El avión del horror

El Estado repatrió un Skyvan de Prefectura que se usó en los vuelos de la muerte

 

El lunes 26 de junio se realizó en el área militar del aeropuerto Newbery la presentación oficial del Skyvan PA-51 de Prefectura usado en los vuelos de la muerte, que el Estado compró y repatrió y que ahora quedará expuesto en la ex ESMA como legado a la memoria histórica.

El acto político  en el que Cristina exhibió su centralidad en la coalición oficialista, oscureció el motivo de la convocatoria. El Cohete rescata en esta edición los mensajes de dos de sus víctimas , las hijas de Azucena Villaflor y Esther Balestrini.

 

Cerrar parte de la historia

Palabras de Cecilia De Vincenti, hija de Azucena Villaflor de Vincenti:

Muchas gracias por estar. Es tan raro emocionalmente ¿no? Por un lado, el avión, hicimos todo lo posible para que estuviese aquí y, sin embargo, nos causa un dolor tremendo mirarlo porque ahí estuvieron por última vez vivas nuestras Madres.

Antes de seguir con este tema y porque aquí hay muchos organismos de derechos humanos, quiero decir que me solidarizo profundamente con el pueblo jujeño.

La historia de este avión, de este vuelo y de las Madres en realidad tiene que ver con los 30.000, con los desaparecidos, con los jóvenes que luchaban por un país mejor, más justo, más solidario. Esos jóvenes que querían lo mismo que queremos hoy nosotros: educación para todos, salud para todos, tener una vivienda digna y un trabajo decente, por eso peleaban esos jóvenes y por eso seguimos peleando hoy.

Pero la dictadura hizo que esos jóvenes no tengan más vida y se los llevaron, y no supimos más nada de ellos, así que las Madres salieron a buscarlos y se encontraron con muchas puertas cerradas: la Iglesia mayoritariamente cerraba las puertas, los militares nunca daban explicaciones, la Justicia como siempre no aceptaba los hábeas corpus, y así tuvieron que seguir un camino muy duro.

Y por primera vez se encontraron en la plaza un 30 de abril de 1977 y fueron nada más que 14 mujeres, y así fueron aumentando el número, acoplaron más Madres, acompañándose entre ellas y buscando acciones en común y haciendo política en medio de la dictadura. Ellas fueron nuestro ejemplo y siempre van a ser nuestro ejemplo, pero (Alfredo) Astiz se infiltra en las Madres y es quien determina quiénes tienen que desaparecer. ¿Y por qué esto? Porque las Madres trataban de sacar una solicitada en el diario La Nación para decir, ¿dónde están nuestros hijos?

Así que hicieron dos o tres operativos los militares entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977 y se llevaron a 12 personas, algunas de la Iglesia de la Santa Cruz y a otras las vinieron a buscar a la esquina de nuestras casas, y quiero nombrar a esas 12 personas que estaban juntando fondos para sacar la solicitada del diario La Nación: Patricia Oviedo, Ángela Aguad, Raquel Bulit, Remo Berardo, Julio Fondevila, Horacio Elbert, Gabriel Horane, (las monjas francesas) Léonie Duquet y Alice Domon y las Madres Mari Ponce de Bianco, Esther Ballestrino de Careaga y Azucena Villaflor de De Vincenti.

Entre el operativo del 8 y el 10 se las llevaron a la ex ESMA y el 14 de diciembre las subieron a este avión y las tiraron al mar. Pero las Madres volvieron, volvieron a la playa.

Y muchos años después, gracias a la investigación periodística de unos jóvenes de la Universidad de la Plata (aquí está el director de la película Las playas del Silencio, Pablo Torello), pudimos saber cuál había sido el destino de nuestras Madres: habían estado enterradas como NN durante muchísimos años, hasta el 2005, en el cementerio de General Lavalle.

Allí antropólogos reconocen los huesos y nos los entregan. Hay cinco familias que podemos decir que sabemos qué pasó con nuestros familiares de principio a fin porque los cuerpos, que fueron tirados desde este avión, personas vivas, madres y militantes, impensado para nosotros… La verdad que es tan horrorosa la historia que hasta a veces me cuesta contarla porque no puedo creer que lo último que mi mamá o las Madres hayan visto sea un avión que las empujaba y que las tiraba al mar.

Y en el 2005 gracias a la política de Néstor y de Cristina, política que reivindica los Derechos Humanos, pudimos encontrar los cuerpos y pudimos tenerlos con nosotras. Las que están con nosotras son Léonie Duquet, Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco, Ángela Aguad y Azucena Villaflor de De Vincenti. Gracias a las políticas públicas, si no no hubiese sido posible.

Por eso hoy seguimos pidiendo que la política de derechos humanos sea como en esos gobiernos, porque realmente nos permite cerrar una parte de la historia. Seguimos sin saber qué pasó con varios de los 30.000, entre ellos mi hermano Néstor, que no sé absolutamente nada, así que hay que seguir con estas políticas, y este avión hay que ponerlo en la ex ESMA para que todos los negacionistas que dicen que no pasó eso en la Argentina lo vean y, por favor, si llegamos a ganar hagamos una ley contra el negacionismo, porque no pueden seguir diciendo esas barbaridades.

Mabel ahora les va a contar la historia del avión y lo que nos costó traerlo aquí a la Argentina.

 

 

 

 

 

 

Legado a la memoria histórica

Palabras de Mabel Careaga, hija de Ester Ballestrino de Careaga:

La historia de este avión comienza para nosotras el 14 de diciembre de 1977, aún sin saberlo. Hace ya 46 años. La dictadura genocida no solo utilizó la desaparición forzada de personas, sino que también ideó métodos siniestros para hacer desaparecer los cuerpos, no sólo de los y las luchadoras populares sino, como en este caso, también de las Madres y Familiares que los buscaban. Uno de estos métodos fueron los vuelos de la muerte.

La recuperación de este avión fue un largo camino que se inicia con el testimonio de los y las sobrevivientes de la ESMA que hablaron de los traslados, del “Pentonaval” y de los vuelos de la muerte, que en un principio nos resistimos a creer ya que no podíamos concebir tanta maldad.

Muchos años después, la investigación llevada adelante por Giancarlo Ceraudo y Miriam Lewin permitió no sólo ubicar el avión, sino también juzgar y condenar a los pilotos del vuelo del 14 de diciembre: (Mario) Arru y (Alejandro) D’Agostino fueron condenados a prisión perpetua en el 2017. Pero esto fue posible porque nuestras Madres, Ángela y Léonie volvieron con el mar y las lesiones que presentaban sus cuerpos eran la prueba de la existencia de los vuelos de la muerte.

Fue ese año cuando empezamos a pensar que teníamos que repatriar el avión, que nunca más tenía que volar. Paradójicamente se estaba usando para entrenamiento de paracaidistas, y, estupefactos, escuchamos que es un avión muy valorado porque tiene la capacidad de abrir su compuerta trasera durante el vuelo. ¡Es tremendo!

Tuvimos que esperar al 2020, ya que Macri era Presidente y él habla del “curro de los derechos humanos”. Mirando esta máquina siniestra, ¿qué va a decir ahora?

Fueron cuatro años de diversas gestiones hasta que en el mes de noviembre del año pasado nos reunimos con Sergio Massa, quien no dudó en apoyar nuestro pedido e iniciar inmediatamente las gestiones. En nuestro desconocimiento jamás pensamos lo complejo que sería. Por eso queremos agradecer a Ricardo Casal y Daniela Ibarra que nunca aceptaron un “no” como respuesta y ante cada inconveniente encontraron la solución. Desde ese primer día contamos con el invalorable apoyo de nuestra Vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y del senador Oscar Parrilli. Y hoy tenemos la certeza de que ese avión no va a volar nunca más.

 

 

Este avión será llevado a la ex ESMA como legado a la memoria histórica. Es el instrumento tangible que se utilizó para eliminar a las y los detenidos desaparecidos. Cuando lo miremos no veremos sólo un avión, sino que conoceremos la historia del genocidio.

Detrás de este avión está la historia de cada uno de los 30.000, aquellos hombres y mujeres que lucharon por construir una patria más justa y solidaria, una patria con independencia económica y soberanía política.

Vivimos tal vez el momento más difícil desde el retorno de la democracia, con el creciente poder de los grupos económicos, que tienen la capacidad de condicionar a cualquier gobierno democrático, con una derecha violenta que no sólo niega el terrorismo de Estado y la represión, sino que han sido cómplices de esa dictadura y reivindican sus métodos. Una derecha que ha roto todos los pactos de convivencia democrática, como lo demostraron en el reciente atentado a la vida de la Vicepresidenta.

Hoy los que estamos aquí tenemos la obligación de construir ese país con el que soñaron nuestras compañeras y compañeros. Y como dice nuestra querida Lita Boitano, ellos y ellas, que nos están mirando desde algún lugar, no nos van a perdonar si por lo menos no lo intentamos.

Necesitamos como nunca que la dirigencia y los y las militantes tengan la valentía y la audacia de los y las 30.000 y el coraje de nuestras queridas Madres, para enfrentar a los poderosos. Porque para que el Nunca Más al Terrorismo de Estado sea una realidad, hay que decirle Nunca Más al neoliberalismo.

 

 

Horacio Pietragalla, secretario de Derechos Humanos, con familiares de las víctimas.

 

 

 

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