El despertador social sonó en Suiza

Protesta masiva en Suiza contra empresas responsables del cambio climático

 

A la calma suiza de mediados de febrero le sonó su despertador social. El lunes 17, centenares de militantes del movimiento Rebelión contra la Extinción (Extinction Rebellion) realizaron cuatro acciones de protesta contra trasnacionales dedicadas al comercio de productos básicos y petróleo. Dos días después, las Naciones Unidas publicaron un informe cuyas conclusiones parecen darle toda la razón a los “rebeldes climáticos”: en este contexto mundial, no hay futuro para los niños, afirma el documento mandatado por la Organización Mundial de la Salud y la UNICEF.

En la mira de los militantes ambientalistas suizos, las sedes de las empresas de alimento Cargill, así como, las comercializadoras de petróleo Vitol, Mercuria e Ifchor. El objetivo de las ocupaciones fue de denunciar la responsabilidad de esas transnacionales en el cambio climático.

La Cargill, desde Ginebra —en tanto filial de la casa madre norteamericana radicada en Minnesota—, se dedica a operar en el comercio de granos y oleaginosas. La trasnacional con 160.000 empleados en 70 países es uno de los pesos pesados en el sector de la alimentación a nivel mundial. Opera con servicios agrícolas, granos, semillas, algodón, aceite de palma y alimentos para animales. Así como en los sectores de la carne, aceite, huevos, endulzantes, harinas, almidones, cacao y chocolate, por citar algunos renglones.

XR (Extinction Rebellion) había ya anticipado hace algunas semanas la realización de una acción de desobediencia civil contra el sector privado. El tercer lunes de febrero realizó acciones simultáneas en Ginebra y Lausana, buscando acaparar la atención mediática sobre la responsabilidad de empresas cuyo accionar –según los manifestantes— contribuye significativamente a las emisiones de gas de efecto invernadero.

Los militantes acusaron de “ecocidio” a dichas empresas, denunciando los métodos indiscriminados de extracción de materias primas, así como de deforestación masiva para implementar cultivos intensivos. “Estas empresas destruyen el planeta. Y Suiza es uno de los principales centros rotatorios del comercio de materias primas”, enfatizó una de las portavoces del movimiento en declaraciones al cotidiano helvético Le Courrier.

 

 

Movilización ciudadana

XR se ha convertido desde su lanzamiento a fines del 2018 en Londres, en uno de los movimientos sociales más activos a nivel internacional, con grupos nacionales implantados en muchos de los países europeos. Argumenta su acción directa en la gravedad de la crisis del planeta y la necesidad de una movilización resistente para cuestionar la inoperancia del poder político en relación a la degradación ambiental.

Dentro de los principios y valores de la que se define como “red no violenta” y de desobediencia civil, admiten una visión de cambio global, apostando a movilizar al 3.5% de la población mundial para conseguirlo. Defiende a una “cultura regenerativa”, desafiando autocríticamente el comportamiento individual con respecto al clima y aceptando la necesidad de salir de “nuestras zonas de confort para el cambio”. A nivel metodológico y organizativo se oponen a las jerarquías de poder; y defienden la autonomía y descentralización, creando colectivamente las estructuras necesarias para desafiar al poder.

En Suiza, a partir de inicios del 2019, XR ha promovido diversas protestas, como el repetido bloqueo de puentes y calles céntricas de la ciudad de Lausana, o la entrada del aeropuerto internacional de Ginebra-Cointrin, en noviembre último. En junio, un grupo reducido de militantes de Rebelión contra la Extinción se encadenó frente a la puerta central del Parlamento Nacional, en Berna, denunciando la inoperancia del poder político ante la gravedad de la situación.

 

 

 

Cambio del paradigma jurídico

El 13 de enero pasado, un tribunal reunido en la ciudad de Renens (en la periferia de Lausana) declaró no culpables a doce activistas ambientales que en noviembre del 2019 habían realizado una acción de protesta en la sucursal del banco Credit Suisse, en la capital del Cantón de Vaud.

Habían improvisado en el hall de dicha entidad un partido de tenis con el objetivo de denunciar la relación de sponsor entre dicho banco y el famoso tenista Roger Federer. Los activistas responsabilizaron a dicha entidad por su acción antiecológica, al promover ciertos rubros financieros e inversiones especulativas. A posteriori, Federer, a través de sus medios sociales, reconoció el valor de la protesta, lo que significó un espaldarazo mediático para ese tipo de acciones.

En vista de una «innegable» emergencia climática, la sentencia anunciada por el Tribunal, consideró que los jóvenes activistas habían llevado a cabo una operación «necesaria y proporcionada». Reconociendo que el cambio climático representa un “real peligro”. Los jueces subrayaron el carácter no violento de la protesta, la no existencia de daños colaterales y el tiempo corto de la misma.

Esta decisión jurídica creó un precedente importante en el derecho suizo. Priorizar la emergencia climática por sobre los argumentos de respeto a la propiedad privada, esgrimida por la Justicia tradicional, cambia un sacrosanto paradigma interpretativo.

Por otra parte, en las recientes elecciones del 9 de febrero pasado para renovar uno de los siete puestos del Gobierno del Cantón de Vaud, una joven militante elegida por sorteo por su colectivo asociativo para candidatearse en nombre del movimiento, obtuvo el 23 % de los sufragios, que, aunque no le alcanzó para ganar, representó todo un récord para una candidata contestaria, ambientalista y sin partido político.

 

 

La ONU reconoce…

El cambio climático, la degradación ecológica y la comida ultra procesada ponen en peligro el futuro de los niños. Nadie se libra. Las naciones más pobres son las que menos pueden garantizar la supervivencia y el bienestar de los menores. Las más ricas, al ser las más contaminantes, ponen en riesgo el futuro de todos ellos.

Así lo enfatiza un estudio mandatado por las Naciones Unidas que aborda la salud y el cambio climático y en el que los autores parecen darle la razón a los movimientos sociales que se están movilizando activamente y denuncia que el “mundo se está incendiando”.

El informe, cuyos resultados fueron publicados el 19 de febrero, se denomina ¿Un futuro para los niños del mundo?, y fue elaborado por 40 especialistas del mundo entero convocados por la Organización Mundial de la Salud y la UNICEF, y contó con el apoyo de la publicación científica The Lancet.

El mismo subraya que “la salud y el futuro de los niños y adolescentes del mundo se encuentran bajo amenaza inmediata de la degradación ecológica, el cambio climático y las prácticas comerciales nocivas que impulsan a los menores al consumo de comida rápida altamente procesada, las bebidas azucaradas, el alcohol y el tabaco”.

Las conclusiones del estudio  refuerzan, indirectamente, la acción directa de los rebeldes climáticos, quienes concluyeron las cuatro acciones de protesta del tercer lunes de febrero con una concentración en Vevey, en la puerta de la sede central de la Nestlé, una de las trasnacionales más poderosas a nivel mundial en los rubros alimentos y golosinas.

 

 

 

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2 Comentarios
  1. Ariel dice

    Excelente nota. Muy interesante lo que está pasando en Suiza y ese fallo judicial

  2. Horacio dice

    Excelente análisis con informaciones actualizadas de alto valor. El tema del medio ambiente tendría que estar en el orden del día para todo el arco político progresista y de izquierda. Como escribe Naomi Klein, hay que unificar las diversas luchas por demandas sociales, como las pautas identitarias, con la urgencia ambiental y, por supuesto, con la lucha contra el sistema capitalista. Ninguno de estos retos tiene futuro si no es en combinación con los demás. No se trata simplemente de una tomada de consciencia por reflexión teórica, sino más bien (e infelizmente) por urgencia ambiental: se acabó el tiempo de alertas amarillas, el cambio climático ya empezó.

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