Este es un espacio donde se permite la divagación y el boludeo. La semana pasada fuimos con los preludios de Chopin por el Mono Villegas. A mi no me gustaron demasiado y a Guillermo Hernández no le gustaron nada. Por eso prometí buscar los originales. ¿Y cuáles son los originales? A mi gusto, la grabación de Martha Argerich. Creo que ya te conté cómo esa niña prodigio, que arrancó a los 5 años, pudo estudiar en Europa con Friedrich Gulda, porque Perón se encargó de que el Estado costeara el viaje y les diera empleo a los padres de la piba. Ella era radical, y él socialista. De ahí salté al otro niño prodigio, que hizo una carrera paralela a la de Marthita Argerich. Daniel Barenboim, que cuando fue más grande se dio cuenta de que no había un piano en cada casa, como creía antes de salir al mundo, que por entonces era Buenos Aires. Siguen siendo amigos hasta ahora y vuelven con frecuencia a Buenos Aires, donde hasta han dado conciertos a cuatro manos.
Y de repente me acordé de Messi, que también fue un niño prodigio, y de allí salté a Maradona. Y a la tranquilidad de Marcelo Figueras cuando descubrió que el Indio Solari y yo coincidíamos. Amábamos al Diego como persona, pero ni siquiera él jugaba como Messi. Barenboim y Martha Argerich son como ellos. Con sus botas rojas con tacos elevantor, Barenboim es un genio cuando se levanta del teclado también. Enfrenta con la mayor valentía a los gobiernos reaccionarios de Israel, formó una orquesta juvenil con músicos árabes y judíos, milita por la paz entre los dos pueblos. Marthita no se destaca por eso, pero cuando se pone a gambetear sobre el teclado no hay quien la iguale.
Escuchala y decime.
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