El DNX

La Argentina a la vanguardia en el reconocimiento de derechos

 

Se presenta como Gerónimo o Carolina. Le da lo mismo por cuál de los dos nombres lx llamen, se reconoce con ambos. Dice que cuando trabaja como médicx se hace llamar Gero porque su aspecto físico “se condice más con el de un varón”. Y, además, para ahorrarse explicaciones, ya que “lo importante allí es lo que le pasa al paciente, no su identidad”. Sin embargo, nunca se sintió hombre, ni quiso abandonar su nombre femenino. Ni siquiera cuando comenzó su hormonización y fue operadx. Durante años sólo supo que estaba fuera de la cisnorma. De chicx no sabía cómo nombrarse o autopercibirse. Primero se reconoció como lesbiana, pero mucho no le cabía porque sólo tenía que ver con su orientación sexual. Más tarde, en los ’90, por primera vez se vio comprendidx por una identidad, la queer. Luego como unx andróginx. Fue “construyéndose según la escasa información que tenía y las posibilidades que iba teniendo”. Se reconoce como unx privilegiadx por contar con recursos y una red de afectos que lx acompañaron y, a la vez, con la responsabilidad de tener que poner el cuerpo para todxs aquellxs que están lejos de su situación.

Tras la aprobación de la Ley de Identidad de Género, en 2012, Gerónimo Carolina González Devesa demoró seis años en modificar su partida de nacimiento para que lleve su nombre elegido. Tardó porque el binomio de género lx excluía. En las charlas con su abogada, Eleonora Lamm, comenzó a percibirse como no binarix y advirtió que la ley podía reconocerlx como tal. “Hasta que me crucé con Eleonora ni siquiera había escuchado el término ‘no binarix’. Ella me preguntó cómo me identificaba y yo le dije que no quería ser varón, ni que tampoco me identificaba como mujer. No quería pactar con uno de los dos géneros, como muchas personas lo han hecho, para tener mi partida de nacimiento. Ella me dijo que podíamos pelearla, porque la ley estaba de mi lado”, cuenta a El Cohete a la Luna, al recordar los primeros pasos de su lucha por el reconocimiento de su identidad.

La experiencia de Gero Caro quedará en la historia por dos hitos. El primero, en 2018, cuando obtuvo por parte del Registro Civil de Mendoza una partida sin consignación del casillero “sexo”, que se adjudica al género en los documentos de nuestro país. Fue la primera persona en el mundo que lo logró sin pasar por la Justicia, en una decisión administrativa por aplicación de la Ley de Género. El segundo: hace pocos días se convirtió en la primera persona de nuestro país, y de toda la región, en tener un Documento Nacional de Identidad (DNI) no binarix.

 

El nuevo DNI no binarix de Gerónimo Carolina González Devesa.

 

Vestidx con saco azul y corbata negra, y con una sonrisa dibujada detrás del barbijo, Gero Caro recibió el pasado 21 de julio su documento de la mano del Presidente Alberto Fernández, en un acto en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada. Considera que en ese momento volvió “a ser un ciudadano”. Dice que durante tres años, desde que ratificó su partida hasta ese día, estuvo indocumentadx. Había una incongruencia entre su identidad, reconocida por su partida, y su DNI, que continuaba teniendo el nombre impuesto al nacer. También con sus otras identificaciones: sus tarjetas, su carnet de la obra social, su matrícula de médicx. “Luchamos mucho para que emitieran mi documento con mi identidad. No quise salir de la Argentina en esos años por las dudas, no sabía qué podía llegar a pasar si viajaba en avión y tenía el pasaporte con mi antiguo nombre y una foto vieja. La mayoría de las veces, cuando hacía trámites, dependía de la voluntad de un otrx, de si conocía la Ley de Identidad de Género o si estaban predispuestxs a que se la explicara, siempre un trabajo de más. Si los trámites molestan, imaginate teniendo que estar explicando tu identidad en cada uno de ellos”, contó.

 

Gero Caro junto a su abogada Eleonora Lamm y al Presidente Alberto Fernández.

 

 

 

No registradxs

Gracias al decreto 476/2021, que reconoce los derechos ya contemplados por la Ley de Identidad de Género 26.743, se abrió la posibilidad a que las personas que no se reconocen dentro del sistema binario femenino/masculino puedan identificarse con una tercera opción, utilizando la letra X en los sistemas de registro. Se trata de un reclamo que desde hace años realiza el movimiento LGBTTIQ+.

Desde 2012, decenas de personas en todo el país obtuvieron, por la vía administrativa o judicial, la rectificación de sus partidas de nacimiento para no consignar el género o registrar otra identidad por fuera de la binaria. Aun teniendo sentencias firmes y hasta un dictamen favorable del Procurador, durante la gestión macrista, el Registro Nacional de las Personas (ReNaPer), se negó a emitir los nuevos DNI y todas ellas quedaron sin documentación. Eso imposibilitó desde que sean contratadas en un trabajo formal, tengan un contrato de alquiler a su nombre o puedan pedir un crédito en el banco. Además, cuando el año pasado, producto de la propagación del coronavirus, se restringió la circulación, quienes no tenían documento se vieron imposibilitadxs de gestionar sus permisos. Se calcula que al menos 1.200 personas en el país habían rectificado la partida de nacimiento y estaban a la espera de un DNI que contemple su identidad.

Como médiqux y miembro del Programa de Salud Sexual y Reproductiva de un hospital regional de Mendoza, Gero Caro trata constantemente con personas que se sienten por fuera del binomio. “Hay mucha desinformación y es importante llegar a todxs para que conozcan sus derechos”, sostiene. Su caso permitió que muchos otrxs rectificaran su partida no sólo en Mendoza, sino en el resto del país. Su abogada acompañó también parte de esos reclamos administrativos y asegura que sólo en su provincia hay 25 personas no binarias que van a pedir su DNI, pero aclara que probablemente sean más, ya que muchxs no querían hacer la petición porque sabían que no iban a obtener luego su DNI rectificado.

SaSa Testa, trans no binarie y autorx del libro Soy Sabrina, soy Santiago, género fluido y nuevas identidades, contó a este medio que cuando inició su transición padeció discriminación en su trabajo, que se sostuvo, entre otras cosas, por no contar con un documento que lx respalde. En ese entonces era profesorx de un colegio secundario y las autoridades se negaron a reconocer su identidad y a llamarlx por su nombre. Después de un año y medio solicitando un trato digno, que ajusten sus papeles –acorde a lo que estipula la Ley de Identidad de Género en su artículo 12–, que lx traten por su nombre y por el pronombre adecuado, inició una demanda a la institución. “Cuando decidí visibilizar mi identidad empezaron los problemas con el equipo directivo y lxs colegas, no así con el estudiantado, que se manejó siempre con mucho respeto”, señaló. Se dio por despedidx y se quedó sin su principal ingreso porque no reconocieron su identidad. Años más tarde, la Justicia le dio la razón. Testa entró hace unos meses a trabajar en el Banco Nación, en el marco de la Ley 27.636 de Promoción del Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero “Diana Sacayán-Lohana Berkins”. Forma parte de la Gerencia de Género, Diversidad y Derechos Humanos. Hoy considera que la experiencia de otrxs podrá ser distinta a la suya porque “con el nuevo decreto, nuestras identidades adquirieron el estatuto de ciudadanía”.

 

La portada del libro de SaSa Testa.

 

 

 

El dilema de la X

En el acto de entrega de los primero DNIs no binarios se coló un debate que se venía dando dentro de los transfeminismos: el límite del uso de la X. Valentine Machado, integrante del colectivo “Todes con DNI”, recibió su nueva identificación con una remera que tenía la consigna “No todxs somos X”. Su compañerx Florián irrumpió gritando una consigna: “Somos travestis, lesbianas, maricas, no binaries también, agénero, no somos una X. Mi sentimiento interno no es una X, y lo quiero dejar bien claro”.

 

Valentine Machado expresó la posición del colectivo “Todes con DNI”.

 

El proyecto “Todes con DNI” propone que se incluya un campo abierto a completar por cada persona según su género autopercibido. En un comunicado afirmaron: “Una tercera categoría, decidida desde el Estado, borra nuestra diversidad y las múltiples vivencias de quienes nos identificamos por fuera del binario masculino o femenino. Al ubicarnos a todos, todas y todes bajo una única categoría se nos margina a la encriptación identitaria, mientras se jerarquiza a la M y la F que sí acceden al derecho a ser nombradas específicamente”.

Desde el Estado explicaron que la X fue elegida para respetar una convención internacional, debido a que tanto el DNI como el pasaporte son documentos de viaje. En la Argentina cada diez personas que tramitan el documento de identidad, una tramita el pasaporte. Es entonces el documento de viaje que más se utiliza en la región. Según los datos de Migraciones, en el último año el 75 por ciento de la población que salió del país lo hizo con DNI, mientras que el 25 usó el pasaporte. Con el DNI se puede acceder a todos los países miembros del Mercosur.

Maia Goldin, directora nacional de Documentos de Viaje y de Programación y Producción de DNI del ReNaPer, explicó a El Cohete que se volcaron por la alternativa de usar una X para consignar a los géneros no binarios para tener “la aceptación en términos de los estándares y normativas internacionales”. Para cumplir con ello, se adscribieron al documento 9.303 de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) –de la cual la Argentina y otros 192 países forman parte– que regula en materia de características a los documentos de viaje. La norma cita explícitamente que el campo “sexo” es obligatorio en esos documentos. “El DNI es un documento de viaje. Se lo controla y se lo utiliza en términos fronterizos. Por lo tanto, no adecuarnos a los estándares que plantea OACI, hubiera implicado la imposibilidad de seguir utilizando estos documentos para viajar al exterior del país y hubiera sido una vulneración de derechos en términos de la libertad de circulación”, explicó la funcionaria.

Goldin contó que, desde que inició la gestión, llevaron la propuesta de modificar el documento al ministro del Interior Eduardo “Wado” de Pedro, quien les dio luz verde. Durante más de un año, trabajaron distintas áreas de esa cartera en conjunto con el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y la Secretaría Legal y Técnica. Realizaron múltiples reuniones con el Ministerio de Salud y con diversas organizaciones de LGBTIQ+. También con equipos técnicos de otros países donde ya se había ampliado el derecho.

La OACI admite una tercera opción al campo sexo por fuera del binomio. La Argentina no es el único país del mundo que cambió su legislación. A nivel internacional, varios países reconocen documentos con identidades de género por fuera del binomio masculino y femenino. En Australia, el Tribunal Supremo dictaminó en 2014 el reconocimiento de un género “neutral” o “no específico”. El Tribunal Supremo de la República Federal Democrática de Nepal introdujo en 2007 un tercer género, y lo mismo hizo la República Islámica de Pakistán en 2009. En Nueva Zelanda se permite registrar el sexo en el certificado de nacimiento como “indeterminado”, “intersexual” o “no específico”. Estados Unidos tiene dos grandes experiencias. Por un lado, este año el estado de Nueva York entregó el primer certificado de nacimiento a un intersexual, y por otro, California, que es uno de los estados federales más avanzados en el tema, definió emitir licencias de conducir con una X en el campo “sexo”. En Canadá, desde 2017 permiten la emisión de certificados de nacimiento y pasaportes con la letra X.

El antecedente nacional más reciente es la Resolución Conjunta de la ANSES y la AFIP de julio de este año que dispuso el carácter genérico y no binario de los prefijos (20 y 27) a los números de CUIL y CUIT y su asignación aleatoria.

En el artículo 4 del decreto se explicita que la X incluye acepción de la identidad de género autopercibida fuera del binomio masculino/ femenino: no binaria, indeterminada, no especificada, indefinida, no informada, autopercibida, no consignada u otra. “La X es un reflejo de lo que indica la partida por fuera del binomio. Por términos internacionales, no puede ser cualquier otra letra y tampoco se puede dejar el campo en blanco. La libertad en términos de identidades autopercibidas está en el marco de la Ley de Identidad de Género a la hora rectificar la partida”, explicó Goldin.

 

 

“Sexo” como categoría jurídica

En la presentación del nuevo DNI, el Presidente aseguró que “al Estado no debería importarle el sexo de sus ciudadanos” y que se trataba de un paso hacia el día en que los documentos no pregunten por el sexo o género de la gente.

“Yo elijo siempre celebrar el derecho ganado porque es la conclusión de los muchos reclamos y demandas que hicimos. Hoy somos reconocidxs y es un paso importantísimo, es el primero para empezar a transformar lo establecido”, opinó SaSa Testa.

Gero Caro dijo estar de acuerdo con el reclamo de quienes no se sienten identificadxs con la nomenclatura X, pero la entiende “como la ausencia de F o M. Yo no soy una X, nadie tiene que ser una X si no se identifica. No nos están imponiendo, algo sino que nos están sacando dos imposiciones de género”. Para Eleonora Lamm, quien además es subdirectora de Derechos Humanos en la Dirección de Derechos Humanos y Acceso a la Justicia de Mendoza, el verdadero salto se concretará cuando no exista el “sexo” como categoría jurídica. “El sexo no debería contemplarse en el documento nacional de identidad. Es una categoría irrelevante a los efectos del Estado. Sobre todo si tenemos en cuenta que la asignación del sexo que se hace de las personas al nacer se hace sobre la genitalidad y que nada tiene que ver con la identidad de la persona. Las personas tampoco somos F o M, es una forma de simbolizar. Las identidades pueden ser tantas como la cantidad de personas”, destacó.

El debate incluye a todxs. La idea de no consignar el sexo –entendido como identidad– en los documentos también pone en jaque a la categoría mujer, y varixs señalan que eso podría hacer que desaparezca como sujeta política. A nivel jurídico modificaría, además, todas aquellas acciones positivas que se establecieron hasta el momento a su favor, fruto de la inequidad con los varones cis. Dejaría sin efecto políticas públicas y legislaciones construidas desde las categorías de género, tal como la ley para prevenir la violencia de género, la interrupción legal del embarazo o el cupo laboral travesti trans.

Gero Caro, con su nuevo DNI en la mano, sueña hoy con poder salir del país. “Cuando todo esto de la pandemia pase, lo primero que voy a hacer es viajar con mi DNI. Con mi novia queremos ir a una isla del Caribe”, dice. Sus próximos pasos serán modificar el resto de sus identificaciones, a medida que se adecúen las normativas de todos los organismos que integran la Administración Pública Nacional. Por su parte, SaSa Testa cambiará su DNI y luego todos los títulos académicos para que figure su identidad. “De manera directa o indirecta, todo lo que pueda venir de esta decisión política para nosotrxs es favorable, porque nos incluye”, opina.

Es tan cierto que es imposible nombrar todas las identidades como que ciertas categorías sean nombradas es una reivindicación política. La verdadera igualdad llegará cuando estas diferencias desaparezcan de raíz y las personas no necesiten ser categorizadas en un documento. Esto no significa que las identidades van a desaparecer, sino que, culturalmente, probablemente sean cada vez más. Las luchas de los movimientos sociales, las organizaciones LGTBIQ+ y los feminismos, acompañadas de la voluntad política del gobierno nacional, pusieron a la Argentina otra vez a la vanguardia y marcando tendencia en términos de reconocimiento de derechos. Habrá que seguir avanzando para que todas las identidades sean reconocidas y empiecen a convivir en armonía sin necesidad de su reivindicación.

 

 

 

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