hacen al fondo de la cuestión. Sugiero ver esta imagen
    https://photos.app.goo.gl/HMNxfbjKKyXsD26M9

  32. Alicia Inés Maxuach de Díaz dice

    Todavía no leí la nota, solo el copete que se pregunta si lamentarse por el incendio de Notre Dame es frívolo o imperativo.
    Todo lo que leí hasta ahora pasa por el lado religioso.
    Creo que están totalmente equivocados.
    Notre Dame y tantas otras catedrales y palacios que hay en Europa para mí representan la grandiosidad del HOMBRE.
    Me estremece contemplarlos y pensar que cuando fueron construídos las herramientas disponibles eran escasas y precarias.
    Estos edificios son un monumento al genio del ser humano y tenemos que preservarlos para que nos recuerden que hicieron esas obras extraordinarias con herramientas primitivas y su ingenio para resolver las situaciones.
    Hoy en día, con recursos de todo tipo, solo construímos torres vidriadas

  33. Cuca Rapoport dice

    Acuerdo con sus ideas, pero como no me suele ocurrir, en un momento mire cuanto faltaba, denso Maestro.

    1. Nadie dice

      Si no te gusta leer, prende la tele cuca. Besitos :—*

  34. adriana dice

    Gracias por ayudarme/nos a ordenar mis/nuestras reflexiones, presentes desde que se iniciaron los debates, sin encubrir la tensiones ni simplificar la mirada.

  35. JP dice

    Hermoso artículo. Abre nuestra sensibilidad. Grácias!

  36. Ernesto dice

    Lectura exquisita.

  37. Roberto dice

    Gracias por el articulo, demasiado largo y de precario equilibrio para mi gusto. Estuve el año pasado en la catedral de Sevilla y solo sentí vergüenza y náuseas. Que ardan las catedrales y lo que ellas significan me parece un saludable avance de la humanidad.

    1. Marcelo Figueras dice

      Hoy se te cumplió el deseo. Ardieron tres iglesias en Sri Lanka. Doscientos muertos.

  38. Ricardo dice

    Seria algo así como el dilema: Escila o Caribdis. Ni uno ni otro.

  39. Silvia dice

    Maravilloso de maravilla.

  40. pelusa lucchini dice

    estremecedor el art de M Figueras. a actual. La citas que usa y su indisoluble con nuestra experienci.
    A veces nuestro cortoplacismo nos impide ver en profundidad hacia atras,
    Yo tambien escuche comentarios ridiculos sobre el sginficado de Notre Dame y recorde -algo que tal vez sea una leyenda. aunque justa leyenda- : durante la toma del Palacio de Invierno en 1917 (por parte de lxs bolcheviques), Lunacharsky (quien fue Comisario de Cultura del gobierno revolucionario) se opuso a cualquier vandalismo sobre el Palacio por entender que habia sido construido por trabajadores, era un simbolo del poder zarista, pero tambien de la capacidad del pueblo trabajador y que debia dejar de ser sitio de poder del enemigo para pasar a ser espacio de disfrute de la belleza para el pueblo.

  41. Ricardo dice

    Excelente! Gracias.

  42. Joe Roman Buffa dice

    Rumores oscuros que confunden la cabeza y perturban a los corazones secos – mirá el amor que está a tu costado-.

  43. Hugo dice

    Extraordinario y bello texto

  44. Emilia dice

    “Hasta Gutenberg la arquitectura es la escritura principal, la escritura universal. La Edad Media ha escrito la última página de este libro granítico, que había tenido su origen en Oriente y que había sido continuado por la antigüedad griega y romana. […]
    En el siglo xv todo cambia.
    El pensamiento humano descubre un medio de perpetuarse no sólo más duradero y más resistente que la arquitectura, sino también más fácil y más sencillo. La arquitectura queda destronada. A las letras de piedra de Orfeo van a suceder las letras de plomo de Gutenberg.
    […] Bajo la forma de imprenta el pensamiento es más imperecedero que nunca; es volátil a indestructible. Se mezcla con el viento. Con la arquitectura se hacía montaña y se apoderaba con gran fuerza de una época y de un lugar; ahora se convierte en bandada de pájaros, se disemina a los cuatro vientos y ocupa al mismo tiempo todos los lugares del espacio y del aire. Lo repetiremos una vez más. ¿Quién no es capaz de ver que de esta forma el pensamiento es mucho más indeleble? De sólido que era se ha hecho vivaz, pasa de ser duradero a ser inmortal; se puede demoler una masa pero, ¿cómo extirpar la ubicuidad?» Nuestra señora de París, Víctor Hugo

  45. Lili dice

    Que hermoso, cierto y doloroso lo que escribis Marcelo. Gracias!
    (insisto que tus columnas deben ser publicadas en un libro y que tengan tambien acceso en bibliotecas de los Colegios).

  46. Guillermo Rosso dice

    Vivo en Italia desde hace años y últimamente, ante la tragedia de los muertos en el mar tratando de llegar a las costas europeas. la persecución implacable a los gitanos, el odio a Greta Thunberg, (está en una new entry), te responden porque no te preocupas de los italianos pobres, porque no ayudas a los terremotados en vez de preocuparte por estos que son clandestinos. leo en su artículo, y por eso se lo agradezco, lo que instintivamente presentía pero no sabía explicar. Defender y porque no, amar a otros, no tiene límites. el amor se multiplica. quien no ama a los que no llegan a las costas europeas, llegan deshechos, no ama a nada ni nadie. Gracias

  47. José dice

    Señor. Me permito recordarle que las catedrales católicas son el fiel reflejo de una religión apóstata que no cree en lo que predica. Lo que no invalida el reconocimiento como obras de arte. Pero si usted es ateo difícilmente entiende el mensaje de Dios, para quien esos templos ni esas liturgias tienen ningún valor. En lo que respecta a la democracia y al arte humano. Podemos acordar en algo. En lo espiritual, el mismo Víctor Hugo se lo muestra claramente en la novela. La crítica es hacia una religión hueca que dice y no hace. Que predica el amor a los humildes, a los pobres de espíritu y gasta millones en hacer catedrales en las que las oraciones de sus fieles no llegan ni al techo. Para el hombre las catedrales como estas son el triunfo de la humanidad. Para Dios no son nada. Lo importante es la criatura. La creación de Dios. Le dejo la cita textual de la Biblia que usted menciona » desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación» 1ra de Pedro 2:2. Un saludo.

  48. Anabella dice

    Trata de ligarse de todo influencia partidista y luego del fallecimiento del doctor pelegrini su yerno careció del apoyo del autonomismo entre los opositores a su política se contaban también los miembros del Congreso Nacional los gobiernos provinciales y los diarios más importantes la unión cívica radical se mantenía en su más absoluta intransigencia y aunque su dirigente Hipólito yrigoyen se entrevistó en dos oportunidades con el primer magistrado no llegó a ningún acuerdo pues exigió la más amplia libertad electoral

    1. Victor dice

      Me encanta leer a figueras ,siempre se disfruta y uno,iluso ,penso igual que tantos,hugo incluido, que la humanidad se hermanaria con el ascenso de la razon….pero no ha sucedido. Actuar para que suceda en lo que nos toque es ineludible para la condicion humana

  49. María Teresa Corino dice

    Gracias. Ya me rebelé contra lxs q me escribieron diciendo xq no. Me quejaba por Sabina. Por ella me desgarro. Pero tal cual su texto yo no fui nunca a Rutopa. I conozco ni conocí Notre ?Dame, salvo películas o fotos. Llore cuando estaba viendo y se cayó su aguja, porq sentí q se perdía además de todo lo q había pasado ahí, perdíamos algo, q ud me enseña. Yo estoy triste por lo q nos pasa como país, pero lo q más me apena es la ignorancia de saber cuantos pobres auténticos de toda pobreza volverían a votar lo mismo. Entonces me deprimo y veo q ud dice ciertamente q es esto lo q quieren ellos. No abandonare todavía . No dejare de hablar y gritar en donde pueda. Soy libre para lo q s3 me canta. Pero no puedo. Gracias. Abrazo. Ud entendió cual es el profundo dolor por ver q casi, casi todo no está perdido. Pero un poco sip.

  50. Carlos raul suarez dice

    Hermoso : gracias por hacerme entender el valor de los simbolos que se genera en mismo corazon del pueblo.

  51. Alberto dice

    Bellísimo. Cierto. Todo lo que sentí y no podía poner en palabras. Gracias.

  52. María Teresa Corino dice

    Gracias por esto. Recibí una nota en mi Facebook, retándose me por el dolor q me había producido la media desaparición de Notre Dame . No conozco Europa. Pero he leído y he visto fotos y películas. Su texto me da ganas de @brazarlo. Porq yo defendí torpemente mi libertad de desgarrarme por Sabina q era lo q me achacaban y llorar por Notre Dame q éramos todos. Un gran abrazo,

  53. David dice

    Ser un mujeriego en si no merece tacha alguna compañero. Deje de lado el puritanismo por favor

    «Por supuesto, siendo un hombre de su tiempo incurrió en comportamientos que hoy no pasarían la criba de la corrección política. Además de no haberse despegado nunca del pensamiento colonialista que era la norma en Europa, fue un mujeriego compulsivo que dejó registro de sus conquistas en textos codificados. «

    1. Marcelo Figueras dice

      ¿Cagar a tu compañero/a por la espalda infinidad de veces te parece bien? Cómo se nota que no te pasó… o no te enteraste.

      A mí no me gusta la traición, en ningún envase. Si eso es ser puritano, adelante.

    2. Antoine Roquentin dice

      Gracias Figueras, gracias.

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