El arte del siglo XX tiene nombre de mujer

Elsa von Freytag-Loringhoven, la verdadera autora del urinario atribuido a Duchamp

Marcel Duchamp pasó a la historia como el artista más influyente del siglo XX por el urinario que envió en 1917, sin título y con la misteriosa firma R. Mutt, a una exposición de arte modernista en Nueva York. Los organizadores de la muestra lo rechazaron, el original se perdió y sólo una foto registró el acontecimiento. Pero en 2004 medio millar de artistas y críticos rankearon a Duchamp por encima de Picasso (sic).

El primero que atribuyó la obra a Duchamp, quien no sólo no lo desmintió sino que empezó a producir réplicas, fue André Breton en 1935. Hasta que en 1982 se encontró una carta que Duchamp envió a su hermana en vísperas de la exhibición. Le decía que la obra la había enviado desde Filadelfia una amiga suya con un alias masculino para la muestra de Nueva York.

En junio, la revista holandesa See All This dedicó su edición de verano a 99 mujeres geniales en el mundo del arte, para celebrar la voz femenina y el centenario del derecho de la mujer al voto en Holanda, que se cumplirá en 2019. Allí estableció que el urinario fue obra de la artista dadá y poetisa Elsa von Freytag-Loringhoven. En 1923 ella pintó este cuadro alusivo, donde muestra algo que la crítica no suele destacar: que el urinario fue expuesto al revés.

 

La leyenda dice: "Me olvidaste como a este paraguas, infiel Bernice"
La leyenda dice: «Me olvidaste como a este paraguas, infiel Bernice»

 

El artículo incluye la evidencia más reciente, recopilada por varios expertos. La revista concluye que el atribuir el urinario a una mujer y no a un hombre «tiene consecuencias obvias y de largo alcance: hay que reescribir la historia del arte moderno, que no comenzó con un patriarca sino con una matriarca. ¿Qué estructura de poder en el mundo del arte moderno prohíbe que esta verdad sea más ampliamente conocida y aceptada en general? En última instancia, esta es una de las preguntas más importantes que se ciernen detrás de la autoría de la obra. Arroja luz sobre el lugar y el papel de la mujer en el mundo del arte moderno».

 

 

Una pregunta obvia es: ¿por qué Elsa von Freytag-Loringhoven nunca reclamó su autoría? «Nunca tuvo la oportunidad. Mientras vivió, el orinal fue desechado, se perdió y se olvidó rápidamente. Murió en 1927, ocho años antes de que Breton se lo atribuyera a Duchamp. Décadas después de la muerte de Elsa, Duchamp encargó la primera réplica. Él ascendió al estrellato, mientras ella terminó como una nota a pie de página en la historia del arte moderno. Su carrera artística es paradigmática de lo que le ocurrió a incontables artistas mujeres que fueron ignoradas, marginadas y excluidas del canon».

Para su investigación, el autor del artículo de la revista holandesa entrevistó a Irene Gammel (biógrafa de Elsa von Freytag-Loringhoven y profesora de la Universidad Ryerson en Toronto), a Glyn Thompson (historiador de arte, comisario y escritor), a Julian Spalding (crítico de arte y ex director de museos y galerías) y a John Higgs (historiador cultural y periodista).

 

 

 

4 Comentarios
  1. María Neder dice

    Gracias por recordarlo Jota, se trata de una excelente Nota de Juan Forn, excelente escritor, aunque pueda no gustar (como decía A.Castillo… ¿Les dirá algo ese nombre a los tripulantes jóvenes del Cohete?)

  2. jota dice
  3. daniel rico dice

    Lo del urinario fue una gilada. no quiere decir nada sobre el arte, si sobre la decadencia de la mirada de la sociedad sobre el arte. atribuir esta gilada a una mujer es obviamente un denostación de la mirada femenina del arte.

  4. Alicia Inés Maxuach dice

    Que lo haya hecho una mujer explicaría que esté al revés, no sabía bien como se usaba.
    De todos modos sigo pensando que considerar el urinario como una obra de arte es un insulto a los grandes escultores de la historia, que además no lo hizo el/la supuesto/a autor/a, lo hizo un humilde obrero de una fábrica de urinarios.

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.