El declive del imperio

La pérdida de valor del dólar, en el trasfondo de las acciones militares en Venezuela e Irán

 

El conocido historiador estadounidense Alfred McCoy considera que las amenazas del Presidente Trump contra Irán, Venezuela, México, Groenlandia y otros países son expresiones de “un imperio en declive” que, a medida que pierde poder e influencia en el escenario mundial, sigue un patrón predecible de militarismo en el extranjero e inestabilidad política dentro del país. “La política estadounidense se está volviendo cada vez más retorcida e irracional”, dice McCoy y añade que ese declive “continuará durante una década más, o dos, hasta que el poderío estadounidense finalmente se desvanezca”.

Este diagnóstico explica la política imperial, guerrerista y antidemocrática del poder gobernante estadounidense, expresada de forma histriónica y poco diplomática por el Presidente Donald Trump, que quedó evidenciada en su intervención, plagada de inexactitudes durante el Foro Económico de Davos el miércoles. Su megalómano discurso encubre una realidad económica interna que amenaza la estabilidad del país y su rol de hegemón mundial. No es cierto que las cifras de crecimiento económico de su gestión son fantásticas y las mejores en varios lustros. Tampoco es cierto que haya frenado la inflación, ya que anualizada a diciembre fue de 2,7% y sobrepasa la meta del 2%, por los aranceles impuestos por Trump que, en última instancia, recaen sobre el consumidor estadounidense. Menos real aun, que ha mejorado el mercado laboral. Los 584.000 empleos generados en 2025 representan la peor cifra desde 2020 y contrasta con la creación de 2,01 millones de puestos durante 2024.

Sin embargo, esto no es lo que más le preocupa al gobierno estadounidense. El mayor desafío que enfrenta Estados Unidos consiste en frenar la caída del rol del dólar como activo de reserva y moneda de curso legal en el comercio internacional. Ello no parece viable por el crecimiento en espiral de su deuda y el proceso de desdolarización que tiene lugar en el mundo. Después del quiebre del sistema de Bretton Woods, en 1971, el petróleo reemplazó al oro como ancla funcional del sistema monetario y le permitió al dólar mantener su hegemonía. Pero las sanciones impuestas a países petroleros (Venezuela, Irán, Rusia) han dado lugar a que estos utilicen otras monedas en sus ventas de petróleo, lo que ha impactado negativamente en la fortaleza del dólar. 

Cabe señalar que en asociaciones regionales como la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la Asociación de Países del Sudeste de Asia (ASEAN), la Unión Africana o el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), los países están haciendo uso de unidades de cuenta locales para evitar también el uso del dólar en su comercio intrarregional con la misma lógica que plantean los BRICS.

 

Hegemonía del dólar

El gobierno considera la supremacía de su moneda como una cuestión existencial porque le permite endeudarse masivamente para sostener su economía y financiar su vasto aparato militar. Durante la campaña electoral, Trump dijo que perder ese estatus sería equivalente a perder una guerra. Desde su regreso al poder, ha declarado que cualquier intento del grupo BRICS y otros países de forjar una alternativa al dólar se enfrentará a represalias por parte de Estados Unidos.

Según un informe del FMI, la participación de los activos denominados en dólares en el total de reservas de los bancos centrales en el mundo cayó del 72% en 2002 al 58,2% en 2025. A nivel global, en particular los de China, India y Estados Unidos, han incrementado sus compras de oro, lo que ha tenido un impacto alcista sin precedentes en su precio. Los tiempos en que los bonos del Tesoro de Estados Unidos eran considerados como el valor más seguro del mundo son parte del pasado. BlackRock, la gestora estadounidense de activos más grande del mundo, ha advertido que la creciente deuda del gobierno de Estados Unidos podría reducir el interés de los inversores en los bonos del Tesoro a largo plazo y en el dólar. Esto justifica buscar oportunidades de inversión fuera de las fronteras de Estados Unidos. 

Esta desconfianza tiene sus raíces en el alto nivel de la deuda pública de Estados Unidos (124% de su PBI) en un contexto de pérdida de dinamismo económico desde la crisis económica y financiera que estalló en 2008; en los crecientes intereses que deben destinarse a pagar su servicio y en un déficit fiscal sistémico que bordea el 6% del PBI. A ello hay que añadir la incertidumbre que genera la pugna de Trump con el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en la conducción de la política monetaria; el trato denigrante a los migrantes; el pisoteo de la institucionalidad local e internacional; así como el caos provocado por la política arancelaria de Trump impuesta a casi todos los países, inclusive a sus aliados. Por ello, agentes económicos y gobiernos extranjeros tienden a deshacerse de los títulos emitidos por el Tesoro estadounidense o se resisten a comprarlos, por lo que el gobierno se ve obligado a ofrecer mayores tasas de interés para hacerlos atractivos, lo cual aumenta el costo del financiamiento del servicio de su deuda. Las tres agencias que evalúan el riesgo crediticio de emisores de deuda como gobiernos, empresas y bancos (Moody's, Fitch y Standard & Poor's) han bajado la nota de calificación de la deuda estadounidense.

 

 

Sanciones y alejamiento del dólar

Los países sujetos a sanciones económicas por Estados Unidos, como Irán, Rusia y Venezuela, entre otros, prescinden del uso del dólar en su comercio internacional. Parte de las sanciones a estos países productores de petróleo consiste en la prohibición para comercializarlo y así ahogarlos financieramente. Ello los obliga a utilizar buques fantasmas con cambios de bandera en altamar y venderlos con un fuerte descuento a los países que desafían el embargo económico, fundamentalmente China e India, y reciben los pagos en monedas locales y otras variantes. En la medida en que el dólar deja de ser indispensable para el comercio, disminuye su demanda y con ello su valor. Durante el primer semestre de 2025, dicha moneda se depreció con relación a una canasta de monedas de las seis principales economías del mundo, en una magnitud no registrada en la comparación interanual de ese mismo período desde 1973. 

El embargo de activos financieros de estos tres países depositados en el exterior (31 toneladas de oro de Venezuela en el Banco de Inglaterra, 300.000 millones de dólares de Rusia en bancos de Estados Unidos y Europa, y un número indeterminado perteneciente a Irán) genera desconfianza en otros países. Esto los lleva a desprenderse de sus tenencias en dólares y en títulos de la deuda que emite Estados Unidos. Es el caso de China, Japón, Reino Unido, India y, recientemente, de fondos de pensiones de Suecia y Dinamarca, como reacción a las amenazas de Trump de apropiarse de Groenlandia e imponer aranceles a los países europeos que no lo respalden. Dichas ventas y las amenazas de Macron y otros líderes europeos de hacerlo también produjeron un desplome de su valor en el mercado, por lo que el Presidente Trump abandonó Davos silbando bajito con relación a su anexión de Groenlandia y suspendió la aplicación de aranceles a los países europeos que no lo apoyaran en su proyecto.

Para el economista griego Yanis Varoufakis, “el privilegio exorbitante” del dólar estadounidense de ser la única moneda rectora del sistema monetario mundial se desvanecerá en un plazo máximo de diez años debido a la disminución del peso de Estados Unidos en la economía y el comercio mundial, al fracaso de su disciplina fiscal, a la apropiación de las reservas de divisas extranjeras de Rusia, Venezuela, Irán o Afganistán, y al hecho de mantener un servicio de mensajería interbancaria “primitivo” como el SWIFT.

 

 

Petrodólares: las razones de la agresión militar a Venezuela e Irán

La agresión y amenaza militar de Estados Unidos contra Venezuela e Irán busca recuperar el dominio del petrodólar en un momento en que su hegemonía está erosionada. La quiebra del sistema de Bretton Woods en 1971 –determinada porque Estados Unidos se siguió de largo con la emisión de dólares y no pudo garantizar su conversión en oro, según lo acordado en su fundación 1944– debería haber significado el final de la hegemonía de la moneda estadounidense. El dólar se convirtió solo en un papel sin respaldo físico, pero pudo sostenerse como activo de reserva mundial gracias al rol que jugaron los petrodólares. El sistema del petrodólar fue una decisión geopolítica que convirtió al petróleo en el soporte material de la hegemonía monetaria estadounidense.

Durante la crisis energética de 1973, el gobierno estadounidense acordó con el de Arabia Saudita que todo el petróleo saudí se vendería exclusivamente en dólares y que gran parte de estos ingresos se destinarían a invertir en bonos del Tesoro estadounidenses. A cambio, Estados Unidos ofrecería protección militar y apoyo político a la monarquía saudí. Ese acuerdo se extendió luego al resto de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), creada en 1962, entre cuyos miembros fundadores figuran Venezuela e Irán. Cualquier país del mundo que quisiera comprar petróleo debía tener dólares en sus reservas. 

Así, los petrodólares que fluían hacia los países productores de petróleo para comprarlo se dirigían a Estados Unidos, en gran parte, a adquirir bonos del Tesoro que les daban rendimiento y seguridad. De esa manera, el dinero de la venta de petróleo financiaba el gasto de Estados Unidos en el marco del mecanismo conocido como “reciclaje de petrodólares”. En la medida en que Irán, Venezuela y Rusia (miembro de la OPEP+, creada en 2016) tienen prohibición para comercializar su petróleo, estos lo hacen sin utilizar el dólar, lo que produce una menor demanda por esa moneda y, con ello, su devaluación y la consiguiente pérdida de hegemonía. 

Para que Venezuela e Irán vuelvan a utilizar el dólar en su comercio petrolero se utiliza el mismo libreto: campaña mediática sobre la tiranía del régimen, envío de buques de guerra y amenazas de invasión. En Venezuela bombardearon cuatro ciudades, secuestraron a Nicolás Maduro y a su esposa y el gobierno estadounidense tiene injerencia sobre la venta del petróleo: ahora se vende en dólares y no en yuanes u otros medios de pago. Algo similar se busca hacer en Irán. Se trata de una pugna en las finanzas globales en un momento de transición histórica.

No es un tema de drogas, democracia, falta de libertades o respeto a la institucionalidad. Eso a Estados Unidos no le interesa. La crisis entre Estados Unidos y Venezuela llegó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas días antes de la invasión. En ella, el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, dijo que su país impondría sanciones “al máximo” a Venezuela para privar a Maduro de los recursos que utiliza para financiar el Cartel de los Soles, designado por Estados Unidos como organización terrorista. Luego de la invasión, el Departamento de Justicia señaló que tal organización no existía. 

Este jueves, el Presidente Trump anunció que una "flota enorme" avanzaba hacia Irán, lo que, de ser cierto, concretaría los anuncios realizados en repetidas ocasiones sobre una posible intervención contra Irán por la matanza de manifestantes que ellos mismos promovieron con el apoyo de servicios de inteligencia de Israel. El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, llamó a Trump "criminal" por "las víctimas, los daños y las calumnias" contra su país.  Ese mismo día, Trump describió a Jamenei como “un hombre enfermo que debería gobernar su país adecuadamente y dejar de matar gente”, añadiendo que “es hora de buscar un nuevo liderazgo en Irán”. El martes, el general Abolfazl Shekarchi, portavoz de las fuerzas armadas de Irán, le advirtió a Trump que no emprenda ninguna acción contra el líder supremo del país, y agregó: “Si alguna mano de agresión se extiende hacia nuestro líder, no sólo cortaremos esa mano, sino que también prenderemos fuego a su mundo”.

En síntesis, aun si Trump lograra derrotar al régimen teocrático de Irán y controlar la gestión y la comercialización del petróleo, la pérdida de hegemonía del dólar es un proceso irreversible. Todo apunta hacia la institucionalización de un sistema monetario multipolar, en el que el dólar comparta un rol predominante con otras monedas. El mecanismo del “reciclaje de los petrodólares” que a principios de los '70 sostuvo la posición hegemónica del dólar, ya no es viable. Estados Unidos se acerca a un "punto sin retorno" con una dinámica insostenible de la deuda, por lo que los mercados financieros perderán interés en adquirir los bonos que emite el Tesoro de ese país.

 

 

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