El estrecho de Trump

Impacto devastador de la guerra contra Irán en la economía mundial y en la aprobación del Presidente

 

Transcurrido un mes desde el inicio de la agresión militar conjunta de Estados Unidos e Israel a Irán, en plenas negociaciones, y cuando todavía resuenan las palabras de Trump al decir que sería “una corta excursión”, el secretario de Estado, Marco Rubio, le dijo el viernes al Grupo de los 7 (G7), las naciones más ricas del planeta, que espera que la guerra contra Irán termine “en semanas, no meses”. La resistencia iraní ha descolocado a la alianza Epstein. A pesar de que Trump ha repetido en numerosas oportunidades que la fuerza aérea y naval de Irán están “totalmente muertas”, que tendrán que usar botes de remo, que el país ha quedado “sin líderes” y que se ha destruido la mayoría de sus plataformas de misiles, el país persa sigue lanzándolos, así como drones hacia Israel y bases estadounidenses estacionadas en los países vecinos del Golfo Pérsico.

A pesar de que Trump dice que la guerra está “prácticamente terminada”, el Pentágono confirmó el jueves que se está evaluando el despliegue de 10.000 soldados adicionales para ampliar las opciones militares del Presidente, que se sumarían a los 7.000 efectivos militares estacionados en el marco de la operación que lleva el ridículo nombre de Furia Épica. Mientras tanto, Israel continúa devastando el sur del Líbano, con una estrategia similar a la de Gaza.

La carta de renuncia del director del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos y veterano de guerra en Irak, nombrado por Trump en ese cargo, Joe Kent, el pasado 17 de marzo, resume el sentir de la mayoría de estadounidenses: “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán (…). Ese país no representa ninguna amenaza inminente para los Estados Unidos. La inteligencia fue manipulada o malinterpretada para justificar el conflicto. La guerra fue impulsada por la presión del gobierno de Israel y su poderoso grupo de presión en Washington y el conflicto sirve a los intereses israelíes pero no a los del pueblo estadounidense. El público está siendo engañado con la promesa de que esta será una guerra corta y fácil (…) Como veterano que se desplegó en combate 11 veces en una guerra fabricada por Israel, no puedo apoyar que se envíe a la siguiente generación a luchar y morir en una guerra que no beneficia al pueblo de Estados Unidos”.

 

Joe Kent.

 

 

 

El estrecho de los Mártires

Mientras Rubio participaba en la reunión de los cancilleres del G7 en Francia, Trump se refirió al Estrecho de Ormuz como el “Estrecho de Trump” durante un discurso en la cumbre de inversión FII Priority en Miami. Aunque inmediatamente después dijo que se trataba de un “terrible error” y corrigió el nombre, sus declaraciones fueron interpretadas como una mezcla de mofa y una declaración de intenciones sobre el control de esta vía marítima clave para el comercio petrolero mundial. El propio Rubio había dicho también que “si Estados Unidos garantiza la seguridad total de la zona tras una victoria militar, es lógico que la identidad y el orden de esa región lleven nuestra marca”. Rubio apoya un cambio de nombre en los mapas oficiales del Departamento de Estado para referirse a la zona como una “Vía Marítima Internacional Protegida” o, coloquialmente, el “Estrecho Americano”, para subrayar el fin del control por parte de Irán.

La respuesta del régimen iraní a las bromas de Trump y a las declaraciones de Rubio fue inmediata. El Ayatolá Alí Jamenei declaró a través de un comunicado que, si Estados Unidos intenta cambiar el nombre, para el mundo musulmán pasará a llamarse el “Estrecho de los Mártires”. El gobierno iraní ha confirmado que ha sembrado el estrecho con una nueva generación de minas inteligentes y drones submarinos, asegurando que “ni un solo barril de petróleo saldrá si no es bajo soberanía iraní”. Además, el gobierno ha empezado a exigir un “impuesto de guerra” a cualquier buque que intente cruzar, algo que Marco Rubio había calificado en la reunión del G7 como un acto de piratería que justifica una “ofensiva final”, lo que disparó el viernes el precio del barril del petróleo Brent hasta los 114,81 dólares, lo que implica un incremento de 6,3% en un solo día.

Las posturas del G7 están divididas entre el bloque de Apoyo Estratégico (Estados Unidos, Japón y Reino Unido), el bloque de Canadá e Italia que respaldan diplomáticamente a Trump, pero no están dispuestos a participar militarmente; y Francia y Alemania que consideran que se trata de una acción fuera del derecho internacional. Además, el Presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, ha dicho que la guerra iniciada por Donald Trump contra Irán constituye un “error político desastroso” y que se trata de una guerra “evitable e innecesaria”. Trump dijo estar decepcionado de la OTAN pues mientras Estados Unidos protege a Europa de Rusia, estos países no están apoyando a Estados Unidos en el control del Estrecho de Ormuz, a pesar de que el suministro de petróleo europeo depende de ello.

En cuanto a Rusia, el Presidente Vladimir Putin ha calificado la ofensiva de Trump como una agresión ilegal y suministra a Irán sistemas de defensa aérea avanzada y tecnología de satélites para rastrear movimientos de Estados Unidos en el marco del Tratado de Asociación Estratégica Integral, vigente desde octubre del año pasado.

Putin usa las críticas de Francia y Alemania a la guerra para debilitar la OTAN y presenta a Estados Unidos como un “aliado impredecible” que pone en riesgo la seguridad energética de Europa. Ergo, la solución a su inseguridad energética y militar pasa por retomar “una asociación a largo plazo con Rusia”. Por su parte, China ha invitado a las potencias europeas descontentas a participar en un “mecanismo de estabilidad energética” alternativo y les ha garantizado una ruta terrestre y marítima segura (Nueva Ruta de la Seda) a través de Eurasia si Estados Unidos rompe el Estrecho de Ormuz. Rusia y China han emitido declaraciones conjuntas en la ONU exigiendo un alto al fuego inmediato, y han acusado a Estados Unidos de buscar un “cambio de régimen” en Irán bajo el pretexto de la desnuclearización. Ambos gobiernos han fortalecido el bloque CRINK (China, Rusia, Irán y Corea del Norte), que habría pasado de ser un foro de cooperación informal a una alianza estratégica.

India ha evitado tomar bandos dentro del bloque BRICS y ha solicitado formalmente el cese de hostilidades. El Primer Ministro Narendra Modi conversó con Trump el 26 de marzo, subrayando la importancia de que el Estrecho de Ormuz permanezca abierto y accesible, dada la dependencia energética de India. Brasil ha mantenido una de las posiciones más críticas en la región: el 28 de febrero condenó oficialmente los ataques de Estados Unidos e Israel, calificándolos como una violación del derecho internacional ocurrida en medio del procesos de negociación. La Unión Africana, conformada por 55 países, ha condenado formalmente la guerra denunciando que los ataques violan los principios de soberanía y no intervención consagrados en el Derecho Internacional, además de señalar el costo humano del conflicto y el riesgo de una escalada que desestabilice aún más la economía.

 

Imagen satelital del estrecho de Ormuz.

 

 

Es la economía…

Las consecuencias de la guerra están teniendo un impacto devastador en la economía mundial y actúa como un búmeran en contra de Trump. El incremento del precio del petróleo, al proyectar la inflación al alza, le impedirá bajar las tasas de interés –por las que tanto presionó al todavía presidente de la FED, Jerome Powell– y frenarán el crecimiento. La guerra con Irán ha destruido el optimismo de principios de año sobre un retorno rápido a la meta de inflación del 2%. El precio promedio del galón ha subido un 35% ($3.96) en solo un mes, afectando directamente la percepción de la gestión económica. La OCDE ha elevado su pronóstico de inflación para Estados Unidos al 4,2% para 2026, un salto considerable desde el 2,8% proyectado anteriormente. En marzo de 2026, la inflación se disparó al 3,3% debido al encarecimiento directo de los combustibles. Solo el 25% de los ciudadanos aprueba cómo el Presidente está manejando el aumento de los precios tras el inicio de los ataques el 28 de febrero.

A nivel internacional, el FMI ha pasado de la cautela a la alarma. La directora gerente de esa institución alerta sobre “perturbaciones significativas” que podrían llevar a una recesión en 2026 si el conflicto se prolonga, afectando especialmente a países con alta deuda. Expresiones similares han tenido el presidente de BlackRock, el mayor gestor de fondos de inversión del mundo, Larry Fink, quien ha señalado que si el petróleo se estabiliza en los $150, la economía mundial entrará en una “recesión profunda y prolongada”. Asimismo, el presidente de la Junta Directiva del banco estadounidense JP Morgan, Jamie Dimon, ha señalado que el sector del crédito privado (banca a la sombra) está tomando riesgos excesivos que podrían estallar bajo la presión de la guerra. En efecto, BlackRock y Blacstone han tenido que aplicar límites a los retiros (corralitos) en sus fondos orientados a inversores minoristas para evitar un retiro forzoso ante la incertidumbre generada por la guerra. Según el Presidente Putin, la magnitud de la crisis de la economía mundial ya se compara con las consecuencias de la pandemia del coronavirus, un impacto que afectó a prácticamente todos los países sin excepción.

 

Larry Fink.

 

 

 

La soledad del poder

La guerra ha empezado a erosionar la base política de Trump en Estados Unidos, justo antes de las elecciones de medio término (midterms) de noviembre. A diferencia de otras guerras, esta no ha generado un cierre de filas tras el Presidente. Las encuestas de marzo muestran que solo el 27% de los estadounidenses aprueba la campaña militar, y la aprobación a la gestión de Trump ha caído al 36%, la más baja en quince meses de gobierno en los últimos 70 años. El apoyo entre los votantes independientes se ha desplomado al 24% y el de los latinos ha caído al 28%, ambos sectores críticos para ganar cualquier elección en Estados Unidos. Las encuestas de intención de voto para el Congreso reflejan un cambio drástico en estados que antes se consideraban seguros para el Partido Republicano. Así, por primera vez en más de 20 años, la participación demócrata en las primarias de Texas (voto temprano) superó a la republicana por 200.000 votos, con un aumento del 126% respecto a ciclos anteriores. Además, el 24 de marzo, un candidato demócrata ganó una elección especial en el distrito de Palm Beach, que alberga la residencia de Trump, un territorio que el propio Presidente ganó cómodamente en 2024.

En este escenario tuvo lugar ayer una multitudinaria marcha, una de las más importantes de la historia de Estados Unidos, organizada por el actor Robert De Niro bajo el lema No Kings (No a los reyes). El lema hace alusión al estilo monárquico de gobernar de Trump: inició una guerra sin aprobación del Congreso y exigió inmunidad total en sus procesos judiciales. La marcha, programada en más de 50 ciudades, logró unir a sectores muy distintos: desde la izquierda progresista de De Niro hasta la derecha antiguerra de Marjorie Taylor Greene, que tienen como común denominador no enviar jóvenes a morir en el extranjero y exigir que los 1.000 millones de dólares diarios que consume la guerra se usen para solucionar problemas internos como la inflación y la crisis de vivienda en el país. Aunque no fue un objetivo explícito de la marcha, algunos grupos exigieron que la guerra no sea una excusa para dejar de investigar los archivos de Jeffrey Epstein y otros escándalos de corrupción que la guerra ha tapado en las noticias.

Cuando la megalomanía de un líder choca frontalmente con la realidad económica de la ciudadanía y el sentido de autopreservación de sus propias fuerzas armadas, cuando se humilla al adversario, se atiza la violencia y el orden establecido se tambalea. Es lo que le está pasando a Trump.

 

 

 

 

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