El congelamiento resfrió al mercado

Los anuncios en vísperas de Pascua dejaron los títulos argentinos a merced de los operadores de Wall Street

 

El jueves 18 de abril, los mercados internacionales donde se negocian los bonos del gobierno argentino y las acciones de las principales empresas de nuestro país expresaron su fastidio por el popurrí de nuevas medidas económicas, que el gobierno anunció el miércoles “con el objetivo de profundizar la lucha contra la inflación y ayudar a reactivar la economía”.

¿Quién habrá sido el mago de las finanzas del equipo económico que decidió que era una buena idea anunciarlas la víspera del jueves de Pascua, un día en que la bolsa porteña cierra pero Wall Street opera normalmente? Sin el aporte más o menos voluntario de los traders locales, la cotización de los títulos quedó a merced de los operadores de los grandes fondos extranjeros, más proclives a dejarse influir por las advertencias ominosas del Financial Times (“Tiempos desesperados… Las cosas pintan oscuras para Mr. Macri”) que por las justificaciones sin subtítulos que el Presidente balbuceó a un matrimonio de vecinos de Colegiales para excusar el fracaso de su gestión.

El Riesgo País, que compara el interés implícito en la cotización de los bonos del gobierno argentino denominados en dólares con el de los bonos de duración similar del gobierno estadounidense, cerró el jueves en 854 puntos básicos. Una cifra récord para la presidencia de Mauricio Macri, sólo comparable al nivel que ese índice alcanzó a mediados de 2014, cuando el juez Griesa bloqueó los pagos de los bonos emitidos por el gobierno anterior. Ningún inversor internacional privado está dispuesto a financiar con dólares las veleidades de reelección de Macri por menos del 12% de interés anual.

También cayeron las acciones de todas las empresas argentinas que cotizan sus títulos en Nueva York. Los más afectados fueron los bancos, con declives en torno del 9% en los casos de Supervielle, Francés y Macro, cuyo valor bursátil, medido en dólares, se ha desplomado 81%, 62% y 56%, respectivamente, en un año. Tal vez los vendedores se han percatado que la principal fuente de ganancias de las entidades financieras locales es el desmesurado spread de casi veinte puntos porcentuales que separa el interés que le cobran al Banco Central por comprarle letras LELIQs y el que le pagan a sus clientes por los depósitos a plazo. Es un ingreso volátil que podría licuar una devaluación súbita.

Algunos analistas cercanos al gobierno argumentan que el congelamiento trascendente de la semana no fue el de los precios de algunos productos de la canasta básica, sino el del techo de la banda de no intervención cambiaria, que procura evitar que la cotización del dólar supere los $ 51,50 este año. Es comprensible esa preferencia. Difícil entusiasmarse con la alternativa cuando el acuerdo del gobierno con 16 empresas, que prometen no aumentar los precios de 60 productos “esenciales” durante 180 días, debuta con remarcaciones promedio del 8%, incluyendo un incremento del 40% en el precio del sachet de leche, y el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne declara estar “convencido que el acuerdo de precios se va a respetar porque es un pacto de caballeros”.

El comunicado del Comité de Política Monetaria del Banco Central (para los entendidos, el “COPOM”) que difundió este nuevo retoque de la política cambiaria acordada con el Fondo Monetario Internacional explicó, por si alguien no se había enterado, que “el dato de inflación de marzo fue muy elevado”. Por eso, “aun cuando el COPOM entiende que los principales factores detrás de la suba de la tasa de inflación de los primeros meses del año están quedando atrás”, ha resuelto anular los aumentos de 1,75% por mes de los límites inferior y superior de la banda de no intervención cambiaria, y fijarlos en los montos actuales de $ 39,75 y $ 51,44 para el tipo de cambio mayorista hasta fin de año. Si el precio del dólar cae por debajo del nivel inferior (soñar no cuesta nada), el Banco Central se abstendrá de comprar dólares para sostenerlo. Si la cotización perfora el nivel superior, el Banco Central podrá vender hasta U$D 150 millones por día para intentar frenarlo. Mientras el dólar oscile entre esos límites, el Banco Central no podrá intervenir pero el FMI le permitirá seguir subastando U$D 60 millones diarios por cuenta del gobierno. Para decirlo fácil: el cambio significa que el Banco Central podrá empezar a vender esos U$D 150 millones diarios si el dólar mayorista, que hoy vale $ 41,78, llega a costar $ 51,45 en cualquier momento entre hoy y el 31 de diciembre.

El gobierno se esperanza, una vez más, con que la confianza que engendre el mero anuncio del nuevo esquema le ahorre el trabajo, y el riesgo de testearlo en la práctica. La cantidad de dólares que los argentinos persistimos en comprar para ahorro (en la jerga, formación de activos externos del sector privado) sugiere que la realidad defraudará esa expectativa.

El próximo lunes 22 conoceremos las cifras del mercado cambiario actualizadas al mes de marzo que publica el Banco Central, pero mientras tanto las registradas en el primer bimestre del año son elocuentes. Al revés de lo que suponen demasiados comentaristas que opinan sin revisar los datos, los argentinos estamos comprando muchos más dólares que el año pasado aunque el billete cuesta el doble y el Banco Central no permite que aumente la cantidad de pesos en circulación. Entre enero y febrero, las compras brutas para ahorro sumaron U$D 12.200 millones, U$D 3.800 millones más que en el mismo período del año pasado. Por ahora, el resultado neto es más benigno que el del anterior porque también se vendieron más dólares. Algunos venden para aprovechar las tasas altas en pesos, otros para llegar a fin de mes. Si esas dinámicas se revierten porque se asustan los primeros o se le acaban los dólares a los segundos, la experiencia indica que no alcanzarán los 60 millones diarios para impedir que la demanda impulse la cotización del dólar hasta el techo de la banda, y, probablemente, tampoco resulten suficientes los 150.000.000 diarios para frenarlo una vez que lo supere.

 

 

 

2 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Sebastián:
    Entiéndase esto como la pregunta de un neófito.
    Acaso, más allá del apoyo imperial, esto no ha explotado de la manera que ameritaría semejante crisis, en razón de que la economía argentina tiene un muy alto porcentaje en negro?.
    Lo digo, porque me parece, que a pesar de la «pesado herencia» que sostiene planes sociales para los más vulnerables -a diferencias de otras épocas-, estos han sido licuados por inflación y devaluaciones mediante.
    Un dado que -dentro de mi ignorancia- llama la atención, es cuando estimando un PBI de u$s 500.000 millones, el IVA que, a razón del 21% debería significar unos u$s 105.000 millones pero, considerando un 33% de evasión estimada, la suma se reduciría a u$s 70.350 millones, parece no corresponderse.
    Lo que he visto de recaudación por dicho impuesto al mes de marzo/2019 ($ 108.397 millones), anualizados y, tomando un dólar a $ 40.- me daría una recaudación anual de u$s 32.519,1 millones, es decir, valores más cercanos al estimado de evasión que a la recaudación que correspondería.

  2. Abel dice

    Muy claro el artículo, Sebastián. En las corridas que sufrimos durante 2018 los montos nominales que se han perdido intentando frenar el alza de la cotización fueron sustancialmente mayores a los que hoy podría ejecutar el gobierno en caso de una nueva disparada en el tipo de cambio.
    No tengo presente un final tan anunciado como el que va a suceder.

    Un abrazo.

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