El enésimo encubrimiento

Policías de San Nicolás chocaron a dos jóvenes que iban en moto y disimularon su responsabilidad

 

El lunes 1º de junio en la ciudad de San Nicolás, alrededor de las 3 de la madrugada, Ezequiel Corbalán (31) llevaba a Ulises Rial (25) en su moto Corven 250 cuando se toparon con un operativo policial. Quisieron detenerlos. Por temor a que le secuestrasen la moto que usaba para trabajar, Ezequiel decidió eludir el operativo. Efectivos de la Policía local realizaron la persecución. En las calles Carbajo y Piaggio un patrullero que venía de frente —sin sirenas ni luces azules prendidas, rotas desde el 28 de diciembre—, cruzó el carril y los chocó. Los dos jóvenes despedidos golpearon contra el suelo. Ulises murió en el acto. Ezequiel falleció después de estar internado en grave estado. Un testigo rompió la mentira policial. Al salir de su casa, observó “a un oficial apoyado en el capot del auto que se lamentaba. Vino otro policía y le dijo: ‘No te hagas problema por esto que lo arreglamos entre nosotros’”.

 

 

El testigo —a quien se escucha en el audio que El Cohete distorsionó para su protección—,  cuenta que un llamado telefónico de su padre que escuchó que venía la ambulancia lo alertó y por eso salió de su casa y observó a las 3:20 lo que pasaba. Al asomarse vio un montón de patrulleros, pero sin saber lo que había sucedido. A las 5:20 se levantó para ir a trabajar y al pasar por el lugar preguntó a uno de los policías qué había ocurrido: “No pasó nada, un accidente nomás”, respondió un oficial. El testigo vio que el patrullero estaba parado en las intersecciones de las calles Piaggio y Carbajo, “pero el accidente no fue ahí donde ellos dijeron, sino de la esquina 15 metros más atrás, donde estaban los plásticos del impacto”, señala. Su relato deja al descubierto cómo la policía alteró lo sucedido para encubrir el crimen. También existe otra testigo que observó lo mismo que él.

 

 

El patrullero no estaba parado como quiso simular la policía. Por eso decidieron fraguar el lugar donde verdaderamente ocurrió para hacer creer que fue la moto quien impactó contra el móvil y no la maniobra del policía que lo conducía, que fue al choque de la motocicleta. Los primero que circuló en los medios comerciales fue que los jóvenes se chocaron el patrullero, repitiendo la versión policial que incluso caía sobre las víctimas a quienes se culpaba de eludir el operativo y de no llevar casco.

 

 

Clarín y la versión policial.

 

 

“Esta mañana nos presentamos en fiscalía con la mamá de Ulises Rial. Hay varios elementos que anulan la versión de que el patrullero estaba parado, no estaba parado”, dice Sandra, madre de Ezequiel. “El patrullero venía con luces de posición, venía sin luces reglamentarias y sin balizas y le cruzó el auto a mi hijo”, contó en diálogo con El Cohete a la Luna. “Hay dos efectivos policiales que declaran y se contradicen entre ellos”, manifiesta.

 

 

El fiscal que está a cargo de la causa es Rubén Darío Giagnorio, que inexplicablemente todavía no ha pedido la detención de los policías. Si el funcionario judicial se quitó el lazo —como cuenta la madre de Corbalán— expresando que esa detención no le corresponde a él, su actuación pasa de ser lenta a lamentable. No haber imputado hasta el momento a todos los policías partícipes por encubrimiento agravado, falsificación de documentos públicos, falsos testimonios, es una tardanza sin explicación. Tampoco está detenido quien conducía el móvil policial. La causa fue caratulada como doble homicidio culposo, los agentes policiales continúan en funciones.

La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) de la provincia de Buenos Aires, se presentó como patrocinante de las familias de las dos víctimas y se reunió con el fiscal Giagnorio y el secretario del Juzgado de Garantías Román Parodi. “Durante esa reunión, la CPM remarcó la necesidad de inscribir el hecho como un caso de violencia estatal y uso letal de la fuerza. El homicidio de los dos jóvenes no fue un accidente. Fue un homicidio doloso calificado por ser ejecutado por funcionarios policiales”, remarcaron en un comunicado. “La persecución policial que termina con la muerte de los dos jóvenes es una muestra más de la desprofesionalización de las fuerzas seguridad y la falta de racionalidad y proporcionalidad en el uso de la fuerza. Las policías deben actuar bajo estos principios, más aún cuando no hay riesgo alguno para nadie”.

Para la CPM el caso “es un claro ejemplo de ese accionar arbitrario y discrecional: el simple hecho de esquivar un control policial no puede justificar el operativo que se desplegó posteriormente y que causó este doble crimen. Un crimen que, además, nos remonta en el corto tiempo a una de los episodios más brutales ocurridos en suelo bonaerense: la masacre de San Miguel del Monte”, indicaron. “También allí la persecución policial se habría iniciado porque el vehículo no paró en un control policial. El desenlace es conocido: el auto impactó contra el acoplado de un camión y murieron cuatro jóvenes y adolescentes de entre 22 y 14 años, otra niña de 14 se salvó de milagro. En ese caso, durante la persecución, los policías también dispararon”.

En el patrullero iban tres personas, cuenta Sandra, madre de Ezequiel Corbalán. Dos de ellos se contradicen en sus declaraciones. Sandra habla de muchos policías que se han prestado al juego de encubrir lo que sucedió. Uno de ellos es el jefe de policía que estaba esa noche en turno, de apellido Ayala y ya fue trasladado.

 

 

Sandra cuenta que su hijo Ezequiel esquivó el operativo por haber dejado su mochila en la casa de Ulises, donde tenía los papeles de su moto. Su idea era ir por unas cervezas, tenía miedo a que el operativo le quitara su herramienta de trabajo, ya que se dedicaba a la gastronomía, era mozo pero la pandemia lo llevó a rebuscársela como cadete en moto. Sandra expresa que “es aberrante que esta persona todavía esté trabajando”, en referencia al policía que chocó la moto de su hijo causándole la muerte a Ezequiel y Ulises. El pedido de justicia tuvo la manifestación y marcha en San Nicolás por parte de familiares y amigos que no están dispuestos a que lo sucedido quede impune.

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

1 comentario
  1. Olga Marta Prieto dice

    Claramente la violencia institucional y, en ese marco el delictivo accionar policial, son un flagelo en Argentina y en la Provincia de Buenos Aires( y en muchas más). Otra vez son jóvenes de sectores populares las víctimas, otra vez la familia y organismos de derechos humanos sostienen las exigencias al Estado y a la justicia.
    La pandemia mostrando la desprotección de argentinos y argentinas, producto de las políticas neoliberales, potencia prácticas enraizadas de racismo y punitivismo en quienes tienen que proteger y prevenir.
    En la ciudad de Junín también vivimos actuaciones policiales desproporcionadas para el «daño» que iban a prevenir.
    La denuncia, el reclamo, la exigencia y visibilización siguen siendo el camino. La violencia policial es una práctica estatal -socialmente tolerada- que debe ser reconocida, repudiada y erradicada.

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.