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Ciencia

El estilo científico

Eduardo Dvorkin

Publicado

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El gobierno concibe la ciencia como prestación de servicios para empresas y fuente de técnicas de manipulación social

1.    Ciencia, tecnología y cultura

La relación entre proyectos nacionales y estilos tecnológicos fue desarrollada en profundidad por Oscar Varsavsky en los ’70; en este artículo intentaremos avanzar en una temática conexa, que también identificó Varsavsky: la relación entre proyectos nacionales y estilos científicos.

Desde aún antes de 1810 dos proyectos nacionales confrontaron en nuestro país, mutuamente excluyentes.

El proyecto liberal, hoy neoliberal-periférico [1], fue hegemónico en nuestra historia, con excepción de los períodos 1945-1955 y 2003-2015; este proyecto exige incorporar al país a una división internacional del trabajo en la que siempre terminamos “exportando lana e importando casimires”. El resultado fue y es fuga de capitales, falta de trabajo, degradación de la calidad del trabajo, miseria y represión.

Históricamente la relación entre ciencia y tecnología ha sido no lineal: hubo épocas en que la tecnología se adelantaba en su desarrollo a los conocimientos científicos, hubo épocas en que corrían por carriles paralelos y épocas en que los conocimientos científicos disponibles traccionaban de la tecnología.

Sin embargo, resulta indiscutible que desde la Segunda Guerra –por lo menos— el desarrollo tecnológico se ha basado fuertemente en conocimientos científicos. La ingeniería científica fue una importante resultante de esta nueva modalidad de desarrollo tecnológico que se dio principalmente en los países de alto nivel de industrialización. Sobre esto afirmaba Amílcar Herrera: “En los países del Tercer Mundo el estrato de los ingenieros tiene características muy diferentes. Se formaron en universidades donde la investigación es prácticamente inexistente, donde solo se trata de formar profesionales que conozcan y puedan manejar las tecnologías creadas en los países avanzados, y donde el grado de excelencia de la enseñanza se evalúa casi exclusivamente en función de la modernidad de las tecnologías que se tratan” [2].

La tecnología es la base material de la cultura de un país. Decía en los ’70 Amílcar Herrera [2]: “Para gran parte de la humanidad, y muy especialmente para los países culturalmente subdesarrollados –los que no participaron de las fases de creación y expansión de la revolución industrial— la tecnología se convierte en un factor exógeno de cuya creación no participan. Los países del Tercer Mundo, al importar o copiar tecnologías indiscriminadamente importan cultura – modos de hacer, valores. Sistemas de relaciones humanas, etc. – ya que las primeras son inseparables y condicionantes de la segunda”.

 

2.    Cambiemos no desarrolla: importa

Hemos discutido en varios artículos anteriores que un crecimiento socialmente inclusivo y equitativo se corresponde invariablemente con un desarrollo autónomo de tecnologías. El modelo neoliberal-periférico de Cambiemos es la contracara de esto. Como ejemplo de la vuelta atrás en las políticas de desarrollo tecnológico y de inclusión social: Cambiemos impulsa la importación de computadoras personales, tablets e iPhones para las clases media y alta y al mismo tiempo liquida los incipientes desarrollos de industria informática nacional y el Plan Conectar Igualdad para los sectores populares.

El gobierno de Cambiemos no solamente dejó de producir satélites, lanzadores satelitales radares o aviones: está desindustrializando aceleradamente al país. Se importan aviones pero también latas de tomates, camisas, remeras, automóviles y como lo preveía Herrera se importan también productos culturales: actividades de tiempo libre como Netflix o Spotify, libros, estilos de vida, etc. Las características dominantes de Cambiemos son: detención del desarrollo tecnológico autónomo, desindustrialización y desnacionalización cultural.

El proyecto neoliberal-periférico tiene como objetivo, muchas veces confeso, importar la cultura del país. Citando nuevamente a Amílcar Herrera [2]: “La tecnología, en el sentido antropológico, es el elemento más determinante de las formas culturales. En la medida que no se revalorice la tecnología como cultura, como modo de expresión social, la construcción de una sociedad realmente nueva seguirá siendo un objetivo inalcanzable”.

El proyecto que impulsa Cambiemos necesita únicamente un limitado subconjunto del conocimiento científico: de las ciencias sociales necesita solamente empleados con el entrenamiento necesario para manejar una oficina de personal o empleados capaces de alimentar con información, muchas veces conseguida ilegalmente, los software importados que, basados en el uso de técnicas de Big Data, servirán para moldear convenientemente la voluntad popular; de las ciencias humanas necesita solamente empleados con el entrenamiento necesario para reafirmar desde algunos suplementos culturales la historia oficial; de las ciencias exactas y naturales necesita solamente empleados con conocimientos que alcancen para dar apoyo a las tecnologías importadas; necesita unos pocos ingenieros para administrar el uso de las tecnologías importadas y algunos médicos. Por lo tanto, el interés de Cambiemos en la ciencia es muy bajo; así en su gobierno la política de estado pasa a ser el ajustar al sector científico y volcar fondos, prioritariamente, sobre el pago de una deuda que están contrayendo a inmensa velocidad; como lo ilustra Jorge Aliaga en [3].

El gobierno de Cambiemos avanza sobre las ciencias por partes: primero en la coordenada horizontal problematiza la pertinencia de que en un “país pobre” se “gaste” en desarrollos en Ciencias Sociales y en Ciencias Humanas (no usan la palabra inversión para referirse a los recursos que se destinan a las ciencias); en la coordenada vertical y con la misma excusa problematiza la pertinencia de que un “país pobre” “gaste” para desarrollar conocimientos en ciencia básica.

Como bien señala Jorge Aliaga en [3], este enfrentar la ciencia básica con la aplicada y las ciencias exactas y naturales con las sociales y humanas es parte de la estrategia de Cambiemos para por un lado dividir a los científicos y tecnólogos y por el otro separar al sector C&T de la sociedad

Cuando no hay tracción estatal sobre el sistema de C&T no hay ni puede haber desarrollo tecnológico autónomo, ni en nuestro país ni en los países de alta industrialización, esto fue muy estudiado; remitimos a los artículos de Mazzucato [4] y a un importante artículo de un think tank estadounidense, The Break Through Institute [5]. En nuestro país los grandes proyectos tecnológicos siempre se desarrollaron en base al triángulo Empresas estatales – SNC&T – Pymes nacionales: así se constituyó Y-TEC y así se desarrollaron muy relevantes proyectos tecnológicos desde los ministerios de Planificación y Defensa del anterior gobierno. Los hoy llamados Proyectos Estratégicos (CONICET) son, en definitiva, “engaña pichangas” ya que no hay desarrollo tecnológico sin un efectivo basamento en la industria o en los servicios y no hay tal basamento en un país que está recorriendo el camino de la desindustrialización. La misión de estos Proyectos Estratégicos es ir vacunando a la comunidad científica contra las ciencias básicas.

 

3.    ¿Qué ciencia necesita Argentina?

La respuesta es: TODA la ciencia. Como lo observara Abraham Flexner, uno de los fundadores del Institute for Advanced Study en Princeton, el hoy considerado conocimiento científico “inútil” puede rápidamente convertirse en útil y más aún, en indispensable. Sin embargo esta respuesta general, si bien válida, no es suficiente.

Lo importante es que hoy no puede haber desarrollo autónomo de tecnología ni desarrollo social sin disponer de ciencia aplicada y no hay ciencia aplicada sin ciencia básica que la soporte.

Debemos también tener presente que los científicos-tecnólogos y los ingenieros-científicos son emergentes de complejos sistemas que abarcan las ciencias humanas, las sociales, las exactas y naturales y las ingenierías como así también los diferentes niveles de abstracción en cada rama de las ciencias.

En definitiva Cambiemos, al no propiciar un desarrollo tecnológico-cultural autónomo, tiene como estilo científico solamente la prestación de servicios técnicos para grandes empresas y el desarrollo de prácticas “científicas” de manipulación social.

Se acerca el 2019 y es urgente construir un programa científico-tecnológico para que el futuro gobierno nacional y popular, a partir de diciembre del 2019, pueda reconstruir lo destruido y sobre esa base continuar avanzando.

 

 

[1] E. Dvorkin, ¿Qué Ciencia Quiere el País? Los estilos tecnológicos y los proyectos nacionales, Buenos Aires: Colihue, 2017.
[2] A. Herrera, «La creación de tecnología como expresión cultutral,» Nueva Sociedad, nº 6-9, pp. 58-70, 1973.
[3] J. Aliaga, «Sistema intolerante al ajuste,» 8 Abril 2018. [En línea]. Available: http://www.elcohetealaluna.com/sistema-intolerante-al-ajuste/. [Último acceso: 8 Abril 2018].
[4] M. Mazzucato, The entepreneurial state, Demos (www.demos.co.uk), 2011.
[5] The Break Through Institute, [En línea]. Available: https://thebreakthrough.org/archive/american_innovation. [Último acceso: 8 Abril 2018].

 

 

 

Eduardo Dvorkin es Doctor en Ingeniería

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