El eslabón perdido

La música popular argentina escondió un secreto durante décadas, que se llama Alejandro del Prado

 

Si el lector que se dispone a acometer este artículo no anda con la cabeza abierta y los oídos 
deshollinados, se le recomienda encarar lecturas menos demandantes.

 

 

Para subrayar cuán remota me suena la Argentina de los ’80, no necesitaría más que un almanaque — se trata de una realidad de otro siglo, literalmente. Pero esa medida se me hace poca cosa, no alcanza a describir la distancia que nos separa de ese momento. La subjetividad me sopla al oído que, más que en otro siglo, la Argentina de los ’80 ocurrió en otra vida — varias vidas atrás, para ser sincero.

Suena a exageración, pero no lo es. Piénsenlo un poco. Hablo de un mundo sin internet ni celulares. De un país que no conocía la hiperinflación, donde cada día era una celebración porque había acabado la noche dictatorial y los chicos —todos, bah— habíamos salido a jugar. No había velada en que no descorchásemos música, libros, pelis, vicios e ideas nuevas. El rock local atravesaba un gran momento, consecuencia impensada de la locura que los militares habían perpetrado en Malvinas.

(Nota al pie: ¿había terminado demasiado rápido, la dictadura? Me lo pregunto en serio. Está claro que existió una oposición clara y consciente, liderada por Madres, Abuelas y organismos de derechos humanos, pero que no dejaba de ser minoritaria. Y mientras tanto, la clase política seguía llevandose a marzo la materia Resistencia. Cuando la clase laburante empezó a empujar porque sus necesidades se hacían cada vez más acuciantes, los milicos —a nada le temen más, los que abusan del poder, que a la voluntad popular— se amedrentaron y apuraron la captura de las islas como golpe de efecto; antes que por convicción, actuaron para recuperar la iniciativa política. Entonces nos cayó en las manos el regalo de la democracia, un juguete que nos gustaba pero no habíamos deseado lo suficiente — por el cual no habíamos peleado lo suficiente. La duda persistirá, pero la planteo porque quizás nos sea útil hoy. ¿Habría sido distinto —mejor— nuestro destino, si la criatura no hubiese nacido prematura? ¿Qué nos dice esa experiencia respecto de lo deberíamos hacer ahora para restablecer una democracia real?)

Perdón por la digresión. Retomo mi argumento. En aquel entonces la prohibición de las letras en inglés forzó a miles a descubrir la música que sonaba en nuestro idioma. Los artistas locales dejaron de ser marginados y perseguidos y se les empujó a escena, bajo luz cenital. Y muchos estuvieron a la altura de la circunstancia. La lista sería larguísima, pero quiero detenerme en un nombre que por entonces yo atesoraba: Alejandro del Prado. Ya sé, en este instante muchos de ustedes se están preguntando: ¿quién? Déjenme presentárselo, entonces; será un placer. Alejandro del Prado, dije. El secreto mejor guardado de la música popular de nuestras últimas décadas.

 

 

Yo sabía desde chico de otro Alejandro del Prado: aquel que se había hecho conocido con el seudónimo de Calé, el célebre dibujante de Buenos Aires en camiseta. Calé destacó en la revista más popular de su época, Rico Tipo, y murió muy joven, en el ’63. Uno de los primeros artículos de los que me sentí orgulloso fue aquel que le dediqué en las páginas de cultura de La Razón, que en esos años dirigía Jacobo Timerman. Por entonces el otro Alejandro estaba volviendo de México con un disco abajo del brazo, que se llamaba Dejo constancia (1982). Cuando su nombre empezó a resonar, me enteré de que era el segundo hijo de Calé. (El primero es Horacio, que retomó otra de las vocaciones de su padre y salió periodista.) Las gacetillas decían que Alejandro Junior había formado parte de un grupo llamado Saloma. Y yo había gastado un casetito de Saloma durante la dictadura, escondido en el altillo que me sirvió de cuarto en la adolescencia. Desde entonces se me grabó a fuego una melodía construida en torno a un poema de González Tuñón, Canción para vagabundos. Ese que dice:

Salud a la cofradía

trotacalle y trotamundo.

Todo nos falta en el mundo,

todo menos la alegría.

Y viva la santa unión

de Sin-ropas y Sin-tierras.

Todo nos falta en la tierra.

Todo menos la ilusión.

 

 

 

Con esos antecedentes, me apuré a parar la oreja ante Dejo constancia. Era una obra concebida en el exilio, en complicidad con el poeta Jorge Boccanera. Que descargaba una joyita lírica detrás de otra, mientras Alejandro —una de las voces más bellas de nuestra música— saltaba con la mayor naturalidad del rock al candombe al tango al folklore a la milonga a la canción. (Anoten esto como apunte, para que lo retomemos más tarde: me pregunto si parte de las razones por las cuales dejamos que Ale del Prado pasase de largo o casi, fue el hecho de la organicidad con que su música fluye, boyando canchera sobre su voz brillante pero nunca forzada — agua para oídos secos.)

 

 

El disco arranca con Si te contara, una canción que suena como ese despertar que todos creíamos estar viviendo. La milonga asoma en Como dos extranjeros, el tango en Noticias de Ana. Qué cazador le cede la voz principal a Silvio Rodríguez, que plasma uno de sus mejores momentos sobre letra de Boccanera y música de del Prado.

Qué cazador derribó aquellas cartas que nunca me mandaste

Qué fuego las quemó, en qué río se ahogaron

Quién convenció a tus manos de que no, quién a tu corazón

Quién a tu boca.

Mejor es que se vayan aves negras, mejor me dejan solo

Que estoy enamorado de otra muerte.

De esto ni una palabra a los carteros.

 

 

Con los coros del lugar reclama una murga bailando en primer plano. Carta (15 de noviembre) es un tangazo:

Hoy no puedo conmigo, que no puedo, la extraño

Cuando toco sus dedos subiendo por mi almohada

Que la sueño fabricando tormentas de amor entre sus piernas.

…Y me pregunto por qué te cuento todo esto a vos, a vos abuelo

Quizá porque también estés muy solo como yo

Gusanos más, gusanos menos.

En el documental de Marcelo Schapces y Mariano del Mazo que se llama Alejandro del Prado, el eslabón perdido (2019), Boccanera aclara que no había ingenuidad alguna en el título elegido: dejar constancia de la propia existencia es importante en todo momento, pero lo era más que nunca en un tiempo que se caracterizaba por su compulsión a minimizar nuestras vidas, a amenazar con borrarlas del mapa — desaparecerlas por completo, otra vez de modo literal. Por eso la canción, que suena exultante, nos reafirmaba a la vez en nuestra pequeñez y en nuestro derecho a dejar marca allí por donde nos fue dado pasar:

Dejo constancia aquí sobre esta mesa

de café, generalas y blasfemias

que he sido util inútil, justo injusto

valiente con mis miedos y he tenido

como cualquier mortal hambre y bacterias

deseos de una mujer de buenos muslos.

…Y que he bebido y festejado el canto por la esperanza

con mis compañeros.

 

 

 

Durante algún momento de aquellos, además de escuchar el disco fui a verlo actuar por vez primera. No recuerdo demasiado (otro sobreviviente de aquella época, Richard Coleman, dice que quien se acuerda de los ’80 es porque no los vivió), salvo que la formación era rara para los cánones —guitarra acústica, bajo, creo que flauta traversa y un ala percusiva que, entre baterías, cencerros, bombo a lo Tula y platillitos, parecía más apropiada a una murga que a un combo de rock-canción urbana— y que me fui con la panza, la cabeza y el cuore llenos. Puedo olvidarlo casi todo, pero conservo en algún lugar del alma esa sensación de plenitud que siempre me sembraban los conciertos de Alejandro, desde que satisfacían en simultáneo mis apetencias más altas y las más viscerales.

Lo conocí con la excusa de una entrevista y descubrí que era como su obra: talentoso y cálido, simple y enroscado, sensible y dueño del humor más ocurrente, bien de barrio y dueño de una cultura universal. Durante algún tiempo lo sentí muy cerca. Fue la época en que concibió su segundo disco, Los locos de Buenos Aires (1985), donde se emancipó de la poesía de Boccanera y demostró que no era manco con las letras; al contrario, lo que escribía cuajaba todavía mejor con su voz y sus melodías. Esa obra lo mostraba a punto de caramelo: versátil y a la vez cómodo al comando de su nave todoterreno, haciendo que lo más complicado sonase natural y placentero.

El disco arranca y cierra con la invitación al baile y la efusión callejera de Aquella murguita de Villa Real — el barrio de su infancia. Pero por supuesto, con del Prado nunca hay impostura. Los géneros no están para respetarlos, la academia es para los ricos o para los pretenciosos. Esto es murga, sí, pero con acordes que no aparecen en sus cultores tradicionales y con un piano eléctrico sonando de fondo; lo mejor de los dos mundos, el ayer reinventado desde el hoy.

Tirando la manga por la tardecita

Salgan a la puerta, llegó la murguita.

Llegó la murguita de Villa Real

tomándose en joda la vida real.

Con chistes picantes, con buenas canciones

con bailes, piruetas, con imitaciones.

Escuche vecino, salga a la vereda

no importa que esté en piyama o camiseta.

 

     

 

En apenas dos minutos y medio, el Tanguito de Almendra sintetizaba las dos grandes tradiciones de las que proveníamos, con la misma eficacia que permitió la confluencia de nuestros padres para alumbrar esto que somos.

¿Te acordás cuando escuchábamos Almendra

en el Winco desinflado de una siesta?

Era el tiempo en que navajos preceptores

perseguían nuestras nobles cabelleras.

Con Los Beatles dominando mi cabeza

la guitarra nos soñaba ser eléctrica

Y una Nucifor total, bien psicodélica

Nos hacía poderosos en las fiestas.

Si algo ha cambiado, eso es nosotros

Por suerte hermano, después de todo

Sobrevivimos a la Gran Pálida

Mata podernos encontrar.

 

 

 

Otro gran momento venía con la musicalización de un poema de Humberto Constantini, ¿Dónde vas, mariposa de lujo?

Dónde vas, mariposa de lujo

Dónde vas, marilujo de sueño

Qué pensás, marisueño de espanto

Qué dolor marinmenso te lleva

Quién recuerda el latir de tu pasos

Tus ojazos de guerra y tormenta.

(…) Dónde estás, marillanto en el vino

dónde vas marivino de ausencia

qué pensás mariausencia en la noche

qué sopor marihuana te sueña.

 

 

 

Esa colección de canciones, liderada por el pop viral del tema que daba nombre al disco, dejaba la pelota picando solita frente al arco. Alejandro parecía condenado al éxito, a convertirse en la estrella popular que, aunque más no fuese por el valor de su obra, merecía ser. El tipo lo tenía todo: era pintón, simpático, cantaba bárbaro, decía cosas trascendentes del modo más elegante y hacía que músicas grossas sonasen fáciles, o por lo menos asequibles. (La tapa del disco vuelve a acuñar esa síntesis: el morocho local de gesto altivo pero con melena de rock, bajado a tierra por el grotesco inolvidable del dibujito de Calé.) A esa altura el rock venía jugando a fusionarse con géneros locales, pero nunca pasaba de producir guiños que no derivaban en caminos nuevos, formas a ser desarrolladas consecuentemente; más bien era un toco y me voy, un homenaje después del cual se retornaba al manantial del sonido transnacional. Pero la música de Alejandro era todos esos géneros a la vez (y sigue siéndolo, dicho sea de paso), porque él era todo eso a la vez, y del modo más genuino.

¿Qué pasó entonces? No lo sé. Podría arrimar lo que me pasó a mí. La plenitud de la primavera alfonsinista demostró que era puro decorado, cuando se acabaron los fuegos artificiales volvió la noche y en la oscuridad estás siempre solo. Me separé de mi compañera de la infancia, me enamoré de una mujer imposible, sufrí el dolor de no poder convivir con mis hijas, mi vieja murió de cáncer de pulmón cuando era más joven de lo que soy ahora, me abracé al pescuezo del rock y me dejé llevar hasta que de un corcoveo me tiró a la mierda. En ese contexto perdí a Alejandro de vista, pero no fui el único. Todo indica que no lo esquivó el éxito que había quedado picando, sino que lo esquivó él con total deliberación en un arranque digno del Loco Bielsa.

En el marco del documental de Schapces / del Mazo, aquellos que lo quieren no consiguen más que expresar perplejidad: su hermano Horacio, su hija Malena, Rodolfo García y Dani Ferrón (que lo secundaron en un proyecto abortado, PosPorteño). Les cuesta interpretar una conducta que en el mejor de los casos parece esquiva, y en el peor el resultado del autoboicot. Horacio trae a colación dos grandes dolores en su vida, a los que bautiza Hiroshima y Nagasaki. Hiroshima fue la muerte temprana de Calé, que lo privó del padre soñado: jodón, callejero, melómano —entre tantas cosas, supo ser representante de Salgán—, futbolero y enemigo del orden establecido. Nagasaki fue otra muerte temprana, la de su compañera eterna en la vida y en la música, Susana — a quien tuve el honor de conocer. Pero, sin desconocer el peso del trauma, me niego a atribuir al dolor la condición elusiva de Alejandro El Artista.

Bien desde afuera, y cediendo al defecto profesional del escritor, elijo pensar que simplemente Alejandro ve el mundo de otro modo. Una pista tira Horacio, cuando dice que Calé se cagaba en los deadlines de Rico Tipo para pintar la jeta de los pibes que querían ir disfrazados al corso. Otra tiró el mismo Alejandro en una vieja entrevista, donde cuenta que él se siente músico de tropa. Lo cual significa músico popular, pero no en el sentido estricto del género que se aborda, sino en la modalidad de laburo: el músico de tropa —como aprendió en los ´80 con ese artista de pinta «entre Humphrey y Artigas» llamado Zitarrosa, cuando se integró a su cuarteto como un guitarrista más— es ese que labura todas las noches y toca donde lo llamen, sin hacerle asco a nada. Un artista que invierte el esquema que se estableció en las últimas décadas, donde se pone la Obra en primer plano y subordina a ella todo el resto. Alejandro actúa más bien como si la obra fuese un efecto colateral de lo que verdaderamente importa, ese placer que ocurre mientras se compone y que se repite noche tras noche cuando uno se coloca debajo de las luces y marca cuatro. El disco es una materialización que se desprende del artista, que ya no es parte de su cuerpo y por ende no le pertenece del todo. En cambio, tocar y cantar…

 

 

 

Pasaron varias vidas sin volver a(l museo) del Prado. Al que finalmente regresé a través del documental. Lo primero fue el shock, claro. Me había despedido del flaco atlético y pintón y ahora me topaba con una suerte de primo del Wim Wenders actual. (Me pregunto qué diría él de mí, si me viese. Marche otro tango…) Pero la voz era la misma, la prueba de la eterna juventud de su alma. Durante varios días escuché los dos discos de manera incansable. Me gustaría describir la alegría que me produjeron, y de cuyos efluvios disfruto todavía, pero no sé si me da el piné; sería como reencontrarse con un viejo amor y descubrir que está más linda que ayer, algo que contraría el sentido común. Y al mismo tiempo me resistía a entrarle al tercer disco, Yo vengo de otro siglo (2009), al que nunca había escuchado todavía. Tenía miedo de que mi entusiasmo por las viejas canciones dependiese en gran medida de la nostalgia, una ventaja de la cual el disco más reciente no disfrutaría.

 

 

Por fin me animé. Y lo incorporé a los dos primeros. No puedo parar de hacerlos sonar. Yo vengo de otro siglo es más y mejor del Prado, es el del Prado que yo necesitaba —que necesitamos— escuchar, ya no desde los ´80 sino desde este presente incendiado. La tapa misma sugiere que el disco llega como una encomienda que quedó varada en el correo, traspapelada en efecto durante décadas. Y el indiecito de la foto es Alejandro mismo, pintado por —una obra más de— la tinta y la mano de Calé. («No pude ser un indio», dice en una de las canciones, «destiño en negro y blanco».)

Al zambullirme en esas músicas terminé de entender que Alejandro había sido para mí un puente y que en su ausencia me abroquelé en el rock, sin volver a pispear viejos territorios sonoros. Su sensibilidad es lo suficientemente rockera como para hacerme saborear nuevamente a Silvio Rodríguez, Zitarrosa y el tango, mover la patita cuando suena un candombe y sumarme al coro cuando pinta la murga. (Y todo eso logra en mí, sin dejar de tocar y cantar siempre como un tanguero de la vieja escuela, atornillado a su sillita.)

El disco abre con Dos Equis y un tango, que encarna al del Prado cancionero más soleado, sin miedo de mostrarse tal como es:

Arrastro de otro siglo cierto autoritarismo

enojo prepotente y machismo,

aunque en forma decreciente.

(…) Yo vengo de otro siglo, me estoy acostumbrando

(…) Perdón si no me ubico.

(…) Vengo desde el olvido, con un dios escondido.

 

 

 

En el arranque de Hijo de un puerto suena una bata cuadrada, bien rockera, sobre la que se despliega un punteo tanguero, y suena tan bien, tan natural, tan inevitable, que a pesar de la aparente contradicción en los términos uno se dice: Claro. ¿Por qué no, cómo no? Alejandro viene haciendo estas cosas desde que nadie las hacía: desde que la murga no era moda, desde que el tango no era moda. Sin sus canciones mucha gente no haría lo que hace. (Ni Los Piojos ni Ciro serían lo que fueron, por ejemplo, de no haber bebido de las cepas que del Prado fermenta.) Y mientras tanto el tema va sumando capas, como quien no quiere la cosa: suena negro, suena dance, suena a música clásica, mientras la letra nos pone delante un espejo:

Sos hijo de un puerto, se ve

en la forma de prender el cigarrillo

en la forma de arreglarte el calzoncillo y escupir de coté.

Sos hijo de un puerto, lo sé

por tu fina afición a lo extranjero

por lo solitario, por lo compañero

tan saludable, tan falopero.

 

 

 

Pero el tema en el que me quedo anclado —porque es aquel donde creo que Alejandro explica hasta qué punto lo entiende todo y asume su destino con una sonrisa gardeliana— es Las virtudes del petardo.

Basta de palo en la rueda
basta de pelo en la lengua
basta de paja en el ojo
y de toscano en la oreja.
Ponete pilas, anguila
para empujar el cascajo
no quedan pisos abajo
lo único que hay está arriba.
Me lo cantó un pajarito
en su casita de rejas,
por bailar con la más linda
lo acostó la más fulera
y a puro brazo partido
antes del fin de las cuentas
mi árbol torcido endereza
el viento cuando le pega.
Y aunque me cueste el celeste
en negro siempre trabajo
y si me voy al carajo
mi vocación me plantea
soltar los pies en el aire
en las nubes de mi tierra
mi palomita guerrera
a la luna cabecea.
Y aunque la pase redonda
y cuadrada me la devuelvan
yo siempre llego hasta el fondo
desbaratando defensas,
soy del bazar elefante
conejo por tu galera
el soldado que más sirve
porque no huyó de la guerra
nadie es perfecto decía
un imperfecto cualquiera
que por ser santo insistía
tirando la primer piedra
al diablo con la experiencia
la realidad noticiera
solo al soltarse a destajo
la presión se desbloquea.
Que viva la lapicera
y los papeles en blanco
con las palabras más feas
puedo decir que te amo
y canto porque molesta
y apesta estar silenciado
canto al cohete explotando
las virtudes del petardo.


 

Ya está. Se entendió, ¿no? Del Prado se nos pasó de largo, o casi, porque nosotros no podemos oír sino desde la grieta, desde el desgarro que nos produjo la dictadura, la herida que creíamos cicatrizada y este gobierno cretino reabrió; la impotencia que sentimos porque nos pone en la disyuntiva de tapar el hueco para no desangrarnos o emplear las manos rojas para hacer lo que hay que hacer — pero en Alejandro no hay grieta. Nada. Cero. Zip. Del Prado es de otro siglo como nosotros pero distinto, porque lo que vivió de pibe le resultó tan celestial, tan amoroso, que no lo rompieron ni Hiroshima ni la dictadura ni Nagasaki y por eso sigue ahí, encarnando ese sueño retroactivo del que habla en Con dos X y un tango. Durante su infancia y juventud recibió todo lo lindo —el amor familiar, la calle, la comunión con los otros, la música popular de acá y de allá, el carnaval, el tablón— y lo paró con el pecho, bajó y entró a correr sin que se lo sacasen nunca aunque se tiraron mil veces a sus tobillos, con toda la intención de quebrarlo.

La extraordinaria música de del Prado es lo que al menos yo estaba necesitando, para pegar el salto final que me hacía falta, para desprenderme de esta cornisa que me retenía y me impedía llegar a la felicidad plena; para ya no justificarme como una víctima más de la Iglesia del resentimiento y permitirme incurrir en el pecado de la alegría justo ahora, cuando parecería más inapropiado; porque lo entendía todo en mi cabeza, se los juro, pero la bronca me mantenía encerrado ahí, dentro de la cárcel de mis parietales; y eso me jodía porque lo que necesitaba, más bien, era ser reincidente en la ternura; y volverme el alma de la fiesta y negarles la grieta, decirles que no hay grieta en mí, en nosotros, que en todo caso la grieta serán ellos porque nosotros estamos enteros más allá de los Hiroshimas y Nagasakis privados, y en condiciones de reencontrarnos con la perfecta redondez del sentimiento que experimentamos cuando niños, cuando creíamos que se podía amarlo todo y a todos siempre y cuando, claro, diésemos con el estímulo adecuado:

Corto sueño y larga andanza
en constante despedida.
Todo nos falta en la vida.
Todo menos la esperanza.

Yo vengo de otro siglo, también. Perdón si no me ubico.

Hola otra vez, Alejandro. Te lo digo yo y espero que te lo digan todos por su propio bien, para que no se lo sigan perdiendo. Somos unos cuantos los que no podemos dejar de Alejandrear, así que por favor, no pares de andar por la vida del Pradeando. Que urge seguir cantando, hasta que los gorriones vuelvan.

Por suerte, hermano, sobrevivimos a la Gran Pálida, ¿y no vamos a sobrevivir a esta Pálida Extra Small?

Mata podernos (re)encontrar.

 

 

 

 

El documental "Alejandro del Prado, el eslabón perdido" se presenta todos los martes de mayo 
a las 20,30 en Circe, Córdoba 4335.
65 Comentarios
  1. Martin Ferreira dice

    Gracias! Es emocionante leerte y del Prado una brillante hermosura

  2. Ana Pais dice

    Alejandro del Prado…un cantante que admiro inmensamente, por la poesía y musicalidad de sus canciones..».Con dos X y un tango» en mi concepto es una de sus obra cumbre, plena de ternura,nostalgia,belleza,dulzura. La elocuencia en la remembranza que se hace de él en este artículo le hace justicia a su figura y sus creaciones, a su personalidad singular e inimitable,propia de su genialidad.Muchas gracias de evocarlo.

  3. Fabian dice

    Qué lindo saber de este señor músico! Un maestro, me marcó muchísimo su estilo.De joven, tocaba muchas de sus canciones. No conocía el disco nuevo, lo buscaré. Gracias.

  4. Fernando dice

    Me encanta Alejandro Del Prado, no conocía su tercer disco, lo vi en vivo en la Republica de los niños en La Plata como en el 85 calculo. Gracias por la nota

  5. Rubén dice

    Absolutamente necesaria tu nota. Lo conocí alla por el 83. Lo reencontre en la reciclada (hoy inexistente) Perla del Once.
    Que alegría me produce leer de Alejandro.

    1. Graciela dice

      Maravilloso lo que acabo de leer y escuchar!!!!

  6. Daniel Fernandez dice

    Gracias Marcelo! Cada nota tuya es devorada con un nudo de emocion en la garganta, me pasa cada semana!!! Y definitivamente, cuando te leo, cuando leo a varios columnistas de El Cohete, de Pagina, etc…. cuando escucho la musica que escuchamos los Salieris de Charly, cuando comparto el amor por Abuelas y Madres, HIJOS y nietos recuperados, entiendo que nosotros no estamos de ningun lado de la grieta… ellos son la grieta, nosotros somos la vida, el amor, el abrazo fraternal….
    gracias infinitas!!!
    y gracias por este parrafo, si me autorizas, lo quiero subir a mis redes para compartirlo con mi gente querida!
    «para ya no justificarme como una víctima más de la Iglesia del resentimiento y permitirme incurrir en el pecado de la alegría justo ahora, cuando parecería más inapropiado; porque lo entendía todo en mi cabeza, se los juro, pero la bronca me mantenía encerrado ahí, dentro de la cárcel de mis parietales; y eso me jodía porque lo que necesitaba, más bien, era ser reincidente en la ternura; y volverme el alma de la fiesta y negarles la grieta, decirles que no hay grieta en mí, en nosotros, que en todo caso la grieta serán ellos porque nosotros estamos enteros más allá de los Hiroshimas y Nagasakis privados»

  7. Omar Flores dice

    Alrededor del 86 una excompañera del secundario, que ya me había rebotado, me invito a escuchar a Alejandro con entrada libre y gratuita en el centro cultural Spilimbergo de Saavedra. Fui con muchas expectativas en ella y con indiferencia al show de un músico que no conocía. Salimos sorprendidos y extasiados: belleza, originalidad y la más fina destreza en la interpretación y el canto. Y por supuesto ella enamoradísima de él y yo de Ana, su compañera. Pero como no se había inventado todavía el poliamor cada uno siguió su propio camino, a veces por un prado y otras por estepas desoladas. Gracias al FB retomamos el contacto. Combinamos reencontrarnos para ver el documental. Quien te dice, que ahora ya de vuelta, nos paremos en la cornisa para dar el salto…

  8. AníbalS dice

    Gracias Figueras por esa hermosa nota y el rescate del gran Alejandro del Prado

  9. AnibalS dice

    Gracias Figueras por esa hermosa @gamil.nota y ese rescate de AdP!

  10. Hugo Romer dice

    Estimado Marcelo : soy Hugo Romero, ex Saloma y compartí mucha música con Alejandro y toque y grabe sus temas. Hay cosas bien escritas y otras que si bien no comparto , dependen de donde sacaste la información . Lo que si te digo es que hay una omisión muy grande y que llama la atención. No quiero decirtela en publico . Un saludo cordial.

  11. Gabriel Pandolfo dice

    ¡Hola, Aljandro! Gracias, Marcelo.

  12. Rafa dice

    Excelente nota Marcelo. Esa mirada que le das al asunto, es tremenda!!! Recuerdo que fuiste vos y tu hno Javier que me invitaste a verlo al bar «el ciudadano». Gracias!!!

  13. Gabriel Pandolfo dice

    ¡Hola, Alejandro! Gracias, Marcelo.

  14. Kelly Olmos dice

    A tu hermosa cronología le agrego un escalón: anterior, los 70, con un estribillo de la murga que Alejandro le dedicó a Evita de quien mañana se cumplen 100 años del nacimiento y que dice: A LA COMPAÑERA EVITA, QUE NOS MIRA DESDE EL CIELO, UN RECUERDO MUY SINCERO LE BRINDAMOS LOS MURGUEROS…”

  15. Víctor dice

    Me encantó la nota y aporto una semblanza.
    El y Susana participaron del show a beneficio de la Cooperativa del Movimiento Villero de Rosario en 1985. Me toco ir a Buenos Aires a pedirle su participación al departamento de calle Bulnes y recuerdo que, mientras un Isella ofuscado exponía las razones por las que Supay debía ir primero en el cartel, preparaba una flor de la factura y Lito peleaba un cachet imposible para nosotros, Alejandro pedía -como toda condición para viajar- tres pasajes en colectivo de línea para ir a Rosario y parar en la casa de algún compañero. Ese es el hombre.

  16. Cora dice

    A mediados de los 80, viajé desde La Plata a un barcito de un barrio porteño que quedaba en la loma del tujes y cuyo nombre no recuerdo. Allí iba a tocar Alejandro del Prado. En la puerta del lugar indicado nos encontramos con mis amigas. Lo conocíamos tan solo por dos temas: los locos de Buenos Aires y la Murguita del Barrio Real. Y con eso nos bastó para esperardo una, dos, tres, casi cuatro horas. Pero nunca llegó. Esa noche fallida fue la única vez en la que estuve ahí nomás de escuchar en vivo a este grosso cantautor. Bienvenida esta nota y su música.

  17. carlos polimeni dice

    Gran gran gran nota, Marcelo.
    A la altura.

  18. Humberto Mazza dice

    Hermoso homenaje a Alejandro del Prado, felicitaciones Marcelo

  19. DANIEL dice

    Si te preguntan qué te hace mejor como persona creo que la respuesta estaría en eso de que «el hombre es lo que come» en todo sentido. Si nos alimentamos de Arte (con «A», no «a») Alejandro del Prado tiene un lugar parecido al de algún Serrat que le puso música a Miguel Hernandez y Antonio Machado en «canción para vagavundos» del camarada Tuñon. Zitarroseando es sublime, aunque para los que amamos a Alfredo la opinión pueda ser dividida. Gracias!!!

    1. DANIEL dice

      perdón digo «vagabundos»

      1. Daniel Gonella dice

        Enorme y metrcido recuerdo pars un grande en serio. Gracias por hacerlo Marcelo!

        1. David dice

          No sabía ni conocía a Alejandro hasta hoy. Que placer leerte Marcelo. Un saludo

    2. DANIEL2 dice

      perdón digo «vagabundos»

    3. Pablo dice

      Gran homenaje ! escuchaba a Saloma y después me emocionaba cada vez que escuchaba “ Locos de Buenos Aires “ (siempre). Gracias

  20. Cristina Suarez dice

    Maravilloso. Gracias!

  21. Luis Alberto dice

    Gracias. Su Nota al pie es una síntesis impecable de ese momento de nuestra vida. Sobre el resto suscribo las palabras del lector Néstor Duce, también soy del 40, pero agrego a Louis Armstrong.

    1. Luis dice

      Brillante tu nota y de lo mejor Alejandro del Prado. Impresionante

  22. JOE AUBERGINE dice

    Comienza con un ad Hominem general y sigue con una aseveración que es falsa… Mi amigo «el mundo» no cambió lo que cambió es la velocidad… le sugiero que lea «el asunto del puerto de rosario» en 1967 y lo compare con los fondos buitres del 2016 y verá que » Todo segual nada es mejor»» Su visión hollywoodense de la vida le ha evitado cuidadosamente a los Gore Vidal… y a los Voltaire… Lo otro es música… y sabe que: para los griegos todo era música menos la política… ¡ahhh A PROpósito del nacimiento prematuro; en realidad debería hablar de la preclampsia de la dictadura y no del prematuro común.. le recuerdo que es heroico beber el veneno hasta la última gota.. pero los que PROmero entregan el rosquete son los débiles.

  23. Guillermo dice

    Gracias Marcelo por esta notasa. Yo también vengo de otro siglo y lo escuchaba a Alejandro del Prado hasta que le perdí el rastro en los lejanos 90. Me encantó lo de Hiroshimas y Nagasakis privados…la astucia de la historia de este tiempo de mierda es la ruina. Es muy bueno tener antídotos contra la ruina. Un abrazo

  24. Juanjo dice

    justicia poética!! Gracias a los Marcelos y a Mariano por este rescate!

  25. Gabriel Eduardo Carin dice

    Tuve todos los cassettes de Alejandro del Prado … hasta que me entraron a afanar …. En fin. Gracias por esta nota ! y menos mal que hoy existe Internet !… Gracias nuevamente !!!!!

    1. Maria dice

      Bella nota, para una de otro siglo que también alejandreaba, adolescente y enamorada mientras “ la(s) tarde(s) -ochentonas- giraba(n) como un barco con voluntad de pan y empuñadura de juguete nuevo”. Qué bueno tener noticias nuevas de del Prado, la cofradía lo estaba necesitando.

    2. Hector schillaci dice

      Volver a sentir volver a sentirnos volver a lo popular volver siempre volver y cerrar una vez y otra vez el círculo para volver y volver a tirar el bumerang. Soy de otra epoca pero soy!!! y esta nota me ayuda a entender que sigo siendo. Gracias Hector Schillaci El Negro

  26. Ana dice

    Maravilloso, maravilloso!! Yo también le había perdido el rastro a este artista que tanto amaba! Gracias por traerlo!!

  27. Javier dice

    En el año 1990 mientras cursaba mis últimas materias de ingeniería teníamos con un periodista amigo un programa de rock nacional y alternativo en una FM de pueblo. Se llamaba «La balsa». La cortina era «Dejo constancia». Aplauso fuerte para Alejandro y su música que nos ayudó tanto en cada época.
    Gracias Marcelo.

  28. marta dice

    Simplemente gracias. Letras ecos de mil voces, entre ellas la mía.

  29. Brunilda dice

    Gracias.

  30. José Luis dice

    NO lo conocía a del Prado… me encantó su letra, su voz y su música original… Pero me conmovió tu escritura, Figueras, tu pluma… Me encantaron tus expresiones, tantas que no puedo repetir, conmovedoras, que tocan puntos centrales, como las letras de Alejandro…
    Lo de dejar la bronca, el salto final desde la cornisa del resentimiento, reincidir en la ternura, ser el alma de la fiesta… y negarles la grieta… Espléndido texto, descubrimiento intensivo de Alejandro del Prado, que menos mal que existió y existe… Ojalá pudiese la letra de tu texto hacerme escribir con la tinta justa de arte, noticia, descubrimientos vitales y verdades… Muchas gracias…

  31. Moi dice

    ¡Qué buena nota!. Si la música de Alejandro sirve para olvidar la bronca y reincidir en la ternura, ¡a por ellas! Gracias por el viaje en el tiempo y la llegada a presente Marcelo

  32. Nestor Guillermo Duce dice

    Sorprendente. Yo, nacido en 1940, amante de la música de Falú, el folklore de los 60, el barroco de vivaldi y bach, los conciertos para piano y orquesta de mozart, su requiem, de Gobbi, de Beethoven, de piazzola, troilo, fresedo, pugliesse y todos esos y ellos, solo deslumbrado por el sonido de presley y enojado por aquellos años con el tema ese de los ingleses que llamaban genios, y con la viuda, buen tipo, badia, quie me rompia las pelotas con liverpool, y toda esa brutal trasculturación que hizo que los mas jóvenes llamaran guitarra criolla a la guitarra española de segovia, que guitarra fuera para ellos la electrica y (para mí) el pedazo de madera que sonaba simplemente porque tenía un ingenio eléctrico que permitía amplificarla, que aún hoy no puede entender lo que dicen cuando cantan los charlie y su generación, agradezco muchisimo este artículo que me reconcilia con esa época. Además Calé era un genio. Y de tal palo, se ve, tal astilla. Me deslumbra la riqueza musical, la limpieza y afinación de su voz, su gigantesca y genial amplitud de pensamiento que se refleja en todo el abanico de los temas que aquí se muestran. Su creatividad. Su creatividad. No cualquiera, No cualquiera. Un genio. Muchas gracias. Muchas gracias.

  33. Fredy Alvarez dice

    NOTAZA!
    Gracias por recuperarlo, poseo el Dejo constancia en vinilo, Los Locos en casette (super malo el audio) quise comprar hace unos años el vinilo en una disquería de la calle Corrientes pero pedían una fortuna por esa pieza descatalogada y luego en cd de Vengo de otro Siglo!!!
    Un artista tremendo, un músico descomunal, su obra es arte en su estado puro!!!

  34. Omar dice

    Hola Marcelo, bellisima nota. Cuanto agradecimiento para alejandro por su obra. ¿ Dónde o cómo podemos ver ese documental? . Gracias

    1. Marcelo Figueras dice

      Lo dice al pie de la nota.

      1. Alberto Paradela dice

        Es un buen resumen de gran parte de su vida. La singular vida de Alejandro. Somos amigos desde muy pibes. Compartimos cole, potrero, tribuna millonaria y navajos preceptores. Muchas de las canciones que mencionas en tu texto fueron engendradas por Ale mucho antes de llegar al disco. El sentado en el piano de casa en Villa Real y yo cebando mate mientras Susana le hacia segundas voces a sus arreglos. Eran tardes inolvidables. Musica y mas musica que nadie imaginaba, iba a ser tan grande.
        Despues el exilio. Pocas noticias. El esperado regreso y volver a vernos despues de muchos años. Todos esos años en que la musica
        de Del Prado siempre estuvo conmigo. Lejos, en el sur. Pero nunca dejo de sonar. Y jamas dejara de hacerlo.
        Hoy, a pesar de la distancia, me siento mas amigo de el que nunca. Mis hijos crecieron con su musica y mis nietos van por el mismo camino. Orgulloso de ser Delpradiano!
        Alberto Paradela

        1. Juan Carlos Yelpo dice

          Amigo: esperaba leerte entre estos mensajes, porque nunca olvidaré que fuiste el primero en descubrirme la existencia de Alejandro, cuyas canciones también acompañaron mi azaroza vida desde aquellas noches de Crónica hasta hoy. Salute!!! [email protected]

    2. Pablo salomone dice

      Gracias Marcelo por este homenaje a un artista excepcional. A mediados de los 90 me llevaron a un concierto de Alejandro, eramos cuatro, y el tipo tocaba como para un Luna Park lleno. Fue una hermosa manera de conocerlo. Conseguí el casette de ese show por intermedio del sonidista y ese show me acompañó durante muchísimos años. Por suerte, en el 2009, cuando sacó su último disco pude reencontrarme con muchas composiciones que había escuchado a través de esa cinta «contrabandeada». Me alegró muchísimo su nota, como también el documental de Del Mazo. (Casualmete fue un amigo de Mariano quién me invitó a ese show que recuerdo con tanto cariño) Salú Alejandro por tu música y salú Marcelo por tu nota!u

  35. Alboreto dice

    El disco de 2009 es genial y Ciro andas the piojos ni saben quién puta es A. del prado

    1. Adriana dice

      Gracias Marcelo; ha sido y es, Del Prado, uno de mis artistas preferidos. Gracias, gracias, gracias.!

  36. Miguel freidias dice

    tremendo Marcelo lo tuyo. Gracias, gracias, lagrimas, lagrimas y esperanzadora esperanza…

  37. Diego Manuel Vidal dice

    Allá por principios de los ’90 tuve un programa de radio en una FM de Gral. San Martín, Bs. As. Iba los sábados por la tarde, entre los habituales que salían al aire estaba Alejandro del Prado. Entonces repartía su arte con la atención de un bar, si mal no recuerdo.
    Teníamos charla interesantes y siempre su música. Debo buscar entre mis cosas los cassettes con esos momentos radiales.
    Qué bueno saber que al fin le han hecho justicia a este músico del pueblo.
    Gracias Figueras y los abrazos siempre a Alejandro.

    1. Viviana dice

      Domingo de lluvia y encontrar esta nota que remite a la parte más tierna de la adolescencia. Con su música y sueños mientras luchabamos por cerrar el capítulo oscuro de la dictadura. GRACIAS!

  38. Eugenia dice

    ¡¡Gracias, gracias gracias!! Mata volver a encontrtarse con Alejandro del Prado. Me trajiste de vuelta canciones y recuerdos de mi adolescencia que daba por perdidos (literalmente, porque los dos cassettes que tenía los perdí en una separación, en la que en un intento de justicia distributiva que a la vez redujera el dolor, una parte se quedó con la música y la otra con los libros).
    Había buscado «Qué cazador» sin éxito y ¡acá está! Gracias de nuevo.
    PD: buen tema para el programa de radio de la mañana ¿no?

  39. Anibal dice

    Maravilloso artículo. Volver a compartir ese sueño tan increíble. Su música me lleno de imágenes y sentimientos de aquel increíble momento. El casete de Saloma giro largo rato en la casa de Independencia y 9 de Julio donde un grupo de amigos compartimos vivienda. Hasta pasó Horacio V., por allí en alguna noche de vinos y festejos. La esperanza de ese tiempo para los que habíamos vivido la oscuridad….y de pronto apareció Alejandro del Prado y Saloma. Salu y gracias por este recuerdo.

  40. Guillermo Jorge Pinar dice

    Recuerdo haberlo escuchado a Alejandro por primera vez allá por fines de 1984 (O era ya 1985? ) en la FADU… cuando hacía el CBC, los martes iban estos genios y tocaban, época de MPA también. Pero la música de Alejandro me marcó y eclipsó para siempre. Hoy purgo 58 en esta locura. Y s verdad siempre quedó en mi cabeza La murguita de Villa Real o Los Locos de Buenos Aires, a veces las canto y mis hijo ricoteros me dicen y eso?. Entonces les cuento que es mi vitamina o mi remedio. Me da aire y oxigena la cabeza recordar tanta belleza.

  41. Oscar dice

    Sabes una cosa Marcelo,atesoro y escucho siempre,Dejo constancia.Me parece un LP ,impresionante.Vos con esta nota me hiciste emocionar como cuando escucho al fenómeno de Alejqndro.A los dos,gracias.

    1. Pato dice

      Hace unos ¿15? años acompañe a mi hermana q habia viajdo xa acá a ver el regreso de Calamaro en Cosquin y me pasó algo parecido: me sorprendi de conocer todas las canciones, cuando solo «habia pasado x ahi» a cumplir con mis afectos. SOY spinetteana. Creia q «la santa unión de sin ropa y sin trabajo» era de La cofradia de la flor solar (con la melodia en automtismo mental, hablame de composiciones alegres spinoza…) . En los 80 tenia la sensación de haber nacido tarde y al mismo tiempo tener el futuro de una vieja: entre los 13 y los 17 pasé del estado de sitio al punto final, en la calle, en el barrio, en la escuela, en la plaza y en los recitales…Siempre sentí q estaba en un pais de sobrevivientes. Tenia una amiga, colorada, q lo amaba y se murió en el 91. Y yo ya habia decidido q los 90 me los iba a pasar en el exilio interior. Tambien sobrevivimos a esa pálida. El perro solia plantear q habia q consagrar en derecho «el genocidio economico». A veces me pasa q me creo el rey enfermo que necesita la camisa de un hombre feliz…Me alegro q AdelP sea una amalgama feliz de tantas y tantas y tantas otras vidas

  42. sergio dice

    https://www.youtube.com/watch?v=Ytg9VHIo7Eg (para el caso que no hayas recuperado el cassette)

    Conozco a Alejandro Del Prado desde su trabajo del 77 en Saloma. Gracias a él accedí a la bellísima poesía de mi coterráneo Jorge Boccanera.
    Soy un cultor de ese desconocido como vos, con sensaciones similares a las que describís en el artículo.

  43. Eduardo F. Pingsdorf dice

    Que buena nota y que buen recuerdo me trajiste Marcelo! También tuve prestados y copiados los dos primeros discos de Alejandro, jamás estaban arriba en la pila, pero viajaron por mis veinte en esos años ochenta, que como a vos, no terminan de reordenarse en mi memoria. La Murguita era música de fondo de sábados de orden y limpieza en mi casa de estudiantes. Poco tiempo después, algunas veces, me pregunté que habría sido de la vida de Del Prado y luego desapareció por completo de mi vida, como esos viejos cassettes gastados de repeticiones. Me trajiste un soplo de recuerdo, de alegría hoy. Gracias.

  44. Carlos dice

    Hermosa nota Marcelo…..yo también lo escuchaba en esa época y viajé a Buenos Aires para verlo en un bar que ya no está : El Ciudadano.

  45. Silvia dice

    Cuánto tiempo desde que dejé de escucharlo! Iba leyendo la nota y sus temas me cantaban, en especial «Los locos de Bs As» y «La murguita de Villa Real» que, según descubrí, son los que conserve cerca. Amaba a ese flaco que me acercaba a mi barrio y a mi deseo de un amor que me cuente la vida con tanta vida. Gracias.

  46. Ricardo Finochietto dice

    Gracias, Marcelo. Soy un pobre millenial que llegó al final de la historia, como la llaman los muchachos de enfrente. Llegué tarde a todo, a Charly, al Indio, al Flaco, y al eslabón perdido. Lo bueno es verlo todo junto, mamarlo como si fuera la primera vez. Porque en verdad lo es. Gracias por acercarme a este artista tan bello.

    PD: Terminé de leer esta semana el librito tuyo y de Indio, ahora leyendo el de Cristina. Se está reflotando el género biográfico y la industria editorial con estos «populistas», jajaja. Indio es un faro para todos los artistas de esta tierra, un francotirador cultural. Hubiera estado bueno hacer más numeroso ese ejercito. Somos pocos, pero estamos todos locos. O tal vez muchos, pero estamos separados. Con la ilusión de la separación, al menos.

    No sé si cultivás el reggae, pero te dejo a vos y a los lectores este grupo peruano, Laguna Pai. Saludos, viva la Patria Grande que soñaron nuestros mayores.

    https://www.youtube.com/watch?v=QsRraQ4gguw

    Somos pocos, pero estamos locos,
    Vamos a cambiar éste mundo poco a poco
    Somos austeros, no somos embusteros,
    Nos escapamos de las garras de los buitres viejos

    Sin complejos, ni vino añejo,
    Sólo mensajes antiguos que traspasan el pellejo
    Como la brisa que viene del mar,
    Como el viento que canta al soplar

    Como las huellas que veo en los cerros,
    Como las aves que observan al vuelo
    Como se mata la gente por el suelo,
    Como se mueve la gente cuando tiene miedo

    Lo que traigo no es finta ni pana,
    Lo que busco no es riqueza ni fama
    Yo no quiero llevarte a la cama,
    Yo no quiero que me presentes a tu hermana

    Aquí les traigo un par de acordes simples,
    Quiero comunicar, yo no quiero lucirme
    Con la simpleza se abren muchas puertas,
    Con sencillez se hacen cosas eternas

    Queremos que valga la pena,
    Que nazcan más niños en la tierra
    Queremos que la esperanza
    Le llene a todo mi pueblo la mente y el alma

    Queremos que las cosas se decidan,
    Bajo criterios que defiendan la vida
    Queremos que la selva sobreviva
    A tanta codicia que la tiene en la mira

    Que no se bote al mar lo que ensucian de la tierra,
    Que no saqueen las montañas en la sierra
    Queremos que las olas rompan como quieran,
    Que no se construyan muelles donde sea

    Queremos andar sin rodeos,
    Caminar descalzos con el barro entre los dedos
    Queremos que no existan prejuicios absurdos,
    Queremos andar todos, todos, todos juntos

    Que hay de los que crecen en el olvido,
    Donde no se puede confiar ni en los amigos
    Que hay de los golpes que se dan en las calles,
    Entre polvo donde nadie los va a salvar

    Que hay de una educación ausente
    En las casas y en las escuelas de la gente
    Que hay de un gobierno ausente
    En las montañas donde el frío mata por la mañana

    Y estamos hartos de las falsas promesas,
    Populismo, moda y otro tipo de proezas
    Estamos hartos de falsos profetas
    Que conocen la escena pero no las respuestas

    Queremos que valga la pena
    Que nazcan más niños en la tierra
    Queremos que la esperanza
    Le llene a todo mi pueblo la mente y el alma

    Y nunca nos vamos a callar…
    Y nunca nos vamos a callar…
    Y nunca nos vamos a callar
    Por hay mucha gente por la que cantar…

    Somos pocos pero estamos locos,
    Vamos a cambiar éste mundo poco a poco
    Somos austeros, no somos embusteros,
    Nos escapamos de las garras de los buitres viejos

    Sin complejos, ni vino añejo,
    Sólo mensajes antiguos que traspasan el pellejo
    Como la brisa que viene del mar,
    Como el viento que canta al soplar

    Como las huellas que veo en los cerros,
    Como las aves que observan al vuelo
    Como se mata la gente por el suelo,
    Como se mueve la gente cuando tiene miedo

    1. Roberto dice

      Gracias por el tiro, compañero. Una maravilla.

  47. Jorge Prinzo dice

    Muy bueno (muy necesario).
    Muchas gracias.

  48. Horacio Cervan dice

    Hola Marcelo, hay un detalle inexplorado. Alejandro y Baglietto fueron simultáneos. Y parece que las productoras opinaban que no podían convivir los dos lanzamientos; dicen que Alejandro era díscolo y contestatario, difícil de manejar… y el hijo de ferroviario era de carácter más sufrido y nada chúcaro. El sistema lo prefirió a Baglietto a quien no le faltaban méritos vocales y escénicos, por cierto, aunque sin ser compositor… y a Alejandro lo mandaron al freezer.

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