“El Expedientito”

Un relato conmovedor para documentar el horror

 

Hay muchas formas que eligen los hijos e hijas de desaparecidos y victimas del terrorismo de Estado para contar su historia. En ese proceso, el arte es un dispositivo fundamental para llevar a cabo la representación de la identidad. En el caso de María Ester Alonso Morales (Bernal, 1974), poeta y abogada, esos dos roles han confluido en una profanación del fetiche judicial por excelencia. Me refiero al expediente como acto de documentación del horror, lugar donde la Justicia ritual registra los hechos acaecidos como cuerpo del delito.

El libro Ahora y siempre de María Ester –más conocida como “La Gallega”– altera esa escena. La hija de Jacinto Alonso Saborido, militante del PRT, realiza un experimento de traducción del lenguaje del expediente de la causa de lesa humanidad en la que se está investigando el asesinato de su padre en 1974 y la posterior detención y exilio de su madre Rosa Delfina Morales. El ejercicio de escritura es complejo en tanto trata de sintetizar con una prosa simple y directa, por momentos poesías, aquello que las fojas y folios del expediente judicial expresa en lenguaje forense alambicado. El mecanismo de narración que se pone en funcionamiento fue utilizado para declarar en la causa como testigo y con el tiempo se transformó en la obra conocida como “El Expedientito”, que hoy circula en las librerías como libro-objeto.

Así, donde el expediente judicial recoge fríamente los hechos y describe la materialidad ilícita, María Ester superpone un doble de aquel a través de un relato conmovedor en el que aparece la figura de su padre, los compañeros, su madre y su hermana melliza María Elena, fallecida en 1991. El juego entre lo forense y lo poético se va cruzando en planos superpuestos de un mecanismo original del contar en el que la difusión de la historia íntima se va tornando pública y forma parte del acervo histórico de todas las víctimas.

En definitiva, María Ester, desde su profesión (“La Gallega” fue una de las primeras abogadas de Hijxs en impulsar causas como querellante en los juicios), expone en su trabajo una profunda asimilación de las herramientas poéticas y jurídicas, que se mixturan y producen una suerte de ready made de la memoria donde las formas de representación del pasado suben la apuesta. De este modo, se demuestra –una vez más– que la creatividad de los Hijxs es fundamental a la hora de interpelar lo ocurrido y los mecanismos burocráticos de la Justicia formal, siempre limitados, con sabor a poco o de retardada aparición, aunque Justicia al fin.

 

 

Declaración de María Ester durante el juicio de la Brigada de Quilmes en 2019:

 

 

 

 

 

 

Fragmento de “El Expedientito”

El fatídico día

El cielo cayó sobre nosotros el 7 de octubre de 1974 en Banfield. Bien temprano en la mañana, murió Jacinto a los 24 años de edad, como mueren los revolucionarios, combatiendo. En un intento por salvarle la vida caería herido mortalmente Arístides Suárez. A otro compañero, Eduardo Ernihold, lo aprehendieron estando herido; tiempo después se supo que apareció muerto, antes de poder declarar ante un juez en La Plata. Para la prensa y la Justicia, la única víctima sería el Mayor del Ejército Argentino Jaime Gimeno, quien fuera ascendido “post mortem” en la jerarquía militar.

 

Jacinto Alonso Saborido en 1974. El militante del PRT fue asesinado el 7 de octubre de ese año.

 

 

*Julián Axat es escritor y abogado.

 

 

 

 

 

 

 

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