El canal de Marras

El embate contra PakaPaka no es nuevo ni solitario

 

El embate contra el canal infantil PakaPaka surgió desde sus comienzos y tuvo a varios contrincantes. Para corroborarlo, basta repasar los discursos del grupo Clarín.

A poco tiempo del conflicto entre el gobierno y los dueños de los campos (2008), el canal creado en septiembre de 2010 estuvo en medio de las disputas que atravesaron el inminente año electoral en que Cristina Fernández jugaría su reelección.

A comienzos de ese 2011, ante un conflicto gremial en su empresa AGR, Clarín postulaba que había un boicot contra la libertad de expresión. Para rebatirlo, el diputado Martín Sabbatella le reprochó: “Son los mismos que niegan PakaPaka” (noticiero Visión Siete, 30 de marzo de 2011).

Se refería a la negativa del grupo a incluir esa señal en la grilla de su operadora Cablevisión, el más grande de los distribuidores, aunque se emitía a través de 300 cables del país, según detalló Télam.

Dos semanas después, en apoyo de la inclusión de PakaPaka, artistas, funcionarios y Madres de Plaza de Mayo convergieron en un festival que algunos medios presentaron en su sección política como “presión del gobierno a Clarín”.

El pedido no era antojadizo, sino en cumplimiento de la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual que obligaba a los operadores a incluir todas las frecuencias del Estado.

En un libro de Cecilia Beatriz Díaz, La democratización de la comunicación, construcción de sentido en la política pública de los gobiernos de Cristina Kirchner (2007-2015), se explica que el canal disputó el sentido de entretenimiento para las criaturas. En sus páginas, la responsable del sistema de medios dio cuenta de la pretensión de Clarín de ponerse por encima del Estado a la hora de decidir contenidos.

 

 Otro de los operadores que incumplía la ley era DirecTV, aunque se avino y abrió el camino para que, ya el 17 de mayo, también el grupo Clarín lo hiciera, aunque a su modo: la incorporó en el paquete digital prepago, pero no en el básico, al que accedía sólo el 24,7 % de sus clientes.

Para entonces, el dibujo animado de la señal, surgido desde un segmento del canal Encuentro que pasó a independizarse, era el formoseño de la tira La asombrosa excursión de Zamba, un niño que viajaba en el tiempo para protagonizar los hechos más importantes de la historia: la conquista española, las invasiones inglesas, las guerras de la independencia y hasta episodios recientes como la última dictadura.

Así recordaron el Día de la Memoria en marzo de 2012:

 

 

Ese año, el canal salió de la pantalla e instaló a sus personajes en Tecnópolis, en Necochea, en parques y en musicales.

 

El niño que lo sabe todo.

 

Hacia mayo de 2013, el presidente de Radio y Televisión Argentina (RTA), Tristán Bauer, insistió con que “el grupo Clarín cumpla con su obligación legal”. “Son tan miserables que no son capaces de poner una señal del Ministerio de Educación y ponen siete señales que son de Estados Unidos para chicos”, recordó durante una presentación del Consejo Asesor de Contenidos Audiovisuales para la Infancia.

Aprovechó para enumerar que el 80 % del espacio radioeléctrico es ocupado por Cablevisión, que vendía en su grilla tres canales de Disney Channel, además de Discovery Kids, Boomerang, Cartoon Network y Nickelodeon.

Bauer apuntaba: “Generan niños consumidores. Los preparan para recibir las pautas publicitarias y el discurso único que llega desde Norteamérica, con su propuesta cultural y económica. Si seguimos permitiéndolo, será muy difícil la batalla cultural”.

Desde 2014, al tiempo que integraba a PakaPaka en la programación, Clarín pasó a amplificar las voces críticas al canal, como el de la directora sanjuanina de la Casa de Sarmiento, quien se quejaba por la caricatura de su prócer ante un debate con Facundo Quiroga. “Lo mostraron como un hombre histérico, y no era así. Me parece de muy mal gusto”, opinó Mónica Arturo.

También José de San Martín fue puesto en la mira en otro año electoral, el de 2015. Hacia agosto, Clarín le dio voz a una “docente e investigadora” que analizaba “la industria cultural estatal” en la que el prócer no aparecía tan “predilecto” como Manuel Belgrano. Empezaba por decir que el film Revolución (Ipiña, 2010) lo mostraba con acento español, “la lengua del enemigo” (nota que Ramiro Marra no debe haber leído). Agregaba que en esa narrativa “la revolución justifica la violencia”; que “el parecido con otras revoluciones se adivina oblicuo”, y reinterpretaba la frase “seamos libres, que lo demás no importa nada” como la maquiavélica “el fin justifica los medios”.

En La asombrosa excursión de Zamba, destacó el diario, “San Martín porta una capita roja como Súperman, pero no busca la fama como el venezolano Bolívar, un rockstar que actúa con la palabra revolución dibujada con luces de neón a sus espaldas”.

Hacia noviembre, plantearon que Zamba, el personaje de PakaPaka, “se sumó a la campaña sucia” previa al balotaje entre Mauricio Macri y Daniel Scioli. Fundamentaban su parecer en que “el personaje infantil repartía volantes en apoyo a Scioli, en Tecnópolis”, de manos de alguien “dizfrazado” (sic) de José/Zamba.

Al mes siguiente, ante el recambio presidencial, el diario usó a Zamba como ariete contra la propuesta de CFK de entregar en el Congreso los atributos de gobierno, ya que en uno de sus capítulos, una maestra señalaba: “Este es el Salón Blanco, donde se le otorga el bastón y la banda a los Presidentes”. Clarín aprovechó para deslizar que en el canal “suelen verse recreaciones históricas donde siempre se brinda la visión kirchnerista” (esa nota de 2015 fue retocada en 2020).

Tres días después, pusieron en boca de Cristina Fernández que “los medios editaron mal a Zamba; hay que mirar todo el capítulo”, ya que la maestra hablaba del traspaso de los militares a un gobierno civil.

El video avala esta última versión:

 

 

La siguiente administración, con el macrista Hernán Lombardi, redujo la participación de Zamba: “Había que evitar la propaganda partidaria y ese era el personaje icónico con que el kirchnerismo se comunicaba con los niños”, puso Clarín en boca de una fuente de la gestión.

Hacia octubre de 2018, Cablevisión sacó PakaPaka de su abono básico, a la vez que alejaban al canal Encuentro de la ubicación 19 a la 64, para beneficiar a La Nación+ que, según la heredera de los dueños de esa marca, tenía como propietario oculto al mismísimo presidente Macri.

 

No sólo los niños adoran a sus personajes.

 

A poco de la asunción de Alberto Fernández en la Rosada (2019), Zamba regresó con “perspectiva de género”, a partir de la incorporación de una compañera morena. Como se cumplían 250 del nacimiento y 200 de la muerte del creador de la bandera, se decretó al 2020 “Año del General Manuel Belgrano”, a lo que el canal y Zamba se avocaron.

Hacia el 20 de junio, Clarín consignó que el rap Belgrano no para, cantado en el “canal infantil kirchnerista PakaPaka”, tenía muchas repercusiones en las redes, aunque provocaba “opiniones tan diferentes como las que se extienden sobre los grandes exponentes del Frente de Todos; algunos adoran cada capítulo, otros lo acusan de adoctrinamiento y lo comparan con la propaganda de los grandes regímenes”.

 

 

Desde 2021, el canal es asesorado por un consejo de niños y niñas de entre 7 a 10 años, que proponen iniciativas desde distintas regiones del país.

En su última programación completa, la de 2022, esta señal del Estado tuvo como líneas conceptuales “la participación, la soberanía, el deporte, la cultura, la escuela, las diversidades y lo federal”. Sus premisas:

  • Pensar en las audiencias en función de sus edades, tanto en el diseño de los contenidos como en los tratamientos.
  • Incluir nuestras identidades locales y la cultura propia de cada región del país. Pensar con nuestra cabeza.
  • Incluir la perspectiva de niñas y niños a través de sus voces, opiniones, intereses y puntos de vista.
  • Establecer un diálogo con todos los ámbitos de la vida de los chicos y chicas.
  • Reconocer a las infancias como un desafío complejo. Hacer espacio para las alegrías, pero también para las preocupaciones, angustias y conflictos.
  • Ser un estímulo, ofrecer algo, ampliar el repertorio cultural de las infancias. Hacer un aporte significativo a la vida de las chicas y los chicos.
  • Estimular la creatividad y la imaginación, la experimentación y el descubrimiento. Ser una invitación a hacerse preguntas, despertar la curiosidad, promover búsquedas, poner en acción.

Esa temporada incluyó la primera producción de animación de terror en 3D; una serie con poemas de la tierra, a partir de textos de poetas indígenas o, para quienes tienen menos edad, una serie con una familia de conejos en entornos naturales. También, producciones originales como Cuento con vos, donde se comparten pensamientos infantiles, e Inventar PakaPaka pregunta, donde las criaturas hacen entrevistas. Además de algunas series de Chile, Colombia y Brasil, los argentinos Zamba y Nina pasaron a abordar ciencias y temas como la alimentación saludable con base en cultivos.

En abril de este 2023, Clarín hizo foco en el “déficit” que tendría la empresa Contenidos Públicos Sociedad del Estado (CPSE) que, entre muchos otros destinos, administra PakaPaka. Comparó sus gastos operativos de 1.800 millones de pesos contra los meros $50 millones de ingresos.

Les respondió la gerente general Jésica Tritten: “Lo que denomina ‘déficit’ es el presupuesto establecido por el Tesoro Nacional y presentado ante el Congreso”. Señales como PakaPaka “dan cumplimiento a la Ley Nacional de Educación, que establece que son herramientas para el sistema educativo, sin fines de lucro, ni tanda publicitaria. Su existencia es una política de Estado y Argentina tiene una de las mejores televisiones educativas del mundo”.

Sus palabras son validadas por decenas de distinciones y por especialistas como los reunidos en el XVI Congreso RedCom que lo vieron “como un modelo de televisión pública en tiempos de democratización de la comunicación”.

También la revista Noticias indagó en estos días acerca de cuántas personas trabajan. En CPSE le respondieron: “En PakaPaka, las personas afectadas a la señal son 18”.

 

Debates

Esta semana, coincidente con el debate entre candidatos a jefes de gobierno porteños, el representante del partido de Javier Milei propuso reducir gastos con el cierre del único canal infantil argentino. Ramiro Marra explicó: “Un chico me dijo que en PakaPaka decían que los españoles eran los malos y los argentinos eran los buenos”.

 

Marra pasó a ser el nuevo dibujito animado.

 

“Yo soy español, tengo pasaporte español, mis abuelos son españoles. Ellos no eran malos; yo tampoco. Tratá de respetar mi patria”, manifestó por televisión. Después habló de su mamá: “Ella es profesora de Historia; es una señora grande, tiene mucha experiencia y dice que cuentan la historia de una manera particular”.

Así lo ve quien propone “vender” la TV Pública: “¿No viste lo que es el edificio ese? Está re bien ubicado ATC (por Argentina Televisora Color, nombre de la dictadura). ¿Sabés lo que vale una torre ahí? Me imagino una torre de 100 metros; sería un re negocio”, especuló.

 

La oposición al canal infantil es objeto de todas las chanzas.

 

De ese modo consiguió algo de fama al concitar respuestas críticas que expusieron su ignorancia. “Varias generaciones de niños y niñas PakaPaka saben más de los procesos históricos que Marra”, lanzó Tritten al exponer que el candidato no diferenciaba la Revolución de 1810 frente a la inmigración del siglo pasado.

Y la Vicepresidenta Cristina Fernández aprovechó su nueva cuenta en la red china TikTok para compartir el video “Cuando se meten con PakaPaka”, filmado ante el Museo Sitio de Memoria ESMA —nada menos—: “Ahora no nos meten más el Pato Donald; ahora tenemos a Zamba, San Martín, Belgrano, Juana Azurduy; tenemos a nuestros héroes hechos realidad y cultura para los argentinos. Libertad, cultura, memoria, verdad y justicia para siempre y para todos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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