El derrame que no llega

¿Vaca muerta es de todos los argentinos?

 

Desde la Independencia, la Argentina ha estado marcada por una tensión intermitente entre dos proyectos de país. Por un lado, el de conformar una especie de semicolonia dominada por minorías con estrechos lazos de dependencia hacia los poderes económicos dominantes del mundo. Por el otro, un modelo integrador de las poblaciones del llamado interior que, con sustento popular, logró alcanzar entre 1945 y 1955 una Argentina con soberanía política, desarrollo industrial y justicia social. 

Ese proceso de diez años, superador del modelo conservador, fue violentamente interrumpido por el golpe militar de 1955, apoyado por los Estados Unidos. Hoy el gobierno de Javier Milei es de alguna manera una reedición de aquel periodo que le siguió. 

Ante el derrumbe de su lamentable gestión, se abre la perspectiva de su no reelección y entonces la de un periodo de reordenamiento y de reconstrucción del Estado. Tenemos una nación aún propietaria de algunos recursos naturales: tierras fértiles, bosques añosos, minerales, hidroelectricidad, hidrocarburos, etc. Además, cuenta con el canal de Beagle y la conexión de los océanos Atlántico y Pacífico por el cabo de Hornos, bautizada por Jorge Rachid como nuestro estrecho de Ormuz.

Toda la región sudamericana posee perspectivas ciertas de lograr un desarrollo de reservas energéticas, en particular, a partir de los recientes descubrimientos en aguas profundas de Guyana (11.000 millones de barriles) y en la desembocadura del río Amazonas, sumados a los hallados algunos años atrás frente a Río de Janeiro, Brasil, que ya acumula 4,5 millones de bbl/d. Son todos yacimientos de hidrocarburos con crudos livianos (shale oil) de alta calidad con muy bajo porcentaje de azufre, lo que permite una combustión menos contaminante. 

También hay reservas en las islas Malvinas y en las costas de Tierra del Fuego. Y probables reservas en la amplia plataforma marítima argentina. El despliegue de estas capacidades conforma un recurso potencial de América del Sur por el lado del océano Atlántico que puede derivar en una especie de nuevo golfo Pérsico. 

La producción de crudo en la Argentina en el 2025 fue en promedio de 864.000 barriles por día (bbl/d). El 70%, es decir, 605.000 bbl/d, salió de Vaca Muerta. El ingreso de los productores para el año solo de Vaca Muerta fue a una media de 75 U$/bbl cercana a 16.600 millones de dólares. Sin embargo, el llamado derrame de esos ingresos, tanto para el Estado nacional como para la “gente de a pie”, fue prácticamente cero. 

La producción para 2026 de Vaca Muerta se proyecta en 790.000 bbl/d. Los ingresos esperables al mismo precio unitario se estiman para el año en una suba del 25% en 22.000 millones de dólares. ¿Cuándo se estima el derrame? Hasta ahora no se ha visto ninguna mejora en los ingresos de la población.

Para 2027 se prevé el ingreso del oleoducto VMOS (Allen-Punta Colorada, Golfo San Matías) y las productoras podrán disponer de más despachos a mediados del año, unos 600.000 bbl/d. Se estima un incremento de la producción total de Vaca Muerta, que llegará en el año a 1,2 millones de barriles. Lo que, al precio unitario de 70 U$/bbl, cerca de 30.000 millones de dólares. 

La venta al exterior con el estrecho de Ormuz abierto llegaría a 14.000 millones de dólares. Con el estrecho de Ormuz semicer­rado o cerrado mucho más. La pregunta clave para los ciudadanos de a pie sigue en pie: ¿Cuánto de esa montaña de dinero se va a derramar en la gente? ¿Cuánto de ese volumen servirá para la inversión en el país y cuánto se derrama al exterior?

Para proteger el mercado interno y la capacidad y la competitividad del trabajo argentino, dado que el gas natural no es un commodity, por la enorme importancia del tema precio, sería razonable y útil que sea el Congreso nacional el que sancione un punto de partida de referencia estable con los valores del gas natural al ingreso al sistema de transporte (precio PIST). Partiendo de los costos promedio de producción con pozos con extensión lateral de 3000 m de 10 millones de dólares. El estimado de recuperación (EUR) es de 330 millones de m³ en cuatro años. El costo directo se encuentra en torno a 0,8 U$/MMBTU. Con los indirectos se llega al costo total de cerca de 1,5 U$/MMBTU. 

El precio PIST, con un beneficio bruto (EBITDA) de buen nivel, logra un precio de venta del orden de 2,50 U$/MMBTU. Este valor es la punta del ovillo para focalizar el valor adecuado para las necesidades y condiciones de crecimiento del país y ser competitivo en la exportación a mercados del mundo. La industria extractiva de Estados Unidos, con esa retribución, ha devenido en uno de los mayores productores de gas del mundo. 

En cuanto al costo de extracción del crudo, se parte de un costo directo del orden de 8 a 10 U$/bbl y, con costos indirectos, se llega a un costo total del orden de 20 a 23 U$/bbl. El precio de referencia es el de los grandes mercados del mundo y más detallado es el FOB de exportación en puertos de embarque. El precio del mercado interno sería razonable obtenerlo de una banda donde el precio más alto sería el de la exportación y el más bajo, como derivación del precio calórico del gas natural (2,5 U$/MMBTU). Con los ajustes técnicos para el mercado interno, el crudo debería ser inferior al FOB (-20 a -30%) por varios años. En perspectiva, el mercado interno debería tender al crudo cerca de los 50 U$/bbl. Ello posibilitaría precios de los combustibles en línea con la enorme oferta de crudo de Vaca Muerta.

En Estados Unidos, que consume 21 millones de bbl/d y produce 13,5 millones de bbl/d, importa grandes volúmenes de crudo (o se los apropia, como fue el crudo pesado de Venezuela) y hoy posee precios de los combustibles más bajos que la Argentina, que exporta petróleo. 

Para que se incremente la producción y el consumo (de GNC, GNL y fertilizantes) y la exportación de este producto sea posible, es conveniente establecer una base estable en torno a los 2,5 U$/MMBTU. Ello permitirá un incremento de su uso por la población, la industria y el transporte, ir saliendo del estancamiento de consumo a valores en sintonía con la enorme oferta de Vaca Muerta al servicio del desarrollo interno.

La tarea es promover el debate público para los consensos para obtener una legislación y determinación de una energía competitiva y contribuir así con un aporte nada desdeñable a la recuperación productiva del país.

La lamentable expresión de la derecha de catalogar los proyectos nacionales integradores como populistas, clara expresión devaluatoria, cuando el mismo populismo en China ha permitido que millones de sus habitantes obtengan el desarrollo, el progreso y la realización en muy pocos años.

Con los conceptos del populismo, China emergió como una potencia política, económica, social y tecnológica. Sus conceptos de interconexiones solidarias con decenas de países y con su modelo de los caminos de la seda que resumen desarrollo en paz. Modelo que la argentina debería considerar y tomarlo como ejemplo. Es necesaria en este contexto donde la energía va a protagonizar un rol fundamental en el desarrollo del país y una política energética justa para que la población sea partícipe de la riqueza de Vaca Muerta. 

Para nuestro país, esos recursos energéticos poseen un rol extraordinario, por ejemplo, para asistir y conformar planes quinquenales complementarios a ser ejecutados por un modelo Argentina Siglo XXI. Planes con un férreo organismo de planificación y ejecución que pueden acelerar la recuperación económica y social. Para ello, la población debe dar su apoyo activo a estas medidas con las organizaciones políticas, sociales, industriales, pymes, cooperativas, etc. Es el camino adecuado para lograr que Vaca Muerta sea un recurso natural de todos los argentinos, como lo establece la Constitución nacional (art. 124) al indicar que las provincias de la nación argentina tienen el dominio originario de los mismos. 

 

 

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