El día en que declaró Darthés

El avance de un juicio emblemático para muchas mujeres que esperan verdad y justicia

 

A unos pocos pasos de la Plaza de Mayo, en la calle Perón 667, se encuentra la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM). Fue creada el 29 de junio de 2015, 26 días después del primer Ni Una Menos. Esa manifestación, ese hito fundante, sucedió en la Argentina algunas semanas después de que Chiara Páez, una adolescente de 14 años, fuera encontrada asesinada, embarazada, en Rufino, Santa Fe. Hay una trama insoluble. Hay un sostén que tejemos entre mujeres que nos ha traído vivas desde los confines del tiempo. En esa UFEM, tan ligada a la ausencia física de compañeras cuyos reclamos no fueron oídos, el pasado jueves 20 de octubre Thelma Fardin escuchó el testimonio de Juan Darthés, quien abusó de ella en 2009 en Nicaragua, cuando era una niña, una menor de edad.

Es interesante ver cómo cada uno y cada una llega a las instancias decisivas. Darthés estaba solo, en Brasil, secundado por los abogados que él mismo paga. Thelma escuchó las palabras de ese hombre, que se rehusó a hablar durante cuatro años, acompañada por miles de mujeres que en todo el país sostuvieron esa espera.

 

 

 

La primera verdad es con una misma

El primer paso ineludible que da cualquier víctima de abuso en busca de reparación es creerse a sí misma. Confiar en su recuerdo, en su percepción. Ponerle palabras al horror. Pasar al lenguaje eso que fue tan claro en el cuerpo. Esto sucede antes de que la Justicia dictamine su sentencia, antes de que exista una condena social, antes de que los medios de comunicación establezcan su perspectiva. La propia certeza es la piedra fundamental para enfrentar el mundo exterior. Para nadie es fácil aceptar que ha sufrido determinadas violencias, y es sobre esa primera aceptación que se erige todo lo que viene después. Ese diálogo interno, complejo, y que toma incluso años, puede estar favorecido u obstaculizado por las condiciones sociales. En sociedades que tratan a las mujeres de locas, histéricas y fabuladoras, se hace mucho más cuesta arriba para las víctimas el hecho de creer en sí mismas, en su verdad. En cambio, si el Estado trabaja en la aplicación de políticas públicas como la ESI (Educación Sexual Integral) o la Ley Micaela —si se va generando un entorno que legitima la voz de las personas abusadas—, ese primer paso se torna más factible.

En diálogo con El Cohete a la Luna, Thelma se refirió al enorme giro que implicó para ella enfrentar el abuso que había sufrido y tomar las riendas de esa situación, dar testimonio, exigir justicia, poner el cuerpo. Estaba viviendo en México y decidió volver a la Argentina porque necesitaba de sus afectos, de su círculo, para acometer la odisea. Y esta palabra no le queda grande. Para las víctimas de abuso sexual, lograr una condena no es un esfuerzo menor al que describe Homero. Y hay otra coincidencia: ese texto trata de una vuelta a casa, el protagonista retorna al hogar después de una guerra. Más análogo, imposible. Para la víctima de abuso sexual, su cuerpo, que es su casa, ha sido arrasado, invadido, y conseguir justicia es volver a abrir las ventanas, ventilar los cuartos, poner la mesa. A Thelma le realizaron 9 pericias: 3 en Nicaragua, 5 en Argentina y 1 en Brasil. Darthés fue sometido sólo a una pericia, y se trató de una pericia de parte, es decir, pagada por él mismo. Y estamos hablando del caso de una mujer conocida por su labor como actriz, sostenida por espacios como Actrices Argentinas, por su propia familia, por sus amistades. Una mujer que tiene los medios económicos para afrontar todo el proceso. Transpolemos estos niveles de complejidad a una persona sin los recursos antes mencionados. La ecuación resulta en una realidad conocida: la enorme mayoría de los abusos sexuales quedan impunes.

 

 

 

Tres países

Los hechos denunciados por Thelma Fardin son de público conocimiento. El abuso ocurrió en Nicaragua, por eso la denuncia fue radicada en Managua. Darthés, ciudadano brasileño, huyó a dicho país, que por su propia legislación no extradita ciudadanos nacionales en caso de delitos comunes. Teniendo ya un pedido de captura de Interpol, la Fiscalía Federal de San Pablo acusó a Darthés el 6 de abril de 2021, y así es como se llega a este juicio, en el cual la acción es impulsada por el propio Ministerio Público en un esquema de cooperación internacional con la Argentina y Nicaragua. El delito por el que se lo acusa es estupro, agravado por el rol jerárquico que el actor ejercía en el marco de la gira de la serie televisiva Patito Feo.

El jueves pasado el acusado declaró durante dos horas ante el juez Ali Mazloum. Thelma hizo hincapié en la contradicción de que Darthés dice buscar la verdad pero, sin embargo, además de haber dilatado su testimonio durante años, una vez llegado el caso no aceptó preguntas ni siquiera de la Fiscalía, tan sólo respondió a sus propios abogados. De esta forma quedaría cerrada esta etapa del juicio que se reanudó el 29 de septiembre, luego de que la defensa pidiera que volviera a foja cero por estarse tramitando en la Justicia federal. Ahora se esperan los alegatos y, por supuesto, la sentencia. En la UFEM, tras la declaración, el abogado de Fardin, Martín Arias Duval, decía lo siguiente: “Nosotros suponemos que para el mes de diciembre vamos a tener los alegatos de las partes y a partir de ahí el juez puede dictar sentencia inmediatamente o puede tomarse un tiempo para hacerlo. Nosotros estamos conformes con esta jornada”. Y sobre la forma en que la Justicia actúa, agregó: “Parecería que está naturalizado que cuando una mujer denuncia una violación se pone el foco de la investigación en la mujer y no en el autor del hecho.” En cuanto a la declaración en sí misma, Thelma señaló que fue una situación violenta para ella escuchar las mentiras en boca del abusador. En la misma línea, su abogado afirmó que no creyó su relato.

 

 

Darthés fue acusado en Brasil.

 

 

 

 

Preferiría estar diseñando mi futuro

Thelma reflexiona acerca de la cantidad de tiempo y energía que implica el fin de arribar a un veredicto. Experimenta cierta sensación de injusticia por no poder estar diseñando su futuro, actuando, creando, por tener que poner toda esa fuerza al servicio de perseguir a un sistema judicial que no avanza por sí solo. También piensa que cuando este proceso acabe, todo ese potencial volverá a ella. Sentir que la propia vida está en manos de un juez, que se está en un punto detenida hasta que algo pase, es una experiencia subjetiva, pero que describe aquello que atraviesan miles de personas. Por eso, ante la pregunta acerca de qué debería cambiar la Justicia, Thelma señala que es clave que las víctimas tengan patrocinio, que si bien se supone que las y los fiscales desempeñan ese rol, en muchos casos no dan abasto y les resulta imposible tener una comprensión exhaustiva y minuciosa de cada caso. Además del patrocinio, Thelma señala que las víctimas de abuso sexual deberían contar en todos los casos con apoyo terapéutico para afrontar la revictimización que involucra en sí mismo el proceso judicial.

Thelma es actualmente, para muchas víctimas de abuso, un símbolo en materia de denuncia. Por eso es tan importante que el acusado sea condenado. Por la lectura social y colectiva que se hará de la sentencia. En este momento, hay miles de mujeres dudando acerca de si denunciar o no a sus abusadores. Si Darthés sale indemne, ¿qué perspectiva le brinda esto a la población? ¿Qué sentido tendría pasar por pericias y violencias, si al final del camino hay impunidad? Son muchas las personas que necesitan de la verdad y la justicia para sentirse por fin libres de diseñar sus vidas dejando ese peso atrás. Y esto, desde ya, no significa olvidar, sino poder ya finalmente mirar a los hechos desde otro lugar.

 

 

 

Yo también fui abusada

No me olvido de ese tipo que un día se abrió el sobretodo frente a mí y me mostró su cuerpo desnudo. Yo, definitivamente, no quería verlo. Estaba en calle 51, entre 3 y 4, en la ciudad de La Plata y sentí asco y miedo. Tampoco me olvido de ese otro, llegando a la facultad una mañana temprano, que estaba como metido en un porche y, cuando pasé por al lado, se estaba masturbando. Ni del que me acosó desde un auto, escondido, y me llenó de pavor. ¿Cómo olvidarme de esa noche en Plaza Matheu? Era de madrugada, volvíamos con una amiga, y un hombre empezó a corrernos. El pánico nos tornó muy veloces. Mientras él corría, se tocaba, pero fuimos más rápidas. Llegamos al departamento y le cerramos la reja en la cara. Estábamos exhaustas, aterradas, y a salvo. Es muy difícil escribir sin temblar. Y probablemente lo peor de esta historia es que estoy en el grupo de las mujeres a las que “no les pasó nada”. Esas son las anécdotas normales. Las que nos pasaron a todas. Las que no van a un Tribunal. Este es el dolor de siglos, de generaciones vejadas. Pero lo que no comprenden es que el tormento no nos paraliza. Estamos juntas, y lo vamos a seguir estando. No sabemos cuánto tiempo falta. Pero, un día, las nietas de nuestras nietas les van a contar a sus hijas que sus ancestras hicieron una gesta heroica. Que se plantaron como nunca antes. Y que terminaron con tanta locura.

Ese mismo jueves, mientras esperábamos la declaración, hubo un gol de Boca. Varios hombres gritaron espontáneamente: “¡Gol!» Pero hubo uno de ellos que no sonó natural. Que, a destiempo, profirió “Vamos Villa”. “Vamos Villa”, en la puerta de la UFEM, mientras declaraba Darthés. Ese hombre no estaba festejando un gol. Quería nombrar, ex profeso, a Sebastián Villa, el jugador denunciado por abuso sexual. Ese hombre quiso decir: “Aguante esta porción del mundo en que un tipo viola a una mujer y sigue jugando en primera, y tenemos el deleite de poder ovacionarlo”. A eso se enfrentan los feminismos y quienes los apoyan.

Thelma afirmó que su gran salto fue convertirse en la adulta que tenía que hacer algo por esa niña que no había sido protegida. Esa es en definitiva la tarea de todas, de todos. Convertirnos en quienes, conociendo el terreno, los peligros, y las adversidades, seamos capaces de guarecer y guarecernos.

 

 

 

 

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